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17 septiembre 2010 5 17 /09 /septiembre /2010 18:23

      Balduino de Rabenland, como personaje, experimentó una notoria evolución a lo largo de las tres versiones de EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO. Pensado inicialmente para ser una persona muy desagradable que de a poco se transformaba en un maravilloso, espléndido ser humano, terminó siendo algo de todo eso, pero mucho menos de lo que iba a ser en un principio. Al comienzo de la historia, es una persona que produce rechazo a casi todo el mundo; y no obstante, Eleuteria de Mortissend, la anciana madre de Dagoberto de Mortissend y además una bruja, no de ésas que así son llamadas por tener mal carácter sino por las que poseen habilidades mágicas, había dicho de él que tenía cualidades extraordinarias; que las tenía, no que fuera a adquirirlas en el futuro. Por lo tanto, algo debía ocurrir que impedía que esas cualidades salieran a la luz. Evidentemente se trataba de su soberbia, que lo hacía extremadamente repulsivo. Pero para empezar, ¿por qué era tan extremadamente soberbio? ¿Y no se condecía esa cualidad con las cualidades nobles que Eleuteria decía ver en él? 

      La respuesta fue surgiendo de a poco, reflexionando sobre el carácter de seres humanos de carne y hueso que pese a no ser los peores seres humanos, sino a veces, incluso, mejores que la mayoría en ciertos aspectos, sin embargo producen enorme rechazo por sus desmedidas ínfulas. Porque todos los que destacan en algún aspecto, inclusive en eso de esforzarse por ser mejores personas, con frecuencia se dan cuenta de que destacan, y ése es el problema: a partir de ese momento, su ego se infla paulatinamente, a veces hasta proporciones increíbles. Ese fue en parte el problema de Balduino, pero además, el hecho era que no le interesaba en lo más mínimo ser simpático o querer a la gente. ¿Por qué iba a hacerlo? Después de todo, en su infancia había sido olímpicamente por su familia, excepto por uno de sus hermanos, Edgardo, e incluso con éste había terminado distanciándose. Balduino había sufrido mucho ese desinterés, y buscado una especie de venganza ante su familia y la sociedad entera. Se había esforzado por ser el mejor de los Caballeros para que, alguna vez, todos lo admiraran y lo amaran. Y cuando ello sucediera, se encontrarían con que él no los quería ni los necesitaba; que por hallarse demasiado elevado era inaccesible al resto de los mortales. Debido a ello, se había esforzado en cumplir a rajatabla con los códigos éticos de la Caballería, pero sus acciones eran mecánicas, sin la menor pizca de amor al prójimo. Reservaba sus afectos para los animales. "Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro", reza una conocida sentencia, que Balduino bien podría perfectamente haber hecho suya. Todos necesitamos a alguien a quien amar. Balduino había elegido para ello a los seres más inocentes, a los menos capaces de traicionar. Sólo una vez había sido visceralmente emocionar al defender a un ser humano, porque éste era un débil mental, y la reacción de éste al ser hostigado por otras personas le había recordado la de un animalito indefenso. Si se piensa, quizás tenía razón, después de todo, en despreciar a los seres humanos, tan afectos en maltratar a su prójimo en inferioridad de condiciones... Pero no hay que exagerar.                                  

      En Freyrstrande, Balduino empezó con el pie izquierdo. La paliza en Kvissensborg hizo añicos su coraza de soberbia y lo obligó a depender de otros, comenzando por Anders, su escudero. A partir de entonces su forma de pensar iría cambiando poco a poco. En su interacción con otras personas, recrear su personalidad de una forma coherente resultó bastante difícil en la práctica. Yo había imaginado sus primeros días en Kvissensborg en medio de una vaga tensión, discutiendo permanentemente con Anders y con mucha y razonable desconfianza de aquella horda de presidiarios que Einar había puesto a su servicio; es decir, más o menos como quedó finalmente. Pero por alguna razón, en la primera versión esto no quedó así, sino que Anders se limitaba a guardar hermético silencio respecto al pasado, y los presidiarios se mostraban simpáticos casi de entrada. Además, Balduino confiaba en ellos en seguida. Esto último tal vez habría sido aceptable en otra persona, pero Balduino era un militar, y los militares actuales son casi paranoicos en lo referente a posibles enemigos:los ven por todas partes. Balduino podía no llegar a ese extremo, pero sí tenía que ser mucho menos cauto de lo que se mostraba en aquella primera versión, porque su trabajo, después de todo, en gran medida era desconfiar, y más tratándose de individuos medio siniestros como viejos piratas de negra fama. Ponerse en su cerebro fue muy difícil, y me fue de ayuda la consulta de varios libros que exploran la mente humana, como LAS RAÍCES DEL MAL, de John Kekes, o EL MISTERIO DEL CORAJE, de William Ian Miller. No sólo en lo referente a la forma de pensar de Balduino, en realidad, sino para la de muchos otros personajes. También recurrí a cuanto libro de estrategias y tácticas militares anduvieran dando vueltas por ahí, los cuales me ayudaron medianamente a entender las cualidades de los líderes guerreros, pero lamentablemente no mucho más: ¡no encontré como referente ninguna batalla librada contra dragones de proporciones desmesuradas!... Ahí tuve que exprimir mi cerebro, porque no quería que Balduino ni ningún otro fuera una especie de He-Man que vence gracias a la ayuda de una espada mágica. Quería que cualquier victoria que obtuvieran, la lograran por medios corrientes y más o menos lógicos en el contexto del mundo en que se desarrolla la historia. Por la misma razón, necesitaba hacer que Balduino consultara textos militares que le facilitaran un poco la victoria. Pero he aquí el problema: era dudoso que oculto en los bosques tuviese a su disposición tales textos, y él pertenecía a una Orden de caballería clandestina, que debía refugiarse en lo profundo de los bosques y vivir al margen de la ley, aunque no de la justicia. Y de su casa se había ido a los trece años. La única solución que encontré fue hacer que pasara parte de su infancia leyendo, pero esto vino muy bien porque, después de todo, era coherente con su imagen de niño solitario y malquerido.

      Otro punto difícil fue el concerniente a la religión de Balduino. No quería que fuera el así llamado perfecto Caballero cristiano, porque entonces se habría visto sujeto al mandato de la Iglesia, y ésta no siempre fue justa en sus dictámenes. La solución vino de su temprana inclinación a la lectura. Imaginé que, aun cuando la misma estuviera más que nada ligada a lo militar, había encontrado en algún libro referencias a Tertuliano, personaje histórico que vivió en los primeros siglos del cristianismo y que a mí, para qué negarlo, me resulta un auténtico payaso. Era un tipo que siendo católico condenaba como herejía lo que no encuadrara con el catolicismo o lo contradijera. Pero lo tragicómico fue que él mismo se convirtió a la herejía montanista, y entonces, a sus ojos ésta pasó a ser la religión verdadera, y cualquier cosa que se opusiera a ella, herejía. En otras palabras, su pensamiento era más o menos éste: La religión verdadera es siempre la mía, sea ésta cual sea. Me pareció bastante lógico que Balduino, reflexivo, quedara pensando sobre estas cosas ya de niño. En mi propia infancia, yo mismo quedaba pensando, por ejemplo, acerca de la historia bíblica de Abel y Caín, y me parecía que éste era la verdadera víctima en la misma, ya que de entrada parecía ser rechazado por Dios. Venía muy bien, además, para salvar cualquier barrera moral que pudiese tener Balduino a la hora de defender a esos otros herejes que había en el centro del Reino: ya estaba mentalizado para sentir cierta simpatía por ellos contra la más difundida forma de pensar que los veía casi como criminales. 

      Balduino no es el más valiente de los Caballeros (honor que, en esta historia, posiblemente le corresponda a Maarten Sygfriedson), ni siquiera el mejor de los guerreros. Ocupará un sitial elevado por otros motivos que no vale la pena adelantar aquí, aunque su victoria en Freyrstrande frente a los Wurms lo catapulte a la fama por todo el Reino. Tiene por delante todavía muchas pruebas morales, algunas de ellas durísimas, que caerán sobre él como molpes asestados por el martillo en la fragua; pero lo que sobreviva a ellos será algo noble y depurado. A no dudarlo.

     

      

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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