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7 agosto 2010 6 07 /08 /agosto /2010 19:54

      Poco después llegó Ljod a las cercanías del malecón en la carreta de Thomen, su padre, para llevar a los pescadores a sus hogares, y pasó también por Vindsborg para buscar a Hansi y Thommy, que habían pasado el día allí.

 

      -Mi madre no pudo venir, pero me pidió que os deseara de su parte un feliz Yule, señor Cabellos de Fuego-dijo la joven.

 

       -Feliz Navidad, Ljod, para ti y para tu madre. Y feliz Navidad también para ti, Thommy-dijo Balduino, abrazando por turnos a los dos hermanos, quienes creyeron luego necesario ir a saludar a todos y cada uno de los restantes moradores de Vindsborg, ignorando olímpicamente el hecho de que varios de ellos eran, o habían sido, sujetos de cuidado.

 

       -No olvides abrigarte bien, tú-aconsejó Ursula a Hansi, envolviendo a éste con una piel de lobo que tenía cierta historia desconocida por todos, salvo por Balduino y la propia giganta, quienes intercambiaron esbozos de sonrisas agridulces y guiños de ojo, renovando amistosa complicidad en aquel secreto-. Así está mejor-aprobó Ursula, besando a Hansi en la frente.

 

      Era toda una suma de incongruencias aquella joven gigantesca y hombruna, princesa de elevada y antigua estirpe, bocasucia y ordinaria, tan capaz de fracturar las costillas de un enemigo o de ir a la vanguardia de una cacería, como de llorar la muerte de una loba preñada o besar la frente de un niño. Balduino la contempló con afecto unos segundos, antes de que su mirada se desviara hacia Hansi, ahora plantado frente a él.

 

      -Mocoso...-susurró Balduino, sonriéndole con ternura.

 

       Hansi le devolvió la sonrisa, exhibiendo una dentadura algo despareja en la que los últimos dientes de leche empezaban a moverse, próximos a ser reemplazados.

 

      -Cómo creces, sabandija, cómo creces...-se lamentó Balduino, algo decepcionado ante aquel hecho inevitable. En algunos años más, Hansi esquivaría los mimos; las efusividades le parecerían cosas de mujeres y las rehuiría como la peste. Pero de qué me preocupo, si para entonces quizás yo ni esté aquí para verlo, reflexionó, no sabiendo si alegrarse o amargarse todavía más.

 

       -Todavía no tanto, señor Cabellos de Fuego-respondió Hansi, como si hubiera leído el pensamiento de Balduino; y éste se inclinó sobre él y lo abrazó con fuerza.

 

      -Si fuéramos hijos de un mismo padre, no podría amarte más-dijo. Si había alguien que simbolizara cuanto de bueno le había sucedido en Freyrstrande, ése era Hansi. Lo sintió abrazarlo con esa posesividad tan típica de él, ese cariño feroz que parecía rugir a los demás que aquel era su señor Cabellos de Fuego, y que quien también quisiera uno, fuera a buscarlo a otra parte.

 

      -Feliz Yule, señor Cabellos de Fuego.

 

       Balduino imaginó la ira de Fray Bartolomeo si escuchara tales palabras de boca de nada menos que su monaguillo.

 

      -Feliz Navidad, Hansi, hermanito-susurró; y ni bien apartó el abrazo vio a su lado a Anders, quien también quería saludar al chico antes de que éste partiera a pasar la Navidad con su padre.

 

      -Creo mejor que uno de nosotros quede en la playa-sugirió Anders-. Hace rato que no veo a Tarian. Me parece que nuestro muchacho-pez decidió de nuevo ser más pez que muchacho por un rato. Y Ljod está aquí.

 

      -¿Y eso qué tiene que ver?-preguntó Balduino, perplejo.

 

      -Que Tarian ha olvidado llevar...

 

      En ese momento se abrió la puerta y apareció el mentado, desnudo como Adán, con su larga cabellera mojada y pegada a su cuerpo apolíneo y natátil, chorreando aún un poco de agua y con las plantas de los pies recubiertas de arena que iba desprendiéndose a cada paso suyo.

 

      -...una toalla-concluyó Anders-. A ver, Tarian, espera que...-añadió, y dio media vuelta para buscar algo con qué cubrir al menos las partes pudendas del recién llegado-. Oh-oh...-gimió; porque en ese momento Ljod, tras terminar de saludar a todo el mundo, se encaminaba hacia la puerta, y allí acababa de ver ahora a Tarian, entre la maravilla y el pudor-. Bah, bueno... Supongo que ya no importa-concluyó Anders, vencido y consternado.

 

      -Bueno, bueno, jovencita-dijo severamente Balduino. Ljod parecía harto entusiasmada con lo que veía, y no era para menos, si se tenía en cuenta que se hallaba en el umbral de la adolescencia y ante un joven bello y atlético. Todo era entendible, pero ¿cómo le decía Balduino a Thomen el Chiflado que su querida hija Ljod se había pasado media hora admirando a Tarian, quien para colmo exhibía, como a propósito para la ocasión, sus atributos sexuales en todo su esplendor?-. Todo muy bien, pero no me parece que una muchachita de tu edad...

 

      -Feliz Yule-murmuró Ljod, sonriendo extasiada-. Feliz Yule.

 

      -Ljod, se terminó-dijo Balduino-. Quiero que ahora mismo...

 

      -Bah, déjala-lo interrumpió resueltamente Anders-. Al fin y al cabo, en algún momento de su vida tenía que ver a un hombre desnudo, ¿no?

 

      Hansi y Thommy se habían acercado confiadamente a Tarian y, con la mayor naturalidad del mundo, le deseaban un feliz Yule. Que estuviera desnudo no les parecía nada extraordinario; de hecho, Balduino y Anders no tenían en cuenta, en aquel momento, cuán frecuente era que la gente se desnudase, fuera así a la sauna, de allí a revolcarse en la nieve y luego de vuelta a la casa a vestirse, todo ante la mirada de los íntimos; y después de todo, ¿a quién sino a Thomen el Chiflado había visto primero Anders tomando una sauna, haciendo que el hecho derivara en la construcción de la que había ahora en Vindsborg?... Por consiguiente, Ljod había visto muchas veces cuando menos a un hombre desnudo, su propio padre. Claro que, incluso de haber reflexionado sobre ello, Balduino habría estado seguro de que Ljod no miraba a Thomen como ahora a Tarian, a quien literalmente se comía con los ojos; e imaginaba, con creciente horror, a Thommy contándole a su padre cómo había pasado el día: ¡Papá!... Zabez que... ehm...ehm... que Tadian eztaba deznudo y Ljod lo midaba y le guztaba mucho?... Por suerte había muy escasas posibilidades de que ello sucediera, porque los últimos días el cabezota de Tarian había olvidado varias veces llevar toalla para secarse luego de salir del mar, y en consecuencia Thommy lo había visto desnudo tantas veces, que era dudoso que considerara digno de comentar un hecho así. Pero había que proceder de tal manera que Thommy siguiera sin sospechar que estaba teniendo lugar algo inusual o inconveniente, o lo primero que haría sería, precisamente, contárselo a su progenitor.

 

      -Feliz Yule-seguía repitiendo Ljod, como bajo un encantamiento, sin dejar de sonreír ni de mirar embelesada a Tarian.

 

      -Sí, sí-gruñó Balduino-, feliz Yule, feliz Yule, pero...

 

      -¿Y por qué a ella no le recalcas que no es Yule, sino Navidad?-inquirió Hansi, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño, con aire de oler que había gato encerrado.

 

      -Bueno, ¡feliz Navidad, pues!-exclamó Balduino, a quien en este momento le importaba un rábano que fuera Navidad, Yule o Día del Juicio Final-. Anders: ve a tomar tu guardia afuera.

 

      -Hoy no tengo guardia-protestó Anders-; y además, ¿por qué afuera? Si hace rato que el otro puesto de guardia, debido al frío, lo tenemos aquí aden...

 

      -Anders...-lo interrumpió Balduino, sonriendo de forma muy poco alegre y nada sincera-...si te digo que tienes guardia... ¡¡¡es que TIENES GUARDIA!!!-rugió impaciente.

 

      -¡Ah! Esteee... Sí, claro-dijo Anders, entendiendo de inmediato la furiosa y desesperada mímica de Balduino.

 

      Desafortunadamente, Friedrik, el padre de Hansi, era tan aficionado a las canciones marineras como el desafinado de Gilbert. Entre uno y otro, más las conversaciones subidas de tono escuchadas en Vindsborg, Hansi estaba, en lo concerniente a sexo teórico, mucho más ilustrado de lo que parecía o de lo que el mismo Balduino sospechaba. Por ahora, su inocencia (?) y la implacable represión de Fray Bartolomeo impedían que su precocidad fuera desagradable o siquiera notoria. No tenía interés en esas cosas aún. Sin embargo, su avispamiento le alcanzaba para entender, tras un par de tropezones intelectuales, que estaba ocurriendo algo comprometedor y de algún modo prohibido, idea que lo divirtió. Así que sonrió con picardía, se miró las uñas haciéndose el inocente y canturreó:

 

      -Si salgo a cazar ballenas / llevo un arpón aguzado; / otro, más afilado, / gusta mucho a las sirenas...

 

      Balduino, en vista de la presencia de Thommy, no se animó a hacer demasiado. Dedicó a Hansi una mirada que era toda una promesa de asesinato, y acto seguido fingió sonreír como si se hallara en el summum de su dicha.

 

      -Al primero que se ría, lo mato-advirtió al mismo tiempo, secamente-. Y tú, de ser posible, desaparece, vístete y reaparece sólo cuando te hayas adecentado-gruñó a Tarian.

 

      -Feliz Yule-insistía mecánicamente Ljod.

 

      -Aunque te duela un poco, sirena, / cuando te clave mi arpón, / ya olvidarás tus penas / en brazos de tu tritón.

 

      -¡¡¡ HANSI !!!-bramó Balduino.

 

       Tarian consideraba superflua la vestimenta, algo perfectamente comprensible en alguien insensible a los cambios de temperatura, y proveniente además de otro mundo donde la desnudez era una regla sin excepciones. Por lo tanto, no tenía la menor prisa en ponerse presentable según los parámetros de la gente de tierra firme. Por otra parte, sus intereses sexuales se limitaban a saber en qué temporada debía mantenerse a distancia de los delfines ya que, por amistosos que éstos fueran, en ciertas épocas se volvían, por así decirlo,  excesivamente juguetones; y el problema de tener a Tarian nadando con tanta frecuencia entre ellos era que olvidaban que se trataba de un ser por completo distinto de su especie. El joven tenía cierta dificultad para hacerles entender que su físico no estaba preparado para semejante impetuosidad. No era la intención de ellos hacerle daño -salvo quizás en cierta parte de su anatomía, si sus bríos se volvían excesivos-, pero eran más fuertes que él y podían, por lo tanto, herirlo de gravedad. Por suerte hasta ahora se había impuesto sobre ellos a punta de arpón y tridente.

 

      Por lo demás, los propios impulsos sexuales del muchacho se habían atrofiado o reprimido en prisión, sin que nada pareciera capaz de despertarlos. Intimamente sentía que no era un ser completo, que necesitaba una mitad complementaria; pero se trataba más de un anhelo espiritual que de una necesidad física. Consecuentemente, no podía menos que extrañarse ante la para él insólita reacción de Ljod, máxime porque, a diferencia de Anders, Tarian no era consciente de su propia apostura. Miraba a la chica con curiosidad casi científica, ya que, si la gente encontraba extraño a Tarian, él en cambio consideraba que los extraños eran ellos, y los observaba tenazmente, esperando entenderlos alguna vez; pero en este momento, eso empeoraba las cosas. Los aldeanos de Freyrstrande no estaban al tanto de la exacta naturaleza de Tarian, pero intuían que la misma sólo era humana en parte. Como tampoco era posible, ni por aspecto ni por conducta, calificarlo de monstruo, les resultaba muy enigmático; y puesto que ignoraban que en Kvissensborg le habían cortado la lengua, su silencio resultaba también muy llamativo. Por lo tanto para Ljod, como para otros, era algo así como un animalito muy dulce. Lógicamente, de un animalito nadie espera que diga media palabra siquiera. Y aun así, este animalito la miraba de forma inteligente y perturbadora, y en aquellos ojos glaucos entreveía ella la seducción y el misterio de las profundidades.

 

      ¿Qué podía Balduino saber de lo que en realidad pasaba por una mente tan singular como la de Tarian? Juzgando su conducta conforme a pautas humanas, interpretó su extrañeza como vanidad. Podía entender que alguien físicamente tan privilegiado fuera proclive a gustar de la adoración del sexo femenino, pero exhibirse así delante de una niña rayaba casi en la depravación. Y encima Hansi cantando esas coplillas picarescas que lo convertían en potencial víctima de homicidio... Y Thommy allí, listo para ser testigo fiable y convincente de cualquier cosa que llamara su atención...

 

      -Feliz Yule-repitió por enésima vez Ljod. Tarian se le acercó y la besó en la mejilla, y ella se ruborizó como nunca en su vida.

 

      Y en ese momento entró el vigía ad hoc, Anders, con una cara que pronosticaba desgracia en puerta. Evidentemente se acercaba Thomen el Chiflado en persona, y le haría una gracia inenarrable hallar a su hija tan próxima a un joven incomparablemente bello e incomparablemente desnudo. Balduino reaccionó con la celeridad y la lucidez que sólo afloran en momentos de intenso dramatismo.

 

      -¡UN ÉLMING!-gritó, recordando cierto bicho cuya visión una vez parecía haber emocionado a Thommy en los bosques, y señalando hacia un rincón.

 

      -¡No se dize élming!-protestó Thommy, con acentos tan despectivos y autosuficientes que daban ganas de estrangularlo-. ¡Ze dize lemming!...

 

      -No importa cómo se llame la rata sin cola ésa-refunfuñó Balduino. ¿Sería posible que todos los hados estuvieran complotados en su contra?...-. No puede estar aquí. Encuéntrala, y... y te dejo estar aquí otra semana más.

 

      Ante tal promesa, Thommy se decidó afanosamente a buscar un roedor que nunca habría podido encontrar, por la sencilla razón de que no existía. Distraída de esta manera la atención del potencial y diminuto delator, Balduino empujó hacia la cocina a un sorprendido y alarmado Tarian, ante la mirada atónita de Varg.

 

      -¡Todos a buscar el élming... el lemming!-exclamó, para que todos fingieran ponerse en movimiento (en vez de lo cual, todos ensayaban las posiciones que más adecuadas les parecieran para contener la risa) y su apresurada maniobra no llamara la atención de Thommy-. ¡Tú, Tarian, buscarás en la cocina!-añadió; y ya in situ, agregó por lo bajo, mirando a Tarian con expresión muy poco amistosa:-. Y me importa una mierda si tienes que quedarte aquí hasta el fin de los tiempos, no vuelves a salir desnudo, a menos que quieras que te destripe-y como Varg empezara a vociferar iracundo por aquella intromisión en sus dominios, masculló:-. Dices media palabra más, y mueres.

 

     Para cuando Thomen el Chiflado y los otros pescadores llamaron a la puerta, todo estaba perfectamente bajo control, y nadie entre los presentes aparentaba sino una candidez casi angelical. Por supuesto, lo primero que hizo Thommy fue correr hacia su padre, quien lo alzó en brazos, lo besó y le preguntó cómo había pasado el día. Ahí Balduino sudó frío y sufrió como un cochino, pero el niño, con los ojos muy abiertos, habló a muchas cosas, menos de la desnudez de Tarian y el subyugado éxtasis de Ljod al verlo en condición un tanto impúdica y para colmo en primera fila; y en cambio, se extendió sobre la búsqueda del imaginario lemming en entusiasta y verborrágico relato.

 

      -No lo encontdé-concluyó, decepcionado.

 

      -No importa, Thommy. Haremos un trato-propuso Balduino-: estáte en tu casa una semana, y te dejaré pasar aquí la siguiente; ¿de acuerdo?

 

      -Tí...

 

      No era que Balduino brincase de alegría ante la idea de pasar otra semana pendiente del modoso, pero consideraba que éste merecía alguna compensación por habérsele engañado, aunque él no estuviera al tanto de tal engaño. Además era el único que, en medio de la reciente crisis y pese a sus cortos años, se había comportado ejemplarmente. A Hansi daban ganas de estrangularlo aunque, pensándolo bien, mejor aún sería contarle a Fray Bartolomeo qué tipo de canciones había estado cantando su monaguillo, para que impusiera a éste tal penitencia, que a los setenta años todavía estuviera de rodillas, cumpliéndola. A Tarian, ya que tanto gustaba de estar desnudo, lo arrojaría así en medio de un zarzal. Y a todos los demás, salvo Anders y Karl, los desollaría vivos; pues hasta Thorvald se había puesto rojo tratando de contener la risa y sin ayudar en modo alguno.

 

      Y allí estaba Thomen el Chiflado, haciendo girar entre sus manos su enorme y absurdo sombrero de paja, puntualizando el alivio y la seguridad que sentía de saber que podía contar con el señor Cabellos de Fuego, poderoso y firme como una roca, para resguardar a su familia de todo daño o amenaza...

 

      Balduino no sabía si reír o llorar.

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Published by EKELEDUDU
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