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20 marzo 2010 6 20 /03 /marzo /2010 20:55

      -Vaya susto se llevaron los pescadores hoy,  ¿eh?

       -Se lo tomaron bastante bien...

      -Porque ya están curtidos y son valientes, pero pudo haberles ido muy mal...

      Balduino ya se había visto venir algo por el estilo. Mientras esperaban la cena, los Kveisunger habían guardado un sepulcral  silencio  inhabitual en ellos. Ahora que se disponían a cenar, como por casualidad, el primer tema de conversación era la nueva aparición de Jormungand.

      -Qué cosa fea es mirar hacia las profundidades y ver una silueta borrosa y enorme girando en torno a tu barca-dijo Honney-, sobre todo si ésta es pequeña.

       -Sí, pero a veces, cuando un monstruo marino asoma la cabeza y puedes verlo bien, resulta ser tan feo, que casi preferirías haber seguido viendo sólo la silueta borrosa-rió Andrusier.

      -¡Eso pasaba con Skazar!-exclamó Hundi.

      Siguió un breve silencio, como si allí fuese a concluir la conversación; pero una vez arrojada la carnada, siempre hay un pez que muerde el anzuelo.

      -¿Skazar?-preguntó vacilante Anders, entre la fascinación y el temor.

      -El monstruo marino de la Schulternsgrabe, la Fosa de los Culpables de Broddervarsholm-gruñó Balduino, deseando estrangular a su escudero por no mantener la boca cerrada-. Allí eran ejecutados los infractores a las leyes de los Kveisunger, sobre todo traidores y cobardes...

      Honney y Andrusier se miraron entre sí fingiendo admirado asombro, como maravillados de que Balduino estuviera en poder de tal conocimiento.

       -¿Y cómo era?-inquirió Anders, para desesperación de Balduino. ¡Típico!, pensó éste. Muerto de ganas por conocer todos los detalles macabros de cualquier historia de la que oiga hablar, y temblando luego bajo las cobijas, sin poder conciliar el sueño. Lástima que esta noche seremos dos los insomnes. ¿No puedes callarte, Anders?

       -Bueno, nunca pude verlo bien-respondió Hundi-. Pregúntale a Ulvgang cuando vuelva de su guardia: él sí lo vio perfectamente.

       -¡Pero para que esperar a Ulvgang!, sí aquí viene quien más sabe acerca de Skazar. Eh, viejo, ven aquí-llamó Honney, viendo aparecer a Varg con un tazón lleno del espantoso potaje de la noche-. Varg era verdugo y cuidador de Skazar  en Broddervarsholm-explicó a Anders-. El fue uno de los pocos privilegiados que lo supo todo, o casi todo, acerca de Skazar. Los demás sabíamos sólo que, cada tanto, una puerta-trampa se abría para arrojar a alguien a una poza de la que brotaba luego una explosión de alaridos mezclados con rugidos del monstruo hambriento...

       Cayó un fúnebre silencio. Anders tragó saliva y miró a Varg, y tanto él como Balduino, por primera vez, lo vieron investidos de un aura verdaderamente siniestra. Habían crecido los blancos cabellos del viejo desde su salida de la prisión; y ahora su despareja melena, combinada con sus mostachos y sus ojos fieros y algo nostálgicos, le conferían a él mismo un aire de monstruo milenario que, tras despertar de un prolongado, comenzara a añorar el sabor de la carne humana.

      -Como puedes ver, ya desde muy joven acostumbraba Varg a tener siempre cerca a alguien a quien alimentar con porquerías...-continuó Honney, y miró de reojo al viejo; pero éste, sumido en antiguos recuerdos, no reaccionó ante la pulla.

      -Eh, Varg, tal vez hasta puedas decirnos cómo fue a dar Skazar a la Schulternsgrabe-terció Hundi, sonriendo más taimadamente que nunca-. Al fin y al cabo, creo que tú estabas presente cuando llegó...

      Varg salió a medias de su ensimismamiento.

      -No, eso fue hace más de doscientos años...-gruñó, pensativo.

      -Ya sé, ¡por eso digo que seguro estabas presente!-replicó Hundi, y todo el mundo festejó con risas la maligna ocurrencia, salvo Varg, demasiado ensimismado en sus reflexiones, y Balduino y Anders, quienes apenas lograron, y con mucho esfuerzo, sonreír.

      Siempre con aire pensativo y en la mano el tazón humeante, dijo Varg:

      -En realidad la Schulternsgrabe, al principio, no fue pensada para ejecutar a nadie, según tengo entendido. Pretendía ser una vía de escape en caso de invasión enemiga y como último recurso si toda lucha fuera inútil. Los que construyeron Broddervarsholm notaron que cerca había unas cavernas medio inundadas por el mar, con entradas ocultas por líquenes que caían sobre ellas como tupidas barbas. Así que ampliaron esas cavernas en dirección a Broddervarsholm y luego construyeron lo que más tarde sería la Schulternsgrabe como vía de acceso a las grutas donde, en caso de necesidad, había unos botes aguardando a eventuales fugitivos. Pero a poco de ser construida, todo el mundo dio en arrojar por aquella esclusa sus desperdicios, los que atrajeron a los peces, pequeños al principio, cada vez más grandes luego, hasta que por último llegó algo mucho mayor en tamaño y mucho menos inocente.

     Por desgracia para Balduino y Anders, la cascada voz de Varg, a menudo tan difícil de entender, ahora se oía con toda claridad.

      -En ese tiempo, según se me dijo, había constantemente en Broddervarsholm una persona encargada del mantenimiento de los botes alistados para una eventual fuga-prosiguió el viejo-. Este hombre bajaba por lo que fue después la Schulternsgrabe gracias a una escala de cuerdas; y verificado que todo siguiera en orden o efectuadas las reparaciones necesarias, ascendía de nuevo a la superficie. Un día este hombre bajó, pero ya no volvió a subir. Se envió a otro en su búsqueda, pero éste tampoco regresó. Además, los hombres notaban ahora, al arrojar sus desperdicios a la fosa, muchos ruidos inexplicables, como de chapoteo de alguna criatura grande y, en una ocasión, el crujido de madera rompiéndose. Se empezó a murmurar que el Diablo se hallaba agazapado en el fondo de la fosa. Parece que fue entonces cuando, para tranquilizar sus conciencias, los de Broddervarsholm establecieron los códigos que desde entonces rigieron a los Kveisunger. Ahora bien, no todos estuvieron de acuerdo con esos códigos, lo que dividió a los hombres en dos facciones irreconciliables que llegaron a las armas. Hubo un violento combate en el que murió mucha gente, y en el que triunfaron quienes estaban a favor de guiarse por estrictas pautas de conducta. No sabiendo qué hacer con tantos cadáveres, optaron por deshacerse de ellos arrojándolos a la fosa.

      ’Fue entonces cuando vieron por primera vez a Skazar, si puede decirse que lo vieron realmente; porque la Schulterngrabe siempre fue muy oscura, tétrica. Luego de aquella experiencia, muy pocos conservaron la sangre fría para acercarse nuevamente a la fosa; con el tiempo, salvo el verdugo, sus dos ayudantes y algún hombre particularmente bravo, los únicos en aproximarse a tan lúgubre concavidad, y por primera y última vez, fueron los condenados a muerte. Y es que al no verlo bien, daba más miedo. Nadie sabía si aquella criatura maldita poseía largos y viscosos tentáculos como los tienen tantos monstruos marinos; y estaba latente el temor a caer al pozo o a que uno de esos tentáculos lo atraparan a uno si se acercaba mucho. El verdugo en funciones siempre se divertía a costillas de sus  bisoños ayudantes, haciéndoles creer que tales tentáculos existían, y viéndolos retroceder del borde de la Schulternsgrabe, asustados. Al entrar más en confianza el verdugo con sus ayudantes, los tres eran cómplices en el secreto: Skazar carecía de tentáculos, lo que no lo hacía menos aterrador, porque poca cosa se sabía, por lo demás, acerca de su aspecto.

       ’Dije antes que, tras la matanza que llevó al triunfo a los códigos de honor de los Kveisunger en Broddervarsholm, los vencedores se deshicieron de los cadáveres arrojándolos a la fosa. Fue entonces que vieron a Skazar por primera vez: una masa de gran tamaño y formas imprecisas que, atraída sin duda por la sangre, brincaba entre los cuerpos sin vida, los que devoraba con macabra fruición: un espectáculo espeluznante, sobre todo porque nadie esperaba ver algo así. Se concluyó que el monstruo había llegado durante una marea alta en persecución de los peces más grandes y que, al disponer siempre de alimento fácil y abundante, ya no se marchó. Y más tarde ya no pudo hacerlo, porque las entradas de las cavernas fueron tapiadas para que no escapase. Pero eso fue recién cuando el código pirata terminó de consolidarse. La verdad es que, en un principio, nadie sabía bien qué hacer con aquella bestia. Algunos creían que era una vieja deidad marina y sugerían ofrendarle sacrificios humanos: muchachas y muchachos de gran belleza que secuestrarían en los puertos del continente y que serían inmolados a Skazar para que éste concediera buena fortuna a los Kveisunger. Pero tal idea no prosperó, optándose finalmente por conservar al monstruo a modo de mascota y arrojándole, como bocadillos especiales, a aquellos que infringieran las leyes recientemente decretadas; para lo cual, dicho sea de paso, se lo sometía rigurosamente a un riguroso ayuno previo. Eso lo volvía terrible. Acuciado por el hambre, Skazar iba instintivamente directo a la puerta-trampa, quedando debajo de ella. Allí se ponía a saltar y a rugir, reclamando su comida...

      Varg calló, meditabundo.

      Los gemelos Björnson contemplaban atentamente a Anders, a quien consideraban en cierto modo su protegido por tenerlo cada tanto de ayudante en la herrería pero a quien, a la vez, ponderaban como un muchacho algo tonto y crédulo. Era obvio que tanto Per como Wilhelm creían poco en la historia de Varg, y se preguntaban si Anders sería lo bastante poco avispado para tragársela...

      También los Kveisunger simpatizaban con Anders y se mostraban protectores con él. No por nada era el grumete, el más joven de a bordo. Pero precisamente por muy joven y crédulo, era siempre blanco predilecto de sus burlas y pullas. Anders ya lo sabía, se había resignado a ello y ahora hasta era capaz de reír cuando advertía que le habían tomado miserablemente el pelo.

      Incluso estaba encantado con su posición. En una oportunidad le habían contado acerca de una fabulosa isla poblada por seres de tres cabezas y extrañísimas costumbres. El se lo creyó todo y quedó mirando al vacío con perplejidad. Entonces Ulvgang no loigró contenerse más, y largó una feroz carcajada, estruendose, atrozmente burlona; y se precipitó sobre él, abrazándolo con rudeza. Los demás rieron también y se le arrojaron encima, alborotándole su melena castaña, palmeándole las espaldas como para rompérselas, dejándole los brazos morados de tantas caricias brutales. Anders, esa vez, se había sentido en la gloria pese a la burla de que había sido objeto. Lo invadía en ese momento la felicidad de saber que lo aceptaban como a uno más de ellos; la tranquilidad de saber que la manada de fieras estaba de su lado; tal vez, incluso, el orgullo de saber que también a el lo veían como a alguien potencialmente feroz.

      Ahora hubiese deseado Anders poder creer que otra vez se lo tomaba en solfa, pero no lo conseguía. Tampoco lo lograba Balduino, hacia quien de tanto en tanto se deslizaba alguna mirada de soslayo. El pelirrojo, con tal de no atender a nada que no fuera su tazón, parecía muy abocado a la tarea de atiborrarse del mejunje de turno, del que en otra oportunidad habría ingeridoapenas lo justo y necesario. Por desgracia, la comida no entra por los oídos; de modo que había escuchado perfectamente el relato de Varg y, peor aún, lo creía cierto. Trataba de decirse a sí mismo que las bromas eran ahora algo tan corriente en Vindsborg, que hasta Lambert había gastado recientemente una, y por lo tanto el relato podía serlo también. Pero Balduino tenía la desagradable impresión de que distaba mucho de ser chiste o invento.

      -Los relevos-dijo de pronto-. Hay compañeros vuestros fatigados y hambrientos.

      Adler se puso de pie para relevar a Ursula en el torreón. Lambert hizo otro tanto, pero en su caso sólo para ir al retrete.

      -¡Gilbert!-bramó Karl-. Ve a relevar a Ulvgang, ¡vamos!

      -¡Ya voy, ya voy!-exclamó Gilbert a voz en cuello-. ¡Deja de gritar como un energúmeno!

        -¡De otro modo no oyes lo que se te dice!

      Después de que Gilbert salió, todos quedaron de nuevo un buen rato en silencio. Fue Anders el primero en hablar:

      -¿Pero cómo puede ser-preguntó- que después de más de doscientos años de su llegada a la SchulternsgrabeSkazar siga vivo?

       Balduino masculló un reniego para sus adentros. ¡Había estado tan cerca de lograr que la conversación acabase o tomara otros rumbos! ¡Este Anders!...

      -Los monstruos marinos viven mucho tiempo, tal vez porque matarlos es muy difícil-respondió Andrusier, maliciosamente, como sugiriendo que tampoco contra Jormungand valdrían de nada los arpones.

      En ese momento entró Ulvgang.

      -¿De qué hablabais?-preguntó, con sonrisa falsamente inocente.

      -De monstruos marinos-contestó Honney.

      -Y nos hemos enfrentado a unos cuantos de ellos en nuestros años de aventuras, ¿eh, muchachos?-preguntó Ulvgang, mientras iba a la cocina en busca de su ración de la noche.

      -Recuerdo el que nos atacó en el Svaldholmsunde-dijo Hundi-. Nunca encontramos otro como ése. Dicen que algunas especies están desapareciendo.

      Hubo otro prolongado silencio. Una vez más, fue Anders el primero en romperlo:

      -¿Y... cómo era?-inquirió vacilante, justo en el momento en que Lambert regresaba del retrete.

      -Una criatura desagradable, horrible, escamosa-repuso Honney-. Tenía ojos globosos como los de un pescado, cuerpo rechoncho como el de un sapo y labios gruesos y carnosos.

      -¿Quién? ¿Helga? Sí, ¿la conocías?-preguntó Lambert con fingido asombro, rascándose su desprolija barba y haciendo su habitual guiño de ojo violáceo.

       -¿Cuánto medía?-siguió preguntando Anders, pese a tener ya la piel de gallina.

      -Unos ocho pies de altura. De diámetro era más o menos así-dijo Lambert, haciendo un  gran ademán con los brazos. Por lo visto, Helga había sido una rolliza giganta.

      -Unos cuarenta pies, sin contar la cola-contestó Honney-. Apareció durante una tempestad. Imagino que cuando se agitan las aguas, el monstruo se irrita y sale de su madriguera, hambriento... De cualquier manera, trató de subirse al Zeesteuven: nuestra nave capitana, ya sabes... De repente nos inclinamos hacia estribor debido al peso de aquella cosa, ya que el monstruo había abierto unos enormes boquetes con sus garras palmeadas, tratando de trepar a la nave. Cosa jodida tener que capear un temporal con semejante bicho prendido a uno de los lados del barco como una fea y gorda garrapata...

      -¡Dímelo a mí!-rio Ulvgang, que había vuelto de la cocina con un tazón lleno de comida tibia y requemada-. Si por lo menos hubiera ocurrido en otro lugar, vaya y pase. Pues no; tenía que ocurrir nada menos que en el más famoso cementerio de barcos del mundo, el Svaldholmsunde. Un lugar peliagudo y lleno de traicioneros escollos-explicó a Balduino y Anders- y azotado por la Svaldholmsundstraume, una corriente marina casi diabólica, llena de revesas y remolinos: la morada de Schwummelinbrud... La Novia Que Se Sumerge, reina de los demonios del mar...

      -¿Y qué hacíais navegando en ese sitio, si sabíais que era tan peligroso?-preguntó Balduino con secreto alborozo, seguro de haber hallado en aquella historia un cabo suelto que la denunciara como falsa.

      -Escapábamos de la flota de Thorvald-gruñó Ulvgang-. En eso, en evitar que nos siguieran, tuvimos éxito.

      -Así es-confirmó Thorvald-. Sabía yo lo suficiente acerca del Svaldholmsunde para comprender que, con nuestros limitados conocimientos de marinería, internarnos allí en semejante noche de tormenta era un suicidio. Ni siquiera creí que vosotros pudierais sobrevivir...

      -Me extraña, viejo-respondió Ulvgang, sonriendo ferozmente-. ¿De veras creías que una simple tempestad en el Svaldholmsunde lograría acabar con Sundeneschrackt?

      -¿Y el monstruo? ¿Qué pasó con el monstruo?-preguntó Anders, para mayor desolación de Balduino.

      -Eso te lo tendrán que decir ellos-dijo Ulvgang, señalando con la mano a sus viejos compinches-. Yo estaba tan ocupado tratando de mantener la nave a flote, que apenas si advertí que allí estaba aquella bestia.

      -En el momento en que el monstruo trató de treparse por estribor ladeando el barco, estuve a punto de caer por la borda-dijo Hundi-. Cuando miro hacia abajo, allí está esa abominación de la Naturaleza. Trepo a toda velocidad ayudándome de una cuerda a la que me había aferrado...

      -Y te hiciste a un lado justo a tiempo-recordó Gröhelle-. Ni bien te apartaste, el monstruo terminó de subir a bordo sus patas delanteras y su cabeza, y clavó una de sus zarpas palmeadas en el sitio preciso donde tú estabas antes.

       -¿Y qué pasó después?-preguntó Anders, tenso y pendiente de todos los detalles. Al parecer no estaba muy seguro de que el relato no fuera a concluir con el Zeesteuven y toda su tripulación en el estómago del monstruo.

       -Tuvimos que atacar a la criatura entre cinco-respondió Gröhelle-. No todos al mismo tiempo, claro. Al final la forzamos a volver al agua, pero antes se llevó a uno de los nuestros... A Hagen creo.

       -No puede ser. Hagen llevaba entonces al menos dos años muerto: lo devoró una serpiente marina-intervino Varg, para consternación de Balduino, quien en vista de que al día siguiente tendría que salir a navegar para no quedar como cobarde ante sus propios hombres, ya no quería seguir oyendo historias de gente merendada por siniestros y colosales depredadores oceánicos.

       -Ya recuerdo: ¡fue a Daudinkopve! ¡Valdemar Daudinkopve!-exclamó triunfalmente Hundi, tras hacer memoria durante alrededor de un minuto; y volviéndose hacia Anders, añadió:-. La cosa fue así: al subir el monstruo por estribor, Engel y Kehlensneiter se lanzaron a combatirlo. Engel de inmediato se las vio negras, porque la larga lengua de la criatura se enroscó alrededor de sus piernas. Entonces Kehlensneiter acudió en auxilio de su compinche: le cortó la lengua al monstruo y luego, saltándole encima de su cabeza, le clavó un arpón en  un ojo... ¡Cómo bramaba de dolor esa bestia!

      Balduino advirtió que Karl pegaba un respingo al oír mencionar a Kehlensneiter. Era obvio que lo asustaba más éste que todos los monstruos marinos juntos.

       Y es que había sido Karl quien, en Svartblotbukten, diera muerte a Engel, el mismo compinche del feroz Kehlensneiter a quien éste, según acababa de verse, había salvado previamente de terminar en las fauces de una horrible criatura de las proundidades. Hasta donde sabía Balduino, esa osadía de Karl le había valido el odio del temible Kehlensneiter  y la certeza de que éste, en venganza, lo asesinaría cruelmente si llegara a presentársele la oportunidad de hacerlo.

      -...El arpón tenía atada una cuerda, en la que Kehlensneiter fue enredándose sin darse cuenta mientras hundía una y otra vez su cuchillo en la cabeza del monstruo-continuó Hundi-. GröhelleDaudinkopve y yo tampoco lo advertimos, ocupados como estábamos en atacar a la bestia a arponazos. Por fin las patas delanteras no tuvieron ya la suficiente fuerza para sostener a la criatura, cuya parte superior del cuerpo colgaba todavía fuera de cubierta. Empezó a caer, ¡pero arrastraba consigo a Kehlensneiter!-la voz de Hundi rezumaba palpable horror-. A último momento él, con su cuchillo, cortó la cuerda que lo sujetaba al arpón... Y así salvó su vida. Pero una remezón de la nave hizo resbalar a Daudinkopve directo a las fauces del monstruo, un segundo antes de que éste se desplomara nuevamente hacia el fondo del océano...

       Anders se estremeció de espanto visualizando mentalmente la escena: el fatal resbalón, las fauces cerrándose sobre la carne de su inesperada víctima, la gran mole cayendo al mar junbto con su presa, los rostros asomándose por la borda y llamando a gritos al camarada muerto...

      En ese momento entró Ursula, a quien Gilbert acababa de relevar en la guardia del torreón.

      -Varg, esta noche comeré cualquier cosa que hayas preparado-anunció-. Tengo un hambre digno de una serpiente marina.

      En las presentes circunstancias, aquélla era, para Balduino y Anders, una desafortunada metáfora... Muy, muy desafortunada... 

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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