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15 abril 2010 4 15 /04 /abril /2010 01:16

      Los últimos elementos rebeldes fueron rápidamente sometidos por las tropas de Hildert Karstenson, quien había perdido entre quince y veinticinco hombres según las primeras estimaciones. Cuántas eran las bajas sufridas por el otro bando no se sabía aún, pero cálculos iniciales hablaban de una cantidad  casi diez veces superior; lo que luego se reveló algo exagerado. Aún así, la diferencia en el número de muertos era apabullante, porque los amotinados no habían tenido a su favor la sorpresa, ventaja con la que, ingenuamente, habían contado, y además habían debido improvisar en pocas horas un alzamiento que Balduino mismo había favorecido, planeando una réplica inmediata y contundente.

 

      Por lo demás, nadie estaba exento de rasguños y moretones, pero al parecer, extrañamente, casi no había términos medios: los combatientes habían terminado muertos o casi ilesos; los heridos graves eran muy pocos. 

 

      -No envidio la tarea a quien tenga que sepultar a todos éstos-observó Anders, ante el poco regocijante panorama que se insinuaba a la luz de la luna y de las antorchas, consistente en cadáveres y más cadáveres.

 

      -De enterrar a nuestros enemigos que se encargue la guardia personal de Einar-dijo Balduino; porque en un rapto de sensatez, Einar había prohibido a los diez hombres bajo su mando plegarse al motín, a menos que ellos hubiesen decidido abstenerse-; o bien, si tenemos que ocuparnos nosotros, los incineraremos para ahorrarnos tiempo y molestias. Ni hablar de que se encarguen los amotinados sobrevivientes; a ésos, una vez que hayan entregado sus armas, los quiero en prisión, y que no salgan de allí si no es como cadáveres o como galeotes-ordenó a Hildert, quien había venido a pasarle un primer reporte oficial de bajas y daños.

 

       -Como ordenéis, señor-replicó Hildert, siempre hierático y disciplinado, mirando con su sempiterna expresión inescrutable.

 

      Anders lo miró con gran curiosidad. ¿Este tipo será humano? ¿Sabrá reírse?, se preguntó a la vista de aquellas facciones no desagradables a la vista, pero inexpresivas.

 

       -Otra cosa-añadió Balduino-: si la guardia personal de Einar decide sepultar a sus antiguos camaradas, que lo haga, pero que los nuestros despojen primero a los cadáveres de cuanto objeto de valor tengan encima. Lo que encuentren, es para ellos. Fueron leales, lucharon bien y a ellos se les puede permitir esa rapiña; no así a la guardia de Einar, que no luchó contra nosotros pero tampoco a favor. En cuanto a las soldadas de los difuntos, y hablamos siempre del bando contrario,  una vez separado el monto de los daños repartíos el resto, pero que las familias de nuestros caídos entren también en el reparto, ¿de acuerdo?

 

      -Así se hará, señor-contestó Hildert-. Temo, no obstante, que ninguno de nosotros entiende demasiado de dinero.

 

      -Bueno, ése no es problema, ya te enviaré a todo un experto-dijo Balduino, pensando en el viejo Oivind-. El problema será mantenerlo a él lejos del dinero para que no robe por su cuenta.

 

      -Y me veo obligado a haceros notar-continuó Hildert, en tono firme y digno-, que la dotación ha quedado un tanto mermada después de lo ocurrido esta noche. Hasta los hombres más duros terminan derrumbándose si no descansan un poco, y a los que quedan bajo mi mando, por ser pocos, deberé de ahora en adelante exigirles más allá de lo racional y humano.

 

       -Ya te conseguiré gente nueva. dame un poco de tiempo. Habrá que instruirlos y manejarlos con firmeza, pero sacarás de ellos excelentes soldados. Tened paciencia hasta entonces... ¿Cuánto crees que falte para que amanezca?

  

      -Diría que no más de un par de horas...

 

      -¡Por Dios!-exclamó Balduino, que estaba que se caía de sueño-. Vámonos todos a dormir. Que se me despierte al alba. Dispón una guardia lo más reducida posible para que nuestros muchachos puedan descansar.  Y ya que hablamos de guardia-añadió en broma-, que quede apostado de centinela, en el punto oriental de la fortaleza que mejor se preste para la consigna, el mejor arquero de que dispongas. En cuanto el sol se asome por el horizonte, que lo acribille a flechazos por inoportuno para obligarlo a esconderse de nuevo y no le queden ganas de asomarse otra vez.

 

      -Así se hará, señor-replicó Hildert, sin que su expresión se conmoviera un ápice, lleno él de una obediencia marcial difícilmente alterable. Balduino, que había esperado arrancarle cuando menos una sonrisa, quedó mirando el vacío con cara de tonto y Anders, viendo a uno y a otro, les dio a ambos la espalda y reprimió como pudo una carcajada, amoratándose casi del esfuerzo que ponía en ello.

 

       -Eh... Esteeee... Eso es todo, capitán... Quiero decir, Hildert... Que descanses-concluyó Balduino, confuso. Hildert devolvió respetuosamente el saludo y el pelirrojo se quedó pensando si Hildert habría entendido la última orden, impartida tan en solfa y que él parecía tomar con gran seriedad-. Bueno, vayamos a dormir también nosotros-dijo a Anders, quien todavía lagrimeaba de la risa. Balduino sonrió por contagio-. Pero antes, ¿qué tal si me aclaras eso de que Ljod Thomsdutter mató al tal Kniffen? ¿No era que tú lo habías hecho?

 

      -Balduino, me atribuí ante todos la hazaña sobre todo para tranquilizar a Ljod. Lo que hizo la dejó asustada y nerviosa, y temía además que el cómplice del difunto, Daudensgraber, volviera para vengarlo, aunque Fray Bartolomeo consideró poco probable que ocurriese una cosa así. Pero le hice ver además que Daudensgraber seguramente no sabe que Kniffen fue asesinado. Caso de enterarse, no la buscaría a ella para vengarse, sino a mí, que oficialmente fui quien acabó con Kniffen.

 

       -Muy bien, Anders, fue muy noble de tu parte. Pero dime: ¿me parece a mí, o estabas algo nervioso cuando te atribuiste  el hecho? Mira que me parece que Fray Bartolomeo tiene razón, y que Daudensgraber estará más preocupado por irse lo más lejos posible de  Kvissensborg que por vengar a nadie. 

  

      -No es eso, Balduino; me dio vergüenza atribuirme una hazaña que no es mía.

 

       Balduino sonrió, preguntándose si aquello sería cierto.

 

      -Si es así, te he juzgado muy, muy mal-dijo-. Siempre pensé que como escudero eras el tipo de muchacho que para impresionar a las chicas se jacta ante ellas de proezas que no le pertenecen.

 

       -¡Claro que lo hago!-exclamó Anders-. ¡Pero cuando no hay forma de que se sepa la verdad! Aquí, además de la propia Ljod, están enterados de lo que sucedió Thora, Thom, Fray Bartolomeo, Gudrun y quién sabe cuántas personas más. Y puede que el resto de Freyrstrand acabe enterándose también, a la larga... Y así yo quedaré como un mentiroso.

  

         -¿Gudrun sabe de esto? ¿Y ella qué tiene que ver?

 

        -No sé, pero allí estaba, consolando a Ljod. Thommy no estaba presente cuando ocurrió todo, pues su padre lo había dejado con nosotros en Vindsborg... ¡Menos mal! Igual, no sé cuánto podrá ocultársele.

 

        -Ya se verá... De todos modos, Anders, ya no necesitas robarte hazañas ajenas. Esta noche estuviste magnífico... Y ahora sí, vayamos a dormir de una vez por todas.

 

       -Dormiré más tarde, si me dejas algún momento libre; ahora estoy desvelado.

 

      El pelirrojo asintió y se fue a dormir, y en las pocas horas que gozó de ese descanso tuvo un raro sueño, que al despertar tomaría de alguna manera por un augurio favorable, en el que en medio de un  cielo ligeramente tenebroso refulgían al mismo tiempo muchos soles a la vez.

 

      Para Anders, en  cambio, la noche terminó de manera bien distinta. Los acontecimientos de aquella noche, particularmente la satisfacción de haber debutado como combatiente, lo tenían demasiado excitado para irse a dormir así nomás. En cuanto se separó de Balduino se quitó la armadura, soñador, y comenzó a vagar sin rumbo por el patio con sólo una camisa protegiéndole el torso, pese a que estaba haciendo frío; y así lo halló uno de los guardias de Einar que le hizo señas de que se acercara.

 

      -Venid-le dijo-. Pronto, que he abandonado mi puesto de guardia por buscaros, y si me descubren me veré en un lío tremendo.

 

      Le dio a Anders mala espina que lo llamara aquel sujeto, que siendo hombre de Einar no debía simpatizar en absoluto con Balduino ni con nadie que estuviera bajo las órdenes de éste. Pero él conservaba la espada al cinto y, tras lucirse en aquel primer combate, se tenía por poco menos que invencible; así que siguió al hombre hasta la torre del homenaje y luego escaleras arriba hasta una sólida puerta de roble. Allí el guardia dio dos golpecitos discretos, y la puerta se entreabrió. Acto seguido asomó por ella una delicada mano femenina que dejó caer una moneda de oro en la palma del guardia.

 

      -Y si oyes pasos, me avisas con un golpe en la puerta, ¿de acuerdo? Y si es Thorkill, le dices de mi parte que esta noche mejor que no nos veamos, pues mi padre empieza a sospechar-susurró una voz de mujer joven.

 

      -Muy bien. señora-dijo el guardia, apartándose de la puerta-. Entrad-dijo a Anders, con expresión irónica.

 

      Este no se hizo rogar. Todavía se mostraba algo cauteloso, pero estaba demasiado intrigado para no seguir adelante.

 

       Lyngheid Einarsdutter estaba allí, cubierta  del cuello para abajo con un amplio manto que le tapaba todo el cuerpo.

 

       -Cerrad la puerta detrás de vos-dijo a Anders; y éste le dio la espalda al cumplir con la orden y, al mirarla de nuevo, el manto estaba a los pies de ella, descubriendo un bellísimo cuerpo femenino medio oculto por un camisón de tul-. Bienvenido a mis aposentos, señor; y permitidme confesaros que desde que os vi, languidezco de amor por vos.

 

      Anders sonrió, a la vez deleitado y medio incrédulo. Otro, en su lugar, tal vez hubiese desconfiado más... Pero Anders era  Anders, y toda prudencia quedaba subyugada de inmediato cuando una beldad como aquella se rendía ante sus encantos y a la vez le ofrecía los suyos.

 

      -Languidez mutua, señora-contestó, disponiéndose a hacerle honores a tan hermosa damisela.

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Published by EKELEDUDU
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