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3 mayo 2010 1 03 /05 /mayo /2010 19:31

      Balduino interrumpió en ese punto su relato, del que Gudrun no supo qué creer. Incluso en Freyrstrande circulaban desde muy antiguo historias en las que hombres, guerreros sobre todo, se transformaban en lobos u osos; pero ella jamás había sido testigo de semejantes transformaciones, ni les había concedido el menor crédito. Pero era un relato tan elaborado que parecía imposible que fuera inventado. Además, Balduino reconocía haber sentido miedo y hasta llorado. Los hombres no se jactan de debilidades imaginarias; como mucho, las confiesan si son reales.

 

      Si está loco, al menos la suya es una dulce locura, pensó la joven. Valía la pena, aunque más no fuera por curiosidad, permitirle probar sus palabras, aunque el sentido práctico de Gudrun se oponía: siempre sería más fácil esgrimir la honda contra una manada de bestias pulguientas y asesinas que contra una tribu de ladrones de ovejas que sólo buscaban sustento para ellos y para sus hijos; y así vería ella a los lobos, si resultaba ser que Balduino no decía tonterías.

 

      -Desmontemos aquí-propuso Balduino, llegados a cierto trecho-. Estamos a punto de llegar a territorio de lobos. No quiero que Svartwulk siga adelante; si se mete en sus dominios ellos podrían considerarlo, con justa razón, una presa a la que tendrían derecho.

 

      -¿Y cómo sabéis que éste es su territorio?-preguntó Gudrun, desconcertada-. Creí que los lobos consideraban su territorio a cualquier lugar donde ellos se hallaran.

 

      -No creas. A veces cambian de hogar, es cierto; pero siempre puedes reconocer el territorio que ellos consideran como suyo, porque cada tanto los machos lo delimitan con su propia orina. En Vindborg, todo el mundo tiene prohibido ingresar en los dominios de los lobos salvo expresa autorización mía, incluso Ursula... Aunque dudo que incluso ella quisiera entrar aquí, prohibición o no-y Balduino recordó a ursula llorando desconsoladamente por la loba a la que había matado sin advertir la preñez del animal-. Nosotros iremos hasta el límite, cosa  de que los centinelas adviertan nuestra presencia y nos salgan al encuentro, pero no más allá. Quiero respetar la promesa que hice a aquel licántropo de no abusar de mi conocimiento del lenguaje de los lobos. Una intromisión en su territorio me parecería un abuso; ¿de acuerdo?

 

      -Como gustéis, señor Cabellos de Fuego, sois vos y no yo quien quiere estar frente a frente con esas bestias; pero primero os ruego que me dejéis aplicaros estas hierbas a vuestra herida, que ya me aburrí de tenerlas en la mano, como una tonta.

 

       -Ah, la herida... La verdad, me había olvidado de ella...

 

       -Ya me di cuenta. Sois bastante duro.

 

       -Tú lo eres más. Dura y quizás hasta un poco insensible, si me permites que te lo diga. Me haces doler...-en ese momento, como para corroborar estas palabras de Balduino, Gudrun aplicó las hierbas a la herida, y él sintió una punzada de dolor.

 

      Gudrun esbozó una sonrisa un tanto triste.

 

      -Pues jamás fue mi intención, señor Cabellos de Fuego. ¿Puedo preguntaros por qué opináis así?

 

      -Lo sabes de sobra... O deberías saberlo.

 

      -No llamaría insensibilidad al hecho de no corresponder a un galanteo.

 

       -Yo tampoco... Pero decir que no con palabras, y otra cosa opuesta con gestos del rostro y del cuerpo sí es una muestra de insensibilidad, de que no te importa hacer sufrir a quien te ama. A veces estoy seguro de que es exactamente lo que haces tú.

 

      Gudrun empalideció, en apariencia disgustada, y pareció a punto de replicar; pero a último momento algo la detuvo, y se mordió los labios. Balduino aguardó unos instantes, por si ella se decidía a hablar; casi prefería que lo insultara antes que continuara tan extrañamente muda.

 

      Cuando pareció obvio que aquel silencio podría prolongarse hasta el infinito, Balduino, apretando la compresa de hierbas contra la herida, lanzó un resoplido y sugirió continuar adelante. Gudrun le siguió, pero ambos habían perdido buena parte del interés inicial, hasta que el olor de ambos llegó hasta los lobos que montaban guardia en las cercanías. Ahí el instinto de supervivencia hizo desaparecer toda apatía; es más, Gudrun, automáticamente, se llevó la mano hacia su honda, hasta que recordó que precisamente habían venido allí porque Balduino intentaría demostrar que con los lobos se podían zanjar diferencias de otras maneras. Sin embargo, era difícil no echar mano a un arma viendo a tres o cuatro bestias feroces como aquéllas venírsele encima a uno.

 

      Balduino imitó un aullido; los lobos aminoraron la velocidad, estupefactos, hasta detenerse casi por completo. Sus ojos inteligentes y enigmáticos escrutaron a aquella criatura de apariencia hostil que, no obstante, les hablaba en el idioma de ellos. La confusión los embargó y se removieron inquietos, emitiendo algo semejante a un gañido. Alguno volvió la mirada hacia Gudrun y ésta, por las dudas, se puso a aullar tambiém; y enseguida aquellas fieras y otras de su misma especie, que a juzgar por los restos de nieve en sus pellejos acababan de arrastrarse fuera de sus cubiles, se pusieron a corear a ambos jóvenes.

 

      Así estuvieron alrededor de media hora hasta que por último los lobos, que se habían echado a los pies de Balduino y de Gudrun, se alzaron sobre sus cuatro miembros y se alejaron. Entonces Balduino, satisfecho de haber probado que decía la verdad respecto a aquel asunto, volvió sobre sus pasos, seguido por Gudrun, hasta hallarse de nuevo junto a Svartwulk. Ya había puesto el pelirrojo un pie en el estribo, cuando ella lo aferró por el brazo.

 

      -Señor Cabellos de Fuego, me ha dolido lo que dijisteis acerca de decir una cosa con palabras y otra con gestos; pero al mismo tiempo me doy cuenta de que, en cierto modo, puede que tengáis algo de razón. Sin embargo, no es algo que haya hecho a propósito. Dadme, os lo ruego, una oportunidad para explicarme, pues lamentaría que me juzgarais mal; pero seguramente demoraré mucho, puesto que ni por dónde empezar sé. Tal vez no dispongáis de tanto tiempo.

 

      Balduino suspiró aliviado, bajó el pie del estribo y la encaró.

 

      -Todo el tiempo del mundo, Gudrun, si es para eso-dijo-. Pero, ¿y tus ovejas?

 

      Era evidente que ese asunto también la preocupaba a ella, pues gestituló mucho, como vacilando entre correr a cuidar de su majada o quedarse allí.

 

      -Ahora esto es más importante-concluyó al fin, frustrada.

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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