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29 noviembre 2010 1 29 /11 /noviembre /2010 19:38
      En los primeros días desde su llegada a Freyrstrande, Balduino tuvo que enfrentar unos cuantos problemas inmediatos, la reparación del torreón entre ellos. Para solucionar esto último convocó, a través de Karl, a un hombre que sabía bastante de carpintería, y que acudió a efectuar el trabajo en compañía de su sobrino. El tío saludó quitándose la gorra primero e inclinando ligeramente la cabeza después. Resultó ser Thorstein el Viejo, como se lo apodaba para diferenciarlo del gandul de su hijo, Thorstein el Joven. Resultó ser un hombre que hablaba hasta por los codos, mayormente despotricando contra alguien, y ese alguien era, con frecuencia, su propio hijo. En el futuro, y para salvarse de tanta perorata, Balduino aprendería a esquivar al viejo Thorstein.

      Es muy posible, aunque no se indica que la verborragia del viejo sea una especie de desquite porque en casa no lo dejan hablar. En efecto, a pesar de que no sabemos mucho de la intimidad hogareña de Thorstein, sí sabemos que no tiene mucho dominio sobre Ulrike, su esposa; porque cuando se opuso a que ésta fuera a Vindsborg a abogar por el hijo de ambos, Thorstein el Joven, ella no le hizo el menor caso. Como  las mujeres andrusianas tienen en general carácter fuerte, podemos suponer que no habrá sido ésa la única vez que Ulrike tuvo la última palabra sobre un asunto en particular: Llevando aún más lejos nuestras especulaciones, podríamos deducir que Ulrike no sólo suele quedarse con la última palabra sino, además, con las primeras y las del medio; que monopolice la conversación, en suma. Pero por ahora son sólo suposiciones, y en defensa de Ulrike hay que alegar que, en cualquier caso, ella no figura, parece, entre las personas de las que su marido habla pestes.

        En la situación de Thorstein el Joven, hijo de ambos, hay una nota un tanto tragicómica. Da la impresión de ser un bueno para nada: lo acusan de ser perezoso y mujeriego. Casi enseguida se impone la lógica de que, dado el escaso número de habitantes de habitantes de Freyrstrand -y por ende, de mujeres- la segunda acusación tiene poco fundamento. Un eventual desliz, dos como mucho, y aquello de que Pueblo chico, infierno grande dieron al pobre Thorstein una fama de irredento y miserable casanova que, en realidad, no merece. Sin embargo, haragán sí que es, ¡y cómo!... Y al parecer lo es porque su madre lo consiente demasiado. Según Thora, ello se debe a que antes tuvo otros dos hijos, que murieron. Presumimos que Thorstein el Joven es el último que le queda , ya que  no se menciona que tenga otros. Escribir tiene ese atractivo extra: el de intuir, en base a los detalles que se conocen, lo que va quedando por saber de los personajes y subargumentos.

      Buena parte de esos aspectos, en el caso que nos ocupa, se adivinan a partir del capítulo CXXIV, en el episodio que comienza con Thorstein el Joven solicitando de Balduino que lo incluya en la dotación de Vindsborg, algo que al pelirrojo no lo tienta. Es entonces que asistimos por primera vez al vicio que es marca registrada de Thorstein, mascar resina de abedul. En realidad, no es producto de mi imaginación. La actual costumbre de mascar chicle tiene su origen en aquella. Creo recordar que los restos de resina mascada de mayor antigüedad encontrados hasta ahora datan de hace once o doce mil años pero, como cito de memoria algo leído en un ejemplar deMuy interesante, podría estar equivocándome. En todo caso, se me ocurrió que alguien como Thorstein, que pasaba mucho tiempo holgazaneando, tenía que tener algún mal hábito difícil de dejar (aparte de su pereza, se entiende). Por barato y su semejanza con la actual costumbre de mascar chicle, se me ocurrió que masticar resina era el vicio ideal.

      Para librarse del joven Thorstein, Balduino lo lleva taimadamente a Kvissensborg y lo pone bajo el mando del disciplinado y exigente Hildert Karstenson, quien logra grandes éxitos con él... Excepto en lo tocante a mascar resina. Thorstein, por lo demás, se siente muy a gusto con la vida militar. A veces pasa así: alguien que llevó durante mucho tiempo una vida fácil y cómoda, de golpe tiene que enfrentar desafíos y exigencias y descubre que, en realidad, es ésa la vida que quiere para él.

      Posiblemente en el futuro haya poco más para añadir sobre Thorstein y sus padres, quienes fueron y son personales ocasionales. En realidad, todos ellos son satélites que giran en torno a otro personaje que tiene mayor protagonismo, un sencillo muchacho de campo muy alto y de facciones toscas: Kurt Ingmarson, primo de Thorstein el Joven: obviamente aquel sobrino que el otro Thorstein, el Viejo, llevó como ayudante para reparar la escalera del torreón. De su padre Ingmar, que lleva muchos años muerto, sabemos que Fray Bartolomeo se inició como clérigo en Freyrstrand precisamente para sepultar su cadáver. A través de él sabemos que el difunto había sido un hombre muy querido; y el hijo no le va en zaga. Hay motivos. Es honrado, trabajador, campechano y -definitivamente- muy ignorante de todo cuanto se refiera a jerarquías y protocolos. O eso parece, porque, por muy Caballero que sea Balduino, Kurt no hará ninguna genuflexión ante él, ni nada por el estilo. Ni siquiera lo hizo al verlo por primera vez, aunque su tío hiciera una gran reverencia. No, él le estrechó la mano y lo llamó amigo; y amigo siguió llamándolo de allí en más, aunque para la mayoría de los otros Balduino sea el señor Cabellos de Fuego. Es una gran deferencia. Queda perfectamente claro que Kurt ni en sueños se habría acercado, por ejemplo, a Einar, para estrecharle la mano y llamarlo amigo. Aquel gesto fue, para Balduino, muy reconfortante, porque eran los tiempos en que recién llegaba a Freyrstrand, hambriento de afecto, y en que él y Anders se sacaban chispas. Más que para saludarlo, aquella mano pareció tenderse para salvarlo de ahogarse en un océano de desánimo.

      Casi enseguida, sin embargo, el pelirrojo se da cuenta de que Kurt también tiene rasgos simpáticos pero a la vez exasperantes. Metiche y cabezadura, cuando se le mete algo en la cabeza, nada ni nadie logra sacárselo de ahí; y a veces se trate de absurdos sin nombre. El mismo día en que conoce a Balduino, se emperra en hacerle de celestino; finalmente con éxito, por supuesto, pero previamente sacando de las casillas varias veces al pelirrojo con su insistencia en conseguirle una mujer que lo quiera (Gudrun, bah). Y sin embargo, ¿quién se puede enojar con alguien como él, que en muchos aspectos parece un niño grande? Heidi, su novia, lo adora. Cuando Balduino la saluda por primera vez, besándole la mano, ella se derrite de emoción ante el gesto; pero al que mira con adoración, como si la cortesía viniera de él, es a Kurt.

      Ambos, Kurt y Heidi, aparecieron por primera vez en la segunda versión de El señor Cabellos de Fuego, pero allí se veían muy distintos; más cotidianos y aburridos. Todo el día estaban haciéndose arrumacos, o eso parecía en sus contadas apariciones. Esto puede ser normal en los adolescentes de los tiempos actuales, pero en la antigüedad había que ser práctico y trabajar ya desde muy joven de sol a sol para ganarse el sustento. Además, en la segunda versión eran bromistas maliciosos que se divertían a expensas de los celos de Balduino hacia Gudrun. En conjunto, la imagen era muy apropiada para citadinos modernos, pero no para una pareja de provincianitos inocentones. Así que hubo que modificar la imagen de ambos. creo que salieron ganando en el cambio.

      Del último integrante de la familia de Kurt, su otro primo, Hrumwald Erikson, habría que adelantar demasiado de lo que vendría para describirlo en todos sus detalles. De modo que se hablaré de él recién al finalizar el segundo tomo.

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
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