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19 abril 2010 1 19 /04 /abril /2010 20:58

      Por esos días falleció la tía de Hansi, a la que Balduino había visto sólo una o dos veces. Su muerte no sorprendió a nadie, y menos al propio Hansi: había sido una mujer enfermiza y con que siempre tenía unos cuantos achaques. Cuál de ellos se lo había llevado al otro mundo, difícil saberlo.

 

      Hansi nunca había sentido gran afecto por su tía. No lo alegró su muerte, pero tampoco la lloró. No obstante, durante los primeros días de duelo estuvo muy misterioso, como si con la difunta quedase sepultada también una etapa de su propia vida y comenzara otra, mucho más abrumadora e incierta. Y la razón para ello fue cierta breve conversación mantenida con su padre luego del entierro, y que por varios días no comentó con nadie.

 

      -Ha llegado el momento de que empieces a acompañarme en la pesca-había gruñido Friedrik-. Ya no es algo que se pueda postergar más tiempo.

 

       -Pero tengo que ayudar al señor Cabellos de Fuego a...-comenzó Hansi.

 

      -¡Ayudar!-se burló Friedrik-. Mira, puede que el señor Cabellos de Fuego no te lo diga, pero por lo general un niño de tu edad que quiere colaborar es un estorbo, no una ayuda.

 

       Aquella respuesta hirió a Hansi. Imposible pedirle tacto a Friedrik, hombre directo, práctico y rudo. Todos los varones de su familia habían sido así, tal vez, desde hacía generaciones; pero probablemente todos ellos habían gozado, en su niñez, de la presencia de una madre, de alguna otra mujer o de un solidario hermano mayor, que mitigara de alguna forma esa rudeza paterna. Hansi no tenía a nadie en su hogar que le explicara las razones de la brutalidad de su padre o lo escudara contra los arrebatos de ira de aquél o, como ahora, de sus respuestas duras e hirientes.

 

      -Si sólo estorbo, ¿para qué quieres llevarme a pescar?-preguntó.

 

      -Porque es hora de que, de a poco, vayas aprendiendo el oficio, de modo que sepas cómo ganarte el pan cuando yo ya no esté. La muerte podría sobrevenirme en cualquier momento, porque los riesgos del mar son muchos, aunque ya estoy hecho a todos ellos.

 

      Eso a Hansi se le había ocurrido ya muchas veces, y siempre había temido quedar solo en el mundo... Hasta la llegada de Balduino a Freyrstrande. Antes de ese momento había pensado que, en caso de quedar sin padre y sin tía, tal vez Fray Bartolomeo lo aceptara consigo; pero tal protección era igualmente precaria, puesto que el cura ya no era joven.

 

      Una vieja y secreta pesadilla de Hansi, el temor al desamparo, renacía ahora con renovado vigor. Puede que el señor Cabellos de Fuego no te lo diga, pero un niño de tu edad que quiere colaborar es un estorbo, no una ayuda... Las palabras de su padre resonaban en su mente, implacables, señalándolo como a un inútil que sólo provoca molestias.

 

      -Pero es imposible que el señor Cabellos de Fuego no me quiera-murmuró, más para sí mismo que para su padre.

 

      No era posible. El señor Cabellos de Fuego era pelirrojo y pecoso, como él. Era el hermano mayor que había anhelado toda su vida y muchas veces pedido a Dios en sus oraciones.

 

      Se recordó a sí mismo en Kvissensborg, colgado del cuello de Balduino. Dame un abrazo, Hansi, ¿no sabes que al señor Cabellos de Fuego no es tan fácil eliminarlo?, había dicho Balduino. Se recordó a sí mismo guarecido varias veces, aquella misma noche, entre aquellos brazos protectores.

 

      -Hansi, no es eso lo que digo-señaló Friedrik-, pero el señor Cabellos de Fuego es un Caballero y tiene deberes y responsabilidades que atender, y sólo está de paso en Freyrstrande. Un día él se irá y te olvidará. No sólo a ti: a todos nosotros... Si luego de que él se marchara yo muriese, ¿qué harías tú?... No, Hansi. Esperaremos unos días y luego empezarás a salir de pesca con nosotros.

 

      -El señor Cabellos de Fuego no me olvidará-porfió Hansi.

 

       Pero no estaba seguro; recordaba ahora que ante el Conde Arn se había  referido a él con la palabra sirviente.

 

       -Lo hará-contestó Friedrik, con mayor rudeza.

 

        -¿Por qué?-preguntó Hansi, entre el escepticismo y el dolor.

 

        Friedrik no sabía cómo explicar ciertas cosas a su hijo, ni disponía de la paciencia necesaria para hacerlo. Y cuando se encontraba en situaciones como ésta se sentía impotente, y su propia impotencia lo encolerizaba.

 

        -¡Porque lo digo yo!-exclamó autoritariamente, asestando un  fuerte puñetazo a la mesa.

 

       Hansi, sobresaltado, juzgó prudente callarse: ya sabía que esas cuatro palabras eran recurrentes en su padre, y significaban que el oscuro misterio de turno acerca del cual el niño quería informarse debía ser aceptado sin cuestionamientos. Ya estaba habituado a ello; pero esta vez le era muy difícil resignarse a no hacer preguntas sobre algo para él tan importante. ¿Cómo era posible que el señor Cabellos de Fuego, alguna vez, llegara a olvidarlo siendo que él, Hansi, nunca podría olvidar al señor Cabellos de Fuego? ¿Que lo quisiese tan poco?

 

         Se acurrucó en un rincón fuera de la vista de su padre, y durante varios minutos el llanto lo devastó, silencioso y cruel, hasta que finalmente creyó encontrar la solución  a su problema. Sí, pensó: tal vez el señor Cabellos de Fuego no lo quería... Y tal vez por culpa suya. Había cometido demasiadas barrabasadas, había sido muy desobediente... Quizás incluso era tan inútil como su padre decía. Pero, pensó sin achicarse, todo eso todavía tenía arreglo. Guardaba un as bajo su manga, un as obtenido con ayuda de Fray Bartolomeo... Y pensaba emplearlo al día siguiente.

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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