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15 abril 2010 4 15 /04 /abril /2010 01:06

      No quedó más remedio que bajar a comer con los demás cuando se avisó que la cena estaba lista, pero no fue una velada agradable. Einar y su camarilla no podían digerir el verse privados del mando sobre Kvissensborg, y la subordinación a hombres más jóvenes que ellos, como Hildert Karstenson y el propio Balduino, menos todavía. Hildert parecía moverse como pez en el agua en el nuevo cargo; si se sentía incómodo, al menos su sempiterna mirada inescrutable no permitía adivinarlo. Contaba al menos con la fiel adhesión de los mejores elementos de Kvissensborg, pero el grueso de la soldadesca, compuesta sobre todo por veteranos, lo detestaba. En suma, se cenaba en una atmósfera hostil y casi asfixiante. Alguno que otro pequeño grupo se veía alegre, pero lo más abundante eran corrillos pródigos en cuchicheos sospechosos. Balduino, sin embargo, mostró en todo momento un aire muy digno y despreocupado.

 

      En cuanto a Anders, durante la primera mitad de la cena volvió a caer bajo el embrujo de Lyngheid, la hija de Einar, quien desde la distancia le echaba miradas de gata, enredándolo poco a poco en sutiles telarañas de seducción. Balduino seguía sin notarlo; estaba demasiado pendiente de sus propias cuestiones.

 

      En determinado momento, el pelirrojo se inclinó sobre su escudero:

 

      -Anders, escucha atentamente-susurró-: en cuanto terminemos de cenar, irás a la armería y te equiparás lo mejor posible. Dormiremos por turnos y con la armadura puesta. Antes del amanecer, estallará un motín.

 

       Anders, tomando aquello en broma, se echó a reír; pero por la mirada de Balduino, absolutamente, seria, advirtió que no había chiste en el asunto.

 

      -¿Estás seguro?-preguntó desconcertado-. ¿Quién te avisó?

 

       -Nadie. Yo mismo lo estoy provocando.

 

      En ese momento nada más dijo. Anders, aturdido, sin entender nada y bastante nervioso, no pudo ya seguir comiendo, y olvidó momentáneamente a Lyngheid. Balduino se levantó de la mesa, por señas invitó a su escudero a hacer otro tanto y juntos fueron a la armería, de donde Anders volvió a salir protegido por cota de malla, casco y escudo y con daga y espada al cinto.  Fue tras Balduino al amparo de la oscuridad.

 

      -¿Puedes explicarme qué está ocurriendo?-preguntó.

 

       -Seguro-contestó Balduino con  toda tranquilidad-. Karl ha echado a correr el rumor de que me dispongo a licenciar a una buena cantidad de hombres y que lo haré mañana mismo para tomar por sorpresa a quienes sean dados de baja y no darles tiempo a amotinarse. Esa fue, de hecho, mi idea inicial, pero no hay peores forajidos que soldados desempleados: familiarizados con la violencia, persuadidos de que tienen derecho a ejercerla en cualquier circunstancia y sin escrúpulos en emplearla en beneficio propio. En poco tiempo los tendríamos engrosando las bandas criminales de la región. Por otra parte, no quiero a gente así en Kvissensborg, que sería para nosotros un primoroso nido de víboras. Con Tarian libre, es dudoso que pudieran hacernos mucho daño, pero sí podrían complicarles bastante la vida a Hildert y a sus hombres. Ya que éstos han sido tan buenos aliados nuestros, llegó la hora de corresponderles desembarazándolos de la escoria de la que se ha rodeado Einar todos estos años, o de parte de ella al menos.

 

      -¿Y si no se amotinan?

 

       -En ese caso no me llamo Balduino. Estamos hablando de gente arrogante, violenta y cobarde inducida a la desesperación. Es mala época para quedar desempleado, y de hoy a mañana disponen de poco tiempo para planear estrategias, amén de que esa gente no razona y se rige por la fuerza bruta. Todavía más: hay hombres aquí a quienes respeto y que saben que los respeto, pero por otros siento desprecio y éstos también saben que los desprecio. En consecuencia, quienes tengan motivos para temerme, cuando oigan el rumor de que pienso licenciar a varios soldados, sabrán perfectamente que de ellos se trata, y no dudes de que tratarán de impedirlo alzándose en armas. Y lo harán hoy o, como mucho, en las primeras horas de mañana; luego sería ya muy tarde.

 

      -¿Y cuántos hombres nos serán leales?

 

       -No lo sé. Cuarenta, cincuenta, sesenta hombres. Quizás un poco más, no lo sé.

 

      Anders quedó boquiabierto.

 

       -¿O sea-exclamó-que el resto de la dotación de Kvissensborg estará en contra nuestra?

 

       -Baja la voz. No lo sé, cálmate. No nos tomarán por sorpresa, después de todo. Enemigos decididamente declarados han de ser  otros cuarenta o cincuenta, pero entre éstos y nuestros aliados hay un  montón de hombres que no sabemos de qué bando estarán, y muchos de los cuales sin duda decidirán su posición  casi en los últimos instantes. Diez manzanas podridas tal vez se abstengan: los hombres que Einar se reservó para sí. En efecto, si bien es seguro que Einar aprueba secretamente esta decisión y la apoyaría gustoso, una persona inteligente, en su lugar, se abstendría muy bien de aparecer como el cabecilla para eludir represalias ante un eventual fracaso y también para poder presentarse ante Einar como beneficiario renuente de una situación salida de control y que escapaba, sobre todo, al suyo. ¿Qué podía hacer yo, despojado de toda autoridad por aquel pecoso?, diría. ¿Y qué cosa más natural sino que un mal líder como él, empeñado en enajenarse la voluntad de la guardia, lograse que ésta se amotinara y me repusiese en el mando?... Eso alegaría una persona inteligente, cosa que Einar no es. Concedámosle sin embargo la posibilidad de que le sobrevenga un milagroso destello de sabiduría, pero estemos atentos, que también podría lanzar contra nosotros sus diez manzanas podridas, ya que ganas no le faltan, precisamente. Si se abstienen, lamentablemente nada podremos contra ellos; con todo gusto los aceptaría en contra con tal de sacármelos de encima. De cualquier modo, contra quienes se nos pongan en contra, por una vez debemos prescindir de cualquier misericordia, ser despiadados y tratar de hacer la menor cantidad de prisioneros posible. Karl ha arreglado con Hildert los detalles del caso. Aquellos que indiscutiblemente nos son leales, serán apostados a lo largo de la noche, en puestos de guardia que les sean más propicios para protegerse de enemigos internos, y estarán en conocimiento de lo que ocurrirá esta noche. En cuanto a nosotros, haremos guardias por turnos en nuestro cuarto. Frente a nuestra puerta tendremos a uno de nuestros adictos haciendo lo propio; si da la voz de alarma, quien esté de guardia adentro acudirá en su auxilio tras despertar al resto de nosotros-hizo una pausa al ver que Anders estaba sombrío-. ¿Nervioso, Anders?

 

      -No, claro que no-contestó el interrogado; pero la sonrisa de Balduino, sonrisa de quien adivina por experiencia propia que se le está mintiendo, lo decidió a ser franco:-. Bueno, sí... Un poco.

 

      -Es natural. Será tu primer combate. No te preocupes. Ya me las vi antes con estos tipos, y te aseguro que son inútiles hasta la exageración. Sólo por traición o por sorpresa pueden vencer. Tienes suerte de que te toquen enemigos tan poco dignos para comenzar.

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Published by EKELEDUDU
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