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11 marzo 2010 4 11 /03 /marzo /2010 16:52

XC

      Aquella noche, la imprevista llegada de Wjoland dejó a casi todos desvelados por un buen rato en Vindsborg. Balduino no podía dormir porque demasiados y muy diversos pensamientos ocupaban su mente. Los demás en su mayoría estaban masturbándose, y no lo molestaban en lo más mínimo. La excepción fue Anders, quien se puso bastante pesado, y para colmo se acostó cerca de Balduino a fin de poder hablarle a éste en cuchicheos.

 

      -Eres increíble-le reprochó-. Mira que enviar a una chica tan linda como ésa junto a los Príncipes Leprosos, cuando podríamos tenerla aquí, con nosotros.

 

      -Anders, piensa un poco-susurró Balduino-. Oye qué está sucediendo en este momento a nuestro alrededor, y deduce qué podría ocurrir si Wjoland se quedara aquí, entre todos estos energúmenos. Además, tenemos que ser prudentes. Sería una catástrofe que los hombres de Einar o los de Arn descubrieran que estamos ayudando a la fugitiva que ellos buscan.

 

      -Yo no temería morir por ella...

 

      -El valor no es tal si la acción pone en peligro a terceros. Tres hombres de Ulvgang continúan de rehenes en las mazmorras de Kvissensborg. Supongamos que el destino de dos de ellos fuera lo de menos por aquello de El que las hace, las paga; pero el tercero, Tarian, es inocente. Imagina qué valientes seríamos si por dárnoslas de héroes frente a Wjoland, él pagara las consecuencias. Además, Anders, el relato de ella es hasta cierto punto poco convincente.

 

      -¿Poco convincente? ¿Por qué?, si nos consta que, efectivamente, Arn puso a unos cuantos de sus hombres tras la pista de una mujer...

 

      -Según Wjoland, Arn actúa como amante despechado. ¿Por qué lo rechazó? La mayoría de los poderosos compra el favor de sus queridas con favores, regalos y riquezas, y en estas circunstancias no es habitual que las mujeres los rechacen.

 

      -Tal vez no quiso entregarse a la lascivia de un viejo...

 

      -Hasta donde sé, Arn no es tan viejo; al menos hace diez años, el Condado de Thorhavok estaba todavía en manos de su padre, porque a éste, entre otros, debieron comprar Ulvgang y los suyos para salvar sus vidas. Como sea, otras cosas son llamativas en ella: su insistencia en afirmar que no vio nuestra empalizada, la cual es harto visible incluso de noche; su error al tratar de explicar en qué dirección queda Lummensborg; su conocimiento acerca de los Príncipes Leprosos, que demuestra que posee cierta cultura. Francamente, en cierto momento hasta me pregunté si no estaría en combinación con Arn para tendernos una trampa.

 

       -¡En combinación con Arn!... ¡Ese ángel!...

 

       -¿Y qué con que sea un ángel? Satanás también lo era al principio, ¿no?-observó secamente Balduino-. Para Arn, incriminarnos en el encubrimiento de una supuesta forajida sería buena forma de quitarnos de su camino. Pero por un lado, tengo mis razones para creer que ya no debe estar tan seguro de que le convenga eliminarnos o estorbarnos. Por otro lado, si Wjoland accede a pasar largos meses junto a los Príncipes Leprosos es que realmente está desesperada y hasta contraer lepra prefiere antes que caer en manos de Arn. Si no intenta fugarse esta noche o mañana antes de llegar a la desembocadura del Viduvosalv, es que dice la verdad, por más que esa verdad siga pareciendo rara como una vaca de ocho patas. Por lo demás, Anders, una mujer puede ser peligrosa a su manera; ahí tienes, si no, la historia de Sansón y Dalila para confirmarlo. Temo que, quizás, estés un tanto envanecido y excedido en tu confianza en ti mismo; que creas que tu apostura siempre tendrá a todas las mujeres rendidas a tus pies y absolutamente sumisas, cuando entre ellas siempre puede haber una consumada zorra que finja estarlo para entregarte a tu enemigo cuando menos lo imagines. No lo olvides, Anders. Por algo en los años de clandestinidad de nuestra Orden se nos exigía tan rígida abstinencia sexual, con todas las salvedades que ya conocemos. Wjoland al menos no trató de usar sus encantos para subyugarnos, y a ti ni te prestó atención; pero, por lo mismo, tus propios galanteos no habrían servido para sonsacarle información y enterarnos así de si está o no está aliada con Arn.

 

      Pero el fracaso de Anders esta noche es un caso aislado. El es un seductor nato, pensó Balduino, recordando haber visto en Kvissensborg a una jovenzuela adolescente, sin duda una hija, sobrina o ¿por qué no?, concubina de Einar, bastante bonita pero de apariencia frívola y estúpida. Sin duda debía ser sensible a las palabras de amor susurradas por hombres jóvenes y apuestos. Mi cara será digna de una historia de horror, pero la de Anders no lo es. El podría seducir a esta muchacha y ganarla para nuestro bando... Y agotado cualquier otro recurso para liberar a Tarian, podríamos valernos de la complicidad de ella. Si accediera a mezclar en la bebida de los guardias alguna potente poción adormecedora, sacar a Tarian de las mazmorras sería sencillo; pero ¿y luego?

 

       Molestaba a Balduino la idea de engatusar sentimentalmente a alguien para lograr sus fines. Tal vez porque en su infancia había sufrido de desamor y por saber ahora que el afecto era su propio talón de Aquiles, le repugnaba imaginar a la joven en cuestión ilusionada primero por los galanteos de Anders y luego llorosa al tomar conciencia de que simplemente se la había usado. Pero en última instancia, era preferible eso y no que Tarian terminase muriendo. Pero de todos modos, ¿cómo conectar a Anders con esta muchacha?, se preguntó. Tal vez si Anders se disfrazara de juglar lograría que Einar le abriese las puertas, pero Balduino dudaba del talento musical de su escudero.

 

      -Eh, hombre, ¡te estoy hablando!

 

      -¿Eh?... Lo siento, disculpa-murmuró Balduino-. ¿Qué decías, Anders?

 

      -Decía que, incluso admitiendo que tal vez yo esté un tanto envanecido, no puedes negar que le atraigo a Wjoland-respondió Anders, siempre en susurros.

 

      -¿No?-preguntó Balduino, asombrado-. ¿Por qué? No me pareció interesada en ti. Incluso me he preguntado si ese puñetazo que te dio en la nariz no habría sido adrede, si bien luego te pidió disculpas.

 

      -¡Claro que lo hizo a propósito! ¡Ahí está la cosa! Ya va siendo hora  de que entiendas cómo razonan, hablan y se comportan las mujeres. La que más te rehúye, creéme, es la más interesada en ti. Cuanto más diga no más estará diciendo mientras la cortejas.

 

      Balduino quedó boquiabierto unos segundos, y luego dedujo:

 

      -Con esa lógica supongo, entonces, que la que se rinde a tus pies en realidad te odia, y cuando dice  en realidad quiere decir no, y está preparada para traicionarte.

 

      -No, hombre, no. No has entendido nada-gimió Anders-. La mujer que se niega a ser cortejada, en realidad moriría por serlo, pero es orgullosa o vergonzosa. La que sí acepta que la seduzcas, o no tiene estos reparos, o está tan locamente enamorada de ti que no le importa nada más.

 

      Balduino quedó de nuevo boquiabierto.

 

      -Entonces-preguntó en cuanto se sobrepuso-, ¿debo suponer que un no en boca de una mujer es un  y que un  también es un ?

 

      -Exacto.

 

      A Balduino le costó un poco digerir el concepto que Anders trataba de inculcarle. Es más: fue una muy mala digestión...

 

      -¡Pero entonces las mujeres son una raza de imbéciles!-exclamó Balduino, exasperado-. ¿Qué extraño idioma es ése que hablan, en el que responden una cosa queriendo decir otra?

 

      -Pues claro que son imbéciles, ¿qué creías?, si por eso son mujeres-sonrió Anders-. Pero su imbecilidad en este caso no tiene nada que ver. Ese es el lenguaje normal de los enamorados.

 

       -Un lenguaje estúpido e irritante, diría yo; ¡y con razón los enamorados tienen todos cara de vacas bobas!

 

       -No, tonto. Le da más emoción a la cosa. De hecho, es muy bueno que una mujer comience diciendo que no, porque así te obliga a emplearte a fondo. Eres el cazador que va detrás de la presa, y ante ti tienes un desafío a tu medida.

 

      -Mejor te dejo a ti esas cosas, que ya sabes que la caza nunca me gustó. Pero dime: ¿qué ocurre si la mujer realmente no tiene interés? ¿Cómo hace para hacer saber al enamorado, usando tan extraño idioma, que no le corresponde al sentimiento?

 

      -Es que eso nunca sucede. En el fondo, siempre tienen interés.

 

      -¡Pero no digas tonterías!-exclamó Balduino, impaciente. Tanto alzó la voz, que varias cabezas se volvieron hacia él con aire reprobatorio-. ¿Tratas de hacerme creer-preguntó, en tono más mesurado-que ni una sola mujer tiene inteligencia o carácter? ¿Que son como ganado al que puedes guiar adonde se te antoje?

  

       -Más o menos. Suelen ser más bonitas que el ganado, Balduino. Pero, ¿por qué te interesa tanto el cerebro que puedan tener? ¡Si es su belleza lo que cuenta!

 

      -Luego, si una mujer en el fondo jamás dice que no, si siempre desea ser cortejada, ¿por qué diablos está huyendo Wjoland de Arn?

 

      -La presa que huye del cazador. Lo que hablábamos antes. Por eso, también, es que ahora me rehúye a mí.

 

      Anders era el más entendido en mujeres, de modo que él sabría lo que decía. ¿Lo sabría realmente? Dalila podía no ser un personaje muy simpático, pero no parecía todo lo idiota que debiera haber sido conforme a tales razonamientos. Grimhild Gullinhorn, la Mujer de Hierro contra cuya dureza de carácter había chocado el amor del Rey Federico el Intrépido; las valquirias y las amazonas; incluso Gudrun... ¿Habrían sido formadas todas ellas en un mismo molde de fogosa idiotez? De ser así se entendía que tantos hombres se amancebaran entre ellos, y quizás él debiera fijar sus ojos, más que en Gudrun, en cualquiera de las ovejas de ésta. Pero es que parecía imposible el panorama descripto por Anders, porque todas aquellas mujeres tan famosas parecían tener bastante carácter.

 

      -Wjoland me gusta. Deja que mañana sea yo quien la lleve junto a los Príncipes Leprosos-susurró de pronto el joven escudero, ya acomodándose para dormir.

 

      -Como quieras-respondió Balduino; y allí mismo finalizó el diálogo.

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Published by EKELEDUDU
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