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14 septiembre 2010 2 14 /09 /septiembre /2010 19:02

      Allá por 1990 tuvo lugar en Argentina un resonante suceso policial que estremeció a la sociedad, el caso de una adolescente violada y asesinada en circunstancias que involucraban de un modo u otro a gente ligada al poder. Se trataba del Caso María Soledad, como se lo llamó en razón del nombre de la víctima, María Soledad Morales. Gobernaba por ese entonces el país el presidente Carlos Saúl Menem, al que yo mismo había dado mi voto, y que pareció intervenir de muy mala gana la provincia de Catamarca, donde había tenido lugar el crimen. Durante años, incluso, dio la impresión de que la impunidad prevalecería en aquel turbio asunto. Finalmente se dictaron algunas sentencias; si justas o no, me temo que no soy la persona indicada para señalarlo, pero por lo menos se impartieron castigos. Sin embargo, como dije antes, durante años pareció que todo quedaría en la nada. Esto fue algo que marcó mi carácter durante bastante tiempo, volviéndolo muy sombrío y pesimista. Producto de ese carácter fue una novela nunca publicada y ambientada en una especie de Medioevo fantástico, a la que llamé EL ÚLTIMO CUENTO DE HADAS. La historia de dicha novela, aunque no premeditadamente, era muy similar a la del Caso María Soledad, aunque en clave fantástica: una adolescente era atacada por un vampiro, a raíz de lo cual se desataba una frenética cacería de vampiros que concluía con exterminio de algunos de éstos. Pero el verdadero culpable era alguien vinculado a la casa real del país donde transcurría la historia, hecho que se trataba de ocultar a cualquier precio. Se trataba de una historia amarga y tétrica, que culminaba en guerra civil y la ruina total de aquel reino. Creo que era el final que yo mismo deseaba para la Argentina, por aquello de mejor final espantoso, que espanto sin fin.

      Finalizada la novela, se me ocurrió preguntarme, fantasías de escritor, cómo el país donde transcurría la trama podía haber tenido un final tan estrepitoso y lúgubre. Porque el escándalo desatado por el ataque del vampiro y la subsiguiente impunidad había sido el detonante, pero era evidente que detrás de aquello había mucho más. A partir de aquella pregunta empecé a intentar reconstruir la historia de aquel país imaginario tal como podía haber sucedido, en base a elementos y apuntes que yo mismo había introducido en la trama para darle más semejanza con la realidad argentina. Por ejemplo, se hablaba de dos guerras contra dragones, sin dar muchos más datos, pero por los que sí se daban, la segunda de ellas tenía unos cuantos paralelismos con la Guerra de las Malvinas; las fuerzas armadas, representadas en este caso por los Caballeros del Viento Negro, estaban envilecidas y corruptas en su mayoría. Empecé a proyectar libro tras libro narrando los hechos más destacados en la historia ficticia de aquel país, que llamé Nerdelkrag, si bien durante años la cosa no funcionó muy bien, en parte porque no había demasiada sensación de continuidad entre un libro y otro. De todos modos, en ningún momento abandoné la idea. Intitulé a la saga OSCUROS TIEMPOS MEDIEVALES, y aunque durante algunos períodos no pude escribir una sola palabra, seguí estudiando cómo continuarla.

       Había, sin embargo, una cuestión que me molestaba mucho. Yo había mencionado dos guerras contra dragones, pero no tenía la menor idea de cómo podían haber tenido lugar, de cómo podían haberse originado siquiera. Como a la segunda la había imaginado semejante a la Guerra de Malvinas, estaba claro que ésa iba a ser la gran ignominia nacional, una maniobra para distraer al pueblo. Pero no tenía el menor indicio acerca de cómo podía haber sido la primera. Además, de repente se me había ocurrido que no tendría la menor gracia. Narrar cómo un hombre mata a un dragón puede ser emocionante en lo descriptivo, pero cuando los dragones muertos son tres, diez, veinte, la cosa se vuelve aburrida. Por lo pronto, sin embargo, volví a la imagen quizás esteoreotipada (o cierta, no sé) que los argentinos tenemos de los británicos: piratas de aspiraciones imperialistas. Dado que la idea había surgido a imitación de la Guerra de las Malvinas, fue inevitable volver a esa imagen y relacionarla con la legendaria codicia de los dragones que custodian tesoros, como por ejemplo en Beowulf. Iba en camino de hallar el motivo, pero ¿cómo se habían desarrollado ambas guerras? Para la segunda había imaginado a hombres combatiendo montados en grifos para estar en pie de igualdad con los dragones voladores, pero ¿cómo había surgido entre los hombres la idea de domesticar grifos? Se me ocurrió que podía haber sido consecuencia de la primera de estas dos guerras. Tal vez, los dragones contra los que se había combatido en la primera no eran los mismos de la segunda. Tal vez éstos no podían volar, pero seguían siendo adversarios temibles que requirieran otra forma de enfrentarlos. Tal vez la domesticación de grifos había sido una respuesta a esa necesidad.

      Mientras de a poco iba salvando estos escollos, acudían a mi mente imágenes aisladas como en respuesta a otros interrogantes argumentales. Intentando imaginar al protagonista, para empezar, lo imaginaba de espaldas, y lo único que notaba de particular en él era su melena pelirroja. Y lo imaginaba en el momento de llegar para intervenir en la guerra en cuestión. Ahora bien: el lugar  al que llegaba era un páramo, y ni la sombra de un dragón en él. Aún más, cuando pensaba en quienes debían ayudarlo me imaginaba una construcción en ruinas, precedente de lo que más tarde sería Vindsborg, y en su interior, una colección de caras feas y algunas de ellas ya viejas. Encima eran tres o cuatro gatos locos. De esas caras, sólo una subsistió más tarde tal como la vi entonces, la de Lambert.

      Sería arduo explicar cómo se me ocurrió una frase aislada: Balduino Cabellos de Fuego mató a un grifo con un puñal de mango de ámbar. No tardé en identificar a este tal Balduino con el muchacho pelirrojo al que había visto en mi mente llegando al páramo. ¿Pero qué hacía en ese páramo, y por qué en él no estaban los dragones que supuestamente había venido a combatir?

       La respuesta la encontré por azar, si es que en la vida hay algo que pueda ser atribuido a la casualidad. Trabajaba por ese entonces en el rubro de seguridad, en un supermercado. Eramos varios vigiladores y teníamos puestos más o menos asignados de manera constante. Escuché entonces que uno de los jefes de equipo le decía a uno de los vigiladores (cuyo apellido, curiosamente, era Caballero), para darle aliento, que no debía sentir que el puesto que él ocupaba, situado en un sitio aislado, era poco importante y que estaba ahí como castigado. Entonces se me hizo la luz: ¿castigado? Decidí primero que Balduino había sido enviado a modo de castigo al sitio en cuestión. Pero luego no me pareció lógico que en medio de una guerra sangrienta se impartieran castigos de ese tipo, siendo que todos y cada uno de los hombres eran necesarios en el frente de batalla. Así que se me ocurrió que quizás lo hubieran enviado allí por otra razón, como por ejemplo que se trataba de un punto desprotegido, pero que quizás él, por no tener la conciencia del todo en orden, lo había interpretado como un castigo. ¿Castigo por qué razón? Eso no fue difícil decidirlo. Lo que más detestable me parece en una persona, aparte de la crueldad gratuita, es la soberbia. Al iniciarse la historia, el protagonista sería soberbio, desagradable, antipático. Antes que la aventura épica pensada originalmente, la novela sería una especie de historia de vida en clave fantástica, la transformación de una persona detestada de manera casi unánime en un ser amado por casi todo el mundo a raíz de su enorme humanidad.

      Así quedó bosquejada la historia en lo básico, pero la primera versión, que dejé inconclusa, tuvo que ser desechada por diversas causas, de las cuales dos eran las principales. Una era que al comienzo se hacía alusión a que los aldeanos de Freyrstrand habían pedido casi a gritos que un Caballero los protegiera de los grifos; sin embargo, uno se quedaba preguntando qué aldeanos serían ésos, ya que luego no aparecían ni de lejos. El segundo era que por centrarme demasiado en la historia de Balduino y sus compañeros, el lector, creo, terminaba olvidándose de que el resto del Reino estaba envuelto en una guerra sangrienta, y el propio Balduino parecía no estar enterado del asunto. En una segunda versión, también inacabada, aparecieron los aldeanos, pero más que tales parecían citadinos; y a la guerra se hacía alusión en lo que parecían flashes informativos. La tercera versión es la que finalmente quedó. Los aldeanos de Freyrstrand terminaron entusiasmándome más de lo previsto; y en cuanto a la guerra, creí mejor explayarme más de la cuenta para no hacerme eco de mentalidades exitistas. Balduino es quien acaba con los Wurms, pero antes de que ello sucediera, cientos hacían frente a los monstruos y pagaban su coraje, muchas veces, con sus propias vidas. Era injusto que tanto sacrificio fuera premiado con sólo una escueta mención, sólo por el hecho de no haber logrado poner en fuga al enemigo. Entre una cosa y otra, el libro fue tomando dimensiones temibles, y tuve que dividirlo en tres volúmenes. A lo largo de las tres versiones los personajes muchas veces fueron distanciándose de su imagen original, enriqueciéndose. Esto tuvo consecuencias, para mí, terribles, dicho sea sin intención de exagerar, porque en la primera versión yo había señalado a dedo los personajes que morirían a lo largo de la trama, y entonces no me importaba gran cosa, porque eran comparsas del personaje central, Balduino. Pero luego ellos se volvieron queribles por derecho propio, y ahora con cada uno que la Parca arrebata del mundo de los vivos, es inevitable para mí echarme a llorar como si quien muriera fuese un hermano. Algunas muertes duelen más que otras, por supuesto, pero lamento todas y cada una. Supongo que así ocurre también en la vida real: Dios, a dedo, nos asigna una fecha de expiración. Que llegada esa fecha hayamos tenido una buena vida, corre por cuenta nuestra.

      En los siguientes artículos continuaré exponiendo cómo surgieron otros personajes y más detalles de la trilogía. ¿Interesará a alguien? Bueno, no lo sé, pero la ventaja es que nadie estará obligado a leerlos...

      


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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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