Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
16 diciembre 2009 3 16 /12 /diciembre /2009 17:32

IV

      Una nueva vida empezaba para Balduino y Anders; hasta qué punto amagaba ser terrible, lo intuyeron durante los tres siguientes, nublados y ventosos días.

      Los deprimía el continuo ulular del viento; los deprimía el silencio de sus forzados compañeros; los deprimía ver a éstos con aire torvo y vestimentas toscas y a menudo andrajosas; los deprimían los días cortos del Norte, que allí parecían mucho más breves y que parecían no alargarse nunca; los deprimían los piojos que pronto comenzaron a anidar en sus cabellos; los deprimía saberse confinados a un rincón que el resto del mundo desconocía y que no le hubiera importado conocer; los deprimían, en suma, sus mismas existencias. Anders pronto dejó de afeitarse por no encontrarle sentido, como, en realidad, no le encontraba sentido a tantas otras cosas de su nueva vida; y Balduino pronto siguió su ejemplo, aunque al principio fueron las heridas de su rostro su motivo para no rasurarse. Iban en camino de convertirse en símbolos vivientes de la dejadez misma.

      El momento que más odiaban era la cena, cuando hacía más frío que nunca y el viento embestía como para arrasar cuanto hallase a su paso, y todos estaban refugiados tras las paredes de Vindsborg. Ahí se notaba más que nunca que la convivencia era forzada. Se cenaba en medio de un silencio sepulcral, sólo roto porque alguien se quejaba de la comida, y por la furibunda réplica de Varg, el cocinero, cuyo mal genio pronto fue muy conocido para Balduino y Anders.

      El segundo día, a pesar de hallarse dolorido aún y con cada movimiento arrancándole ayes, Balduino insistió en hacer una cabalgata por la zona. No quiso que Anders lo acompañara. Como con gran esfuerzo y entre varios el día anterior se había logrado encerrar a Svartwulk en la caballeriza adonde también estaba Slav, Balduino preguntó dónde se hallaba esa caballeriza. Resultó estar en el piso inferior, ocupando la mayor parte de éste, salvo un pequeño sector que antaño parecía haber sido una especie de despensa muy mal ubicada tratándose de una construcción defensiva, y otro con trazas de herrería en desuso.

      Ahora bien, mientras hacía marchar al paso su caballo por la playa, alejándose de Vindsborg bajo el cielo nublado, Balduino escuchó una voz infantil que lo llamaba. Pertenecía a un niño pelirrojo que estaba haciendo castillos de arena: el mismo que Balduino y Anders habían hallado en la playa el primer día. Se sobresaltó un poco al ver el rostro tumefacto del jinete, y durante un rato lo examinó una y otra vez. Balduino, irritado, se preguntó qué querría de él, y ya estaba a punto de retirarse, cuando el niño preguntó de repente:

      -¿Eres el señor Cabellos de Fuego?

      Durante su primer encuentro al llegar a Freyrstrande, Balduino no había prestado especial atención al niño, aterrado y furioso por el inhóspito sitio que se le había dado por comandancia; y ahora tardó en reconocerlo.

      -¿Cómo dices? No entiendo qué me preguntas-dijo Balduino; pero todavía más difícil era entender lo que decía él, puesto que sus labios aún hinchados no articulaban correctamente las palabras.

      El niño no respondió. En vez de ello, hizo un segundo examen a Balduino de pies a cabeza, intrigado.

      -No; no eres el señor cabellos de Fuego, ¿o sí?-preguntó, con el ceño fruncido en expresión de total extrañeza, como ante un acertijo que lo superara

      -¿Qué señor Cabellos de Fuego?-preguntó Balduino, cuya irritación iba en aumento. Pero una vez más, sus palabras resultaron ininteligibles. Entre sus dificultades para entender qué demonios preguntaba el niño y sus problemas de dicción, pensó con enfado, aquello amenazaba convertirse en un diálogo de sordos.

      De nuevo el niño no contestó y se quedó evaluando a Balduino con la mirada, sin  que su perplejidad disminuyera un ápice.

      En cuanto a Balduino, bruscamente decidió que le importaba un rábano cualquier cosa que el niño intentara preguntar. Acababa de ver inquietantes rostros en las cercanías, los de otros tantos Kveisunger de los que estaban bajo su mando.

      Allí estaban Gröhelle, con su rostro relativamente bonachón pero tuerto y lleno de cicatrices; Andrusier, con sus fosas nasales semejantes a ollares de caballo, cara redonda mal afeitada y sus singulares orejas, una de ellas con un aro colgando y la otra con un pedazo de carne faltante; y Honney con su negro bigote resaltando la ferocidad de sus verdes y asesinas pupilas de gato salvaje. Contemplaban la escena silenciosa y burlonamente, y a Balduino no le gustaron ni medio sus expresiones acechantes.

      El niño de repente sonreía en una cómica combinación de picardía y triunfo.

      -Sí... ¡Eres el señor Cabellos de Fuego!-decidió, jubiloso como el alquimista que al fin ha encontrado la piedra filosofal-. Claro, ¡qué tonto!, no me di cuenta de que éste es el mismo caballo con el que viniste... Me llamo Hansi Friedrikson.

      -No sé de qué hablas, ni me importa-gruñó Balduino, luchando por pronunciar inteligiblemente esta vez-. Te vas ya mismo de aquí. Vuelve a tu casa; éste no es sitio para niños como tú.

      Sus palabras seguían sin ser demasiado comprensibles, pero sí que fueron elocuentes los gestos con que las acompañó. Hansi se mordió los labios, disgustado, y sus ojos azules bailotearon desesperadamente un rato, en busca de una respuesta persuasiva. En su semblante ligeramente salpicado de pecas, el gesto resultó comiquísimo.

      -Eso no, señor Cabellos de Fuego-respondió por fin, vacilante-. Verás: yo quiero ser Caballero, igual que tú...

      -Que te vayas a casa, he dicho-repitió Balduino, entre el mal humor y el asombro. No estaba acostumbrado a que se le desobedeciera, y nunca había tenido que discutir con un niño para obligarlo a acatar órdenes. Dejaba esa tarea para los padres, que ante un Caballero siempre eran sumisos.

      Pues bien, para todo hay siempre una primera vez. He aquí a un niño muy renuente a obedecerle.

      -...fíjate: soy pelirrojo, como tú; pecoso, como tú; valiente, como tú, y...-proseguía Hansi.

      Mientras buscaba otras cualidades en común con Balduino, vio la espada que éste llevaba al cinto y en cuya empuñadura descansaba ahora la diestra del Caballero. Tal gesto solía ser intimidante con los adultos, un recordatorio de que las órdenes de un Caballero están para ser obedecidas si no se puede o no se quiere hacer frente a su ira.

      -¿Puedo verla, señor Cabellos de Fuego?-preguntó Hansi, brincando una y otra vez con entusiasmo y señalando hacia la espada-. ¿Sí, sí, sí?...

      Balduino se estaba poniendo nervioso. No hallaba precedentes de la situación a la que se enfrentaba ahora. ¿Qué debía hacer para que el maldito crío le hiciera caso? ¿Ser más directo en sus amenazas con la espada? Pero parecía una solución totalmente desproporcionada al problema. Todos se reirían de él si echaba mano a un recurso así para que un mocoso le obedeciese.

      Y lo peor era que necesitaba que Hansi le obedeciera. Tal vez Freyrstrande fuese un páramo, pero Balduino estaba a cargo de la protección de los pocos habitantes que vivieran en él. Su sentido del deber se imponía por encima de cualquier otra cosa. Y el chiquillo no podía quedar allí:  a juzgar por los espeluznantes relatos acerca de los Kveisunger, éstos no vacilaban en ser crueles incluso con los indefensos. Así que convenía que los indefensos de marras se mantuvieran bien lejos de Vindsborg. Pero hete aquí que este indefenso en particular no colaboraba con su protector. Así, pues, entre uno y otro se desarrolló una discusión similar a un regateo, seguida desde la distancia por Gröhelle, Andrusier y Honney, con la sorna iluminando sus siniestros semblantes. Cada tanto, alguno reprimía una carcajada.

      Que su discusión con Hansi y la abierta desobediencia de éste contaran con un público de tan dudosa calaña puso aún más nervioso a Balduino, hasta que acabó estallando:

      -¡TE DIJE QUE TE FUERAS A TU CASA!...-rugió, furioso-. ¡MOCOSO DE PORQUERÍA!

      -¡Ufa!-protestó Hansi, enfurruñado-. ¡Qué malo!...

      Pero al menos pareció que obedecía, aunque se retiraba con la prisa del condenado que se encamina hacia la horca. Balduino lo miró alejarse y luego se volvió hacia sus indeseados espectadores. Les lanzó una mirada fugaz y fría, como dándoles a entender que con ellos no se andaría con tantas vueltas en caso de desobediencias o rebeldías; y luego se alejó a lomos de Svartwulk.

      No obstante, para su horror y consternación, a la vuelta halló que Hansi en realidad no se había marchado. Todavía más: se encontraba de lo más campante entre Gröhelle, Andrusier y Honney. Estos parecían tratarlo amistosamente aunque con cierta rudeza, e incluso bromeaban con él y se jactaban de pasadas glorias del tiempo en que sus malandanzas sembraban el pánico en las costas andrusianas. La imagen era propiamente la de un grupo de fieras inclinándose de forma protectora sobre una cría, toda vez que Hansi les festejaba sus sangrientas historias, aunque se estremeció cuando Andrusier le contó que en un principio llevaba aretes en ambas orejas hasta que, durante una batalla, alguien le había arrancado el que ahora le faltaba, junto con el sangrante pedazo de la oreja correspondiente adjunto. En el caos del combate, alguien había jalado del pendiente...

      Pero Balduino no se dejó convencer por esta imagen de siniestra paternidad. Recientemente, Blotin Thorfinn y sus Kveisunger habían asesinado sin miramientos a mujeres y niños al fustigar los puertos. De la banda de Sundeneschrackt no sabía tanto, pero se decía de ellos que habían sido aún más feroces que sus recientes émulos. Por consiguiente, dedujo que todo era una mera pantomima, montada con el objeto de engañarlo, tal vez para que no los creyera tan peligrosos y se confiase.

      -¿No te dije que te fueras?-preguntó a Hansi, en tono helado.

      El niño lo miró desafiante. Mira qué tres perros guardianes me he conseguido. Si me haces enojar, los azuzo contra ti, parecía decir.

      -Hay que hacerle caso al señor Cabellos de Fuego, Hansi-lo regañó Honney en tono irónico; y a continuación, sus relampagueantes pupilas verdes se alzaron hacia Balduino, junto con las de Gröhelle, éstas profundamente azules, y las negras de Andrusier. Las seis compartían una especie de secreta burla, y los  sonrientes labios estaban saturados de malicia. Tal vez esperaban que Balduino les preguntase el motivo del nuevo y ridículo mote que se le había puesto, o quizás sólo deseaban verlo salirse de sus casillas o, más probablemente, estudiar sus reacciones, cualesquiera que fuesen éstas.

      Agria y sarcásticamente, Balduino se limitó a devolver las silenciosas y enigmáticas sonrisas, con la sensación de que entre él y los reclusos que integraban la dotación de Vindsborg acababa de iniciarse un tácito y escalofriante juego semejante a un baile de máscaras.

Compartir este post

Repost 0
Published by EKELEDUDU
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
  • Contacto

Texto Libre

<td width="44" align="left"><a href="http://www.argentino.com.ar/" rel="nofollow" target="_blank"><img alt="argentino.com.ar" width="43" height="40" border="0"></a></td>

   <td><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" rel="nofollow" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#1E4F81;text-decoration:none;line-height:12px" target="_blank">estamos en<br><span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px"><strong>Argentino</strong>.com.ar</span></a><br>
     <div style="margin-top:2px;margin-bottom:3px"><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#999999;text-decoration:none;line-height:10px" target="_blank">directorio argentino</a></div></td>
    </tr>
   </table>
 </td>
  </tr>
</table>

<iframe src="http://www.thob.org/barra.php?blog=fch7qg3kmpd9w5nv" name="voto" id="voto" width="55" height="200" scrolling="no" frameborder="0" framespacing="0" border="0"></iframe>

Enlaces