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13 mayo 2010 4 13 /05 /mayo /2010 19:36

       Parecía que, en eso de construir saunas, Thomen era la máxima autoridad de Freyrstrande.

 

      -¿No te digo?... Loco como una cabra-confirmó Anders a Balduino, al enterarse-. Estoy seguro de que él mismo impuso la costumbre.

 

        Por lo tanto, al día siguiente, casi la dotación entera de Vindsborg lo abordó antes de que se dirigiera al malecón con sus compañeros de pesca.

 

       -Para la sauna, los mejores troncos son los de abeto-explicó Thomen.

 

        -¡Tan verdad como que los delfines son peces!-exclamó malignamente la hombruna Ursula, mirando a Honney con gesto socarrón; y Honney hizo cuanto pudo para disimular su rabia.

 

       -¿Madera de otros árboles no es igualmente buena?-preguntó Balduino.

 

      Thomen volvió hacia el pelirrojo su rostro curtido por la intemperie y los pesares de la vida, y lo aferró por la muñeca.

 

      -Dejad este asunto en manos del viejo Thomen, señor Cabellos de Fuego-dijo, sonriendo bondadosamente-. Pasado mañana vendré aquí y me encargaré de que tengáis la mejor sauna de la región; pues sabía que tarde o temprano precisaríais una. Nosotros proveeremos los troncos; pues los tenemos derribados para ese propósito desde hace ya tiempo.

 

       -¿Nosotros? ¿Quiénes, exactamente?-preguntó Balduino.

 

      -La gente de Freyrstrande. Será nuestro regalo para vos, señor. Pasado mañana empezaremos a trabajar en ella.

 

      Balduino se emocionó por el gesto, pero lamentó de veras que aquellas gentes trabajaran tan duramente para obsequiarle algo que él jamás usaría en su vida.

 

      Dos días más tarde, conforme a lo acordado, Thomen se presentó en Vindsborg muy temprano junto con Friedrik, Kurt, Hrumwald, Fray Bartolomeo y otros hombres que por un día habían hecho a un lado sus tareas habituales para venir a ayudar en la construcción de la sauna. Thomen sugirió a Balduino que mejor se tomara el día libre y los dejara trabajar, y como el pelirrojo se mostraba un tanto reacio a obedecer, Fray Bartolomeo lo echó sin miramientos, ordenándole que fuera a hacer compañía a Gudrun, a lo que accedió finalmente el pelirrojo luego de dejar una interminable lista de instrucciones.

 

      Dos días de ardua labor bastaron a los aldeanos y a la dotación de Vindsborg para levantar la sauna. Al finalizar, estaban exhaustos, pero contentos. Luego, Anders fue a buscar a Balduino. Este había pasado ambos días ayudando a Gudrun a pastorear las ovejas, y luego de la primera jornada Hansi había sido enviado a avisarle que, si pasaba la noche en otro sitio, mejor.

 

      -¿De verdad no sabías para qué era la sauna, señor Cabellos de Fuego? ¿De verdad?-preguntó Hansi, con picardía y mofa, sonriendo de tal manera que Balduino se sintió como si su cabeza hubiese sido sustituida por una testa de asno.

 

      -Mocoso, vuelve a mirarme con esa cara sobradora sólo cuando disfrutes de la protección de una armadura, aunque ni eso te librará de mí-replicó Balduino con una mueca torcida que presumiblemente intentaba ser una sonrisa.

 

      No fue gran sacrificio para el pelirrojo no poder volver a Vindsborg esa noche, aunque una parte de él se reprochaba no estar donde tenía que estar; su sentido del deber lo tenía bastante tiranizado. Pero luego de una noche de placer y relajamiento tenía mejor disposición para escapar de dicha tiranía, y puso mala cara cuando Anders fue a las dehesas de pastoreo a llevarle un recado permitiéndole regresar.

 

      -Ah...-murmuró maliciosamente Anders, desde lo alto de su montura, poniendo una cara de inocente en la que nadie hubiese creído-. ¿Cómo te diré?: Un caballero no es libre de hacer lo que le plazca. Un  caballero es esclavo de su honor y de sus obligaciones; de modo que, si sólo buscas diversión, dedícate a otra cosa.

 

      Balduino lo miró con crecientes anhelos de estrangularlo. Eran sus mismísimas palabras las que citaba Anders: en la época en que consideraba a éste tan sólo un sirviente flojo, molesto y bueno para nada, se las había repetido una y mil veces.

 

      -No es de cristiano ser vengativo, Anders-gruñó.

 

      -Esto te ocurre por no ser creyente. No me estoy vengando: lucho contra el infiel, que es diferente-contraatacó Anders.

 

      Gudrun volvía en ese momento trayendo de regreso a Copito de Nieve, quien se había alejado demasiado de las otras ovejas y que al ver a Balduino luchó por zafarse de brazos de su pastora para ir con él, puesto que iba en camino de tenerle auténtica adoración.

 

      -Qué cierto es aquello de que todo lo bueno acaba-comentó Balduino, apesadumbrado, yendo al encuentro de zagala y cordero-. Debo regresar a Vindsborg.

 

      -¡Naturalmente!-exclamó Gudrun con vehemencia-. O volvíais allí, u os echaba yo.

 

      Balduino, boquiabierto, miró a Anders, quien luchaba consigo mismo para reprimir la carcajada.

 

      -¿Por qué?-preguntó el pelirrojo, anonadado-. Creí que estabas contenta de tenerme a tu lado.

 

      -Claro que me puse muy contenta, señor Cabellos de Fuego, pero prefiero veros cada tanto y como a un huésped honorable, en vez de llevaros siempre conmigo como el perro a sus pulgas. Ulrike y Thora dicen que no es bueno que los hombres estén demasiado tiempo en el hogar, porque una llega a verlos como a otros tantos muebles más.

 

      Aquello fue demasiado para Anders, quien ya no pudo evitar reír hasta las lágrimas.

 

      -Qué románticas son las mujeres aquí-refunfuñó Balduino.

 

       -Románticas, no: prácticas, señor Cabellos de Fuego, prácticas-alegó Gudrun.

 

      -Balduino, ¿de qué te quejas?-preguntó Anders, sin parar de reír-. Eres el hombre más afortunado del Reino. Ya querría yo una novia que me diera esa libertad para galantear a otras mujeres. Generalmente ellas conocen tus intenciones y por eso no te dejan a sol ni a sombra.

 

      -Sí, pero aquí no hay otras mujeres a las que galantear, Anders; por eso quien yo sé se da el lujo de tratarme como me trata... En fin... Iré a encender el hogar a esta ingrata, como todas las tardes... Y luego me tendréis en Vindsborg.

 

      -De acuerdo, Balduino, nos vemos allí-dijo Anders, partiendo acto seguido a lomos de Slav.

 

       Gudrun había bajado al suelo a Copito de Nieve, animal menudo en las dimensiones de su especie, pero lo bastante grande y pesado para que no cualquier mujer pudiera alzarlo con facilidad.

 

       -Supongo que entenderás que Anders y yo bromeábamos, ¿no? No te engañaría con otras mujeres-aclaró Balduino, por las dudas.

 

       -Y sin embargo, tengo una rival-repuso Gudrun, sonriendo-: vuestra armadura. Por ella me dejaréis un día por ella.

 

      -La tengo bastante desatendida-observó Balduino, pensativo y sonriente a su vez-. Es cierto, viví con ella una especie de idilio. Trabajé duramente para ganármela... La primera que tuve, quiero decir, porque la que tengo ahora fue regalo de un noble, Roland de Armelinskvald, a quien, cuando ya era yo Caballero, rescaté de El Toro bramador de Vultalia...

 

      Copito de Nieve había ido junto a Balduino. La joven zagala aferraba ahora su cayado y estudiaba a Balduino como escudriñando si estaba siendo jactancioso, a fin de devolverle la humildad a bastonazos. Decidió que no era necesario ponerse violenta.

 

      -...Ni de la primera ni de la segunda me separaban así nomás, al principio-continuó Balduino-. Eran hermosas y estaba orgulloso de ellas... Pero luego me di cuenta de que no necesitaba lucir siempre armadura para ser un Caballero... Entonces las fui dejando de lado. Sobre todo, porque una armadura es pesada y en cierto momento te fastidia cargar con ella si no es necesario.

 

      -Veis cómo tengo razón, señor Cabellos de Fuego, triste fin para vuestro idilio con vuerstra armadura. Así es como a menudo se acaba el amor; los amantes se ven demasiado seguido y caen en la cuenta, cada uno de ellos, de que el otro es un pesado. No querría que llegase un día en que os viera como a un mueble-dijo Gudrun.

 

       Balduino se le acercó y le rodeó la cintura con sus brazos.

 

       -Pero, ¿me recibiríais, señora, si no llegara a vuestro hogar más que de tanto en tanto, necesitado de hospitalidad?-preguntó.

 

      Gudrun le echó los brazos al cuello y dejó que él la besara, antes de responder:

 

       -Eso sí, señor. Siempre... Para serviros.

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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