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19 mayo 2010 3 19 /05 /mayo /2010 23:24

      A mediodía, poco después del almuerzo, los Kveisunger, los gemelos Björnson y Adler, con Ulvgang a la cabeza, se acercaron a Balduino y los demás.

 

      -Sólo te diré esto, que liberar a nuestros compañeros sería una estupidez descomunal de tu parte. Si eres inteligente, no lo harás-fueron las palabras de Ulvgang.

 

      -Pero nadie ha dicho que yo sea inteligente-recalcó Balduino.

 

      -Entonces, lo que suceda de aquí en más será cosa de los hados-replicó Ulvgang, con irritación; y acto seguido dio la espalda a Balduino y subió la escalinata de Vindsborg, seguido por los otros Kveisunger.

 

      Tanto los gemelos como Adler se rezagaron.

 

      -Señor Cabellos de Fuego…-comenzó Per.

 

      -…¿Tarian no está contigo?-concluyó Wilhelm.

 

      Balduino los miró, sorprendido y un poco asustado.

 

      -¡Pero si estaba seguro de que había ido con vosotros!…-exclamó.

 

      -Señor Cabellos de Fuego, él quiso unírsenos…-explicó Per.

 

      -…pero Ulvgang no se lo permitió-aclaró Wilhelm.

 

      -Es cierto-confirmó Adler, y Balduino se volvió hacia el rostro picado de viruelas-. Dijo que su lugar estaba contigo. prácticamente lo trató de traidor.

 

      Balduino se indignó.

 

      -¿Pero qué mierda le pasa a ése?-exclamó-. ¿Por qué ahora se porta como un idiota y, con Tarian, como si fueran desconocidos el uno para el otro? Tarian jamás habría querido traicionarlo, ¡y Ulvgang lo sabe! ¿De veras le habló así?

 

      Adler asintió.

 

      -Y creo que Tarian se ha ido-añadió-. La última vez que lo vi estaba cerca de la orilla del mar. Ahora lo único que queda de él allí son sus ropas.

 

      Desde su liberación, Tarian sólo una vez había intentado zambullirse en el mar, y ese único intento había terminado en fracaso. Si alguna vez había sido capaz de respirar bajo el agua, ya no podía hacerlo.

 

      Horrorizado, Balduino miró hacia el océano, como reprochándole la desaparición de Tarian. Un violento bramar de olas rompiendo contra la playa pareció desafiarlo.

 

      -¡Dios!…-exclamó Anders-. ¡Se suicidó!

 

      -¡Pero no digas tonterías, pichón!-lo censuró Thorvald, enojado.

 

      -¿No entiendes? Anders tiene razón: ¡se ahogó! ¡Intencionalmente o por accidente, pero se ahogó! ¡Estuvo a punto de sucederle hace unos días, cuando hubo que sacarlo tosiendo del mar!-exclamó Balduino.

 

      -Se habrá desacostumbrado, eso es todo-dijo Thorvald, optimista-. Los músculos duelen al usarlos después de mucho tiempo de no hacer ejerecicio, ¿no? Algo parecido le habrá sucedido a Tarian con sus branquias. No hay razón para pensar que éstas se hayan atrofiado totalmente. Y no debes menospreciar el instinto de supervivencia de Tarian. Ya ha demostrado ser mucho más fuerte de lo que sospechábamos.

 

      Adler hizo un gesto de duda.

 

      -Tal vez no sea yo un experto en lo que al mar se refiere, pero sé suficiente. Está lleno de monstruos allí abajo-dijo.

 

      -Hombre, lleno de monstruos… No hay necesidad de exagerar, ni creo que Tarian corra más peligro bajo el mar que sobre él. tal vez incluso menos. Nació allí; es el ambiente que mejor conoce. Nosotros estaríamos inermes allí, pero no él. Tiene la voluntad de Ulvgang, su padre, y la respiración, los instintos e incluso la anatomía natátil de un tritón, salvo que posee piernas en vez de cola de pez. nada más le hará falta.

 

      -Pero estará solo, sin nadie que pueda ayudarlo en caso de ser herido; sin amigos, ni…-balbuceó Balduino.

 

      Thorvald miró al pelirrojo, y las pupilas de éste no eran las de un Caballero listo para hacer frente a cualquier amenaza que saliera a su encuentro. Eran las de un adolescente que lloraba su soledad en un bosque tétrico.

 

      -Muchacho, algunas personas eligen estar solas-observó el viejo-. Es lo que mejor les sienta.

 

      -No a Tarian-dijo Balduino-. Creo que esos delfines que dibujó en el torreón eran su manera de pedir amistad.

 

      -Pero si nadie se la negó…-observó lógicamente Anders.

 

      -Tiene razón el pichón-dijo Thorvald-. Simplemente, no bastó. Nadie quiso que se sintiese diferente, pero no debemos olvidar que lo es. Todos los seres humanos lo somos, cada uno respecto a los demás; pero algunos son más distintos que la mayoría. A ésos se los debe aceptar y respetar tal como son, por extraños que parezcan. Tarian es, seguramente, más extraño que nadie, porque sólo pertenece en parte a la estirpe humana; la otra mitad es de la raza subacuática. Si escuchó la llamada de las profundidades y optó por acudir a ella, no somos quienes para impedírselo.

 

      Balduino no siguió discutiendo, aunque lo embargaba una tristeza sin nombre.

 

      El almuerzo de ese día se desarrollo en un clima de funerales que no se veía desde los primeros días de Balduino y Anders en Vindsborg. Hansi no entendía que Tarian se hubiera ido sin despedirse al menos, y formulaba en voz alta preguntas que parecían un eco de las que Balduino se hacía para sus adentros:

 

      -Pero, ¿a dónde irá? ¿Estará bien? ¿Por qué nos dejó?

 

      -No lo sé, Hansi-contestaba Balduino.

 

      De vez en cuando, miraba de reojo a Ulvgang. Por momentos aparecía en éste lo que, tal vez, fuera una expresión de pesar; en general su semblante parecía pétreo, inconmovible. Balduino no lograba entender esta indiferencia teniendo en cuenta lo mucho que Ulvgang, en su momento, parecía haber sufrido por su hijo.

 

      Por la tarde se trabajó normalmente, como si nada de lo ocurrido por la mañana, desaparición de Tarian incluida, fuera real. Era un día triste y gris, y los ánimos hacían juego.

 

      Hacia el atardecer, cuando se paralizaron los trabajos, Balduino se paseó de un lado de la playa a otro, mirando hacia el océano en cuyas aguas se reflejaba el color plomizo del firmamento encapotado. La estela de fumarolas del volcán de Eldersholme se difuminaba entre los nubarrones arropados en fúnebres galas. El viento, desde luego, soplaba ululante y en fuertes ráfagas, según era habitual en Freyrstrande en los meses más fríos. Tal vez no fuera un día peor que los inmediatamente precedentes o los que vendrían después, pero lo deprimente hace mella sólo cuando los ánimos ya vienen de capa caída.

 

      -¿Volverá Tarian, señor Cabellos de Fuego?-preguntó Hansi, quien había ido tras Balduino; y como éste contestara que no sabía, añadió:-. Sí, volverá. Sólo nos tiene a nosotros, ¿no?

 

      -Se tiene a sí mismo, Hansi, y eso a veces es mucho cuando crees que no tienes a nadie más-contestó Balduino-. Tal vez tampoco nosotros necesitamos de él; pero deseaba que se quedase. Quién sabe qué habría podido enseñarnos si se hubiese quedado.

 

      Anders se les unió momentos más tarde y estuvieron los tres contemplando durante un breve instante la superficie del mar.

 

      -Voy a encender el hogar de Gudrun-decidió Balduino finalmente.

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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