Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
26 noviembre 2009 4 26 /11 /noviembre /2009 15:56

III

      Los buenos y lejanos sucesos habían despertado en ambos Caballeros remembranzas teñidas de nostalgia; pero ahora estaban en medio de una guerra. Fue Dagoberto de Mortissend el primero en recordarlo:

 

      -Tenemos problemas en el Sur, señor-dijo a Thorstein-. Grupos armados están atacando a los Drakes. La gente sabe que estamos en guerra, pero no hay forma de que entienda que nuestros enemigos son sólo los Wurms. Para ellos, todos son sólo dragones.

 

      -¿Por ventura tendrá alguien alguna buena noticia para darme?-deploró Eyjolvson-. Igual, no es un gran problema. No digo que los Drakes no me importen-añadió, al ver que Méntor se mostraba ofendido-, sino que cuentan con buenas armas para defenderse solos.

 

      -Os recuerdo, señor, que los Drakes son una raza pacífica-dijo Dagoberto de Mortissend, mirando al gran Maestre con sus penetrantes ojos brunos.

 

      -¿Y qué? También nosotros. Ello no nos impide luchar para defendernos de los Wurms-replicó Thorstein.

 

      -¡Vamos, Narigón!-exclamó burlonamente Méntor-. ¿Qué tiene de pacífica la Estirpe de Adán? ¿Cómo puede llamarse pacífica una raza violenta como la tuya, cuyos escaldos, bardos y juglares componen canciones y gestas inmortalizando batallas que siembran ruina y desdicha por doquier? No es ésa la idea de paz que tenemos los Drakes. Nosotros bogamos por alcanzar las alturas y observar desde allí la vida y el paso del tiempo, molestando lo menos posible a otras especies. Nosotros sí somos pacíficos...hasta que dejamos de serlo, y destruímos cuanto se pone a nuestro alcance.

 

      -Tenemos una deuda con Méntor y su especie por el papel que jugaron en lo del Monte Desolación. Os ruego que lo recordéis-pidió Dagoberto de Mortissend.

 

      -Deuda enorme, que no dejo de reconocer; sólo digo que en este momento no tengo cómo pagarla-dijo Thorstein.

 

      -Lo correcto en ese caso sería presentarse ante el acreedor y explicar la situación-replicó Méntor.

 

      -¿Y qué acabo de hacer?-preguntó Thorstein-. Con gusto lanzaría a mis hombres en defensa de los Drakes, si me sobraran; ¡pero no me sobran!... Te he explicado la situación, pero no pareces inclinado a concederme una prórroga.

 

      -Yo no soy tu acreedor, sino tu amigo. A mí nada me debes-replicó el gran reptil volador-; pero a los demás Drakes, sí.

 

      -Dadme un minuto. Quiero poner en orden mis pensamientos-respondió Eyjolvson; pero le bastaron unos pocos minutos para tomar una decisión:-. Durante siglos, la gente ha dicho de los Drakes que eran la estirpe malévola de la serpiente que tentó a Adán y Eva. Los ha perseguido y maltratado injustamente. Cuando cedían a la cólera, se usaba el fin de su paciencia para justificar las acusaciones que les habían imputado. Durante dos décadas, poco más o menos, los Caballeros del Viento Negro fuimos igualmente perseguidos  y maltratados. Se dijo de nosotros que éramos bandoleros y soldados de Satán. Durante esa época nuestro camino, una vez, se cruzó con el de los Drakes, y trabamos cierta amistad con ellos, aunque más no fuera con unos pocos. Ahora que, tal vez, nuestra negra fama está a punto de ser olvidada, mientras que la de ellos continúa tan siniestra como siempre, es nuestro deber demostrar que el viejo lazo continúa manteniéndonos unidos unos a otros; que si los Drakes corren el riesgo de despeñarse, no desataremos el nudo, aun a riesgo de despeñarnos con ellos. Capitán-dijo a Dagoberto de Mortissend-, vos y yo tenemos unas cuestiones que tratar ahora. Cuando lo hayamos hecho, vuestra prioridad será reunir los hombres que juzguéis necesarios para proteger a los Drakes, y encargaros de que nadie dañe a éstos.

 

      -Así lo haré, señor. De todos modos, no necesitaré, creo, más de quince o veinte hombres, pero éstos deben tener presencia y autoridad más que ningún otra cosa. Quienes atacan a los Drakes son sólo cobardes deseosos de hacerse notar y olvidar su pusilanimidad, los estúpidos bravucones de siempre, los que valentonean con aquellos que no pueden, no quieren o no saben defenderse, pero salen huyendo si se les frunce un poco el ceño. Contamos con un grupo de muchachos nobles de corazón, justos y valientes, pero sin entrenamiento. En su mayoría son escuderos, aunque otros tienen rango aún más bajo. No obstante, desesperan por armarse en defensa de una causa justa; que defiendan ésta, entonces. No es que vaya a proporcionarles demasiada gloria, pero creo que el orgullo de embutirse en una armadura, embrazar un escudo y empuñar una espada o una lanza compensará su incompleta preparación.

 

     -Bien pensado. Y a los últimos pinches que halléis en la Orden, hacerlos escuderos de aquellos otros. Eso los incentivará, y de paso se sabrá que en nuestra Orden no valen la sangre noble o la villana, ni la pobreza o la riqueza, sino sólo el valor y el afán. Cuando lo sepa el gran Maestre de la Doble Rosa, que tanto desprecia a la plebe, querrá morir, pero su opinión no es importante.

 

      La última frase de Eyjolvson dejó helados a Dagoberto de Mortissend y Méntor el Drake, y una funesta premonición los silenció momentáneamente, hasta que el primero, con gran vacilación, formuló la pregunta que ambos temían hacer:

 

      -¿Qué Gran Maestre?

 

      -Tancredo de Cernes Mortes-respondió Thorstein, también sombrío-. Diego de Cernes Mortes murió hace dos días en el frente de batalla, en Drakenstadt. Con él cayó también Gudjon Olavson. Murieron como valientes, y existe la esperanza de que ambos, con su sacrificio, hayan puesto fin a la guerra, pues parece que mataron al propio Vodvorag o, al menos,  a un Jarlwurm de importancia, ya que todos los Wurms se replegaron en seguida a las Andrusias, y desde entonces no hemos sido atacados, ni ningún otro puerto, que sepamos; pero debo estar volviéndome viejo, pues nada de ello me sirve de consuelo.

 

      -Eran buenos amigos nuestros-murmuró Dagoberto de Mortissend-. Apena que quedemos tan pocos del tiempo del Monte Desolación.

 

      -La vida es así-contestó Eyjolvson-. Hicimos grandes cosas, pero nuestro tiempo se acaba, y estas cosas no hacen sino recordárnoslo. Pronto habrá sangre nueva sustituyéndonos. La función de los árboles viejos es brindar su sombra protectora a los nuevos, diría vuestra madre. A propósito-añadió, con un poco de miedo por la posible respuesta-: ¿cómo está Doña Eleuteria?

 

      -Igual que siempre, muchas gracias. Ya la conocéis, nunca se mantiene ociosa.

 

      -Y vaya si lo sé-murmuró Thorstein, pensando en aquella diminuta bruja de cabellos ya totalmente blancos que alguna vez lo había agasajado con su hospitalidad, y que cuando no estaba ocupada con hechizos o leyendo grimorios, se dedicaba a limpiar frenéticamente la casa, que siempre le parecía sucia aunque reluciera como la más pulida armadura-. En fin-gruñó-, será mejor que tomemos su ejemplo. Parecemos nosotros los ancianos, no ella. Méntor: ¿qué planes tienes tú?

 

      El Drake se irguió ligeramente.

 

      -Seguiré viaje hasta las Andrusias.  Veré qué puedo averiguar de los Wurms. Ha de ser, supongo, una especie afín a la mía, y tal vez no se me reciba mal, en tanto no imaginen que voy en misión de espionaje-contestó el reptil.

 

      -Está bien, pero cuídate, viejo-recomendó Thorstein.

 

      -Me cuidaré, Narigón. Y antes acercaré a Ramtala a este parásito que se me ha adherido al lomo.

 

      -¡Verdaderamente! Ya ni se acostumbra, parece, descabalgarse ante un superior. A lo sumo, y como gracia suprema, se quita el casco-bromeó Eyjolvson.

 

      -Excusad, señor-dijo dagoberto, turbado-, pero no es fácil desmontar de un Drake y después montar de nuevo; y vistiendo armadura, menos.

 

      -¡Pretextos, pretextos!-exclamó Thorstein, sonriendo; y añadió, mirando a su caballo:-. ¿Te das cuenta?... Sólo palacio propio les falta a estos dos. Yo permanezco de pie ante mi subordinado, quien no se digna bajar de su montura y me mira desde allí con altivez pasmosa; mientras que tú, el caballo del Gran Maestre del Viento Negro, ni echas fuego por la boca ni puedes volar, todo lo cual sería acorde con tu glorioso rango.

 

      El caballo le echó una larga mirada y soltó un breve relincho, como aprobando las palabras de su amo.

 

      -Bueno, ya hemos tenido una charla más larga que mi nariz, lo que no es poco-dijo Thorstein, acercándose a su cabalgadura y montándola-. Dadme una hora, y luego remontad vuelo-añadió, volviéndose hacia Dagoberto y Méntor-, pues no sería conveniente que llegarais antes que yo. No faltaría más, sino que os tomaran por enemigos y os atacaran, Al Sur de la ciudad hay una amplia dehesa, que desde el aire debería ser perfectamente visible; de modo que aterrizad allí. Desde ese sitió, Capitán, seguiréis viaje a caballo; haré que os acerquen uno, y ya en Ramtala, iréis a verme al palacio de mi hermano el Conde. Tengo algunos asuntos importantes que tratar con vos antes de enviaros a descansar del viaje. En cuanto a ti, Méntor, haz como lo planeaste. Si obtuvieras alguna información valiosa, sobrevuela Ramtala. Daré orden de que me avisen ni bien te vean, y nos reuniremos en la dehesa adonde os envío ahora. Allí me transmitirás lo que hayas averiguado. Ten cuidado, que me van quedando pocos amigos, y no quisiera perder tan rápidamente uno más; ¿de acuerdo?

 

      -Ajá. Dime: ¿ofreces protección a mi especie sólo porque soy tu amigo, o adviertes que los Drakes podríamos ser adversarios temibles para tu raza?-preguntó Méntor-. Siempre fuiste un guerrero notable, y ahora te has convertido en un gran líder de muchos como tú. Y no eres tonto. Toda paciencia se acaba algún día; y los Drakes, a fuerza de ser hostigados continuamente por los hombres, podrían aliarse contra éstos con los Wurms. ¿Temes eso?

 

      -Temo lo que dices y respeto a los Drakes por la amistad que te tengo-repuso Thorstein-, pero mis motivos son otros, Méntor. El triste aunque glorioso fin de Diego y Gudjon, hace dos días, me hizo consciente de mi propia mortalidad. Así que,  siguiendo recomendaciones de otros, estuve a punto de venir aquí trayendo una espada oculta bajo la capa, quebrantando las reglas de la tregua. Sé ahora que, de haberlo hecho, no habría podido esconderla bien, pues hay demasiado viento aquí. Y si otro y no tú hubiera sido el Drake que venía a mi encuentro, él podría haber interpretado como traición lo que para mí era mera precaución. El desastre que trataba de evitar al venir aquí, pude desatarlo yo mismo. La vida y la muerte es un juego de dados, y la buena racha no se mantendrá eternamente; pero ahora sé que, aun así, no se debe hacer trampa. Hoy tomé conciencia de hasta qué punto conviene seguir los dictámenes de la rectitud. Y conforme a esos dictámenes, mi deber es proteger a los tuyos. Eso es todo.

 

      Ante aquella declaración de principios, que Thorstein reiteraría varias veces a lo largo del resto de su vida e intentaría transmitir a sus subordinados, se hizo un largo silencio. Méntor fue el primero en romperlo:

 

      -Parece que has crecido-dijo.

 

      -¿Crecido? ¡Envejecido!-rio Thorstein.

 

      Y rápidamente partió al galope a lomos de su caballo, no fuera que la conversación continuase, especialmente si lo hacía en forma tan solemne.

Compartir este post

Repost 0
Published by EKELEDUDU
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
  • Contacto

Texto Libre

<td width="44" align="left"><a href="http://www.argentino.com.ar/" rel="nofollow" target="_blank"><img alt="argentino.com.ar" width="43" height="40" border="0"></a></td>

   <td><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" rel="nofollow" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#1E4F81;text-decoration:none;line-height:12px" target="_blank">estamos en<br><span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px"><strong>Argentino</strong>.com.ar</span></a><br>
     <div style="margin-top:2px;margin-bottom:3px"><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#999999;text-decoration:none;line-height:10px" target="_blank">directorio argentino</a></div></td>
    </tr>
   </table>
 </td>
  </tr>
</table>

<iframe src="http://www.thob.org/barra.php?blog=fch7qg3kmpd9w5nv" name="voto" id="voto" width="55" height="200" scrolling="no" frameborder="0" framespacing="0" border="0"></iframe>

Enlaces