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2 mayo 2010 7 02 /05 /mayo /2010 23:14

      Privado de su Fuego de Lobo, Adam iba a volverse un tipo cada vez más amargo, por razones que nunca se comprendieron del todo, aunque muchos trataron de adivinarlas y alguno quizás haya acertado. Si era porque, como se decía, había traicionado a la poderosa Hermandad y creía que en cualquier momento ésta daría con él y se vengaría asesinándolo bárbaramente, Balduino no entendía que no buscara el apoyo del resto del grupo. Era verdad que se decía que La Hermandad era invencible y no era menos cierto que ni siquiera Ulvgang  y sus Kveisunger creían ser rivales para ella ni estaban dispuestos a arriesgar sus vidas por Adam; pero esta última renuencia seguramente habría desaparecido si el larguirucho hubiese sido un buen compañero. A un camarada se lo apoyaba a muerte, pero nadie estaba dispuesto a jugarse por Adam, excepto el propio Balduino, quien no recibía por ello gratitud alguna de aquel.

 

      A veces Adam gruñía entre dientes algo acerca de una vida de fracasos. Tampoco esto justificaba que fuera tan resentido. Casi todos los convictos de Vindsborg, en el fondo, sentían que el balance de sus vidas arrojaba números negativos, pero seguían luchando para revertir eso. Adam no. Para él, la vida no era sino un gran cúmulo de mierda; y desde esa perspectiva, nada había en ella que valiera la pena.

 

      Más progresos se lograron con Tarian. El siguiente domingo, como lo había prometido, Balduino decidió obligarlo a salir de su abulia, para Balduino también inexplicable, pero que en la actualidad se atribuye a una especie de lavado de cerebro, producto de años de maltrato en Kvissensborg. A una tortura sicológica especialmente cruel haría vagas referencias años más tarde el propio Tarian en Mei Heim ("Mi Hogar"), una obra tan extraña como él mismo cuya autoría se le atribuye y que hasta el día de hoy es motivo de controversias. No obstante, otras fuentes citan la tortura en cuestión, particularmente relatos posteriores de Hendryk Jurgenson y, en menor medida, de Kehlensneiter. Aparentemente los carceleros de Tarian habían dicho a éste que Ulvgang y el resto de los Kveisunger asignados a Vindsborg lo habían olvidado y abandonado a su suerte, porque era malo. Y él terminó persuadido de ello, porque le habían mostrado imágenes de diablos portando tridentes, instrumento del que él se había valido en otro tiempo  como arma y cuya imagen tenía tatuada en uno de sus bíceps. Todo esto lo convenció de ser un demonio y de hallarse en el Infierno, castigado por su maldad. Fue en ese período que enflaqueció de manera alarmante y comenzó a orinarse y defecarse encima; y sin la oportuna intervención de Balduino, casi seguramente se hubiera dejado morir.

 

      Esto es lo que hoy sabemos, o creemos saber. Por desgracia, en aquel tiempo Tarian no había escrito aún su libro ni sabía siquiera escribir, no podía expresarse oralmente porque se le había cortado la lengua y no se había hablado con testigos oculares de aquel período, por lo que la apatía del muchacho resultaba incomprensible y exasperante para los demás. Aunque a veces comía con voracidad, en otras ocasiones, precisamente cuando más alicaído se veía, no probaba bocado, lo que podía prolongarse durante días. Al parecer, cuando ello sucedía era síntoma de que cuestionaba su propio derecho a existir.

 

       Ahora bien, Balduino precisaba de los servicios de Tarian en Kvissensborg; para qué, no quería aclararlo, pero este silencio suyo, como se verá, inquietó a los Kveisunger, quienes más tarde hicieron al respecto averiguaciones por su cuenta.  De cualquier manera, ese domingo el pelirrojo había planeado precisamente ir con Tarian a Kvissensborg. El problema era persuadirlo siquiera de que se moviese. los esfuerzos conjuntos de Balduino, Anders, Hansi y Ulvgang fueron, el principio, inútiles. El último de los nombrados se debatía entre el furor indignado y una angustia sin nombre pues, aunque le parecía increíble y bochornoso que su hijo, carne de su carne y sangre de su sangre, se abandonara a semejante postración, era evidente que Tarian le recordaba demasiado a Margyzer, su misterioso amor de las profundidades oceánicas; y en consecuencia, vacilaba entre hartarlo a patadas o abrazarlo protectoramente.

 

      Balduino mismo quería evitar el uso de la fuerza contra Tarian, pues demasiado ya había padecido éste en prisión; y no obstante, al final pareció que no quedaría otro remedio. Pero entonces Hansi tuvo una inspiración. Sin decir nada fue por una cubeta y la llenó de agua de mar, y volvió con ella junto a Tarian, quien por primera vez en mucho tiempo pareció reaccionar positivamente ante un estímulo que no fuera el de las necesidades básicas: el olor del agua salada.

 

      -Mocoso, no sé cómo se te ocurrió, pero ¡eres un genio!-exclamó Balduino, radiante, al ver a Tarian estirando el cuello hacia el balde. Qué desconocidos mecanismos se ponían en marcha en el cerebro del atormentado joven, imposible saberlo, pero una cosa era indudable: en ese momento se estaban pulverizando insospechadas cadenas interiores-. Retrocede, dificúltale un  poco las cosas.

 

      Hansi, obediente, caminó hasta la puerta en el preciso instante en que una anhelante diestra se dirigía hacia el agua de la cubeta. Tarian protestó gruñendo y persiguió a Hansi en cuatro patas, como un animal; era la primera vez que se movía por voluntad propia del rincón donde permanecía postrado. Hansi llegó al patio y bajó los primeros peldaños de la escalinata con sumo cuidado, siempre cargando con la cubeta. Siguiéndolo, Tarian traspasó la puerta y, encandilado, protegió sus ojos de la mezquina luz del más bien tétrico día.

 

      -Hay que cubrirlo con algo. Ese chico va perdiendo los harapos a cada paso que da-observó Balduino, buscando con los ojos alguna manta olvidada.

 

      -Hmmm... Por eso no te procupes, señor cabellos de Fuego-dijo Ulvgang-. Tarian nunca pareció muy sensible al frío durante el año que navegó con nosotros, y creo que se vestía sólo porque nos veía vestidos a nosotros.

 

      -Pues yo me congelo sólo de verlo a él-terció Anders.

 

       Tarian, aferrado al muro de piedra que bordeaba la escalinata, había pasado primero a una postura semierecta y luego a otra totalmente erguida. Parecía ser cierto que las bajas temperaturas no le afectaban; el viento daba de lleno contra su pecho lampiño, pero no le hacía mella.

 

      -Dios le da pan al que no tiene dientes-gruñó Anders-. Con esa cosa que tiene entre las piernas y pudiendo respirar bajo el agua, yo ya habría arponeado a la mitad de las sirenas del océano.

 

      -No digo que no hayas seducido a muchas, Anders, pero todavía te quedan unas cuantas mujeres para cortejar aquí, en la superficie; de modo que deja en paz a las de las profundidades-contestó Balduino.

 

      La verdad era que a él otra cosa muy distinta le daba envidia en Tarian, y era que éste, pese a su larguísima cabellera dorada, no tenía un solo piojo. Alguien había comentado que tal vez se debiera a su sangre de pez. Pensando en ello, Balduino sentía ahora recrudecer la picazón en su propio cuero cabelludo. Rápidamente hundió el pulgar y el índice entre sus cabellos y mató a uno de aquellos execrables chupasangres pero, por desgracia, no era una baja importante en los populosos rebaños de parásitos capilares que llevaba a cuestas.

 

      -Sí... Bueno... Ya se sabe que mejor pájaro en mano...-dijo Anders, sonriendo feliz y soñador, pensando en Lyngheid, a quien había visto secretamente varias veces desde la noche del motín de Kvissensborg.

 

      -De todos modos, supongo que ya podrá Tarian recuperar el tiempo perdido-dijo Balduino.

 

      -Podrías tú hacer otro tanto-sugirió Anders con picardía-. Ni El Toro Bramador de Vultalia se te rindió con las ganas que tiene Gudrun.

 

      -Lo disimula muy bien.

 

      -Balduino, por Dios, escucha a un experto: Gudrun está que se muere porque la tomes en brazos y le partas la boca de un  beso y le hagas el amor. Coquetea un poco y se hace la difícil por deporte, eso es todo.

 

      -Pues que se vaya a coquetear y hacerse la difícil con otro, que esas cosas no van conmigo-gruñó Balduino, de mal humor-. Además, hay cosas que hacer aquí. De sobra sabes que los Wurms llevan bastante tiempo sin dejarse ver por Drakenstadt, Ramtala y las otras ciudades que estaban atacando. Lo que significa que podrían estar dirigiéndose hacia otro objetivo.

 

      Miró a Tarian, quien a lo lejos observaba en derredor suyo como sin entender; como si recién, tras una larga y espantosa pesadilla, despertara de nuevo al mundo real. Tras descender la escalinata, caminaba por la arena, atrayendo las miradas a su alrededor. Algunos de los Kveisunger se le acercaban de uno en uno.

 

      -Déjate de pretextos, Balduino, que te conozco-dijo Anders, en el momento en que se oían pasos ascendiendo la escalinata-. le tienes miedo a Gudrun, ¡a una mujer!... ¿Tú? ¡Increíble! Tus queridos Wurms no se dejan ver por Drakenstadt ni por Ramtala, ¡pero tampoco aquí ni en ningún otro sitio, si vamos al caso! Nada indica que se nos estén acercando. Y aunque así fuera, ¡no creo que por tomarte un día libre o privarte de él vayas a condenar o salvar a Freyrstrande! Ve con ella, Balduino, en serio. Cuando descubras qué hermoso es estar junto a una mujer, cuerpo a cuerpo con ella, me darás las gracias.

 

       -¡Ja!-exclamó la sarcástica voz de Lambert, a espaldas de Anders. este se volvió y vio al viejo subiendo los últimos peldaños de la escalera, seguido de Thorvald-. Eso mismo me dijeron una vez a mí. Fueron casi veinte años de una gratitud que ni te imaginas. Y cuerpo a cuerpo eran los combates que libré contra mi esposa en defensa propia-e hizo uno de sus involuntarios guiños de ojo violáceo, para luego desaparecer en el interior de Vindsborg, riendo burlonamente.

 

       -Ah, no le hagas caso a ese viejo chocho y amargo-gruñó Anders-. ¿No tengo razón?-preguntó, volviéndose hacia Thorvald en busca de apoyo.

 

      -Digamos, Balduino, que tienes dos opciones-masculló severamente el gigantesco anciano-: o vas a buscar a Gudrun y vuelves habiéndola conquistado o desechado de tu mente, o...-dejó la frase en suspenso, rodeó con su enorme brazo los hombros de Balduino y lo atrajo hacia sí, como para contarle un secreto-...o te arrojo a la playa de cabeza desde aquí mismo; porque todos los enamorados tienen cara de idiota, es cierto, pero la tuya supera todo los conocido en la materia. Es una cara de idiota trágico, y sumamente absurda, pues no hay tal tragedia. Es una cara de idiota que no estoy dispuesto a soportar, porque me aburre e irrita. Tú decides. Quién sabe, si te catapulto con la suficiente fuerza y en la dirección correcta, tal vez llegues igual hasta Gudrun; pero, creéme, te verás más garboso montado sobre Svartwulk.

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Published by EKELEDUDU
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