Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
1 junio 2010 2 01 /06 /junio /2010 23:10

      ¿Habría Adam, tal vez, ingresado en la Orden del Viento Negro ya con malas intenciones, quizás por un breve lapso y sólo a efectos de entregarla a los enemigos de aquélla, atada de pies y manos? ¿Habría salido mal su plan, viéndose obligado a huir?

 

      A priori parecía factible. La crisis del Monte Desolación no había hecho posible un control estricto del carácter de quienes venían a sumarse a las huestes del Viento Negro, por entonces muy necesitadas de refuerzos. Era hecho sabido que la falta de organización había favorecido la infiltración, si no en la Orden misma, sí en sus inmediaciones, de personas que luego resultaron canallas manifiestos. Alguien podía haber llegado todavía más allá, intentando una traición fallida y huyendo luego por temores a eventuales represalias, quizás incluso antes de que se descubriera dicha traición.

 

      Pero, ¿recordaría Méntor con tanta facilidad una cara vista por breve tiempo y entre muchas otras en el Monte Desolación? Tal vez, tratándose de alguien descollante. Pero en ese caso, ¿por qué las historias del Monte Desolación no mencionaban a nadie a quien se pudiera asociar, aunque más no fuera remotamente, a Adam? Era obvio que éste, caso de haber estado en el Monte Desolación, no se había hecho notar mucho, al menos hasta la hipotética traición y posterior fuga.

 

      Pero si Adam había intentado traicionar a la Orden, ¿por qué ahora no lo había confesado ante Méntor? Adam carecía de valor para quitarse la vida él mismo, pero siempre había manifestado su deseo de volver a Kvissensborg para que lo ahorcaran de una vez por todas. Esto era así, sobre todo, desde que ya no tenía Fuego de Lobo con que aturdirse. Y la razón por la que deseaba ser ejecutado era que la sacaría más barata que a manos de La Hermandad a la que había traicionado. Tal vez Adam, aun prefiriendo morir de otra forma, temía la venganza de la Orden del Viento Negro tanto como por parte de La Hermandad. Y en todo caso, alguien que teme venganzas no se muestra irrespetuoso y burlón como lo había sido Adam con Méntor, conforme al relato de Adler. Además, un traidor que es descubierto, especialmente alguien cobarde como supuestamente era Adam, ¿no pondría distancia entre él y los traicionados? Lo había hecho, sabiamente, con La Hermandad; no así con Dagoberto y Méntor al llegar éstos a Freyrstrande. Por lo tanto, no les tenía temor; sin contar que, según creía Balduino, el rostro de un traidor debía ser difícil de olvidar, y sonaba un tanto raro que Méntor recordara el rostro pero no la traición a la que en teoría estaba vinculado.

 

      El conjunto se veía caótico y sumamente hipotético; Balduino podía sólo especular acerca de lo que le parecía más probable, pero carecía de seguridades. No obstante, admitiendo que realmente Adam hubiera sido parte, alguna vez, de la Orden del Viento Negro e incluso estado en el Monte Desolación, tenía que haber militado entre sus filas al menos durante unos años, si todavía alguien recordaba su rostro; a menos, claro, que la memoria de Méntor fuera excepcional para las caras, lo que tampoco era imposible. El Drake por ese tiempo estaba constantemente volando de aquí para allá, ayudando como podía, sin detenerse mucho en ningún lado y llegando a conocer bien a muy pocos de los protagonistas de la famosa gesta. Pero sin duda, luego de algunos años, debió estar muy familiarizado con muchos rostros; entre ellos, tal vez, el de Adam. Y éste se había ido de la Orden, por decirlo de alguna manera, en buenos términos, sin dejar recuerdos nefastos en ella. Eso sí, tenía que haberse ido sin pedir permiso previo, pues no le habría sido concedido; ni a  viejos o lisiados concedía la Orden el retiro, aunque se encomendaran a éstos puestos o misiones acordes a su condición física y mental. La Orden se abandonaba sólo con la muerte... O con una deserción exitosa.

 

      Ahora Balduino sentía estar pisando un terreno más firme porque, de haber sido ésa la historia, la Orden difícilmente castigaría ahora una deserción que datara de muchos años atrás, a menos que la misma se hubiese visto acompañada de algo más grave. Pero restaba saber los motivos de Adam para abandonarla, si se descartaba una traición y el temor a la venganza. ¿Lo había tentado ya entonces La Hermandad con dinero y poder? Balduino lo encontraba inconcebible. El honor de la Caballería valía más que mil coronas juntas... Y sin embargo, se decía que varios de los muertos en la célebre redada del Día de los Altares Rojos, el máximo golpe asestado contra La Hermandad, habían sido Caballeros traidores a su honor y a sus juramentos; de modo que la idea no podía desecharse del todo.

 

      O tal vez Adam se hubiera enamorado. Los idilios estaban tan restringidos en la Orden, por no decir prohibidos, que realmente había que pensarlo mucho antes de ingresar a ella, y no resultaba tan sorprendente que cierto número de Caballeros hubieran terminado amancebados unos con otros. Que Balduino supiera, Adam jamás había vivido en pareja, pero la verdad era que no sabía casi nada de él, y la mejor prueba de ello era que allí estaba tratando de reconstruir lo que, tal vez y sólo tal vez, fuera su pasado.

 

      Por un lado, la idea no dejaba de tener cierta coherencia. Era plausible que Adam se hubiera enamorado de alguna joven y escapado con ella. Enterados de su fuga, los líderes de la Orden habrían ordenado perseguirlos, pero ¿y luego?... Seguramente los habían encontrado, bien porque la muchacha no supiera cabalgar, bien porque Adam y ella montasen el mismo animal, haciendo que éste se retrasase por cargar con mayor peso. Balduino no podía ni quería creer que la Orden optara por deshacerse drásticamente de la pareja, pero sí era posible que un Caballero fanático y necio tomara por su cuenta esa iniciativa. ¿Por eso lo odiaba Adam? ¿Odiaba tal vez a todos los Caballeros porque uno había asesinado a su amada?

 

      Resultaba tentador imaginar algo así, pero poco probable. Balduino se imaginaba a sí mismo huyendo con Gudrun de cualesquiera enemigos. Caso de que ella resultara muerta durante la huida, el corazón se le partiría de dolor, y ya todo le daría lo mismo; y para empezar, no pararía hasta ver muertos a los culpables. Si éstos eran Caballeros del Viento Negro, cegado por el dolor, no dudaría en responsabilizar a la Orden entera, y trataría de destruirla antes de sucumbir él mismo en el intento.

 

      ¿Habría sido Adam más racional? ¿Puede alguien serlo, cuando ha perdido a quien más ama?

 

      Pero, ¿qué otros motivos podía tener Adam para odiarlo a él, a Balduino, si sólo era por su condición de Caballero? Tal vez que lo fuese nada tuviera que ver, y sólo lo aborreciese por haber destruido sus reservas de Fuego de Lobo. Eso  había creído Balduino, pero Adler parecía no compartir esta opinión:

 

      -Si tuviera la intención de que se sepa que fue un Caballero, ya nos lo habría dicho, o lo habría admitido ante Méntor, al menos.

 

      -Quizás no había nada que admitir.

 

       -No sé, me pareció que estaba más burlón de lo habitual. Además, te odia, y lo sabes. Es el único en Vindsborg que te odia con alma y vida.

 

      -Sí, porque lo privé de su bendito Fuego de Lobo.

 

      -¡Si a Ursula también la odia!...

 

      No se le había ocurrido a Balduino, durante aquel diálogo, preguntar a Adler sus motivos, pero indudablemente consideraba que el odio que le profesaba Adam nada tenía que ver con el hecho de que le hubiese destruido sus reservas de Fuego de LoboAdler y Snarki estaban entre quienes mejor conocían a Adam, y tal vez supieran cosas que Balduino ignorara. Y al parecer, Adler vinculaba el odio del larguirucho por Balduino a la misma condición de Caballero de éste, como si no quisiese admitir que él también había sido aquello que tanto aborrecía. De otro modo no se entendía que del tono irónico empleado por Adam al creer reconocerlo Méntor como un antiguo Caballero, pasara Adler, sin más y como relacionándolo con lo anterior, al odio que Adam sentía por el pelirrojo.

 

      Y tal como Adler había contado la historia, daba la impresión de que Adam mismo se había puesto en evidencia ante Méntor. Este había comenzando reconociéndolo como alguien que había participado de los acontecimientos del Monte Desolación, no necesariamente como un Caballero; de despertar sospechas de que lo hubiera sido, precisamente por burlarse de esa posibilidad cuando nadie la había insinuado, se había encargado el propio Adam. Ahora bien, si efectivamente había sido Caballero, y si no el dinero, el poder o el amor, ¿qué lo había hecho abandonar la Orden?

 

      Esta última pregunta fue la que Balduino formuló vagamente a Thorvald. No dio nombres ni precisiones, limitándose a preguntarle si se le ocurría algún motivo por el cual un Caballero pudiera ya no querer ser tal.

 

      -No lo sé, muchacho-murmuró Thorvald, con una chispa risueña en sus habitualmente fríos ojos azules-. Si no lo sabes tú...

 

      -Pero aunque no exactamente un Caballero, sí fuiste un guerrero de los buenos, y muy famoso en tu tiempo-señaló Balduino.

 

      -En ese caso, en mí tienes la respuesta. Renuncié por decepción, impotencia y frustración. Por ser viejo, en suma.

 

      -Pero el Caballero en quien pienso era joven cuando renunció hace mucho tiempo. ¿Podría ser por esos mismos motivos?

 

      -Sí, claro. Si te sientes decepcionado, impotente y frustrado de manera crónica, puede decirse que eres viejo aunque tengas quince años. Cuando ves que el Mal se reproduce y prospera como hierba venenosa; cuando ves a otros regando y abonando ese feo cultivo para que crezca mejor; cuando no falta quien te reproche que no logres extirparlo, siendo así que sudas sangre usando la espada a modo de guadaña, ardes en deseos de mandar todo al carajo y dejar que se encarguen otros de esa tarea, ya que son tan buenos para criticar.

 

      -¿Y está también el caso del segador que se transforma en cizaña?

 

      -Seguro. Nos pasa a todos un poco.Pero, sabes, no vale la pena empeñarse en ser una cizaña vigorosa si uno fue segador concienzudo; esas cosas no salen bien, por más que uno se lo proponga. Se consigue apenas ser una pobre, esmirriada y pálida maleza que sólo mueve a lástima.

 

      Y Balduino experimentó un sacudón ante la última frase, que parecía ajustarse como anillo al dedo a Adam, pues ¿quién sino él inspiraba lástima, ese sentimiento en el que confluyen por igual la compasión y la repugnancia? No sirvo para nada, sólía decir antes, con la esperanza de que se le permitiera simplemente estar tirado por ahí, aspirando Fuego de Lobo. ¿Había fracasado Adam primero como segador y luego como cizaña? Ciertamente, como malvado no había llegado muy lejos. ¿Tal vez porque su impulso era ponerse en el otro bando? ¿Y lo odiaría entonces a él, a Balduino, no por envidia, sino por recordarle con su mera presencia un deber que había dejado incumplido?

 

      -Espero no terminar así algún día-musitó Balduino para sí mismo; y la enorme manaza de Thorvald se posó sobre su hombro en señal de comprensión y apoyo.

 

      Quedó por un momento pensando en la mirada de Adam, mirada de hombre que ha visto demasiado y al que habría convenido más seguir en la ignorancia. Se preguntó qué horrores sin nombre podían convertir a un idealista en una criatura mísera y cínica, sin otro deseo en la vida que aspirar sustancias malsanas para engañar a su cerebro hasta que sobrevenga el fin.

 

      Y por un instante, mientras se hacía esta pregunta, se sintió transido de miedo como nunca en su vida.

Compartir este post

Repost 0
Published by EKELEDUDU
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
  • Contacto

Texto Libre

<td width="44" align="left"><a href="http://www.argentino.com.ar/" rel="nofollow" target="_blank"><img alt="argentino.com.ar" width="43" height="40" border="0"></a></td>

   <td><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" rel="nofollow" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#1E4F81;text-decoration:none;line-height:12px" target="_blank">estamos en<br><span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px"><strong>Argentino</strong>.com.ar</span></a><br>
     <div style="margin-top:2px;margin-bottom:3px"><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#999999;text-decoration:none;line-height:10px" target="_blank">directorio argentino</a></div></td>
    </tr>
   </table>
 </td>
  </tr>
</table>

<iframe src="http://www.thob.org/barra.php?blog=fch7qg3kmpd9w5nv" name="voto" id="voto" width="55" height="200" scrolling="no" frameborder="0" framespacing="0" border="0"></iframe>

Enlaces