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13 mayo 2010 4 13 /05 /mayo /2010 21:59

      Con las últimas luces del día moribundo, Balduino regresó a Vindsborg, donde algunos hombres todavía observaban la sauna recién terminada y hacían comentarios diversos; entre ellos Thorvald, Ulvgang, Fray Bartolomeo, Thomen el Chiflado y Anders. Este último, ni bien vio a Balduino desmontar, le salió al encuentro, pero apenas llegó junto a él puso una mueca de asco.

 

       -Por Dios, hermano... ¡Cómo hiedes a oveja!

 

       -¿Y a qué quieres que hieda, si mi novia cuida ovejas?-replicó Balduino sin alterarse.

 

      -Sí, pero a juzgar por ese tufo, se diría que no te coges a Gudrun, sino a todas y cada una de sus ovejas.

 

      -En última instancia, ¡ni que en Vindsborg oliéramos a rosas!... Apestamos a sudor, bolas y mugre,  y cada vez que alguien se quita las botas, deja a su alrededor un tendal de moribundos. Sumemos a esto la hediondez persistente que  deja Varg cada vez que cocina, y coincidirás conmigo en que estamos creando un gas mil veces más venenoso que las miasmas de ciertos pantanos o que el mismísimo ofistón de los Wurms; ¿y me vienes ahora con que yo apesto a oveja?... ¡Vamos, Anders! No somos petimetres de la corte sin nada que hacer aparte de acicalarnos y mantenernos a la moda, ni podemos proponernos estar fragantes como primera prioridad. Somos guerreros y tenemos trabajo, y nos aseamos cuando y como podemos. Además, esto ya era así mucho antes de que llegáramos a Freyrstrande: si estás proscrito, no puedes bañarte en una fuente o lago que esté a la vista de todo el mundo, y menos si dejas tu armadura en la orilla, arriesgándote a que cualquiera la encuentre. De modo que no me vengas con ese tipo de quejas.

 

      -Bueno, al menos la sauna te quitará buena parte de esa fetidez que llevas encima-se consoló Anders.

 

      Balduino se volvió hacia él.

 

      -Estás loco de remate si crees que pienso dejar que primero me hiervan al vapor y luego me congelen en la nieve-aclaró.

 

      -Un momento-protestó Anders-. Tú decías que Thomen no está loco, ¿no? Que la sauna es cosa muy normal, ¿verdad? Bien, ya no discutiré esa opinión tuya, pero exijo que la rubriques dando el ejemplo.

 

      -¡No tengo por qué! Son gustos de Thomen. Allá él. Los míos pasan por otras cosas.

 

      Y tras estas palabras, Balduino fue a llevar a Svartwulk a la caballeriza; pero Anders, quien al amparo de la oscuridad sonreía de manera alevosa, le gritó:

 

      -¡No te demores mucho, que Thomen te espera para hablar contigo!

 

      Así lo hizo Balduino. En breves instantes estuvo junto a Thomen, quien lo aguardaba rodeado de los otros y le habló mientras al mismo tiempo hacía girar entre sus manos su absurdo y enorme sombrero de paja.

 

      -Señor Cabellos de Fuego, quisiera haceros una petición.

 

      -La que sea, Thomen, si está a mi alcance concedértela. Te doy mi palabra-accedió Balduino

 

      -Quisiera que un día de éstos, cuando estéis por tomar vuestra sauna, me hicierais el honor de invitarme a compartirla con vos.

 

      -Petición concedida, amigo-dijo amablemente, sin que nada en su voz traicionara el horror que le inspiraba la idea de un eventual paso por la sauna al que acababa de quedar obligado por su promesa. En cuanto a la expresión de su semblante, afortunadamente la encubría la oscuridad.

 

       Thomen agradeció efusivamente y, tras despedirse, partió en su carreta, sujetando riendas con una mano y sombrero de paja con la otra.

 

       -Bueno, hereje, no podrás quejarte de que esta gente no te quiere ni piensa en ti-dijo Fray Bartolomeo-. Mira cómo han perdido dos días de trabajo por hacerte esta sauna.

 

      -Eh... Sí, claro-balbuceó Balduino.

 

      -Fuimos tontos en no avisarte que estamos calentando la sauna para que alguien la estrene-comentó Thorvald-. Tal vez hubieras querido invitar a Thomen hoy mismo.

 

      Balduino decidió sincerarse, pero a alquien que se supone ha de ser valiente, puede resultarle horrible, en algunas circunstancias, admitir que se muere de miedo.

 

       -Es que no puedo hacerlo-confesó.

 

       -Por supuesto que no-bromeó Ulvgang-. Lo que a ti te gustaría sería tomar la sauna junto a Gudrun, y ciertamente da qué pensar esta petición de Thomen. Sospecho, a ver si me entiendes, que tiene inclinaciones un tanto, digamos, especiales, y mucha curiosidad por explorarte de cerca tu mascarón de proa. Se ve que Gudrun lo ha pregonado con muchas alabanzas...

 

      -No seas blasfemo...-reprobó Fray Bartolomeo.

 

      -No se trata de si Gudrun o Thomen-dijo Balduino-. Simplemente, no puedo tomar esa sauna.

 

      -Hombre, ya te harás un tiempo-intervino malignamente Anders.

 

        Balduino lo habría estrangulado de buena gana, pero se limitó a medirlo con ojos abrumadores. Con amigos como éstos, ¿quién necesita enemigos?, se preguntó.

 

      -¿No entendéis?...-exclamó-. No se trata de falta de tiempo sino de que, en fin, de que no estoy hecho para... De... De que la sauna no es lo mío.

 

       Se hizo un silencio incómodo, casi tétrico, que fue roto por Thorvald:

 

      -Pero ahora no puedes negarte, se lo prometiste a Thomen-observó-. Una invitación a la sauna es sagrada. El invitado no puede rehusarse, porque ello sería afrentoso; y el que invitó tampoco puede echarse atrás a último momento, pues esto sería igualmente insultante, quizás más.

 

      -¡No creo que Thomen piense así!... Al fin y al cabo, jamás antes me invitó a su sauna, ¿no?-se justificó Balduino.

 

      -Sólo porque tanto él como los otros temían demasiado tu negativa-gruñó Fray Bartolomeo-. Al fin y al cabo, para ellos eres su señor, el señor Cabellos de Fuego. Te admiran, te aman y te sienten a la vez cercano e inalcanzable. Tu desdén los haría sentirse viles y despreciables. En confesión, muchos me dijeron que querían invitarte a una sauna, pero que tú no parecías deseoso de aceptar. Temían tu rechazo; pero ahora que persuadí a Thomen de que se animase, apuesto a que te lloverán invitaciones para sus saunas, o peticiones para que los invites a la tuya.

 

      -¿Así que vos sois el culpable de toda esta situación?...-exclamó Balduino-. ¡Pues no tomaré esa sauna!... ¡No puedo!

 

       -¿Y por qué no?

 

      -¡Porque no me dan ganas de suicidarme, eso es todo!

 

      Siguió otro silencio aún mas largo y tétrico que el primero.

 

      -Señor Cabellos de Fuego-dijo Ulvgang con voz siniestra-, no me estarás diciendo, supongo, que tienes miedo de una simple sauna... Sabes que no nos gustan los cobardes.

 

       -Y no soy cobarde. Espada en mano, puedo lanzarme a combatir aunque el enemigo me supere en número, pero eso no significa que esté dispuesto a exponerme a riesgos inútiles.

 

      -Tus habilidades en combate no necesariamente prueban tu valor, a menos que sigas luchando cuando todo esté perdido y sin esperanza, y luego de que te ofrezcan perdonarte la vida a cambio de tu rendición. Prueban, eso sí, que eres hábil improvisando estrategias. Tu pericia con la espada nunca estuvo en duda. Ante mis hombres y ante mí mismo te mostraste siempre seguro; de modo que, o eres un hombre luchador y te sabes capaz de defenderte bien, o que eres un inocente y tal vez hasta un imbécil: No creo que seas inocente y mucho menos imbécil; de modo que tiene que ser que peleas bien. Además, aprendiste rápidamente  las técnicas de boxeo y lucha que te enseñamos. Que luego temas a un simple baño es verdaderamente bochornoso, sobre todo porque nadie más le teme, ni aun Hansi. Caso de  tener que enfrentarte a los Wurms, ¿cómo osarías acercárteles, si ni a la sauna te le animas? El coraje se mide por la resolución con que nos enfrentamos al peligro. Si estás debidamente preparado para enfrentarte a un enemigo, en el fondo no corres peligros. Tampoco lo corres en la sauna; si a pesar de todo temes a ésta, ¿supones que te creeremos valiente?

 

      -No supongo nada, digo sólo que no tomaré esa sauna.

 

      -¡Que no la tomarás!-bramó Fray Bartolomeo-. Escucha, maldito hereje: varios aldeanos te entregaron sus corazones dejándolo todo para venir a construir esta sauna, Thomen más que nadie; de modo que cumplirás con lo prometido, que si no, tan cierto como que hay un Cristo, en nombre del Señor primero te romperé los huesos y después...

 

        -Calma, hermano, ¡calma!-lo apaciguó Thorvald; y volviéndose hacia el pelirrojo, añadió:-. Diste a Thomen tu palabra, Balduino, y vale más que la cumplas.

 

       -Yo sólo prometí que cuando tomara la sauna, lo invitaría a tomarla conmigo. Si no  tomo sauna alguna, no tengo que invitarlo; de modo que no faltaré a mi palabra-dijo Balduino, orgullosísimo de su argumentación.

 

      -¡Cállate! ¡No hagas que me avergüence más!-rugió Thorvald-. ¡Reserva esos trucos para los leguleyos de la ciudad con sus letras pequeñas!... ¡Aquí valen la palabra honesta y el apretón de manos!... Allá tú si no tienes dignidad, y si estimas en tan poco el poder llamarte hombre; allá tú si no te importa que se diga que tu palabra de nada vale, ¡pero no intentes hacernos creer, además, que procedes de manera honorable!

 

        Thorvald era el que mejor sabía dónde le apretaban los zapatos a Balduino, quien se había cohibido ante la durísima reprimenda. Nadie volvió a abrir la boca; se tuvo la seguridad de que Balduino estaba próximo a capitular.

 

       -Necesitaré de vuestra ayuda. Por favor-dijo el pelirrojo finalmente.

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Published by EKELEDUDU
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