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2 junio 2010 3 02 /06 /junio /2010 19:11

      Balduino subió la escalinata en el momento en que Anders se disponía a bajar y, llevándolo de nuevo adentro, le dio unos cuantos consejos. En ello estaba, cuando se oyó gritar a Einar, en tono de fastidio:

 

      -¡A ver si os dais prisa, pelirrojo!... ¡No tengo todo el día!

 

      Balduino, irritado, hizo a Anders señas de que esperara y salió al patio, y desde lo alto replicó en tono helado:

 

      -Te callas la boca, que, por si no recuerdas, a mí me tuviste más tiempo en espera cuando fui a solicitarte una audiencia, de la que salí un tanto deteriorado. Unos minutos más de demora no hacen daño a nadie, pero apresúrame de nuevo tan insolentemente como acabas de hacer, y te juro que encontrarás mucha más sangre de la que viniste a buscar. ¡Esperarás tanto tiempo como yo quiera!

 

      Y sin aguardar respuesta, entró de nuevo, terminó de asesorar a Anders y al mismo tiempo se ciñó su propia espada al cinto.

 

      -Por las dudas, no sea que haya alguna complicación. Ese Einar no es de fiar-explicó; pero aunque creía eso, la verdad era que, en caso de que Anders cayera en combate, él ya tenía sus propios planes reservados para Thorkill.

 

      Y se abrazaron y palmearon las espaldas; Balduino sintiendo una opresión en el pecho e íntimamente agobiado por el esfuerzo de disimularlo, Anders nervioso por la perspectiva de batirse por primera vez en combate singular, pero reconfortado por la amistad del pelirrojo.

 

      Luego bajaron juntos. Al ver a su oponente, Thorkill se enderezó, colosal y temible como una mala bestia sedienta de sangre, y rasgó el aire varias veces con su espada. Sus compañeros lo ovacionaron, y Einar sonrió con malvada satisfacción. Pero Anders avanzó lentamente, aunque con mucha decisión, con la espada en la diestra y el escudo embrazado en la siniestra; y Balduino y sus hombres lo vivaron con mucha más fuerza todavía. Los gemelos Björnson le guiñaron cada uno un ojo mientras Thorkill se colocaba un casco y recibía al vuelo su escudo.

 

      -Amigo, ¿qué pasa?

 

      Balduino tenía a su diestra a Kurt, llegado con Hrumwald en el caballo blanco de éste. Cómo se habían enterado, Balduino nunca lo supo, pero probablemente vieran jinetes en dirección a Vindsborg y se preguntaran qué estaría ocurriendo. De cualquier forma, allí estaban. Balduino no les prestó atención, porque el duelo se había iniciado. Thorkill y Anders giraban uno en torno al otro, y el primero se veía imponente: una mole de músculos, metal y cuero. Anders lucía menos corpulento y más inexperto, pero también más valiente. Todo el mundo reprimía el aliento.

 

      Entonces, sorpresivo y brutal, Thorkill arremetió contra su enemigo; pues como tal consideraba a Anders, el mozalbete que lo había reemplazado en el lecho de Lyngheid y al que partiría en dos en cuanto tuviera oportunidad de hacerlo. Agilmente, Anders esquivó esa estocada inicial, y unas cuantas más que le siguieron. La ventaja que él tendría sobre su adversario sería la rapidez: su talla era menor, y además no llevaba armadura. Los movimientos de Thorkill no eran de tortuga, pero sí menos céleres que los de su rival.

 

      Balduino me entrenó para esquivar los chorros de fuego y brea de los Jarlewurms-recordó Anders, cuando de nuevo lo separaba de Thorkill cierta distancia-, y éste no es un Jarlwurm. El pensamiento le dio ánimos y distendió un poco sus nervios. Me preparó Balduino. Puedo ganar, pensó, esbozando una sonrisa. Desde la distancia, el pelirrojo lo vio y sonrió también con orgullo, pero sin fe.

 

      Thorkill miró a Anders y sonrió también, pero él con mofa y desprecio. Algunos de los largos cabellos de su melena dorada empezaban a mojarse en sudor, pero ni lo notó. Su única obsesión era machacar a Anders, pero después de dos infructuosas tentativas más empezó a sospechar que quizás no sería tan fácil como él había pensado. Aquel era un enemigo extremadamente escurridizo y, tal vez, astuto. Aparentemente pretendía cansarlo.

 

      -Déjalo que tire muchas estocadas, y elúdelas o páralas todas. Cada tanto, finta en una dirección u otra pero, aunque no sea todavía el momento oportuno, de vez en cuando haz un ataque real. Sorprende, siempre sorprende. El te estará estudiando, y si cuanto más predecible seas, mayores serán sus posibilidades de vencer-había dicho Balduino a Anders.

      Los contendientes seguían evaluándose desde la distancia.

 

      -¿Atacarás o no, gallina?-espetó Thorkill, burlón-. ¿Te limitarás sólo a defenderte? Si no vas a honrar tus pelotas, te las cortaré y me las llevaré de recuerdo.

 

      Anders no se inmutó, y ni se dignó responder. Bueno, ven a cortármelas... Si puedes, pensó.

 

      -Adivinará que es tu primer combate, o uno de los primeros-repetía en su cabeza la voz de Balduino-, así que no lograrás asustarlo con bravatas. No digas nada, ni repliques a lo que él te diga, por ofensivo que sea. Reserva tu aliento para la lucha. En estas cosas es muy importante el autocontrol. Ni la lengua, ni la ira descontrolada ganan batallas.

 

      Thorkill embistió de nuevo. Anders detuvo el poderoso ataque oponiendo su escudo al acero enemigo, y acto seguido fintó por la izquierda. Sin pausa, tiró una estocada por el lado opuesto. El filo de su espada alcanzó el flanco desprotegido por el escudo del adversario, pero sin suficiente fuerza para malherir, sobre todo porque Thorkill gozaba de la protección de una resistente coraza de mallas metálicas.

 

      De inmediato, el corpulento y rubio esbirro de Einar empujó con toda su enorme mole guarecida tras el escudo. El empellón hizo trastabillar a Anders; vio la espada de Thorkill alzándose y la paró con la suya, pero él no había recuperado del todo el equilibrio, que sobrevenía otro empellón igual al primero, y luego otro. El tercero fue el vencido: Anders cayó a tierra, en clara y peligrosa desventaja respecto a su adversario.

 

       -Se acabó-dijo Thorkill, con sonrisa triunfal y satisfecha.

 

      Balduino lo vio alzar la espada una vez más. En ese instante sintió como si un rayo le alcanzara y le recorriera el espinazo.

 

      Y al reaccionar, en el instante siguiente, se hallaba adonde jamás hubiera querido estar: inclinado sobre el cadáver de Anders, contemplado, sin poder creerlo, como en una pesadilla, el semblante de un joven muerto cuando recién empezaba a vivir.

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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