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17 febrero 2010 3 17 /02 /febrero /2010 17:54

      Al día siguiente, muy temprano, Kurt vino a Vindsborg sólo para saludar, según él. En realidad, algo debía traerse entre manos. El largo Kurt tenía ciertas mañas zorrunas que uno no imaginaría viendo su tosco rostro de aldeano campechano e inocentón. Según su costumbre, estrechó efusivamente la mano de todos los que halló a su alcance a medida que iban saliendo de Vindsborg (salvo en el caso de Karl, a quien palmeó afablemente las espaldas) hasta que por fin vio a Balduino. 

 

      -¡Ah, Kurt, así que has venido!... Qué bien, porque hay algo que quería comentarte-dijo el pelirrojo, saliéndole al encuentro con Anders a su diestra mientras Hansi se les unía también corriendo desde el muelle donde su padre y los otros pescadores acababan de hacerse a la mar.

 

      Vaya súbditos los que te granjeaste, campeón, pensó Anders, divertido, mirando alternativamente a Hansi y Kurt. El mocoso casi derriba a Balduino al arrojarse afectuosamente sobre éste tomándolo por sorpresa. Ya acostumbrado y más tolerante con él ahora que repuntaba su ánimo, Balduino no lo regañó y lo conservó a su siniestra colocándole la mano en el hombro.

 

      En cuanto a Kurt, respondió al llamado con tal celeridad que se hubiera pensado que el Rey en persona lo convocaba para concederle cuando menos el honor de la Caballería y la mano de su hija, si la tuviera.

 

      Balduino sabía que seguramente Kurt no era la persona idónea para exponerle sus intenciones, pero después de todo, ¿por qué no él? Para empezar, lo tenía a la vista, cosa muy conveniente.

 

      -Sé que el viejo Oivind va una o dos veces por semana a Vallasköpping a cambiar vuestros productos por cosas que aquí no se consiguen-le dijo-. También sé que, aunque se diga muy trabajador, hay que aplicarle espuelas para que se ponga en camino y que, encima, cuando por fin se digna ir roba lo que puede, aparte de lo que os cobra oficialmente. Vamos a cambiar eso. Voy a necesitar de los servicios de Oivind, porque tenemos en Vindsborg un  montón de pieles de animales  que hemos cazado, ya curtidas; y en cambio, hay otras cosas que nos faltan. Como se atreva a robarme o hacerse el remolón conmigo, lo va a lamentar. De modo que ve y di a la gente que traigan parte de los productos que quieran dar en trueque, como si fueran un regalo para mí. Haremos que el viejo los cambie por productos que necesitéis, y luego venís a retirarlos. Haremos esto al menos una vez por semana o cada dos semanas, ya veremos. Luego de un tiempo, Oivind notará la treta, pero mucho no podrá hacer, aparte de gemir que es su ruina. Si nosotros...

 

      Se interrumpió al advertir preocupado que la mente de Kurt parecía hallarse a leguas de distancia de allí.

 

      -Dime una cosa-preguntó entonces-: ¿oyes lo que te digo, o todo el tiempo me has tenido hablando y hablando como un imbécil, sin que te dignaras prestarme atención?

 

      -¿Eh? ¡Ah, sí!... ¡Te oigo, amigo, te oigo!-replicó Kurt, muy serio-. Amigo, necesitas una mujer.

 

      -Pero Kurt, ¿¡otra vez con eso!?-exclamó Balduino, exasperado. El tema parecía haberse convertido en la obsesión del joven aldeano. Decían que principalmente vivía de la crianza de renos y sin duda esta actividad debía dejarle mucho tiempo libre para empollar ideas insólitas y recurrentes como aquélla.

 

      Anders sonrió ante la obstinada insistencia de Kurt; sin embargo, tras meditar unos segundos, dijo a Balduino:

 

      -Estoy pensando que no te vendría mal descubrir lo que se siente cuando te acaricia una mujer...

 

      Kurt puso cara de satisfacción, e hizo un significativo ademán con la mano, como diciendo: ¡A eso quería llegar yo!

 

      -¡Si ya sé qué se siente! No es que haya estado con muchas, pero estuve, y no fueron experiencias memorables.

 

      -Con putas que nos conseguía la Orden... Y no sé por qué, se me ocurre que eso no es para ti-rebatió Anders.

 

      -La verdad, Anders, somos muy diferentes tú y yo. A ti siempre te atrajeron las mujeres, mientras que a mí me interesaría sólo una, la mujer ideal, si la hubiera para mí-replicó Balduino.

 

      -¡Pero si la hay, hombre!...-exclamó Anders, en tono a medio camino entre el fastidio y la súplica, algo que también expresaban vivamente sus ojos verdes-. Sólo tienes que buscarla.

 

      A Anders le gustaban las chicas lindas, pero eventualmente aceptaba también a otras que no lo fueran tanto, si venían servidas en bandeja. No había tenido tiempo de investigar qué había para él en Freyrstrand pero, por lo que sabía, no era mucho. Había sólo dos muchachas solteras, una de las cuales era la prometida de Kurt. En la ciudad tal vez hubiera tenido menos escrúpulos para cortejar mujeres ajenas, pero por algún motivo parecía de lo más vil e innoble hacerlo en un sitio como Freyrstrand. Tal vez porque de lejos se notaba que allí la gente eran personas de trabajo que confiaban mucho en el valor de un apretón de manos y la palabra dada, y que ante el engaño o la traición reaccionaban con menos ira que dolor. Lo que en la ciudad la propia conciencia hubiera admitido como picardía aquí sería pura y simple canallada.

 

      Todo lo cual conducía a la única joven que hasta donde Anders sabía estaba libre de compromisos, una  pastorcita bastante feúcha de cara aunque no de cuerpo, que se llamaba Gudrun Heimriksdutter y tenía dieciocho años. Balduino y Anders la habían visto ya el día de su llegada a Freyrstrande: se le habían acercado para hacerle ciertas preguntas.

 

     La pastorcita podía no ser una gran belleza, pero era mejor que nada; de modo que Anders, posteriormente, hizo indagaciones sobre ella aquí y allá. Así fue enterándose de su historia. Gudrun había vivido con su padre y su madre hasta hacía tres años atrás. El padre era un  individuo violentísimo que faltaba en su hogar las tres cuartas partes del año, tiempo que pasaba en Vallasköpping, presumiblemente con una concubina. La cuarta parte restante la pasaba con su familia oficial, embriagándose cuando tenía con qué y, borracho o sobrio, gritando y golpeando a su esposa. En Freyrstrand nadie lo quería y varios se habían trompeado con él comenzando, increíblemente, por Fray Bartolomeo, quien lo sacudió varias veces en un intento por sacarle la mala costumbre de descargar su ira en su esposa y su hija.

 

      Por eso nadie lloró su desaparición, tres años atrás. Anders notó que los aldeanos esquivaban mucho ese tema. Heimrik, el padre de Gudrun, se había ido del hogar luego de que su hija le hiciera frente, interponiéndose entre él y su madre, quien otra vez recibía de su esposo una paliza. Ocurrió de noche y durante una tormenta de nieve. Nada más se supo de él.

 

      Tras la desaparición de su temible padre, Gudrun fue cortejada por un muchacho, Thorstein Thorsteinson, también llamado Thorstein el Joven, hijo de aquel otro Thorstein que con ayuda de Kurt reparó el torreón por encargo de Balduino. Pero el muchacho estaba ya formalmente comprometido con quien luego sería su esposa, por lo que Gudrun no sólo no tomó bien que tratara de seducirla también a ella, sino que además lo rechazó con ahínco. Desde entonces, Thorstein el Joven no podía librarse de una un tanto excesiva reputación de depravado donjuán. En cuanto a Gudrun, no mostró interés en conseguir esposo. Al parecer, ni la brutalidad de su padre ni la duplicidad de Thorstein la ayudaban a desear uno, pero de todos modos ya no había en Freyrstrand hombre para ella. Independiente y resuelta, prefería la compañía de su madre. Pero cuando ésta murió el pasado diciembre, Gudrun entró en crisis, en una atroz depresión que la llevó a consultar a la vieja Erika. Esta no sólo era prostituta; vivía también de otras actividades que incluía la adivinación por medio de las cartas, y Gudrun fue a verla para que le predijese el futuro. Erika le vaticinó que en breve tiempo conocería a un Caballero que se enamoraría perdidamente de ella. Era exactamente el tipo de tonterías que tantas otras adivinas y videntes auguraban a lo largo y a lo ancho a muchas jóvenes tontas y crédulas que acudían a consultarlas, y Gudrun la creyó al principio, hasta que en marzo el invierno, que ella detestaba, empezó a perder vigor. Entonces  se sintió una tonta, pero al menos el augurio le había proporcionado algo a lo que aferrarse para sobrevivir a la estación fría y una ilusión que acariciar mientras pastoreaba sus ovejas en medio de los rigores climáticos.

 

      Para cuando empezó a descreer del vaticinio empezó a sonar fuerte el rumor de que un Caballero vendría a Freyrstrande a proteger a sus habitantes de los grifos que inesperadamente se habían instalado durante el invierno en lo que luego se llamaron las Gröhelnsklamer, las Torrenteras de los Grifos, a las que dieron nombre. Todos recordaron entonces la predicción de la vieja Erika, tal vez porque ésta, orgullosa de su acierto en ciernes, fue la primera en vocearla. ¿Había sido casual que Gudrun estuviera en la playa, cerca de Vindsborg, el día de la llegada de Balduino y su escudero? ¿Se había desviado del camino a su hogar sólo para presenciar el espectáculo del sol del ocaso sobre el océano? Anders no lo sabía, pero en todo caso el apodo de señor Cabellos de Fuego que ahora llevaba Balduino, aunque difundido en Vindsborg por Hansi, se lo había puesto ella, al parecer impactada por el fulgor rojizo de aquella melena que tanto le recordaba el resplandor del fuego del hogar, que ella amaba y echaba en falta desde la muerte de su madre cuando regresaba a su casa y la hallaba helada y en un silencio de muerte. 

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Published by EKELEDUDU
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