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18 diciembre 2009 5 18 /12 /diciembre /2009 18:59

      Anders contempló a Balduino como si éste estuviera delirante.

 

      -¡Liberar a Tarian!-exclamó, sin terminar de entender si Balduino hablaba en serio, aunque nunca antes lo había oído bromear.

 

      -No grites-recomendó Balduino. Era dudoso que las palabras de Anders pudieran oírse por encima del ulular del viento, pero mejor no correr riesgos.

 

      -¡Estás más loco que una cabra!-siguió gritando Anders; y ante un nuevo gesto de Balduino, prosiguió, en voz más baja:-. ¿Y qué vas a hacer, tomar Kvissensborg por asalto sólo para liberar a un convicto?

 

      -Uno que es inocente, según afirma Thorvald-especificó Balduino-. Luego de lo que me contaste, creo que se puede confiar en él. Tiene más sentido, después de todo, suponer que él venció a Ulvgang y su flota pirata, y no Einar, como se me quiso hacer creer.

 

      -De acuerdo; ¡pero un juicio declaró culpable a Tarian!-le recordó Anders-. Si lo liberas, ¿qué crees que se dirá, que sacaste a un inocente de las mazmorras de Kvissensborg? ¡No!: Un Caballero del Viento Negbro ha puesto en peligro al Reino liberando a uno de los secuaces de la banda de Sundeneschrackt... Y agradece si sólo se te escapa uno. Tal vez Ulvgang, una vez libre su hijo, se fugue con él y con los otros seis Kveisunger que tenemos aquí. La Orden te estaría eternamente agradecida por darle semejante renombre; pero no tan agradecida como el Conde Arn y el Gran Maestre de la Doble Rosa. Estarías dándole una linda carroña a esos dos buitres.

 

      -Pero el señor Thorstein Eyjolvson insistió en que hiciéramos siempre lo que nuestra conciencia nos indicara como correcto...

 

      Era verdad. El Gran Maestre del Viento Negro, no hacía tanto tiempo, había ido al encuentro de un Drake, un dragón volador, enarbolando bandera de tregua. Por su seguridad, se le había sugerido a Eyjolvson llevar armas ocultas bajo la capa por si el Drake decidiera no respetar las normas de una tregua y atacar pese a tal bandera. No las llevó; portarlas habría hecho a Eyjolvson el primero en violar la tregua solicitada por él mismo. Y se vio después que en el sitio donde finalmente ocurrió su encuentro con el Drake, el cual resultó su viejo amigo Méntor, ningún arma hubiera podido permanecer oculta bajo una capa, pues había demasiado viento. ¿Cómo habría explicado entonces el hecho de trasgredir alevosamente las convenciones habituales de una tregua? Quién sabía si el propio Méntor, asqueado y no muy convencido por cualesquiera excusas de Eyjolvson y olvidado de todo rescoldo de amistad, no hubiera persuadido a los de su especie a apoyar la causa de los Wurms en la guerra.

 

      A partir de este incidente, Thorstein se había persuadido de que ni el temor, ni la adversidad, ni ningún otro escollo debía desviarlo de la ruta trazada por los dictámenes de la conciencia, y en la reciente convocatoria a sus Caballeros, exhortó a éstos a conducirse de la misma manera.

 

      -Las posibilidades de que sobrevenga una catástrofe, en el fondo, son las mismas si uno procede mal que si procede bien-insistió-; pero con la conciencia vulnerada se está inerme aun guarecido por la más recia armadura. Imaginad cuán horripilante es vivir sabiendo que fue uno mismo quien provocó un grave, irreparable desastre, e imaginad también que éste fue consecuencia de malos actos realizados a sabiendas, aunque con buenas intenciones. Os sentiríais como puercos, y no hallaríais ni una voz, ni siquiera la más importante, la vuestra, que os excusara; máxime cuando ante las calamidades se buscan cabezas que hacer rodar, no excusas para salvar a quien, servido en bandeja como cerdo asado, está reconocido como flagrante culpable. Nosotros somos Caballeros, y no nos apartaremos ni un ápice del camino recto; ni por miedo, ni por obediencia a las leyes ni por lealtad al Rey, amnistía o no amnistía.

 

      A su turno de oír esta arenga, Balduino había respondido a todo con un  maquinal Sí, señor, como Anders recordaba bien.

 

      -Pues por eso mismo-contestó el joven escudero-. ¿Y qué es lo correcto, sino apoyar a la Orden?

 

      -¿Qué es lo correcto sino proteger al indefenso y al inocente, especialmente si, como Tarian, carga con el peso adicional de una culpabilidad imputada por un juicio injusto?-rebatió Balduino-. Lo que me dijiste explica muchas cosas. Ulvgang no tiene motivos para considerarme su compañero. Si me sintió así la noche que me vio volver de Kvissensborg golpeado y tambaleante fue, me parece, porque en ese momento le recordé a su propio hijo, no menos golpeado y tambaleante y a merced de los hombres de Einar.

 

      -¿Y?

 

      -Admitiendo que Ulvgang trame algo, sólo veo tres posibilidades. Una sería la huida, que queda descartada después de todo lo que hemos conversado. Otra sería que él y los demás estén en combinación con Einar para hacernos la vida imposible. Me parece dudoso que así sea. Einar ya traicionó una vez a Ulvgang, y además estamos hablando del hombre que permite que Tarian sea brutalmente maltratado por sus lacayos... Una alianza entre los dos me parece ilógica. La tercera posibilidad es que Ulvgang esté estudiándonos para ver de qué forma podría usarnos para liberar a Tarian y tal vez a los otros dos que siguen encerrados en Kvissensborg...

 

      -...y fugarse luego todos juntos-teorizó Anders.

 

      -Ulvgang en efecto tal vez considere la posterior huída como posible opción; pero no creo que la idea lo convenza del todo. Por lo que me contaste, quiere que no sepa que Tarian es su hijo, así éste no tendría que cargar con la siniestra reputación del padre. Ahora bien, si Ulvgang y los suyos huyeran, Tarian iría con ellos, ¿qué otra cosa podría hacer? No tiene otro lugar adonde ir, salvo el mar. Pero ya tuvo antes la posibilidad de escapar y abandonarlos, y eligió quedarse. Sospecho, Anders, que Ulvgang está tan desorientado como nosotros respecto a lo que le conviene hacer, pero sin duda su primer objetivo es liberar a Tarian, impidiendo así que continúe siendo víctima de los carceleros de Kvissensborg y, si puede, demostrar la inocencia del muchacho.

 

      -Y tú le darás el gusto-dijo burlonamente Anders-. Si vas a liberar a Tarian, al menos sé lógico y canjéalo por Ulvgang. Que tome el lugar de su hijo en las mazmorras.

 

      -Si fuera así de sencillo, ya se habría hecho. Estoy seguro de que Ulvgang debe haber hecho esa propuesta y, si no él, tal vez por temor a que se sepa su paternidad, quizás otro de los de su banda. Y si yo fuera a hacer esa propuesta; si me humillara ante el cerdo de Einar para cambiar a Tarian por otro de los hombres que nos dio, el tendría mucho placer en negármelo, en parte porque creo que, luego de lo que pasó entre nosotros, ha vuelto cosa personal las instrucciones recibidas del Conde Arn. Y aunque así no fuera, las instrucciones siguen ahí. Puesto que sin duda Ulvgang puede complicarme la vida más que Tarian, no querrán sustituír a uno por el otro.

 

      -Ve al grano. ¿Qué se supone que debemos hacer?

 

      -Nos mezclaremos con nuestros buenos presidiarios. Hasta ahora, unos y otros nos contentamos con estudiarnos desde la distancia. Trataremos de hacernos hablar, diciendo poco nosotros mismos; pero atención, que sin duda ellos querrán hacer otro tanto. Cuando hablemos, no digamos mentiras que podrían ser descubiertas; pues en cuanto sepan que les mentimos, ya no confiarán en nosotros. Pero omitamos, en la medida en que nos sea posible, lo que creamos que no conviene que sepan, y hagamos hincapié en las cosas que nos convienen, aquellas que de alguna forma parezcan unirnos. Por ejemplo, tanto ellos como nosotros, cada uno por sus propios motivos, vivimos un cierto tiempo al margen de la ley. Se nos consideró a nosotros tan forajidos como ellos. Y siempre que se nos presente la oportunidad, destaquemos eso, para que se sientan más cercanos a nosotros. Avanzaremos a tientas para dilucidar hasta qué punto podemos fiarnos de ellos. Y simultáneamente los mantendremos muy ocupados, para que tengan poco tiempo de conspirar. Así como están las cosas, no creo que desde un principio se nieguen a obedecer; al contrario, tratarán de mostrarse simpáticos. Les haremos creer que, puesto que Freyrstrande es un sitio solitario y mal defendido, las posibilidades de que los Wurms ataquen aquí son inmensas. Trabajaremos a la par de ellos, ideando los sistemas de defensa más poderosos que hallemos a nuestro alcance; pues todo tiene que parecer creíble. He estudiado la zona, tengo varias ideas, pero hay tantas dificultades que muchas de ellas serán como remar contra una fuerte correntada.

 

      -¿Y cómo encaja en todo esto la liberación de Tarian? ¿Lo rescatarás cuando creas que puedes fiarte de Ulvgang? Ten en cuenta que él podría adivinarte las intenciones y fingir para lograr sus propósitos. Es verdad que de todos modos dos de sus compañeros continuarían en Kvissensborg. Pero la lealtad y el compañerismo que unían a nuestros Kveisunger quizás no sean los mismos luego de tantos años de prisión, y Ulvgang podría contentarse con que sólo su hijo quede libre. Imagina que entonces todos se te amotinaran y huyeran.

 

      -Sí, Anders, ya sé que cualquier cosa es posible, que no será fácil y que habrá que avanzar mirando hacia todos lados a cada paso que demos para ver qué peligros nos acechan. pero en ocasiones es necesario apostar fuerte aun a riesgo de perderlo todo. En primer lugar, la liberación de Tarian ya está decidida en cuanto a objetivo a conseguir. Es una decisión que no puede depender de si yo me fío de Ulvgang o no. Tarian debe salir de Kvissensborg porque es inocente. Y punto. En cuanto a lo otro: también ahora está el riesgo de que alguien se nos fugue. Pongamos el caso de ese gordo que al roncar parece que estuviera cascando nueces, ese Snarki. Teme a Ulvgang y su banda, y si ellos le prohíben escaparse, en principio uno diría que, por temor, no lo intentará: su gordura le impediría llegar muy lejos. Pero siempre puede que, por temor a que de todos modos los Kveisunger le hagan daño, lo intente y, contra todo cálculo, con éxito. Ya sería uno que se nos escapó. Sí, ya sé que sólo uno, y admitamos que uno bastante inofensivo, puesto que al parecer es otro que fue hallado culpable siendo inocente. Pero espera a que se enteren de ello Einar y el Conde Arn, y ya verás cómo en poco tiempo todo el Reino conocerá la historia del depravado monstruo, violador y asesino de niñas, que recobró la libertad y anda de nuevo en malandanzas similares gracias al incompetente Balduino de Rabenland, Caballero del Viento Negro. La fuga de uno solo o la del grupo entero, a los efectos de la caída en desgracia de nuestra Orden, sería lo mismo para esos dos. Vemos entonces que ya corremos el riesgo de que uno se nos escape, pero eso no es todo. Esos dos mellizos, los salteadores, no les deben nada, hasta donde sabemos, a los Kveisunger, y parecen bastante duros. Podrían también ellos decidir fugarse por su cuenta. Es más, les veo más pasta de fugitivos a ellos que a Snarki; se ve que son valientes, y el cuerpo les ayuda más. Entre ellos y Snarki están los otros: el tipo de las cicatrices de viruela que creo era el secuestrador, el larguirucho de las risotadas insoportables y el viejo Lambert, el único, tal vez, que con tal de que no lo hagan casarse de nuevo ofrece garantías de no fugarse. Así que liberaré a Tarian aun a riesgo de un motín y fuga masiva. Cómo y cuándo lo haré, no me lo preguntes; por vías legales de ser posible, pero sea como sea llevará tiempo y tendré que empezar a pensar en ello ahora. Tarian lleva muchos años sufriendo maltrato; esperemos que resista un poco más.

 

      Anders se cruzó de brazos.

 

      -Muy bien. Tal vez tengas razón-gruñó, tras pensarlo largamente-. Te ayudaré entonces en lo que pueda.

 

      -Además, Anders, quiero que entrenes mucho y muy concienzudamente-añadió Balduino-. me pondré al día contigo, te enseñaré cuanto debí enseñarte y no lo hice en su momento-y agregó vacilante:-. Me propongo hacer cuanto esté a mi alcance para sacarte de este sitio. Como te darás cuenta, fui enviado aquí a modo de castigo, aunque ni el Gran Maestre imagine hasta qué punto cumplió con ese propósito. Pero el castigado soy yo, no tú; no es justo que compartas mi desgracia. Así que haré lo posible para que a su debido momento te envíen a otra parte, pero necesito que apoyes mis argumentos con una gran pericia en el manejo de las armas que te haga necesario en otro lugar.

 

      Anders jamás habría imaginado oír de Balduino nada semejante, y al principio quedó desarmado, porque había nobleza de corazón en el tono de voz y la mirada que acompañaban aquellas palabras. Pero luego vaciló, preguntándose qué habría tras tan tentador envoltorio. El rencor volvió a supurarle lentamente otra vez, emponzoñándole el alma y llenándolo de dudas. Pero la mención del Gran Maestre le trajo un recuerdo decisivo, unas palabras pronunciadas días atrás por el susodicho: En Freyrstrande, tu señor no podrá darse el lujo de tener consigo a gente inexperta en combate, y deberá enseñarte...

 

      El veneno, triunfalmente, desbordó y saturó el corazón de Anders, e hizo eclosión en su respuesta:

 

      -No tienes más remedio que entrenarme, ni tengo yo más opción que aprender; pues Wurms o no Wurms, hay peligro aquí-dijo con aspereza y desdén--. Si tus palabras fueran sinceras, sería mucha soberbia de tu parte suponer que, castigado como admites estarlo, el Gran Maestre se dignaría escuchar tus peticiones de ésto o aquéllo. Ya le pedí yo que me eximiera de servirte pues, por si no te has enterado, eres para mí un suplicio todavía peor que este sitio infernal; y no lo hizo. Pero no tienes que mentirme. Siempre fuiste astuto, e imagino que ahora usas la falsedad, como Abelardo de Hallustig, allí donde la prepotencia no te sería útil. Ahórrate a ti mismo la molestia y a mí la tortura adicional de esa amistad falaz que me ofreces. Si ahora alguien viniera y te nombrase comandante de Drakenstadt, volverías a ser el de antes, de eso no tengo dudas. Haré lo que me digas porque, por desgracia, te necesito tanto como tú a mí, pero eso será todo. No lo olvides-y dando la espalda al pelirrojo, se marchó, furioso.

 

      Balduino bajó la cabeza, amargado. No podía decir que no esperara algo así, pero había albergado alguna esperanza de reconciliación, y ahora sabía que debería conformarse con un frío pacto de conveniencias mutuas. Por delante lo esperaba un Vía Crucis en el que él era más Dimas que Jesús y del que, por lo tanto, no podía quejarse: lo tenía merecido. Y como preludio del cruel itinerario, las frías ráfagas de viento ya lo azotaban y le abofeteaban el rostro, burlonas.

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Published by EKELEDUDU
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