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17 febrero 2010 3 17 /02 /febrero /2010 17:56

      Balduino tenía poco contacto con la convaleciente Ursula porque, como se recordará, la hombruna princesa se hallaba instalada en la herrería, el sitio más confortable de Vindsborg. Esa noche, sin embargo, se la vio reunirse con los demás poco antes de la cena. la enfermedad había menguado un poco su corpachón que, no obstante, seguía siendo formidable.

 

      Entró sin decir palabra, y todo el mundo se la quedó mirando como si jamás la hubieran visto antes. La verdad era que apenas si recordaban su existencia. De haber sido bonita o al menos un poco más femenina, unos cuantos habrían ido a visitarla a la herrería; al no ser ninguna de las dos cosas, sólo tenía contacto con Thorvald, Karl, Lambert, Snarki, Adam, Anders y el propio Balduino. Este último no se animaba a acercarle los alimentos por medio de nadie más; no fuera cosa de que cualquier otro, a falta de otra mujer mejor, decidiera después de todo desfogar con ella sus bajos instintos.

 

      -¿Qué haces levantada?-preguntó el pelirrojo.

 

      -Ya me siento mejor-gruñó ella.

 

      -Es peligroso, podrías sufrir una recaída.

 

      Ursula no oyó o bien ignoró estas palabras de Balduino. Paseó la mirada en derredor, saludando a todo el mundo con una inclinación de cabeza. Al ver a Adam, sus ojos se llenaron de manifiesta aversión, que le fue ampliamente retribuida.

 

      -Hola, marimacho-masculló hostilmente Adam; y antes de que se lo pudiera reprender, replicó ella:

 

      -Hola, enclenque marica y patético-y había en sus ojos la misma hostilidad. Por lo visto, en la herrería había tenido lugar entre ambos algún incidente, llenándolos de mutua antipatía.

 

      -Disculpa-gritó el sordo Gilbert, sin poder controlar, como siempre, el volumen de su voz, que ahora denotaba total extrañeza-: ¿a ti te viene la primera plaga bíblica?

 

      Pero esta alusión a las aguas transformándose en sangre, que hacía en realidad referencia a algo mucho más íntimo, no era algo con lo que Ursula estuviera familiarizada o que entendiera, como lo demostraba su expresión de azoro.

 

      -Gilbert, por favor...-lo reprendió Balduino, distraídamente, muy aliviado de que Ursula no comprendiese la pregunta.

 

      -Pregunta si se te pone la concha en sangre-aclaró malignamente Honney, para horror de algunos de los presentes.

 

      -¡HONNEY!-gritaron a un tiempo Karl y Balduino, furiosos.

 

      -Sólo muy de tanto en tanto, pero sí, se me pone la concha en sangre-replicó Ursula, sin conmoverse o alterarse en lo más mínimo.

 

      Honney puso cara de absoluto asombro, que pareció mutar en susto cuando Ursula se sentó a su diestra. Tanto él como los demás, incluido ahora el propio Balduino, la observaban como con desconfianza y no muy seguros de que fuera hembra o macho, ni de cómo debían tratarla.

 

      Durante un buen rato, Ursula permaneció cabizbaja, sumida en quién sabía qué cavilaciones, con una catarata de cabellos rubios amparando de miradas curiosas su intimidad. Cuando por fin alzó la vista descubrió con sorpresa los ojos de los demás fijos en ella, y cuando se volvió hacia Honney, éste se mostró de lo más incómodo. La viril princesa le sonrió con ferocidad, y el Kveisung trató a su vez de sonreír, amablemente en su caso, aunque sólo le salió una mueca tonta.

 

      Entre tanto, Balduino había reflexionado. El físico y el lenguaje corporal, mímico y hablado de Ursula hacían pensar que había pasado buena parte de su vida en cuarteles, así que, hasta que otro hecho lo hiciera variar de opinión, tal vez convendría tratarla como a un guerrero más.

 

      -Hoy vino un mensajero. Por él me enteré de que en Kaldern ya están al tanto de que hay Wurms en el Mar de Nerdel, aunque ignora qué prioridad le han otorgado a la noticia-informó-. En Christendom el pueblo la toma en serio, pero no los nobles.

 

      -Svend la tomará en serio-afirmó Ursula con mucha convicción.

 

      Miró a Balduino, quien le devolvió la mirada. Cada uno de los dos era una anomalía para el otro. Balduino no entendía que aquella mujer tan hombruna no sólo fuera más musculosa que él, sino que tuviera apenas dieciocho años y fuera una princesa. Y Ursula no comprendía que aquel muchacho a su juicio tan poco corpulento fuera el comandante de esa ruina. En Kaldern los guerreros eran verdaderos gigantes.

 

      La joven volvió la mirada hacia Thorvald, como no muy segura de no haber cometido un error; pero cuando volvió a hablar, se dirigió a Balduino, aunque daba la impresión de hacerlo a regañadientes.

 

      -No tengo prisa por volver a mi tierra-dijo-. Quisiera pedirte que me dejes permanecer aquí unos meses. Trabajo duro, soy excelente cazadora y sé cocinar mucho mejor que el animal que se viene encargando de esa tarea; de modo que no te traeré problemas.

 

      -Haz de cuenta que éste es tu...hogar-dijo forzadamente Balduino-. Podrás permanecer aquí sin realizar faena alguna.

 

      Pero no le hacía gracia que Ursula se quedara, pues siendo una princesa no podría darle órdenes, y comía por toda una escuadra.

 

      -Trabajaré bajo...tus órdenes-dijo ella. Era obvio que tampoco a ella le hacía mucha gracia la situación, pues la constreñía a estar al mando de alguien que, desde su óptica, era casi un enano.

 

       -Como quieras-consintió Balduino, decidiendo que si una princesa le ordenaba que le diera órdenes, debía dárselas-, pero tendrás que esperar otros diez días por lo menos. Me aseguraré de que estés repuesta del todo antes de exponerte prolongadamente a la intemperie.

 

      Ursula puso cara de indignado horror.

 

       -¡Diez días!-exclamó-. ¡Qué disparate!... ¡Me encuentro ahora mismo en perfecto estado! Además, engordaré si no hago algo de actividad. De hecho, ya estoy gorda y desmejorada. Me estoy ablandando.

 

       -Pues come menos-sugirió Balduino, algo molesto. Aquella coquetería femenina (o viril preocupación por mantenerse en estado atlético, lo que fuera) se presentaba en forma harto inoportuna.

 

      -Estoy acostumbrada a comer así.

 

      -Engorda entonces. Todo lo que quieras.

 

      -Me aburre estar sin hacer nada.

 

      Balduino ya se hartó.

 

      -Pues correremos el riesgo de que mueras de aburrimiento-dijo, visiblemente malhumorado-, que es preferible a morir de pulmonía mal curada. Y no hay más que decir. Hasta que decidas irte, eres desde ahora parte de la dotación de Vindsborg, y en Vindsborg mando yo. Y no expongo a mis hombres a riesgos inútiles, aunque esos hombres sean, digamos, princesas, ¿me has entendido?

 

      -Sí, señor-respondió Ursula con disciplina marcial. Por dentro  debía invadirla una rabia negra, pero la ocultaba tras una máscara de firme subordinación-. Pero, ¿ni cocinar podré?

 

        -Bueno... Eso es distinto-contestó Balduino-. Pero, para empezar, me temo que la cocina es el único sitio de Vindsborg donde no mando yo. 

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
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