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26 enero 2010 2 26 /01 /enero /2010 22:07

LII

      Cuando pareció que se habían tumbado los árboles necesarios para levantar la primera de las dos empalizadas, se presentó el problema de cómo transportar los troncos desde el bosque hasta la zanja. Dada la cercanía del Duppelnalv, Balduino pensó aprovechar la fuerza natural que representaba el río para llevarlos hasta Vindsborg; pero antes habría que acarrearlos hasta allí. Eran grandes y pesados.

 

     Así que una mañana, Balduino se presentó ante un individuo menudo pero de aspecto fuerte por tratarse de alguien entrado en años como era el caso. Al sujeto le quedaban sólo los cabellos de las sienes y de la parte de atrás de la cabeza, pero esos pocos pelos los llevaba extraordinariamente largos. En su dentadura había sólo alguna que otra pieza de muestra y en cuanto a los ojillos, grises y diminutos, eran los más taimados que Balduino había visto en su vida, incluyendo los de Hundi, aunque carecían de la crueldad que latía en los de éste.

 

      -¡El señor Cabellos de Fuego!-exclamó, con la euforia de quien asiste a la segunda venida de Cristo; y su aliento alcohólico confirmó lo que Balduino ya había adivinado por la nariz roja del viejecillo-. ¿A qué debo el honor de vuestra visita, señor?-y se frotó las manos, en un gesto codicioso  digno de los Banqueros Haraldssen.

 

      -Dos asuntos me traen aquí, Maese Oivind-respondió Balduino, con una sonrisa que intentaba ser cortés pero que a duras penas encubría una carcajada. El tal Oivind era más o menos como lo había imaginado a través de descripciones.

 

      -Todo mi trabajo a vuestro servicio... Pero, ¡pasad, señor, pasad!-exclamó Oivind, haciéndose a un lado para permitir a Balduino el acceso a la cabaña.

 

      Esta era pequeña y rústica, pero firmemente construida, con el hogar de rigor ahora apagado y un techo libre de marcas de goteras. Eso sí, había una mugre indescriptible. ¡Y Kurt que decía que Vindsborg todo estaba muy sucio!... Si cumplía con su propósito de conseguir una mujer para que hiciera limpieza, convendría que empezara su labor aquí. Al menos en Vindsborg no había restos de comida celebrando su probablemente vigésimo cumpleaños sobre la mesa o en el piso, ni vasos con restos de vino a punto de convertirse en vinagre volcados aquí y allá.

 

      En cuanto ambos estuvieron sentados a la polvorienta mesa frente a frente, dijo Balduino:

 

      -Maese Oivind, necesito vuestros bueyes.

 

      -¿Mis bueyes, señor?-preguntó Oivind, con una sonrisa adulona-. Mirad que puedo conseguiros otros en Vallasköpping, a precio ventajoso. Si me pagarais por éstos lo que en verdad valen, no me alcanzaría para comprarme otros; y si me dierais más, sería robaros.

 

      -No, no, Maese Oivind, no me he hecho entender bien-aclaró Balduino-. No se trata de que me vendáis vuestros bueyes, sino de que me los prestéis.

 

      -¡Prestároslos!-exclamó el viejo, poniéndose de pie con gesto de tragedia total-. ¡Prestároslos! ¡Por los clavos de Cristo, tened piedad, vos que parecéis hombre bueno y comprensivo, no como ese canalla de Einar!... Al privarme de mis bueyes, me condenáis a muerte; pues son mi fuente de ingresos. Y al mismo tiempo condenáis a muerte a la comarca entera; pues mi trabajo es esencial para mis convecinos. Y no obstante, si así lo ordenáis, deberé satisfaceros; pues, bien se ve, sois poderoso señor. ¡Ah, mi ruina, será mi completa ruina y la de todo Freyrstrand!...

 

      -¡Ah, Maese, dejaos de lloriqueos baratos!-exclamó enérgicamente el poderoso señor que más que eso, en realidad, parecía un pelagatos cualquiera, dado su absoluto desaliño-. ¡Qué ruina ni qué ruina, si ya me han dicho que vais a Vallasköpping sólo dos veces por semana como mucho!

 

      -¡Sí, pero cuanto más trabaja un animal, más come!-gimió Oivind-. ¿Cómo costearé la alimentación extra de esas bestias, que incluso en reposo tienen una glotonería única?... ¡Yo, un pobre y honrado trabajador, quedaré, pues, en la más espantosa miseria!

 

      -¿Por un poco de alfalfa extra?...-inquirió Balduino, preguntándose si Oivind no estaría llevando su comedia demasiado lejos-. Necesitaré a vuestros bueyes por dos días o tres como mucho, Maese; no por un año. Considerad esto un impuesto en concepto de gastos de defensa. Tranquilizaos. Creedme que soy bondadoso con los animales y cuidaré bien de vuestros bueyes. De todos modos, siendo glotones como los describís, sin duda estarán incluso más gordos de lo que me ha parecido a mí.

 

      Oivind se levantó de su silla meneando la cabeza  con cara de desolación. Seguidamente caminó hasta un mueble del que sacó un vaso que llenó de vino. Balduino se consoló pensando que el viejo llorón al menos era hospitalario.

 

      Mirando dramáticamente al vacío, como si se viera ya cubierto de deudas y con todos sus bienes en subasta pública, Oivind se acercó a la mesa, vaso en mano. Vaso hacia el que Balduino, con naturalidad, esitró la mano para tomarlo... Ademán  que duró poco y pasó inadvertido para el viejo, que enseguida bebió todo el vino en pocos sorbos e inmediatamente fue en busca de más.

 

      -El infortunio me acosa sin cesar -gimoteó, bebiendo in situ también este segundo vaso de vino y sirviéndose un tercero.

 

      -Bueno, Maese, calmaos, que no será mayor vuestro infortunio que vuestra hospitalidad-replicó Balduino, muy frustrado por no haber podido remojar él también su garguero-; pero cada tanto, os necesitaré para que vayáis a Vallasköpping exclusivamente por mi cuenta. Veis que haréis negocio conmigo.

 

      -¡Vallasköpping!-exclamó el viejo Oivind, fingiendo horror-. ¿Negocio, decís? ¡Eso si sobrevivo a los ataques de los grifos, señor! Esas fieras son asesinas sanguinarias. Nunca olvidaré cómo, con mis propios ojos, las vi matar a ese grupo de pobres mercaderes, antes de que se abalanzaran sobre mí... Esa fue la primera de muchas ocasiones en que a duras penas escapé de sus mortales garras, ¡y para ir a Vallasköpping hay que tomar un camino que pasa cerca de las Gröhelnsklamer! ¡Mis vecinos ignoran hasta qué punto me sacrifico por ellos, arriesgando incluso mi propio pellejo!

 

      -¡Ah, vamos, maese!... Decid si aceptaréis o no, pero no inventéis zonceras para hacerme subir la tarifa. Mi escudero y yo nos internamos una vez en las mismísimas Gröhelnsklamer, sin saber dónde nos metíamos, por supuesto, y no sufrimos daño nosotros ni tampoco nuestros caballos. Hansi Friedrikson, si no se lo vigila, bien a la vista que se les pone, cual bocadillo servido en bandeja; pero hasta ahora los grifos lo han desdeñado como alimento. Llevo cuatro meses aquí sin que sepa que atacaran a nadie más que a esos mercaderes y vos mismo; de modo que ¡no intentéis hacerme creer que los grifos os encuentran especialmente apetitoso, que sois para ellos más sabroso que un niño de nueve o diez años!

 

      Por la cara que puso Oivind fue evidente que Balduino había dado en el clavo, y que  su única y verdadera desgracia era precisamente esta sagacidad del pelirrojo.

 

      -Vayamos por vuestros bueyes, maese, si consentís...

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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