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3 mayo 2010 1 03 /05 /mayo /2010 18:28

      Se le asignó un caballo, porque en aquel entonces aún no tenía a Svartwulk; y partió poco antes de la caída del sol, previo estudio, mapa mediante, del trayecto a seguir. Fueron dos noches y media de cabalgata, las dos primeras en oscuridad casi total, en tanto que la tercera resultó un tétrico novilunio en medio de un bosque de árboles retorcidos, deformes casi. En todo momento, un coro de lobos acompañó a Balduino hasta el final del viaje, que lo llevó a una solitaria cabaña oculta entre la foresta donde, conforme a las instrucciones, hallaría a un tal Nemoroso (nombre probablemente falso) a quien entregaría el mensaje, previo intercambio de santo y seña..

 

      Llegó a la cabaña en cuestión poco después de la tercera medianoche. Distinguió su contorno borroso, pero nada más. Desmontó y ató el caballo a un árbol para asegurarse de que en animal no lo abandonara en aquel sitio poco regocijante; luego buscó a tientas la entrada de la cabaña. Estaba en ello cuando escuchó, aterrado, que el caballo relinchaba nerviosamente. Unos gruñidos en las tinieblas terminaron de dibujar en su mente la ominosa realidad que sus ojos no podían ver salvo como borrones casi amorfos: el sitio estaba invadido por lobos.

 

      No disponiendo más que de una daga para defenderse en ese momento, siguió desplazándose muy lentamente en torno a la cabaña. Entraría en ella y con la ayuda de Nemoroso, pensabam se abriría paso a través de los lobos y salvaría al caballo. La primera parte del plan, entrar en la cabaña, fue exitosa, y rápidamente Balduino cerró la puerta tras él para que las bestias quedaran afuera,. No reparó en que la había hallado entreabierta. Sólo lo advirtió cuando, presa de un pánico sin límites, nuevos gruñidos lo alertaron sobre la presencia de lobos también allí adentro.

 

      El viaje había terminado sin que pudiera al menos cumplir con la misión que le habían encomendado. La cabaña era ahora dominio de lobos; posiblemente desde hacía tiempo, ya que el tufo de la orina de los machos era insoportable en el interior de la vivienda. Inmóvil y sacudido por escalofríos, Balduino se preguntó, por primera vez, si realmente habría existido tal misión. Pero, pesimista, no se le ocurrió que tal vez estuvieran probando su lealtad, sino que lo habían enviado allí a sabiendas de que la cabaña sería una trampa mortal y para deshacerse de él, tal vez por temor a que revelara la identidad de El Justo. Resultaba extraña y azarosa aquella forma de eliminar a alguien, pues requería de dos noches y media de cabalgata y la certeza de que la víctima no se desviara del rumbo; pero tal vez era la única deducción que podía esperarse de quien jamás se había sentido querido por sus semejantes y que, para colmo, estaba asustado y con sobrados motivos para estarlo.

 

      Las piernas le flaquearon ante la traición de la que creía haber sido objeto. Cayó de rodillas, rompiendo en llanto, esperando el inminente fin. Uno de los lobos que había en la cabaña se le acercó pero, en vez de atacarlo, comenzó a aullar, siendo respondido por los demás, tanto allí adentro como afuera de la vivienda. Ninguno amagó agredirlo.

 

      Por último, allí donde había estado el lobo más próximo a Balduino, apareció minutos más tarde un hombre. El pelirrojo no lo vio, pero escuchó su voz tranquilizadora:

 

      -Calma hijo. Ya amanecerá de nuevo-y éstas últimas palabras eran la contraseña.

 

      Balduino, sorprendido, se secó sus lágrimas y replicó según se le había dicho que lo hiciera:

 

      -Como luego de todas las noches.

 

      -Traes algo para el viejo Nemoroso, ¿eh?

 

      -Sí.

 

      -Soy yo. ¿Quién te envía?

 

      Balduino vaciló. ¿Debía mencionar al señor Ben Jakob, a El Justo o bien a la Orden?

 

      -No sé-contestó prudentemente.

 

      -¿Y tú te llamas...?

 

      -No importa.

 

      -Es cierto, no importa. Dame lo que tienes para mí, te daré tu recompensa y te marchas por donde viniste.

 

      -Nadie dijo nada de recompensas ni me es lícito aceptarlas, pero tomad lo vuestro-dijo Balduino, sacando el mensaje de la escarcela, donde lo llevaba guardado. Se lo pasó al hombre, pero las manos de ambos de desencontraron por un momento, y al tacto advirtió Balduino que aquel individuo estaba desnudo. Se trataba sin duda de un hombre con la capacidad de convertirse en lobo y que acababa de recobrar forma humana. Quedó pasmado. Había oído acerca de transformaciones similares, por supuesto; pero era la primera vez que se hallaba frente a pruebas más o menos concretas de que las mismas eran reales

 

      -Tal vez nadie te haya mencionado una recompensa, pero igual deseo darte algo. No se trata de algo material; de eso, poco y nada tengo-aclaró Nemoroso, tomando al fin el papel-. Pero por este mensaje has pasado un buen susto, y mereces no pasar por él nunca más. Creo que eso te interesará.

 

      -Sí, claro

 

      -Perfecto. Sabe entonces, muchacho, que pese a que se la considere una bestia malvada, el lobo es menos peligroso para el hombre que al revés. Los lobos, como los seres humanos, en definitiva no buscan más que sobrevivir. Desde que unos y otros están en el mundo, viven en guerra constante, y durante cierto tiempo la supremacía correspondió a los lobos, que contaban con mejores armas. Pero mientras ellos quedaron con las que ya tenían, los hombres perfeccionaron las suyas, y desde entonces la contienda tiene sólo un resultado posible, aunque la lucha continúe. Los lobos no razonan, sólo sienten, y creo que lo que hoy sienten más que nada es su derrota. por eso evitan al hombre en la medida en que les es posible, y sólo lo atacan, a falta de otras presas, en lo más crudo del invierno. Por los perros, sus parientes, creo que sienten encono también, porque cuando les dan muerte devoran sus cadáveres con especial fruición, tal vez en venganza por haberse sometido al yugo humano. Pero nunca podré saberlo a ciencia cierta, porque un licántropo no es un lobo, y en él se unen los sentires de dos especies enemigas, confundiéndose de un modo en que sólo podría entenderlo otro licántropo. Un hombre-lobo ve a un perro y, razonando como hombre, lo identifica como traidor a la raza lobuna; y no obstante, el odio que surge de tal razonamiento es porque ve los hechos desde la perspectiva de un lobo. Si los lobos, sin razonar, sienten de todos modos que los perros los han traicionado, es difícil de comprobar, pero así debe ser, puesto que les dan trato de enemigos si los tienen a su alcance. De todas formas, me consta que son conscientes de su derrota y que han aprendido a temer al hombre. Puede que un día a los lobos no les queden más que unos pocos reductos. Tal vez terminen desapareciendo, como los leones, o tal vez no. En cualquier caso, tú estarás en el bando vencedor. Puesto que serás un Caballero y no un bárbaro, deberás tratarlos con respeto y misericordia, y recordar que cuanto hicieron fue sólo para sobrevivir. Al señor Ben Jakob le complacerá que también en este aspecto demuestres nobleza...

 

       Por esta última frase advirtió Balduino que el licántropo sabía de sobra quién enviaba el mensaje, pero no hizo comentarios.

 

      -Ahora-continuó el licántropo envuelto por las tinieblas-, te enseñaré el lenguaje secreto de los lobos, o lo que seas capaz de aprender de ese idioma. Lo cierto es que los lobos hablan entre sí también valiéndose del cuerpo, pero como careces de cola y no puedes mover tus orejas, sólo podrás reproducir el habla aullada. Cuando la sepas, tú estarás en ventaja absoluta sobre los lobos, que no se atreverán a atacarte. No podrán entender por qué dominas su idioma aunque te veas como un enemigo y, por las dudas, te dejarán en paz. No abuses de ese don, pues de eso se trata; no lo uses para arengar a los lobos contra tus propios enemigos o cosas por el estilo. ¿Podré confiar en ti? ¿Serás capaz de recordar que hubo lobas que amamantaron bebés humanos, igual que personas que criaron lobeznos? ¿Entenderás que, a su manera, ambas especies por igual aman y respetan la vida?

 

      -Lo recordaré. Tienes mi palabra-contestó Balduino en tono firme. Tal vez no creyera en Dios, pero en ese momento tenía la sensación de protagonizar un instante místico o sagrado.

 

      -Muy bien-aprobó el licántropo-. En ese caso, comenzaremos con el aullido más importante para ti, porque es el que te evitará ser presa de los lobos: la señal de auxilio...

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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