Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
18 diciembre 2009 5 18 /12 /diciembre /2009 19:46

XI

      La herrería de Vindsborg estaba ubicada en la parte trasera de la construcción, la que daba hacia el Levante, contra la colina cubierta de hierba verde.

 

      Per y Wilhelm, los gemelos salteadores, ya estaban allí, tratando de poner orden en el revoltijo, cuando llegó Anders. Lo miraron en silencio y como a un bicho insignificante, y enseguida volvieron a lo suyo. Durante un buen rato permanecieron herméticamente callados; tal vez los incomodara la presencia de una tercera persona o sólo la de Anders, pues éste los había oído conversar animadamente antes de entrar él.

 

      En todo caso, ahora estaban silenciosos y, si dejaban de moverse, se oía una extraña y salvaje sinfonía proveniente del exterior, en la que el bramido del viento era el sonido principal, acompañado por el furioso rugir del oleaje que rompía contra la playa y los graznidos de las aves marinas. El conjunto era melancólico y desasosegante y Anders, al oírlo, se sintió como agobiado por el peso de siglos de soledad. Lo asaltó un imperioso deseo de gritar, de huir lejos, de romper algo; máxime porque, pese a que los gemelos sabían que tenía orden de ayudarlos, ignoraban olímpicamente su presencia allí, sin que Anders se animase a abordarlos para preguntarles qué querían que hiciera.

 

      El sentido común, sin embargo, le indicó que, puesto que por el momento sólo estaban aseando, no había más quehacer que acomodar todo tan prolijamente como fuera posible y fijarse qué servía y qué debía descartarse; de modo que se entregó a esta tarea. Por desgracia, la actrividad no lo distraía por completo y vio que, cada tanto, Per y Wilhelm le daban la espalda y se acercaban el uno al otro. Luego uno de ellos, o ambos, lo miraban por encima del hombro, solapadamente: rostros de barbas puntiagudas, cabelleras revueltas y fosas nasales como ollares de caballo, aunque este último rasgo se advertía sólo cuando no estaba cerca Andrusier, en quien esa peculiaridad era todavía más pronunciada.

 

      Y decididamente el aire en dichos semblantes era maligno. También eso se notaba sólo ahora que no estaban cerca los Kveisunger para eclipsar esa malevolencia con su propia aura de peligro.

 

      En medio de la densa atmósfera, Ulvgang hizo una breve irrupción para pedir clavos y herramientas con las que reparar la carreta. No encontró ni una cosa ni la otra, por lo que tuvo que retirarse con las manos vacías; pero antes se llevó aparte a los gemelos, y los tres cuchichearon durante uno o dos minutos. Sin embargo, fueron pocas frases de las que Anders no entendió palabra. El resto de la comunicación se efectuó sin duda mediante simples miradas y gestos, como era habitual entre aquella gente si estaban cerca Balduino o su escudero.

 

      Mientras Ulvgang permaneció allí, Anders fingió estar demasiado atento a su trabajo. Temía alzar la vista y hallarse frente a los ojos verdiazules e inquietantes de El Terror de los Estrechos; y hacerlo y bajar rápidamente la vista era una actitud timorata que podía resultarle contraproducente entre aquella manada de fieras. De modo que hizo cuanto pudo por pasar inadvertido; y sin embargo, en todo momento tuvo la desagradable sensación de que el cuchicheo giraba en torno a su persona. Ser el tema central de un murmullo conspirador de piratas y salteadores  no es precisamente regocijante o tranquilizador...

 

      Y menos lo fue que Ulvgang, al marcharse, le palmeara con fuerza el hombro a Anders, sin decir esta boca es mía. Parecía un gesto amistoso, pero viniendo de semejante sujeto no podía menos que inquietar.

 

      En cuanto Ulvgang se retiró, sucedió algo todavía más extraño. Los gemelos, hasta entonces tan mudos, empezaron a mostrarse cada vez más locuaces, primero entre ellos y luego con Anders. Fue una cosa progresiva, que empezó con frases intrascendentes como ¡Si nos viera Njall!... (Por Njall Blotinhand Kurtson, jefe de la banda de salteadores en la que ambos habían militado) hasta derivar en una conversación de lo más amena.

 

      Anders dedujo que, así como Balduino le había recomendado a él mezclarse entre los convictos de Vindsborg, el propósito inconfeso de la visita de Ulvgang a la herrería había sido impartir  órdenes similares a los gemelos; pero Balduino, cuando más tarde Anders le hizo partícipe de tal presunción, no estuvo de acuerdo. Señaló que Ulvgang no tenía por qué dar tales instrucciones frente a Anders, arriesgándose a que éste sospechara, pudiendo darlas más privadamente en cualquier otro momento. Si el tema de aquella conversación cuchicheada había sido Anders, como éste creía, debía haber surgido a consecuencia de algún hecho de última hora.

 

      De cualquier manera, los gemelos, mientras trabajaban, conversaron largo y tendido con Anders. Al principio no fue nada divertido para éste tener que oír historias de gente asesinada y anécdotas carcelarias; pero se relajó cuando lo instaron a que hablara él. Conforme a las instrucciones de Balduino, tras relatar diversos episodios de su infancia se explayó sobre la Orden del Viento Negro, recalcando que la misma era considerada por mucha gente una populosa banda de forajidos.

 

      Al oír aquello, los gemelos, en la penumbra de la herrería, sonrieron con sorna.

 

       -¿Tratas de hacernos creer que eres un forajido?-preguntó uno de ellos (Anders nunca supo cuál: todavía no sabía cómo identificarlos).

 

        -¿Con la cara de príncipe que tienes?-preguntó el otro.

 

      -¡Príncipe!...Soy de humilde cuna, por no decir que un villano, ya os lo expliqué-protestó Anders.

 

      -Eso es una cosa-dijo uno de los gemelos.

 

      -Y otra muy distinta, que seas un forajido-agregó el otro.

 

      -Será que tu Orden fue acusada de delitos que no cometió-dijo el primero.

 

      -O a lo sumo, que tomó el botín de otros-agregó el segundo. 

 

      -Pero forajido, lo que se dice forajido...

 

      -...es un término que no te cuadra, chico.

 

      A lo largo de la conversación algo había excitado la curiosidad de Anders, y ya no pudo esperar más para saciarla:

 

      -¿Por qué habláis así, terminando uno lo que empieza a decir el otro?

 

      Los gemelos nada respondieron en ese momento, sino que se miraron y sonrieron de un modo extraño, como unidos por una complicidad que fuera más allá de las fechorías en común de sus épocas de salteadores. Siguieron trabajando en silencio durante un rato, y cuando volvieron a hablar fue sólo acerca de la tarea que estaban realizando.

 

      Que dejaran la pregunta sin responder fastidió a Anders, pero no tuvo mucho tiempo de pensar en ello. El trabajo fue de verdad agotador, porque la chimenea estaba obstruída por hollín de tiempos antiquísimos y basura de diversa índole, hallando incluso restos de un grifo muerto aparentemente en pleno vuelo tal vez dos meses atrás. El gran depredador había ido a dar nada menos que  a la chimenea, permaneciendo allí hasta quedar semimomificado y maloliente. Lo arrojaron  fuera y con eso el trabajo estaba prácticamente terminado. No obstante, los gemelos insistieron en verificar primero el correcto tiraje de la chimenea antes de darlo por concluido.

 

      -¿Cuándo se come aquí?-gimió Anders, pues no sólo estaba sucio de la cabeza a los pies, exhausto y sudoroso, en todo lo cual no se quedaban atrás los gemelos, sino también atrozmente hambriento. Ya no faltaba tanto para la hora del almuerzo, después de todo.

 

      Per y Wilhelm no le prestaron atención y lo forzaron a ayudarlos un poco más. Echaron mano a un resto de carbón abandonado que hallaron en un rincón de la herrería desde quién sabía qué época. Como no tenían pala, lo trasportaron hasta la chimenea valiéndose sólo de sus manos; con lo que se ensuciaron aún más. pero lo peor fue que el carbón estaba húmedo y no encendía. Ardua paciencia y esfuerzos casi sobrehumanos, no obstante, lograron que tras lo que pareció toda una Era se levantase de a poco una fogata digna, aunque para entonces la herrería entera estaba llena de humo y los gemelos Björnson tosían y tenían los ojos enrojecidos. No tanto, sin embargo, como Anders. Con el joven escudero la humareda parecía tener un viejo rencor personal, ya que bastaba que él cambiase de posición para que ella fuera por detrás como la más fiel de las esposas. Peor aún, las únicas aberturas de aquella cámara eran unos ventanucos situados a la altura dela cabeza de un hombre de talla media y que probablemente, en su origen, habían hecho las veces de saeteras. 

 

      Los gemelos ya habían recobrado la compostura cuando Anders, tosiendo, se desplomó sobre una piedra encontrada en un rincón de la herrería y puesta allí quién sabía con qué propósitos. Los gemelos, sin abandonar sus puestos junto a la chimenea, se volvieron hacia él:

 

      -¿De modo que quieres saber por qué hablamos como hablamos?-preguntó uno.

 

      -¿Quieres que te lo digamos?-preguntó el otro.

 

      Hasta ese momento, lo único que quería Anders era asegurarse de no morir asfixiado. Pero no paraba de toser, de modo que esa posibilidad se veía cada vez más lejana. Tal vez sirviera de consuelo satisfacer su curiosidad antes de irse al otro mundo.

 

      Miró a los gemelos con ojos lagrimeantes. Per y Wilhelm sonreían con cierta amabilidad que no desvanecía en lo más mínimo la natural malicia de ambos, y se hallaban tiznados de hollín, en tanto que sus cabelleras estaban más revueltas que nunca. Para colmo, cada uno de ellos flanqueaba la chimenea por un lado. El fuego chisporroteaba y arrancaba misteriosos fulgores a sus pupilas.

 

      Por un momento, Anders sintió estar frente a dos diablos que le ofrecieran una cortés bienvenida a los Infiernos.

 

      -Sí-contestó, algo más repuesto.

 

      -Bien. Atiende entonces. Mi nombre es Per-dijo uno de los gemelos, llevándose la mano hacia la cicatriz en forma de herradura que tenía en su labio inferior-. Cicatriz hacia la derecha.

 

      -Izquierda, hombre-lo corrigió su hermano-. Para él, ésa es la izquierda.

 

       -Izquierda-convino Per.

 

      -Yo soy Wilhelm-dijo éste-. Cicatriz hacia la izquierda. No, hacia la derecha-añadió; y tras un momento de vacilación, concluyó:-. Hacia la izquierda.

 

      -¡Derecha! ¡Derecha!-le corrigió Per, impaciente.

 

      -Derecha-concedió Wilhelm.

 

       -¿Sabéis que me estáis mareando más vosotros que el humo?-protestó Anders en tono de auténtica costumbre.

 

      -El, cicatriz hacia la izquierda, yo, hacia la derecha-dijo Wilhelm, vacilante.

 

      -¡¡¡AL REVÉS, IMBÉCIL!!!-tronó Per-. La tuya es hacia la izquierda, la mía hacia la derecha.

 

      -¿¿Y QUÉ ACABO DE DECIR??-replicó Wilhelm en son de guerra.

 

      -¿LA IZQUIERDA DE ÉL, O LA NUESTRA?-preguntó Per.

 

      Anders resopló: ¿se burlaban de él? Sin embargo, esta persistente confusión de diestras y siniestras de los gemelos parecía genuina. Había sido testigo de ella a lo largo de toda la mañana. Si uno decía que tal cosa se hallaba a la derecha, el otro la buscaba a la izquierda o, en el mejor de los casos, donde se hallaba realmente, pero en un sitio que no era en realidad la pretendida diestra.

 

      -Mejor renunciar, Per, Wilhelm-sugirió el muchacho con sensatez, mirando a cada uno de los gemelos al pronunciar sus nombres.

 

      Por la posición de ambos respecto a la chimenea, sabía todavía quién era quién. Lástima que, en cuanto volvieran a mezclarse, adiós sabiduría.

 

      -Ajá-concordaron los gemelos al unísono; y añadió Per:-. Mi padre era Björn Steinthorson, herrero de Vallasköpping.

 

      -El mío era Björn Thorsteinson, herrero de Helmberg-dijo Wilhelm.

 

      -Mi madre se llamaba Waltrud-dijo Per.

 

      -Mi madre se llamaba Waltrud-repitió Wilhelm.

 

      -Mi hermano menor se llamaba Wilhelm-dijo Per.

 

      -Mi hermano menor se llamaba Per-dijo Wilhelm.

 

      Se habían ido poniendo muy serios los dos. Anders entendía cada vez menos. pensó que, tal vez, no se burlaban de él: quizás aquello fuera un acertijo, y resolvió empeñarse en resolverlo.

 

       -Mi perro se llamaba Knut-prosiguió Per.

 

      -Mi perro se llamaba Knut-continuó Wilhelm.

 

      -Mi primera novia se llamaba Anne-dijo Per.

 

      -Mi primera novia se llamaba Annemarie-dijo Wilhelm.

 

      Volvieron a sonreír, similares a niños un tanto crueles que acabaran de realizar una barrabasada sin  nombre.

 

      -¿Comprendes ahora?-preguntó Per.

 

      -¿O seguimos?-preguntó Wilhelm.

 

      Y miraron espectantes a Anders, quien seguía sin entender nada y, tras dar vueltas y vueltas sobre el pretendido acertijo y fracasar una y otra vez sin resolverlo, observaba ahora los rostros sonrientes de los gemelos y llegaba a la conclusión de que bromeaban con él. Qué tenía de gracioso el chiste, no sabía, pero decidió que convenía festejarlo aun sin haberlo entendido.

 

      Desafortunadamente, su risa sonó  forzada e insincera, no muy diferente del reír de hiena tan propio de Adam; y cuando alzó nuevamente los ojos hacia los gemelos, éstos intercambiaban miradas indignadas. Era obvio que, o la situación no tenía nada de risible y los irritaba la reacción de Anders, o suponían que su chiste era sensacional y los enfurecía que no se le hicieran los debidos honores. En cualquier caso, contemplaron hostilmente al joven, y allí acabó el diálogo.

Compartir este post

Repost 0
Published by EKELEDUDU
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
  • Contacto

Texto Libre

<td width="44" align="left"><a href="http://www.argentino.com.ar/" rel="nofollow" target="_blank"><img alt="argentino.com.ar" width="43" height="40" border="0"></a></td>

   <td><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" rel="nofollow" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#1E4F81;text-decoration:none;line-height:12px" target="_blank">estamos en<br><span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px"><strong>Argentino</strong>.com.ar</span></a><br>
     <div style="margin-top:2px;margin-bottom:3px"><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#999999;text-decoration:none;line-height:10px" target="_blank">directorio argentino</a></div></td>
    </tr>
   </table>
 </td>
  </tr>
</table>

<iframe src="http://www.thob.org/barra.php?blog=fch7qg3kmpd9w5nv" name="voto" id="voto" width="55" height="200" scrolling="no" frameborder="0" framespacing="0" border="0"></iframe>

Enlaces