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18 mayo 2010 2 18 /05 /mayo /2010 17:48

      -No esperaba que Adler se fuera con ellos.

 

      Era Snarki quien acababa de hablar de esta manera. Balduino puso cara de circunstancias, pero a menos que Adler rompiera cierta promesa que le había hecho tiempo atrás, si estaba junto a Ulvgang y los leales a éste era sólo para espiarlos. El pelirrojo, en efecto, había temido que la liberación de Hendryk y Kehlensneiter suscitara revuelos varios entre los otros Kveisunger, y decidido que necesitaba un espía infiltrado entre ellos.

 

        Para esta tarea, nadie mejor que Adler, quien carecía de verdadero carisma y no se hacía notar mucho. En otras ocasiones había demostrado que su corazón lo acercaba más a Balduino, aunque por temor se plegara a Ulvgang en caso de tener que decidir entre uno u otro; por ejemplo, durante el famoso principio de motín, sin consecuencias, provocado por el hallazgo de objetos valiosos tras el naufragio de un barco que luego resultaría ser el de Ursula, el Valhöll. Su bajo perfil no permitía identificarlo claramente como adlátere de Balduino, lo que sí ocurría con Snarki, cuya reconocida lealtad hacia el pelirrojo había aumentado mucho y muy notoriamente desde que, gracias a él, se sabía hombre libre y exculpado de los cargos de violación y asesinato: bastaba ver que seguía en Vindsborg aun pudiendo marcharse cuando quisiera.

 

      Lambert, demasiado viejo y sufrido para temer a la muerte, habría despertado sospechas si, bajo la excusa de aliarse al bando más fuerte, se hubiera acercado a Ulvgang y su corro para secretamente espiar a Balduino, ya que en ocasiones anteriores se había mantenido al margen muy ostensiblemente. Para él, Balduino era la autoridad, y terminaba siempre gravitando en su entorno aunque más no fuera por inercia. Total, si los Kveisunger lo degollaran por no plegarse a ellos, ¿y qué? Sólo pedía a Dios, si su conducta lo hacía acreedor a las penurias infernales, que su suplicio póstumo no incluyera una eternidad junto a la difunta Helga...

 

        Los gemelos Björnson quedaban descartados: siempre se habían mantenido demasiado próximos a Ulvgang para confiar tanto en ellos. Ursula mantenía buenas relaciones con los Kveisunger pero, desde el incidente de la muerte de la loba preñada,  conocido sólo por ella misma y por Balduino, ya no llamaba a éste con apelativos burlones como enanín, chiquitín o cosas por el estilo. Ahora era, también para ella, el señor Cabellos de Fuego. Este súbito cambio llamaba la atención del resto, aun desconociendo la causa del mismo. El respeto de Ursula hacia Balduino había crecido de manera harto evidente para creerla sincera si obligada a elegir entre dos bandos optaba por el de Ulvgang contra el del pelirrojo. Y por supuesto, Thorvald, Karl y Anders eran opciones aún más impensables, tanto como Adam, aunque en este último caso porque simplemente no se podía confiar en él.

 

        No había sido fácil convencer a Adler de que se aviniese a espiar a los Kveisunger, sobre todo porque Balduino le había hablado con vaguedades y dejando muchas cosas sin explicar. Además, a ojos vista, Ulvgang y sus piratas se estaban comportando, en aquel momento, honorablemente; por lo que era sobre Balduino que recaían sospechas de traer intenciones traicioneras con semejante petición. Adler no quería ni imaginar cuál sería su suerte si El Terror de los Estrechos maliciaba que estaba jugándole sucio haciendo de soplón para el pelirrojo; y por lo tanto había comenzado negándose.

 

      -Sólo quiero que seas mis ojos detrás de mi espalda. No es mi intención cometer villanías de ningún tipo-había dicho Balduino; y al no obtener sino silencio por respuesta, añadió:-. Pero si aun así no quieres hacerlo, olvida que te lo he pedido. Trataré de arreglármelas solo.

 

      Entonces Adler alzó la vista hacia Balduino y acabó aceptando tras considerables vacilaciones.

 

      Databa esta conversación de los días en que Balduino, por primera vez, se hacía acompañar por Tarian al visitar Kvissensborg; difícil saber si Adler cumpliría su promesa. Parecía imposible que Ulvgang tuviera a su vez un espía inmiscuido entrre el círculo de Balduino pero, por las dudas, mejor mantener aquella conversación en secreto.

 

       -Yo tampoco esperaba que Adler se fuera con ellos-respondió por lo tanto a Snarki-, pero así son las cosas.

 

       Las labores del día habían caido, desde luego, en el olvido; y ya que Ulvgang discutía las nuevas con sus aliados, Balduino había preferido hacer lo propio. Además de Snarki, estaban con él Anders, Thorvald, Karl, Ursula y Lambert.

 

       -Tampoco está Tarian con nosotros... Vaya forma de agradecerte las molestias que te tomaste por él-observó Anders.

 

       -De este lado está quien lo liberó, Anders, pero del otro lado está nada menos que su padre-contestó Balduino, aunque se preguntó si las extrañas y recientes reticencias afectivas de Ulvgang merecían esa lealtad filial.

 

      -¿Y Hansi?-preguntó Karl, preocupado. Y antes de que Balduino pudiera responder que inmediatamente después del desayuno,  lo había enviado adentro a pulir su armadura, pues palpitaba, quién sabía por qué, problemas para ese día y quería mantener lejos al chico, quien sin duda aún estaba en ello, intervino Anders:

 

       -¿Hansi?... ¡Por ti mismo deberías preocuparte!-se volvió hacia Balduino-. ¿Puede saberse cómo se te ocurrió esa loca idea de liberar a Hendryk y a Kehlensneiter? Estás todavía más chiflado que Thomen, ¿lo sabías?

 

      -Calma, Anders-replicó Balduino, sin alterarse-. En primer lugar, necesito a Hendryk. No puede ser otro; tiene que ser él, debido a sus habilidades artísticas, que ya demostró como tatuador.

 

      -Bueno, él vaya y pase; pero ¡Kehlensneiter!... Lo primero que hará ni bien salga de prisión será liquidar a Karl.

 

       -Anders, cálmate de una vez. No soy un tonto iluso que confía ciegamente en la bondad humana. Cada vez que voy con Tarian a verlo, dialogo con él, analizo sus respuestas (cuando me responde, lo que no siempre sucede), lo estudio. Nuestras conversaciones en realidad a veces son sólo mis monólogos: apenas si me habla. Oculta sus emociones tanto como puede, es muy astuto y peligroso, lo admito; pero no siempre puede ocultar sus emociones. Tengo que admitir, para mi vergüenza, que a mí mismo me aterra estar junto a él. Mirarlo a los ojos es como mirar a la Muerte, como asomarse al Infierno. Pero dentro de ese Infierno, en algún lugar, hay un hombre valiente y noble que se enamoró perdidamente de una sirena, que no le guardó rencor al hombre que se la arrebató, que luchaba cuerpo a cuerpo con monstruos marinos para defender a su mejor amigo, y que, por tratar de impedir que se torturara a un inocente, sufrió un castigo horrible. Oyendo todo esto, si no supieras que se trata de Kehlensneiter, pensarías que te hablo de un Caballero. El señor Ben Jakob decía que en cada persona había un héroe en potencia; me propongo rescatar, en Kehlensneiter, a lo que de heroico haya en él, aunque yazga sepultado muy profundo en ese Infierno espantoso que es el resto de su alma. Y creéme: no tengo muchas opciones, por otra parte. En cuanto a eso de que lo primero que haría Kehlensneiter una vez libre sería liquidar a Karl, no estés tan seguro. En primer lugar, si bien lo odia, no parece impaciente por quedar en libertad, y lo estaría si de verdad quisiera vengarse de él. Podría estar fingiendo, pero también puede que lo avergüence lo horrible que luce su rostro sin nariz ni orejas, o que sencillamente crea que su destino es terminar su vida en prisión. En cualquier caso, si no está fingiendo, por lo visto ese odio se ha mitigado algo. Tal vez mataría a Karl de buena gana, pero no si para ello debe primero salir de la mazmorra. En segundo lugar, por mucho que odie a Karl, no es menos fuerte su amor por Tarian. Y me he encargado de que Karl aparezca, a sus ojos, como uno de los probables responsables de la liberación de Tarian.

 

      Anders abrió unos ojos enormes como calderos.

 

      -¡Así que por eso, cuando fuimos a sacar a Tarian de la mazmorra, quisiste que nos acompañase Karl y ningún otro que no fuese él!-exclamó asombrado-. ¡Ya entonces tenías esto en mente!

 

       -Digamos que pensaba que podría verme obligado a esto-relativizó Balduino-, y siempre conviene cubrir todas las posibilidades. Kehlensneiter podrá dudar de mis palabras, pero difícilmente se atreva a negar lo que vieron sus ojos. El vio a unas personas, Karl entre ellas, bajando a las mazmorras; instantes después, Tarian quedaba en libertad. No sabe exactamente cómo ocurrió todo, no ha hecho preguntas y si no las hace, yo tampoco le diré nada al respecto; y mientras esto continúe así, el amor que siente por Tarian y la gratitud que crea deberle a Karl lucharán contra el odio que siente por éste, aunque no podemos estar seguros de que triúnfen sobre él. Por eso, cuando Kehlensneiter se nos una, no dejaremos a Karl solo ni a sol ni a sombra, aunque Tarian será para él mejor escudo que toda una escolta; por lo que intentaremos que estén juntos el mayor tiempo posible.

 

       -Di lo que quieras. Sigue pareciéndome una imprudencia-opinó lapidariamente Anders.

 

      Balduino no estaba muy seguro de que no tuviera razón. Recordó un incidente que se había producido la primera vez que él y Tarian visitaron a Kehlensneiter en la mazmorra. Al llamar a éste, que se hallaba en un rincón  mirando hacia otro lado, las horribles pupilas violáceas observaron a Balduino de soslayo tan sólo un segundo, y luego volvieron a su posición anterior. Tratando de ser amistoso, el pelirrojo se acercó y colocó una mano en el hombro del prisionero.

 

       En el siguiente instante, Balduino yacía derribado en el suelo, confuso, luchando por liberarse y ponerse de pie, mientras el semblante pálido y pesadillesco lo observaba amenazante.

 

       -Tócame de nuevo y mueres, desgraciado-susurraba Kehlensneiter, con una horrible voz ronca-. Un dedo, un solo dedo que me pongas encima, y embadurno con tus sesos las paredes de mi celda.

 

      Tal vez porque el ataque lo había tomado por sorpresa y porque sabía que Kehlensneiter hablaba en serio, Balduino nunca se había sentido tan vulnerable como en ese momento, pese a estar enfundado en su armadura. Tarian se interpuso rápidamente entre ambos, y fue entonces patente que Kehlensneiter no reaccionaba con la misma violencia a todo contacto físico. Si la mano que se posaba en su hombro era la de Tarian y no la de Balduino, por ejemplo, no se molestaba en absoluto.

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Published by EKELEDUDU
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