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15 abril 2010 4 15 /04 /abril /2010 00:59

CXV

      La partida, al día siguiente, fue todo un alivio para Balduino. Arn sin duda era un personaje infinitamente menos odioso de lo que él había imaginado, pero de todos modos resultaba casi insoportable por momentos. Tenía seriamente deteriorado su sentido del honor, que por su posición debería haber sido más vigoroso que el de la mayoría de las personas; y anhelando respeto, sin embargo hacía muy poco por merecerlo. Esta característica era plaga entre la mayor parte de la gente citadina y ni hablar entre la nobleza, pero eso no la hacía menos irritante. De persistir tal situación, quizás Balduino y Arn nunca llegasen a entenderse del todo.

 

       Todavía no repuesto del todo del viaje de ida, Hansi, adolorido, se vio otra vez gimiendo en la grupa de Svartwulk y haciendo dulces especulaciones acerca de todo lo que dormiría ni bien llegase a Vindsborg.

 

       De tan bella ilusión fue amargamente privado por Balduino.

 

       -Hmmm... Temo que tendrás que esperar un poco. Voy a necesitarte tal vez hasta bien entrada la noche-y como el niño de inmediato redobló sus gemidos, agregó:-. Oh, Hansi, no seas tan quejumbroso. No preciso de ti mucho más que un mero acto de presencia. Yo me iré a dormir después que tú y deberé levantarme más temprano, además.

 

       -Pero, ¿por qué tengo que ser yo?-preguntó Hansi.

 

       -Porque eres un niño y, por lo tanto, lo más próximo a un ángel que pueda hallarse en este mundo; si bien, lo admito, a veces lo disimulas muy bien con algunas de tus diabluras-contestó Balduino-. Un niño siempre inspira confianza, de él nadie teme ni desconfía. Tu tarea será la de un ángel de la guarda. Además, te vendrá bien aprender desde ahora que la de un Caballero es vida sacrificada. Tú quieres ser Caballero, ¿no? Pues ve acostumbrándote.

 

      Malditas las ganas que en este momento tenía Hansi de ser Caballero; de hecho, estaba persuadido de que nada en el mundo lo haría montar de nuevo una vez que hubiese descabalgado. Y además, desde hacía dos días estaba secretamente enfadado con Balduino, desde que éste se refiriera a él como sirviente en tono más bien despectivo.

 

       No se detuvieron, como a la ida, junto a la desembocadura del Viduvosalv, pero esto no abrevió mucho el viaje, interrumpido de todos modos varias veces para dar tregua a las maltrechas asentaderas de Hansi; por lo tanto, faltaba poco para el ocaso cuando llegaron a Vindsborg.

 

      De inmediato lo pusieron al tanto de las novedades más recientes. Se había descubierto que los dos Landskveisunger fugitivos no andaban juntos y, de hecho, uno de ellos ya habáia sido encontrado y abatido: un mal sujeto apodado Kniffen, "Cuchillos", sobreviviente de la banda del siniestro Vin-ein-auke. También de la misma banda, otrora rival de aquella liderada por Njall Blotinhand Kurtson (a la que pertenecieran los gemelos Björnson) procedía el temible y todavía prófugo Daudensgraber, "Sepulturero".

 

      Balduino felicitó a Anders al enterarse de que había sido éste quien diera cuenta de Kniffen; pero sus cumplidos fueron recibidos sin jactancias y aun con cierta incomodidad. En ese momento el pelirrojo no tenía tiempo para profundizar más en ese asunto, pero la reacción de Anders era llamativa. Tal vez, pensó Balduino, había acabado con Kniffen de manera poco honrosa; por la espalda, por ejemplo. Ya investigaría lo sucedido, pero por el momento había cosas más urgentes. Se puso al tanto de las restantes novedades, ninguna demasiado trrascendente, y luego indicó a Snarki que se acercara.

 

      -Con ayuda del Conde Arn, he averiguado cómo va tu caso-le dijo-, y lo cierto es que se halla cerrado desde hace ya mucho tiempo, porque atraparon al verdadero culpable. Pero olvidaron que tú seguías en prisión, acusado de un crimen del que eras inocente, y por eso no te liberaron.

 

      Snarki permaneció un momento atónito, dudando de la veracidad de aquella noticia demasiado buena para ser cierta, y luego preguntó:

 

      -¿Estáis seguro? Pero, ¿cómo...?

 

      -En cuanto a si estoy seguro, lo estoy. De hecho, traje conmigo los informes del caso, relativos a las acusaciones levantadas contra Thorstein Sigurdson; o sea, tú. En cuanto a lo otro, no lo sé. Tú eres creyente; de modo que llámalo justicia divina, si quieres-contestó Balduino-. Ingresaron ladrones en cierta vivienda de Helmberg, pero no pudieron llevarse nada, ya que sus actividades fueron detectadas por la ronda. Pero antes hicieron un desbarajuste increíble aprovechando la ausencia del dueño de casa y, entre otras cosas, abrieron un arcón cerrado bajo llave. Un amigo del dueño de la vivienda, que además era el padre de la niña violada y asesinada, fue llamado al lugar debido a la sospecha de un vecino, que él corroboró con horror: entre otras cosas, en el arcón abierto había una capa y un par de guantes que reconoció como pertenecientes a su difunta hija y con las que había salido de su casa por última vez.

 

      'En otras palabras, el verdadero culpable era el dueño de esa casa. Se lo arrestó y se lo puso frente a las pruebas que lo acusaban, y confesó todo, desmoronado. Había invitado a la niña a pasar un momento a su casa, y ella no desconfió, porque el hombre era amigo de su padre. Cuando la tuvo adentro, la violó y la mató. Prontamente se deshizo del cadáver...

 

       -Pero si cuando la descubrí vivía aún...-objetó Snarki.

 

      -Tal vez, pero por lo visto él la creyó muerta. Como sea, se deshizo de ella. Todo indica que pensaba hacer lo mismo con la capa y los guantes que la niña se había quitado al entrar, pero que algo le impidió hacerlo en su momento y, luego de esconder las prendas en aquel arcón, se olvidó del asunto. De no haber sido por ello, el crimen seguiría impune o se habría castigado a la persona equivocada-Balduino resopló-. Arn es realmente increíble. Un crimen tan monstruoso, y él no recordaba el menor detalle, a pesar de que en su momento, según entiendo, se las vio negras con su pueblo que exigía a gritos que se hallara al culpable. Hasta me pregunté si no sabiendo dónde se había metido el presunto responsable hallado originalmente, Snarki, no habría fraguado pruebas contra cualquier otras persona para aparentar que se hacía justicia; pero si el padre de la niña reconoció esas prendas, quedan pocas dudas de que se trataba del verdadero asesino.

 

      Hubo un instante de silencio tras el macabro relato. Durante ese instante, los Kveisunger se miraron entre sí. Obviamente estaban de acuerdo, como siempre, en que la gente era una porquería, salvo ellos y unos pocos más, que casualmente eran siempre sus interlocutores de turno, cualesquiera fuesen éstos.

 

      Pensar en el monstruoso crimen y sus truculentos detalles estremecía a Balduino. Asesinar a una pobre niña indefensa ya era cosa de bárbaros, pero que esa niña fuera hija de un amigo del asesino y que con engaños se la hubiese llevado a una trampa mortal iba mucho más allá de la mera barbarie, y se adentraba en el terreno de lo demencialmente inhumano. ¡Qué horrendas, inexploradas fosas de negra maldad se abrían en los espíritus de gente de apariencia normal, a veces incluso en personas íntimamente ligadas a uno y nada sospechosas de crueldades semejantes!...

 

      -¿Lo ahorcaron?-preguntó Thorvald.

 

      -No llegó vivo a la horca, lo destrozó una muchedumbre enfurecida-contestó Balduino.

 

      -Lo que estuvieron a punto de hacerme a mí-observó Snarki, ya con acentos muy emocionados que recomendaron a varios de los presentes, comenzando por los Kveisunger, darse a la fuga-. Yo creía que ya no saldría de ésta... Que Dios me había abandonado...

 

      Toda moneda tiene cara o cruz aunque, al echarla al aire, a menudo un lado salga con más frecuencia que otro, como si sólo tuviera una faz, y aunque llegue un momento en que casi nadie se atreva a apostar por ese reverso que parece inexistente.

 

       Todavía sin recobrarse de la horripilante impresión que le había dejado su propio relato del crimen, Balduino volvió a la realidad. Tal vez por estar agobiado, se sentía además algo deprimido. La humanidad era también una moneda lanzada al aire; y el caso de aquella pobre niña violada y asesinada, una prueba aterradora de que el Mal era el lado que salía con mayor frecuencia.

 

      En eso vio a Snarki, por ese tiempo ya muy adelgazado y curtido por el duro trabajo, llorando en silencio, aliviado y asombrado de su increíble suerte, de su destino o, tal vez, de que Dios no lo hubiera abandonado, después de todo. Balduino sintió un nudo en la garganta, conmovido y reconfortado. Alguna vez, Snarki había sido una moneda arrojada al aire. Balduino apostó por el lado difícil, el lado del Bien... Y había triunfado.

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Published by EKELEDUDU
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