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12 agosto 2010 4 12 /08 /agosto /2010 19:41

      Alrededor de dos horas antes de medianoche, Gudrun sorprendió a Balduino acercándose a Vindsborg para saludarlo. Precisamente ocurría ello en el mismo instante en que el pelirrojo se disponía a ensillar a Svartwulk para ir a verla.

 

      -No tenías que molestarle-le dijo él, abrazándola.

 

      -Sí debía hacerlo, señor Cabellos de Fuego. Mucha gente que os quiere bien vino hoy a saludaros. Mi lugar tenía que estar entre ellos.

 

      -¿Sólo entre ellos?

 

      -Sí, señor Cabellos de Fuego; entre ellos, pero encabezando la fila. Disculpad, no obstante, si no me visteis en ese puesto. Y disculpad, también, que recién llegada ya deba irme. Ser una pastora que vive sola es complicado a veces... Pero muy ingrata habría sido yo si no hubiera venido a desearos felicidades.

 

      -La verdad, eres tan dura y orgullosa, que no te esperaba,

 

      -Así se debe ser a veces para sobrevivir, señor Cabellos de Fuego. No es saludable eso de brindarse íntegro a quien uno ama, ¡pero cómo me gustaría hacerlo!...

 

      Balduino sonrió, y miles de tontas frases de enamorado romántico acudieron desde su corazón a su mente, y amenazaron desbordar su boca; pero dijo en cambio:

 

      -Te llevaré a tu casa.

 

      Gudrun asintió, pero dijo:

 

      -Mirad, sin embargo, que puedo caminar.

 

      -Muchas cosas puedes hacer sola. Tal vez, demasiadas para mi gusto.

 

      Balduino avisó a los demás que llevaría a Gudrun a su casa, y acto seguido montaron ambos sobre Svartwulk y se pusieron en marcha. Por el camino, Gudrun se aferró a la cintura de él, y recostó la cabeza contra su espalda; algo que nunca antes había hecho yendo ambos a caballo. Parecía más cariñosa que de costumbre. Sin embargo, cuando al llegar Balduino bajó en primer término y le dio la mano para ayudarla a apearse, ella aclaró:

 

      -También puedo subir y bajar sola del caballo.

 

      -Pero siempre has dejado que te ayude-contestó él, entre la frustración y la alarma. Empezaba a no entender nada.

 

      -Exactamente-aprobó ella; y entonces le dio la mano y permitió que la ayudase a descender a tierra.

 

      Balduino quedó un poco más tranquilo. Gudrun siempre lo sorprendía una y otra vez, y en ocasiones las sorpresas distaban de satisfacerlo; pero en esa oportunidad, y por el momento, todo iba más o menos dentro de los límites de lo para él coherente y razonable.

 

      -¿Puedo quedarme contigo esta noche?-preguntó.

 

      -No sé, señor Cabellos de Fuego-contestó Gudrun, dubitativa-. Quizás sea un poco inmoral o indecente hacer el amor en Navidad o vísperas de Navidad.

 

       Ella era uno de los pocos lugareños que llamaban a la fecha por su nombre cristiano.

 

      -No hagamos el amor, si no quieres-dijo Balduino-. Bastará con que estemos juntos. No sé cuánto tiempo más quedaré en Freyrstrande. Tal vez parta en unos días, tal vez no me marche nunca. Esta noche aún estoy aquí; y me gustaría pasarla contigo.

 

      -Quedaos entonces, señor Cabellos de Fuego. Una buena compañía es siempre bienvenida. Sólo tened en cuenta que no soy complaciente, que si una buena compañía deja de serlo es preferible la soledad y que, en resumen, nada es eterno; y menos si uno no lo cuida. No os necesito; sólo os anhelo, y siempre os anhelaré, en tanto sigáis siendo el mismo señor Cabellos de Fuego que creo conocer.

 

      -¿Merezco que siempre me hagas sentir como si caminara por una cornisa?-se quejó Balduino, enojado-. Creo que mi conducta hasta ahora ha sido cuando menos aceptable.

 

      Gudrun no contestó enseguida. Precedió a Balduino en el ingreso a la cabaña y, estando él a punto de entrar, dijo:

 

      -Más que aceptable, ejemplar, señor Cabellos de Fuego; pero siempre temo que cambiéis. Una de las últimas veces que os vi, imitabais los modos jactanciosos de vuestro escudero. Tal vez a él sí le sienten; tal vez, incluso, a otras mujeres les gustarían verlas incluso en vos. Pero yo no creo que a vos os sienten, ni a mí me gustan. Quizás, en fin, os convendría una mujer menos complicada que yo.

 

      Balduino recordó lo que Thorvald le había dicho días atrás; que la apostura era cuestión de actitud. Tal vez esto fuera cierto porque, al fin y al cabo, muchos notorios seductores eran una prodigiosa mezcla de fealdad, estupidez y vicio y, no obstante ello, podía seguírseles el rastro por la estela de corazones rotos que iban dejando a su paso.

 

      Se quedó pensativo. El no quería dejar una estela de corazones rotos a su paso, pero tampoco tenía obligación de hacerlo... Y sin embargo, por un momento ponderó seriamente la posibilidad de conseguir cualquier otra mujer. Tal vez encontrara el modo de conquistar alguna. Anders podía ayudarlo en eso. Una mujer más hermosa que Gudrun, menos exigente y que no tuviera reparos en cuanto a fechas para hacer el amor.

 

      Por un momento hizo ademán de irse; Gudrun, el de comprender perfectamente y aceptarlo. La joven asintió con la cabeza y empezó a cerrar la puerta; y entonces, en un arrebato de desesperación, Balduino se interpuso entre puerta y marco. Su valquiria de seda y acero estaba a punto de dejarlo fuera del Valhöll.

 

      Se lanzó sobre ella con impetuosa fogosidad.

 

      -Quiero que seas mía y quiero merecerte siempre-dijo con decisión, mirándola a los ojos-. No sabría conformarme con una chica ñoña a la que nada le importara, con tal de poder jactarse de que un Caballero se rindió ante sus pies. Ya estoy demasiado habituado a que se me exija a fondo-añadió, aferrando con fuerza a Gudrun; y enseguida la besó con intensa pasión.

 

      Gudrun quedó perturbada. Nunca antes había sentido tan hombre a Balduino, ni éste la había hecho sentirse tan mujer..

      -Olvidad lo que dije antes, señor Cabellos de Fuego: hagamos el amor.

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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