Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
26 noviembre 2009 4 26 /11 /noviembre /2009 16:12

IV

      Por aquellos días, Ramtala era centro de una intensa actividad debido a que en esa ciudad confluían las huestes venidas a enfrentar a los Wurms. Desde allí se los destinaba a reforzar guarniciones, a custodiar vías fluviales, a levantar barricadas, todo en diferentes puntos del litoral marítimo de Andrusia Occidental. Era, por lo tanto, un  hervidero de distintas banderas, escudos y pendones, y de no hallarse apremiado por las circunstancias ni fatigado por el viaje, le habría gustado a Dagoberto de Mortissend contemplarlas en todos sus detalles. Así como se encontraba, prefirió en cambio enfilar directamente hacia el Palacio Condal, que estaba literalmente a un paso de distancia de la Muralla Norte de Ramtala. En ésta había un gran ajetreo, y comprendió Dagoberto que se estaban haciendo reparaciones varias aprovechando la momentánea lejanía del enemigo.

 

      Debía ser cosa terrible estar durmiendo pacíficamente en palacio y ser despertado por los rugidos de los Wurms, el estrépito de las catapultas y las órdenes impartidas a diestra y siniestra; pero peor debía ser en Drakenstadt, ciudad que -según explicó el Gran Maestre al Capitán Dagoberto de Mortissend- era la que más sufría ataques de Wurms y la que con más empeño deseaban éstos ver caer.

 

      -Mi antiguo escudero Maarten Sygfriedson, vos lo recordaréis, es precisamente de Drakenstadt-añadió Thorstein, mientras llenaba de vino dos copas y ofrecía una a Dagoberto de Mortissend-. El gigantón calvo de rasgos andrusianos y mirada bondadosa-especificó, en vista de que el Capitán parecía no entender a quién se refería-. Me pidió permiso para ir a Drakenstadt a fin de darle el pésame al Duque Olav por la muerte de Gudjon. Yo le dije que de paso enviara mis propias condolencias... Y que se quedara allá. Un muchacho extraño, este Maarten. Prácticamente Drakenstadt entera lo hacía objeto de mofa cuando lo descubrí hace años, en las caballerizas del palacio de Gudjon, donde era palafrenero. Ni los perros lo querían, e incluso el mismo Gudjon, gran amigo y valiente guerrero pero también soberano estúpido en algunas ocasiones, lo consideraba un bufón, sólo porque no tenía su linda cara y hasta tartamudeaba. De hecho, Gudjon todo el tiempo creyó que me lo llevaba para convertirlo en mi bufón personal. Recién supo la verdad cuando tuvo a Maarten de nuevo ante él, ocho años más tarde, ya armado secretamente  Caballero. Maarten llevaba consigo esa espada que yo le regalé, la que tiene la esmeralda engarzada en el centro del gavilán, y que él llamo Grönsunna, y desafió a Gudjon y lo venció en combate singular. Debo decir en honor de Gudjon que perdió dignamente. No se avergonzó de su derrota, aunque creo que ello se debió a que Maarten es de Drakenstadt, como él. Y ahora Maarten va a Drakenstadt. Yo sabía que  él deseaba quedarse allí a defender la ciudad, por eso lo autoricé. Pero eso es justamente lo que no entiendo de él. Regresa a un sitio donde fue muy maltratado; ¿por qué? ¿Regresa para enfrentarse a ese pasado suyo que tan tétrico le pareció siempre? ¿O es tan grande el amor que une a ciertas personas a su tierra natal? Yo no puedo entenderlo, no abrigo ese tipo de sentimiento. El...

 

      -Señor-cortó Dagoberto de Mortissend, alarmado por aquella verborragia interminable-, dicho sea con todo respeto, pero si seguís hablando hasta por los codos, haréis que me duerma de pie. En este momento, no sé si recuerdo cabalmente el rostro de mi difunta abuela; no hablemos ya de este Maarten, caso de haberlo visto alguna vez. Estoy algo cansado.

 

      Thorstein quedó un momento pensativo, como ofendido por tan rotunda sinceridad, pero luego se echó a reír.

 

      -Disculpad, soy un pesado. Vayamos a lo nuestro, entonces-añadió, desplegando un rollo de pergamino que resultó ser un mapa del Norte del Reino. Hizo a un lado su propia copa de vino, que había colocado sobre la mesa que él y Dagoberto tenían enfrente, y extendió el mapa sobre la superficie libre, aunque todo el tiempo hubo que sujetarlo ya que, de lo contrario, automáticamente volvía a enrollarse solo.

 

      El mapa representaba Andrusia y las Islas Andrusias. Según la costumbre de la época, estaba iluminado con diversos grabados relativos a la geografía, la fauna o el clima. Un monstruo marino se veía en el gran estuario o golfo frente a Christendom, la Havnuvasmük; sobre las Gröhelnsholmene, un dibujo representaba un grifo; aquí había una ballena, más allá una gran serpiente marina, más abajo una cadena montañosa; y hasta los vientos se hallaban presentes bajo las formas de rostros soplando furiosamente en distintas direcciones.

 

      En la zona costera, alguien había marcado recientemente una serie de cruces de distintos colores.

 

      -Las cruces rojas-explicó Eyjolvson-, indican los sitios donde ya se han librado combates contra los Wurms; por ejemplo, Drakenstadt o Ramtala. Las rosadas individualizan puntos desde donde fueron avistados Wurms, pero sin que se hayan registrado ataques de éstos hasta el momento. Podéis ver que todas estas cruces se restringen a Andrusia Occidental. Las azules indican lugares del continente por donde pensamos que los Wurms podrían intentar abrirse paso, pero que se hallan bajo cierto control. Veréis que de éstas hay ya varias en Andrusia Oriental. Las verdes indican puntos desde donde los Wurms podrían también tratar de arribar al continente, puntos que es necesario reforzar, porque están bastante desprotegidos. De éstas hay sólo en Andrusia Oriental. Tanto las cruces azules como las verdes se refieren a sitios donde no fueron vistos Wurms. Por último, tenemos las cruces marrones. Estos son casos especiales. Señalan sitios que no ofrecerían demasiados inventivos a potenciales invasores, por lo que dudamos que los Wurms intenten atacarlos; pero son vulnerables, porque no hay fortalezas defensivas de importancia que los guarezcan . Desde algunos de estos sitios fueron avistados Wurms, y desde otros no. ¿Alguna pregunta?

 

      -Sí-contestó Dagoberto de Mortissend-.¿En qué se basan las especulaciones sobre el peligro que corren determinados lugares, por qué los Wurms podrían sentirse tentados de ingresar por algún sitio antes que por otro, etcétera?

 

      -Se toman en cuenta muchas cosas-repuso Eyjolvson-; en primer lugar, la anatomía de los Wurms. Los lugares de costas altas no les son favorables para invadir. Si a pesar de ello insisten una y otra vez en atacar Drakenstadt, cuyas costas son fiórdicas, se debe sin duda a que en este caso en particular se trata de un cebo muy tentador, y de todos modos, creemos que tratarán de remontar el Kronungsalv y luego atacar la ciudad desde el Sur; por el Norte, las elevadas murallas y las catapultas la protegen muy bien. Las costas altas son para ellos barreras infranqueables, a menos que coincidan con la desembocadura de un río por el que puediera entrar un barco de gran calado, caso precisamente del Kronungsalv. Además, desde las costas altas los defensores tenemos cierta ventaja, que desaparece tratándose de costas bajas. Allí los Jarlewurms son los que nos llevan la delantera, atacándonos desde lo alto de sus largos cuellos.

 

      -Pero Christendom es, creo, un lugar de costas muy bajas, y allí el Rattapahl se abre en muchos brazos que forman un delta. Y no veo cruces marcadas en Christendom-observó Dagoberto de Mortissend.

 

      -Olvidad a Christendom. Allí no se han tomado en serio nuestras advertencias, ni se hacen planes defensivos, y sólo resta rogar a Dios que los Wurms ignoren su existencia o sean tan imbéciles que ni se les ocurra la idea de avanzar por allí. Por otro lado, hasta cierto punto no se puede hacer nada en el Delta del Rattapahl, porque siempre quedaría sin protección alguno de los múltiples brazos del río. Christendom es un problema tan grande, que no tiene sentido marcar allí cruz alguna. Las Milicias de San Leonardo han asumido el compromiso de ir a estudiar el asunto y hacer lo que puedan. Por el momento, suponiendo que los Wurms llegaran hasta Christendom, las Milicias trabajan sobre la posibilidad de combatirlos en el punto donde el Rattapahl se abre en los varios brazos que luego forman el Delta. Me parece sabio. Creo que es el único punto medianamente septentrional donde las Milicias tendrían alguna posibilidad de victoria. En cuanto al Delta, habría que evacuar a sus habitantes y destruír cuanto pudiera ser de utilidad para los Wurms, pero esto requiere tiempo.

 

      -¿Y esta cruz negra?-inquirió Dagoberto de Mortissend, colocando su índice sobre el mapa, en un punto de las costas de Thorhavok.

 

      -De eso quería hablaros. El sitio que estáis señalando se llama Freyrstrande. ¿Habíais oído hablar de él?

 

       -Jamás.

 

      -Tampoco yo, hasta ahora. Es un lugar de costas bajas y arenosas bastante amplias, ideales para que los Wurms arriben, pues está desprotegido casi por completo. Los informes que han llegado a mí indican que sobre un promontorio cercano se levanta un pequeño castillo, Vindsborg, pero éste se encuentra abandonado. Y tierra adentro hay otra fortaleza, Kvissensborg, que se usa como prisión. Hay allí reclusos muy peligrosos a quienes se habría llevado a la horca en cualquier otra parte del mundo pero que en Thorhavok, vaya a saber por qué, hallaron clemencia, o la compraron. Entre otras buenas personas, allí está encerrado Sundeneschrackt.

 

      -¿El Terror de los Estrechos? ¿El pirata que hace doce años saqueó Drakenstadt por primera vez, al mando de una flota enorme?

 

      -El mismo. Thorhavok tenía, quién no, cuentas pendientes con Sundeneschrackt, y reunió una gran flota tripulada por intrépidos marinos y guerreros que acosaron a la de los Kveisunger, llegando a descubrir su refugio secreto, Svartblotbukten, donde se libró la última batalla contra ellos. Aparte del propio Sundeneschrackt, sobrevivió apenas un puñado de piratas, de los cuales algunos murieron más tarde en prisión. Parece ser que pagaron un buen precio por esquivar la horca, una parte del producto de muchos años de saqueo. El resto del botín nunca fue hallado.

 

      Dagoberto de Mortissend asintió. Recordaba perfectamente la furia del difunto Gudjon de Drakenstadt al enterarse de que los mismos forajidos que habían saqueado su ciudad se libraban de la pena máxima comprando su vida con los tesoros robados durante dicho saqueo.

 

      -No logro recordar-murmuró-. ¿Cómo se llamaba aquel pirata que durante el saqueo de Drakenstadt fue reconocido como el más temible de la tripulación de Sundeneschrackt? ¿El que por un pelo no mató a Gudjon?

 

      -Le decían Kehlensneiter. Tenían apodos muy dulces-ironizó Thorstein Eyjolvson; pues Kehlensneiter significaba cortagargantas.

 

      -Espero que al menos ése haya muerto. Decían que era una verdadera bestia sanguinaria.

 

      -Tengo entendido que hasta hace poco gozaba de buena salud... Pero volvamos a lo nuestro. Kvissensborg está al mando de un tal Einar, un segundón de la nobleza que prometió ayudarnos muy a pesar del Conde Arn, que no nos ve con simpatía. Einar ha hecho mil promesas a nuestros emisarios, creo que sin reflexionar. No será demasiada la ayuda que pueda darnos, teniendo tantos individuos peligrosos bajo su custodia. Sin embargo, algo podrá aportar, pero será mínimo.

 

       -Enviaremos hombres nosotros, supongo...

 

      Thorstein Eyjolvson meneó la cabeza.

 

      -Enviaremos uno solo-contestó.

 

      -¿Uno solo?-preguntó Dagoberto de Mortissend, asombrado-. ¿Quién?

 

      -Espero que vos podáis decírmelo-contestó el Gran Maestre del  Viento Negro-. Por lo general sois buen juez del carácter humano. Ha de ser un solo Caballero...y su escudero, naturalmente. Pero el Caballero elegido tendrá que valer al menos por veinte en cuanto a valor, astucia y carisma, si los Wurms atacaran Freyrstrande; porque estará casi solo. Y su escudero-añadió, señalando un punto en el mapa, algo al oeste de Freyrstrande-, en caso de ataque Wurm, cabalgará hasta aquí. Esto es Vallasköpping. Tenemos allí una guarnición que podría ayudar a salvar del desastre cuanto se pudiera salvar. Pero está a cierta distancia de Freyrstrande. Alguien, por ejemplo el escudero como acabo de deciros, debería ir a alertar a la guarnición, mientras el Caballero se las ingenia para detener a los Wurms.

 


      Dagoberto de Mortissend quedó pasmado. Le resultaba casi chistosa la idea de un solo hombre para detener a decenas de gigantescos reptiles, cuando ejércitos enteros apenas si podían encargarse de tal faena. Pero el Gran Maestre lo miraba con absoluta seriedad.

 

      -No entiendo qué queréis de mí-confesó Dagoberto-. Si fuera tan fácil encontrar a alguien que de dos golpes dejase noqueado a un Wurm, ya podríamos mandar a las tropas de regreso a casa.

 

      Eyjolvson lo miró con impaciencia.

 

      -Tomad asiento, por favor-dijo, señalando con la mano una silla de respaldo alto, cercana a su subordinado. Este se sentó mientras Thorstein hacía lo propio, tras enrollar el mapa y hacerlo a un lado. La mano de Thorstein se dirigió entonces hacia su copa de vino, que dejó vacía en pocos sorbos, después de no haberla probado  a lo largo de la conversación previa.

 

      Luego Thorstein dejó la copa sobre la mesa, se aclaró la garganta y comenzó a hablar. Después de que de su garganta saliera un gallo espantoso, se aclaró la garganta otra vez, sonriendo, y dijo:

 

      -Sería mucha mala suerte que a los Wurms se les ocurriera atacar Freyrstrande hoy, mañana, esta semana, la semana que viene. Yo no he estado allí, pero parece que el sitio no tiene buen aspecto. De hecho, puede que los Wurms jamás lleguen allí. No sé, tal vez en este mismo momento la guerra haya concluído, pero no podemos confiarnos. Freyrstrande carece de toda defensa contra los Wurms, y hay que solucionar eso. Además, están los grifos. Cerca de Freyrstrande hay no sé qué lugar, donde los grifos se han instalado a sus anchas: una colonia completa. Los primeros mensajeros que enviamos por los caminos que pasan por Freyrstrande volvieron aterrados por la cantidad de esas bestias que vieron. Algunas las atacaron. De un mensajero jamás supimos su destino, y creemos probable que los grifos lo hayan devorado. En cualquier caso, la gente de la aldea de Freyrstrand clama a gritos por protección contra esas criaturas. Allí son cosa nueva, y tienen asustados a los pobladores. Necesito que me recomendéis a alguien que, por un lado, solucione como pueda el problema de los grifos y, por el otro, que haga algo respecto a los Wurms. Ya os dije que Kvissensborg le ayudará en la medida que pueda. Que se haga ayudar también por la gente de Freyrstrand. No sé, que se haga ayudar por el mismo diablo, pero que haga algo. Más adelante, dependiendo de nuestra suerte, nosotros mismos podríamos enviarle refuerzos, pero no en este momento, a menos que Méntor nos traiga nuevas y más alentadoras noticias. El grueso de nuestras fuerzas debe concentrarse por ahora en Andrusia Occidental, y sobre todo en los sitios que son atacados por los Wurms. Ni en sueños podemos enviar tropas a una solitaria playa de Andrusia Oriental, de la que hasta Dios se debe haber olvidado. Así que hay que enviar a un solo Caballero con su escudero, y a nadie más. Pero si enviamos a uno solo, no podemos enviar a cualquiera. Algunos de nuestros hombres son bravos, disciplinados y duros, pero puestos a improvisar dan lástima. Necesitamos a alguien con ideas. Freyrstrande podría volverse un verdadero problema si no tomamos alguna medida.

 

      Dagoberto de Mortissend se rascó la barba, pensativo.

 

      -Pero es que no tengo a nadie que recomendaros-murmuró.

 

      -¡Sí, sí!-exclamó el Gran Maestre-. Os conozco bien. Siempre tenéis al hombre necesario... O tal vez seáis vos mismo ese hombre, quién sabe-añadió, guiñando un ojo. Sabía que al Capitán no le agradaría ir a defender una playa perdida en medio de la nada, y que antes que encargarse él, encontraría a la persona exacta.

 

      -Habría alguien, quizás-dijo Dagoberto de Mortissend, pensativo-. No sé si sea realmente apropiado, pero si él no es capaz, no sé quién lo sea.

 

      -¿De quién se trata?-preguntó Thorstein, interesado.

 

      -De Balduino de Rabenland.

 

      -No lo conozco. ¿Algo que ver con el Duque Eduardo de Rabenland?

 

      -Es uno de sus hijos. El menor de once, creo. Escapado de su casa a los trece años, tras una agria disputa con su padre.

 

      -Interesante referencia. Hace unos años traté con Eduardo-recordó Thorstein-. Era un imbécil lleno de humos. Fui a verlo con la esperanza de reclutarlo a él y a sus hijos varones en nuestras filas. Por supuesto, abordé el asunto con mucha cautela; no era cosa de decir así nomas que, secretamente, yo lideraba una Orden proscrita de caballería. Como al pasar, mencioné a "esos extraños Caballeros de armadura negra, con el halcón bicéfalo bordado en escarlata sobre la capa". Fue suficiente para que Eduardo profiriera un amplio surtido de barbaridades. El primogénito y el segundo hijo varón estaban presentes, y opinaban como el padre. ¿Qué tal es este otro?

 

      -Benjamin Ben Jacob podría responderos mejor que yo-gruñó Dagoberto de Mortissend-, porque lo entrenó él, e incluso lo tuvo de escudero y de bachiller.

 

      -¡El viejo Benji!-exclamó afectuosamente Thorstein, complacido-. Bueno, con semejante maestro, no tengo dudas respecto a las cualidades del discípulo...

 

      -Tenedlas-sugirió cortantemente Dagoberto de Mortissend.

 

      Eyjolvson lo miró con asombro.

 

      -Pero me lo estáis recomendando-señaló.

 

      -Bueno, hay cosas en él que no es posible pasar por alto-resopló Dagoberto-. Para empezar, parece que es astuto como el diablo. Tanto, que hasta Benjamin se alarmó en cierto momento. Tuvo la sospecha de que espiaba para nuestros enemigos, infiltrado en la Orden.  Y eso que Benjamin posiblemente no sabe o no sabía entonces de la opinión del Duque de Rabenland respecto a nosotros; si no, por las cosas que me ha contado, se habría alarmado todavía más. Así que, hace cuatro años, lo elevó al grado de bachiller y le asignó un sirviente, su actual escudero, que tenía el encargo de espiarlo. Pero no: Balduino de Rabenland al menos no trabaja para nuestros enemigos, de eso podemos estar seguros. ¿Recordáis la Coalición de Hallustig?

 

      -Cómo olvidarla-murmuró sombríamente el Gran Maestre. Dagoberto de Mortissend hacía referencia a una siniestra celada tendida a la Orden por enemigos de ésta, y que habría podido concluir muy mal para los Caballeros del Viento Negro, de no haber sido por uno de sus líderes más confiables, Benjamin Ben Jacob-. Nuestro buen judío fue, una vez más, un héroe...

 

      -También Balduino de Rabenland hizo lo suyo. Es más, su participación en ese asunto le valió ser armado Caballero pese a no tener la edad reglamentaria. La cosa fue así: olfateando la trampa, Benjamin nombró provisoriamente a Balduino lugarteniente suyo, y colocó bajo su mando a todos los escuderos. Lo exigía la situación, porque había que evacuar la aldea que supuestamente sería arrasada por los vasallos hostiles al Duque Adalbert de Hallustig, pero a la vez había que prepararse para una posible, casi segura emboscada. La misión de los escuderos al mando de Balduino de Rabenland sería escoltar a los aldeanos hasta un sitio seguro, mientras los Caballeros mantenían a raya al enemigo. La  orden era dirigirse hacia el Norte a través del bosque, pero Balduino decidió otra cosa por cuenta propia, y asumió la responsabilidad bajo juramento, de modo que los escuderos tuvieron que obedecerle. No recuerdo los detalles, ciertamente muy interesantes, pero era casi seguro que del otro lado del bosque habría fuerzas enemigas aguardándolos, porque hacia allí era la vía de escape más rápida y lógica, y la Coalición enemiga no querría que pudiera huir ni un hereje o Caballero del Viento Negro. Balduino dio una serie de órdenes y contraórdenes para despistar a cualquier posible espía enemigo mimetizado con los aldeanos, fingió cambiar de opinión varias veces, pero finalmente tomó unos pocos escuderos, y a éstos los hizo escoltar a las mujeres y niños a través del bosque, pero hacia el Este. A los aldeanos varones los puso bajo su mando. Con ellos engrosando sus huestes, simuló una falsa huida hacia el Oeste, en el punto donde el bosque se volvía más cerrado e impenetrable a medida que se avanzaba. Los enemigos apostados en el Norte, hartos de esperar, decidieron pasar a la acción. Fueron primero hacia el Sur y luego, engañados por el simulacro de huida montado por Balduino y sus hombres, se hallaron de repente encerrados entre éstos, que les surgieron por la espalda, y el bosque,  quedando irremisiblemente perdidos. Fue una carnicería. Parece que Balduino, con tan sólo dieciocho años, luchó con un valor que impresionó hasta a aquellos que lo odian... O sea,  todos.

 

      -¡Bravo! ¡Magnífico!-exclamó enardecida y jubilosamente el Gran Maestre-. ¡Os dije que hallaríais al hombre necesario! Helo ahí: valiente, astuto, con iniciativa propia y dotes de mando... Pero un momento-de repente quedó serio y no tan entusiasta, y preguntó:-. ¿Os he oído bien? ¿Cómo es eso de que todos lo odian?

 

      -Me asombraría mucho que así no fuera-gruñó Dagoberto de Mortissend-. Nunca vi un joven tan altanero y repugnante como ése. El dudoso honor de armarlo Caballero me cupo a mí, y pude advertir que sus compañeros de armas le tienen aversión. El único que le tiene algún aprecio es Benjamin... Bueno, mi madre también se lo tiene.

 

      -¡Ah, caramba!-exclamó Thorstein, sorprendido-. ¿Así que Doña Eleuteria lo conoce?

 

      -Sí y no, señor-repuso Dagoberto, suspirando-. Sí y no.

Compartir este post

Repost 0
Published by EKELEDUDU
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
  • Contacto

Texto Libre

<td width="44" align="left"><a href="http://www.argentino.com.ar/" rel="nofollow" target="_blank"><img alt="argentino.com.ar" width="43" height="40" border="0"></a></td>

   <td><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" rel="nofollow" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#1E4F81;text-decoration:none;line-height:12px" target="_blank">estamos en<br><span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px"><strong>Argentino</strong>.com.ar</span></a><br>
     <div style="margin-top:2px;margin-bottom:3px"><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#999999;text-decoration:none;line-height:10px" target="_blank">directorio argentino</a></div></td>
    </tr>
   </table>
 </td>
  </tr>
</table>

<iframe src="http://www.thob.org/barra.php?blog=fch7qg3kmpd9w5nv" name="voto" id="voto" width="55" height="200" scrolling="no" frameborder="0" framespacing="0" border="0"></iframe>

Enlaces