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30 enero 2010 6 30 /01 /enero /2010 20:17

      Durante cuatro largos años, Balduino había maltratado de palabra una y otra vez a Anders, haciéndolo blanco de desprecios y frases hirientes aunque al menos lacónicas. Luego, en pocos meses, el pelirrojo cosechó lo que él mismo había sembrado, debiendo soportar de su escudero indiferencia y mal humor en abundantes aluviones que compensaban ampliamente todo lo anterior, habida cuenta de que Anders  ni frente a otros se comportaba como hubiera debido con el Caballero a quien debía obediencia. Humillarlo  frente a gente peligrosa como un grupo de convictos podía ser contraproducente, pero aun así Balduino lo aceptó porque consideró que él mismo se lo había buscado.

 

      Sin embargo, era evidente que tal situación no podría prolongarse mucho tiempo más. Y ese mismo día, el conflicto que enfrentaba a Caballero y escudero terminó por estallar.

 

      -Anders, hora de nuestra práctica-dijo Balduino después del almuerzo.

 

      -Hoy no. Es domingo-protestó Anders.

 

      -No empieces con eso. Nunca, desde que estamos aquí, dejamos de practicar siquiera en domingo, y no vamos a comenzar a hacerlo hoy; así que toma tu espada, y vamos-contestó Balduino; y viendo el gesto de impaciencia de su escudero, añadió:-. Y deja de resoplar, si no quieres que haga algo que luego lamente. Me estás cansando.

 

      Ulvgang escuchó el diálogo, advirtió la tensión en la voz de Balduino y el clima opresivo entre éste y Anders, y sonrió.

 

      -¡Hmmm!... Creo que hoy tendremos boxeo, viejo. Se huele en el aire-dijo a Thorvald, con expresión de fiero, salvaje deleite exento de maldad.

 

      -Ni hablar-gruñó Thorvald-. Prepárate para reunir al grupo. En cuanto te avise, te los llevas a cualquier parte y me dejas solo con esos dos. Ah, y antes de irte, le avisas a Lambert que lo necesito.

 

      -Viejo aguafiestas-murmuró Ulvgang, lamentando verse privado del espectáculo de una buena pelea, mientras se sentaba al pie de la escalinata de Vindsborg. Entonces lo asaltó una sospecha, nacida de algún diálogo anterior con Thorvald; por lo que alzó hacia éste sus saltones ojos glaucos, y preguntó:-. ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? Tal vez sería mejor dejarlos que se caguen a trompadas. Duele menos eso que sentir que te escarban en una herida en el alma.

 

      Thorvald, ceñudo, cruzó sus colosales y todavía potentes brazos.

 

      -Sé lo que hago-afirmó rotundamente.

 

      Lambert estaba de pie junto al camino, mirando alternativamente a un lado y a otro por si aparecía algún correo; en el torreón hacía guardia Karl. Ursula seguía postrada con pulmonía, y Hansi  vagaba por ahí, esgrimiendo un palo a modo de espada contra un enemigo imaginario.

 

      Casi la totalidad de los otros moradores de Vindsborg se mantenía curiosamente próxima al sitio donde tenía lugar la práctica de Anders. Ello era válido también para Adam, aunque sin duda éste no hacía sino esperar el momento adecuado para escabullirse en busca de su Fuego de Lobo: tenía que empezar mezclándose entre la mayoría, hasta que se olvidaran de él. Y en este caso, la mayoría en cuestión, particularmente los Kveisunger, merodeaban en torno a Balduino y Anders con aire de lobos cebados al acecho de carne fresca. También ellos palpaban que el conflicto latente estaba a punto de explotar .

 

      Era por lo demás un magnífico día de comienzos de verano, al menos para los parámetros de Freyrstrande:  soleado y fresco, con un cielo lleno de atractivos y bellos contrastes entre un intenso azul y nubes que de una espléndida albura pasaban a matices en verdad tenebrosos aunque no amenazaran tormenta. El mar se veía calmo y refulgía bajo el sol de la tarde; e incluso el volcán de Elderholme, pese a sus infaltables fumarolas, tenía un aire más meditabundo que siniestro.

 

      Balduino, sin embargo, se exasperaba más y más a cada instante. Procuraba olvidarse de aquel arrebato de celos con que había comenzado la jornada, pero Anders, haciendo todo mal como a propósito, no le facilitaba mucho las cosas.

 

      -Hansi, ¡ya te dije que te quedes adentro, o junto a alguien que te cuide, por lo menos!-gritó Balduino al niño, en el momento en que la sombra de un grifo se proyectaba sobre él y Anders-. Honney, ¡vigila a ese mocoso!

 

      -Ven, Hansi-llamó Honney. Estaba más que dispuesto a hacer buena letra luego de que salvarse de morir dos veces en el mismo día, una bajo los cascos de Svartwulk y otra a manos de Balduino. Pero como el clima de pelea en ciernes lo tenía en vilo a él también, pronto Hansi de nuevo se le escapó como quiso, si se puede emplear ese término. Porque en realidad Hansi estaba lleno de buenas intenciones y tal vez mientras jugaba ni se diera cuenta de que poco a poco trasgredía la orden de no alejarse.

 

      -Vamos de nuevo-dijo Balduino a Anders.

 

      Y entrecruzaron sus aceros durante unos cuantos minutos más. Pero uno y otro estaban a la vez furiosos, indignados y apáticos. Anders, por no haber podido imponer sus pretensiones de ocio dominical; Balduino, porque sentía que estaba perdiendo el tiempo.

 

      -Suficiente-gruñó por último el pelirrojo-. Anders, no te estás tomando esto en serio, y consigues irritarme de veras. Aun sin emplearme a fondo, si esto hubiese sido un combate real, habría podido partirte al medio en al menos cuatro ocasiones. Descuidas la guardia constantemente y no pones ímpetu en el ataque. Haz el favor de decidir si vas a dedicarte seriamente a esto, o a cambiar de ocupación.

 

      -Si te hubieras dignado enseñarme antes, ahora no tendrías apuro por recuperar el tiempo perdido, molestándome hasta en domingo-replicó Anders en tono agrio.

 

      Balduino le echó una mirada que era todo un presagio de tempestad.

 

      -Como tus enemigos serán tan gentiles de respetar el Día del Señor...-ironizó-. Pero no es mi deseo molestar a nadie; de modo que, si no quieres, no te enseño más, y hasta te libero de mi servicio.

 

      -Qué bien. Ya tienes la excusa justa para librarte de mí-replicó sarcásticamente Anders.

 

      -No necesito excusas, aunque al respecto me has enseñado bien, debo reconocerlo.

 

      -¿Qué quieres decir?

 

      -Digo que admitido que durante cuatro años me porté contigo que daba asco... Como con cualquier otro, por otra parte... ello sin embargo no quita que eras un perezoso y lo sigues siendo. Quieres ser Caballero, Anders, pero también deseas una espada mágica que te haga imbatible, para tú no tener que esforzarte. Se dice que en otro tiempo hubo tales espadas, la más famosa de las cuales fue la de Hernán de Virinia, Matalobos. No sé cuán mágica sería Matalobos, dado que lo mismo Hernán de Virinia que quienes la empuñaron luego de él cayeron en combate como cualquier otro mortal. No importa. Supongamos que, ya que no Matalobos, sí hay o hubo en algún otro tiempo y lugar espadas capaces de hacer invencible a quienes la esgrimal. Cualquier batalla ganada en esas circunstancias sería mérito de la espada, no del espadachín; y éste, para vencer, dependería siempre de esa espada, pues con cualquier otra sería derrotado en menos de un minuto. Y eso suponiendo que hallase siquiera coraje para salir a dar batalla sin la milagrosa protección del arma mágica. Pero por lo visto te tienen sin cuidado esas contras.

 

      -¡Yo nunca dije que deseara una espada mágica!-protestó Anders.

 

      -Tus actos lo dicen-rebatió Balduino, dulce como el vinagre-. Cuando vences con una espada que de mágica no tiene nada, lo más seguro es que el mérito sea tuyo. La suerte influye, por supuesto, y también la torpeza de tu contrincante; pero cuanto más diestro seas, menos dependerás de esos factores, que por otra parte no son eternos, para vencer. Pero para llegar a ser diestro, Anders, necesitas esforzarte al máximo, practicar día y noche, olvidarte de cosas tales como descansos dominicales, el cansancio que tengas o el desgano que te invada. El esfuerzo es la base de todos los logros importantes, y tú nunca te esforzaste. Si a pesar de todo quieres ser Caballero, ¿qué puedo pensar, sino que aguardas que caiga en tus manos una espada mágica?

 

      -Habría aprendido-masculló Anders, furibundo-, si tú hubieras sido menos despectivo con mis fracasos.

 

      -¡Pero por favor, Anders, déjate de cuentos!-exclamó Balduino, ya fuera de sí-. Fui todo lo despectivo que quieras, no necesitaba mucho para serlo, es cierto, ¡pero tampoco podemos decir que hayas hecho demasiado para ganarte mi respeto, pues ponías exactamente el mismo empeño que ahora, es decir, ninguno!-en ese momento, Balduino vio que otra vez Hansi andaba vagando otra vez a su capricho por la playa. ¡La gota que rebalsaba el vaso!-. ¡HANSI, MÉTETE ADENTRO, O TE ROMPO EL ALMA!-rugió; y el chico, prudentemente, se escabulló como rata por tirante.

 

      -¡ESO!-bramó Anders, triunfante-. ¡MUY BIEN! ¡DESQUITA TU RABIA Y TU FRUSTRACIÓN CON ESE CHICO QUE TE ADORA! ¡DESQUÍTATE CON TODO EL MUNDO!

 

      -¡NO ME DESQUITO CON NADIE, Y MENOS CON HANSI!-estalló Balduino-. ¡LE CUIDO EL PELLEJO Y NADA MÁS! ¡DEJA DE METER ENTRE NOSOTROS A QUIENES NADA TIENEN QUE VER!

 

      Llegadas las cosas a tal extremo, imposible que primaran de nuevo la sensatez y la mesura. Barbudos como osos, colorados de creciente furia, Caballero y escudero primero cruzaron  insultos a gritos. Por lo visto creían estar siendo muy groseros, pero los Kveisunger, cuyo léxico era a veces sencillamente inmundo, se retorcieron de risa al oír las supuestas palabrotas. Eso sí, la furia con que las decían era harto convincente. Pero igual la cosa no duró más que un minuto antes que se acometieran a puñetazos el uno al otro. En torno a ambos, rugiendo de feroz júbilo, se congregó un nutrido público. Adam aprovechó el momento para retirarse inadvertido, pero casi todos los demás, como un solo hombre, acudieron más que entusiastas a regodearse con la pelea, sobre todo los siete Kveisunger y los gemelos Björnson.

 

      No podía decirse que los contendientes hicieran gala de mucha técnica. Para empezar, porque no estaban habituados a luchar a puñetazos como vulgares mozos de cuerda, pero además porque estaban demasiado enardecidos, demasiado dominados por la furia. Golpeaban donde fuera y como fuera, sin preocuparse de protegerse ellos mismos sino simplemente de dañar al otro. En menos de cinco minutos, Anders tenía la nariz sangrante;y Balduino, un ojo morado. Eso amén de otras contusiones aquí y allá. A su alrededor, los demás no cesaban de alentar a uno u otro, y quien más recibía aliento era siempre el que iba llevando las de perder. Les importaba un bledo quién ganara; lo que les interesaba era ver una pelea, y para que ésta durara era imprescindible que ninguno de los dos se diera por vencido así como así.

 

      En eso, llegó Thorvald, tras esperar que Balduino y Anders se quitaran un poco de encima sus descomunales ganas de apalearse mutuamente. Tras un breve forcejeo, separó a ambos púgiles y los mantuvo a distancia valiéndose de sus largos y poderosos brazos, sin  importar que el izquierdo rematara en un muñón.

 

      -Es hora de que tengamos una interesante charlita los tres-les dijo, mirándolos con frialdad.

 

      Balduino y Anders se observaron resollando con implacable hostilidad. Sentían unas ganas enormes de seguir golpeándose, pero se les había inculcado un respeto hacia los mayores que sólo y en parte alguien como Oivind podía hacerles olvidar. Y encima, Thorvald era Thorvald. El se hacía respetar el doble o el triple que a cualquier otro.

 

      -Vámonos-dijo Ulvgang autoritariamente, alzando su voz por encima de las múltiples y decepcionadas protestas de los demás. La frustración por la pelea inacabada era monumental.

 

      Pero nadie se hizo repetir la orden. Por decepcionados que estuvieran, notaron que el tono de Ulvgang indicaba consecuencias funestas para quien pusiera objeciones. Solía ser un tipo tranquilo, y quien tenía la mala idea de encolerizarlo prefería luego enfrentar el Apocalipsis y no a él. Además, Honney tenía excelentes motivos para poner distancia entre él y Balduino. Luego de desobedecer a éste en lo tocante a no montar a Svartwulk, empeoraba las cosas permitiendo que Hansi escapara a su vigilancia. Balduino por el momento no se acordaba de esto y mejor que así continuara.

 

      Así que guiado por Ulvgang, el grupo partió más tierra adentro, como encaminándose a los bosques.

 

      -¿Tú me mandaste llamar?-preguntó Lambert a Thorvald, acercándose al sitio donde éste seguía entre Balduino y Anders.

 

      -Sí. Pon a calentar un poco de agua-contestó Thorvald.

 

       -Pero estoy de guardia. ¿Y si justo pasa algún correo? Tengo que vigilar...

 

       -Déjate de vigilancias, eso ya no es lo tuyo-interrumpió Thorvald, con un atisbo de sonrisa irónica-. Ahora eres El Barbero Lambert.

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Published by EKELEDUDU
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