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19 diciembre 2009 6 19 /12 /diciembre /2009 19:23

XII

      Gilbert y Adam cubrieron las guardias aquella mañana; mientras tanto, el resto de los hombres, salvo desde luego Anders y los gemelos, tuvieron a su cargo la reparación de la carreta, aunque algunos dejaron antes las tareas por diversas razones. El primero en hacerlo fue Varg, para dedicarse a preparar el almuerzo; luego fue el turno de Adler, el secuestrador, y el gordo Snarki, quienes harían el siguiente turno de guardia, siendo la idea que ocuparan sus puestos con el estómago lleno, por lo que se les permitió almorzar antes que nadie. 
 

      Anders emergió de la herrería precisamente en el momento en que tenía lugar el cambio de guardia, poco antes de que volvieran los demás. Ya desde cierta distancia advirtió, por el volumen y el tono airado de Adler, que los guardias entrantes y los salientes discutían entre ellos; así que se mantuvo oculto y aguzó los oídos pero, por desgracia, sólo captó palabras aisladas, y ni de éstas pudo estar seguro de haberlas escuchado claramente. Sin embargo, le pareció  que la discusión involucraba no sólo a Adler sino a Adam, cuya voz creyó escuchar replicando encolerizadamente al primero, y tal vez también a Snarki; pues estuvo casi seguro de que dos veces, uno de ellos se dirigió a un tercero llamándolo gordo
 

      Antes de que el joven pudiera meditar  la cuestión, aparecieron a sus espaldas los gemelos Björnson, que lo miraban muy serios, como reprochándole que estuviese espiando. Anders se puso colorado y abandonó su escondite tras la pared. Alcanzó a ver que Adler y Adam habían llegado a las manos, y que el primero tenía por el cuello al segundo, manteniéndolo inmóvil contra el muro más próximo. Adam estaba poniéndose azul, pero no por eso abandonaba su rostro una insultante expresión de insolente desafío. Snarki, mero espectador, se veía casi angustiado; y de Gilbert ni rastros. Este último tal vez se hallara en el retrete, o algo así.  

      Anders fingió no ver nada. Ante su aparición, Adler soltó rápidamente a Adam, cuyo rostro poco a poco fue recobrando el color. Tanto ellos dos como Snarki procuraron hacer como si nada hubiera ocurrido, pero eran sumamente inhábiles en el disimulo.  

      En ese momento regresaban a Vindsborg, por un  lado, Balduino a lomos de Svartwulk y, por el otro, el resto del grupo encargado de la reparación de la carreta, a cuyo frente aparecía la figura gigantesca del viejo Thorvald. Junto a éste venía también Hansi; y esoltando a toda esta gente y sin parar de ladrar, los perros de Hundi 


      -¡Ahí vuelve el señor Cabellos de Fuego!-gritó el niño, exultante, saliendo al encuentro del jinete que se acercaba.

      Anders advirtió que, a sus espaldas, Adler se reunía con los gemelos y hablaban los tres en voz baja, y tuvo la desagradable certeza de que de nuevo el centro de la conversación cuchicheada era él. Quizás Per y Wilhelm informaban al secuestrador que habían pescado a Anders espiando. Pero el joven, esta vez, decidió ser práctico. Ya se estaba hartando de tener miedo, y si su destino era morir asesinado por aquellos convictos, él nada podría hacer para evitarlo; de modo que no pensaría en ello hasta tener encima al asesino o los asesinos.

      Fue en dirección a Balduino, quien en ese momento desmontaba. Junto a él se hallaban el viejo Thorvald y, Hansi, este último brincando para llamar la atención y repitiendo sin cesar:

      -Por favor, señor Cabellos de Fuego... En nombre del Señor, señor Cabellos de Fuego...

      -¡ESTÁ BIEN: PUEDES!-rugió Balduino-. ¡PUEDES QUEDARTE A ALMORZAR CON NOSOTROS, PERO DÉJAME EN PAZ, QUE QUIERO OÍR A THORVALD!

      Hansi brincó una vez más, lanzando alborozado un alarido triunfal. Balduino no entendió su entusiasmo. Se necesitaba una auténtica vocación de mártir para ingerir las comidas que preparaba Varg. Alguien había dicho en broma que el escaso número de habitantes de la comarca se debía a que todos eran únicos sobrevivientes de una populosa cena ofrecida por él.

      Suspiró. De todos modos, mejor que Hansi quedara en Vindsborg y no que volviese solo a su casa, arriesgándose a que alguna bestia lo atacara durante el trayecto.

      -Lo que no entiendo, Thorvald-continuó diciéndole al gigantesco anciano-, es de dónde sacasteis las herramientas y los materiales, si dices que aquí no los teníamos.

      -Las tomamos prestadas de la aldea-informó Thorvald.

      -¿Puede saberse dónde queda esa aldea de la que tanto he oído hablar?

       -Pero muchacho, ¿y qué piensas que es eso que tienes frente a tus ojos?-y Thorvald, frunciendo el ceño, hizo un amplio gesto con su manaza.

      Balduino pensó que, si las tres o cuatro viviendas dispersas hacia las que señalaba Thorvald eran dignas de llamarse aldea, él tal vez fuese María Magdalena. Por un momento se preguntó si el viejo no estaría chocheando o burlándose de él. Pero algo en Thorvald no invitaba precisamente a la discusión. Su gran corpulencia; su vigor triunfante sobre los embates de la edad; sus duros ojos azules; la blancura nívea de sus cabellos y barbas; su vozarrón tonante, su brazo izquierdo sin  mano; su victoria sobre Sundeneschrackt y sus Kveisunger... Todo se combinaba apara investirlo del poder y la gloria de una deidas guerrera sobreviviente de eras remotas, capaz de continuar en pie allí donde todos los demás caían irremisiblemente. Si alguien así decía que tres o cuatro casas desperdigadas aquí y allá eran una aldea, una aldea ellas serían.

      Los gemelos Björnson pasaron junto a Anders.

      -Mejor nos vamos al Duppelnalv-dijo Per.

      -A lavarnos-precisó Wilhelm.

      Anders tenía mucho que decirle a Balduino, pero rezagarse hubiera despertado las sospechas de los gemelos, por lo que se dispuso a ir con ellos. No obstante, antes de que diese siquiera un solo paso, fue Balduino quien lo llamó a él.

      Qué apuesto y seductor estás, pensó bromear el pelirrojo, viendo a su escudero mugriento y traspirado; pero se calló, porque el chascarrillo sin duda no sería bien recibido. Los viejos rencores de Anders aún eran insalvables.

  


      -Trata de comer liviano-le recomendó Balduino-. Luego del almuerzo comienzas a entrenar.

      -Hoy no, por favor-suplicó Anders-. Me muero de cansancio.

 


      -Anders, a partir de hoy habrá pocos días en que no estemos cansados, pero tu entrenamiento es esencial. Tu enemigo no esperará a verte descansado y fresco para atacarte; de modo que mejor acostúmbrate a no excusarte de tus prácticas por cansancios comprensibles, pero a los que no es posible hacer concesiones si eres hombre de armas. Y no sólo eso: si adquieres destreza con la espada aun desfalleciente de fatiga, lleno de energías serás poco menos que invencible. Así que obedece, por favor. No te estoy pidiendo que ya mismo y hasta la puesta del sol practiques sin parar; sí te pido que almuerces sin apuro, te tomes un tiempo para hacer la digestión y luego te pongas a practicar, descansando un rato de tanto en tanto. Pero nada de que Hoy no, me duele el brazo, mañana Tampoco, tengo los músculos adoloridos y pasado mañana Menos, me caigo de sueño.

      -
Está bien-gruñó Anders, agresivamente.

 


       -Pichón-intervino Thorvald-: él tiene razón.

 

 


      Anders asintió, resoplando furioso. No olvidaba que, en el pasado, las pocas prácticas de esgrima con Balduino habían sido meras excusas de éste para humillarlo; de modo que el tema de su entrenamiento lo ponía muy sensible.

      -¿Cómo te fue en Vallasköpping?-preguntó, sin interés real, pero en un vano intento de vencer su inquina.

      -Mal-respondió Balduino sin rodeos-. Casi no se consiguen cuerdas para catapultas ni tendones de animal para fabricarlas, perdí toda la mañana buscando esas cosas, el precio de lo poco que hay está por las nubes y mucha de la mercadería se encuentra inservible. No compré nada e insinué que, a esos precios y con mercadería de tan mala calidad, tampoco lo haría en lo sucesivo-suspiró-. Tan mala suerte tengo, que justo cuando necesito comprar cosas, en Vallasköpping deciden tomarse en serio lo de la guerra y, como siempre en tiempos de guerra, los precios de casi todo enloquecen. Tendremos que hacer las cuerdas nosotros mismos, como habíamos dicho. Disponemos de mucho tiempo por delante, puesto que ni siquiera derribamos los árboles todavía, y la madera precisa un tiempo de estacionamiento antes de poder utilizarse. Dime: ¿quedó en condiciones la herrería?

      -Sí, pero esos tipos son rarísimos-gruñó Anders.

      -¿Los gemelos? ¿Por qué?

      -Para empezar, no se ponen de acuerdo en dónde tienen la izquierda y dónde la derecha...

      Thorvald sonrió; evidentemente, aquello era muy conocido para él.

      -...No hablaron una palabra hasta que Ulvgang vino por unos minutos y estuvieron cuchicheando entre los tres quién sabe qué...-continuó Anders-. Y luego me hicieron algo que tomé primero por un acertijo y luego por una broma, pero se las festejé y no les gustó. En realidad, como chiste me pareció tonto y sin gracia...

      -No te entiendo. Explícate-dijo Balduino.

      -¿Qué quieres que te explique, si yo mismo no entiendo nada?... Por ejemplo; uno de ellos me decía el nombre de su madre y el otro lo repetía. Uno decía que el padre de ellos fue herrero en Vallasköpping y el otro decía que no, que lo había sido en Helmberg...

      -Ah, lo que ocurre es que los gemelos fueron separados al nacer-intervino Thorvald-. ¿No lo sabíais?

      -No-contestó Balduino, respondiendo por él y por Anders-. Pero, ¿y con ello?...

      -Los adoptaron padres cuyos nombres eran idénticos, lo que, tal vez, sería lo de menos: Björn y Waltrud son nombres muy comunes aquí. Lo insólito es que en sus vidas hubo muchas otras extrañas coincidencias y similitudes. El mejor amigo de cada uno se ellos se llamaba Huub, y ése sí que no es un nombre habitual. También sus mascotas compartían el mismo nombre...

      -¿Tratas de decirnos-inquirió Balduino, alelado- que crecieron sin conocerse y viviendo algo así como vidas paralelas?

      -Ni más ni menos. Se dice que se conocieron por casualidad, porque se enamoraron de una misma mujer, una tal Frida, que recibía en su lecho una noche a uno y la siguiente al otro, creyendo que se trataba de una misma y única persona y sin entender que ésta le dijera, por ejemplo, cuánto la había extrañado la víspera, siendo que habían dormido juntos... Hasta que una noche ambos coincidieron en visitarla, y se descubrió todo.

      -Menuda sorpresa se habrán llevado los gemelos-observó Anders, fascinado por la extraña historia.

      -No tan grande. Parece ser que cada uno de ellos fantaseaba con tener, en alguna parte del mundo, un  gemelo idéntico-contestó Thorvald.

      -¿Todo esto es en serio?-preguntó Balduino, escéptico aún.

      Thorvald abrió sus enormes brazos.

      -Repito lo que se dice-declaró-, y creo en la historia porque es interesante y me gusta pensar que es cierta. Que lo sea es otro tema. Lo que sí es verdad indiscutible es que Per y Wilhelm hablan al unísono o terminando uno lo que empieza a decir el otro, como si sus mismos pensamientos fueran calcos exactos. También comparten gustos y hacen las mismas tonterías, como ésa de confundir permanentemente izquierda y derecha. Se dice además que tienen dolores empáticos; que si uno es herido en determinada región del cuerpo, el otro siente idéntico dolor en la misma zona de su propio cuerpo. Esto no llegué a comprobarlo personalmente... ¿Así que no sabíais nada de esto?

      -No-respondieron simultáneamente Balduino y Anders.

      -Pues lo sabe al menos media Andrusia-dijo Thorvald-. La banda de Njall Blotinhand Kurtson, de la que eran integrantes, fue famosa por sus fechorías, pero más porque ambos formaban parte de ella, y esa extraña historia suya resultaba pintoresca y llamativa. Supongo entonces-añadió-que no sabéis cómo fueron atrapados, ni lo que sucedió luego.

      Balduino y Anders negaron con la cabeza.

      -Un día que Blotinhand y su banda merodeaban al acecho de posibles víctimas en las cercanías de Helmberg, hallaron en el bosque a un niño extraviado y enfermo-contó Thorvald-. El niño había perdido el conocimiento y volaba de fiebre, así que parte de la banda, temiendo que se tratara de un mal contagioso, se alejó de él ni bien lo vio. Otros propusieron llevarlo al camino para que alguien lo hallara. Los gemelos pensaban que esto era muy azaroso y que, si iban a abandonarlo, debía ser en un sitio por donde pasara más gente. Luego se les ocurrió que era posible que otros también  temieran acercarse al niño debido al posible contagio y decidieron, humanitariamente, exponerse incluso a ser capturados, con tal de salvarle la vida.

      -¡Qué raro!...-comentó Anders.

      -No-rebatió Thorvald-. La mayor parte de los bandidos de las viejas épocas, como los gemelos o Ulvgang y su banda, tenían cierto sentido del honor, cierta humanidad, que  se va perdiendo entre los forajidos actuales. Para ellos era imperdonable dañar a mujeres y niños; y algunos, como los Björnson, creía que no auxiliarlos en caso de hallarlos en apuros era como provocarles sufrimiento ellos mismos.

      Balduino tomó nota de esta opinión de Thorvald. Tal vez, después de todo, Hansi estuviera más seguro entre los criminales de Vindsborg que en ningún otro sitio.

      -Lo que ni los gemelos ni el propio Blotinhand sabían era que su banda estaba condenada-prosiguió Thorvald-. Alguien supo de su presencia en las proximidades, y los vendió. Se cree que fue alguien de la banda de Vin-ein-Auke, eterna rival de la de Blotinhand. Por lo tanto, cuando los gemelos hallaron lo que parecía una caravana de mercaderes, creyeron estar de suerte. Pero al acercarse para pedir que se ocuparan del niño, se llevaron una desagradable sorpresa: los mercaderes no eran tales, sino soldados disfrazados, y en las carretas no traían mercancía, sino más soldados. De inmediato, alguien reconoció a Per y a Wilhelm, los capturaron y los enviaron a Helmberg para que los juzgaran por sus malandanzas y por el daño que se creía habían infligido al niño. Se pensaba, en efecto, que habían herido a éste y sentido luego remordimientos de conciencia... No como lo imaginaron los gemelos, pero fue el día de suerte de ambos, pues ese mismo día fue exterminada la banda de Blotinhand. No se salvó nadie, salvo ellos.

      'En Helmberg se vio que el niño estaba más muerto que vivo, pero se comprobó también que lo suyo era enfermedad. Por consiguiente, y tal como ellos afirmaban, los gemelos Björnson se habían dejado capturar por salvarle la vida. Esto conmovió a mucha gente, aunque no a todos. Entre quienes sí se conmovieron había un cura de pocas pulgas pero justo, nuestro Fray Bartolomeo de Laisauria. El intercedió por los gemelos, diciendo que merecían conservar sus vidas, si las habían puesto en riesgo por salvar otra.

      'No obstante, otros se inclinaban por condenarlos a muerte debido a todas sus fechorías anteriores. Alguien propuso entonces absolver a uno y ejecutar a otro, echando a suertes el destino de cada uno. Parecía un fallo salomónico, pero desconfío de la honestidad de la propuesta y sospecho que en cambio había en ella curiosidad morbosa. Pues dado que se decía que al ser herido uno de los gemelos el otro sentía idéntico dolor en su propia carne, era creencia muy común que matando a uno de ellos en la forma que fuera, se provocaría también la muerte del otro, aunque ni siquiera se lo tocase. Y tanta curiosidad hubo por presenciar semejante fenómeno, que la propuesta ganó muchos adeptos. Fray Bartolomeo, sin rendirse, la aceptó, pero a condición de que se perdonase la vida de ambos si sanaba el niño al que los gemelos con tanto empeño habían intentado salvar. No hubo reparos; nadie creía que el niño lograra esquivar la muerte-Thorvald rió burlonamente-. Creo que  fue el milagro más inoportuno que se haya visto jamás, pero la palabra ya estaba dada a Fray Bartolomeo, y nadie se atrevió a desafiar lo que parecía la voluntad de Dios. Una semana más tarde, Per y Wilhelm eran enviados a Kvissensborg condenados a encierro de por vida. Al poco tiempo también vino Fray Bartolomeo, también él condenado en cierta forma, creo, por aguafiestas.

      -Vaya historia...-murmuró Balduino, sintiendo súbitamente mucho respeto por los gemelos Björnson.

      Y tomó nota de otro detalle de la historia, aunque en ese momento no se detuvo a analizarlo: gente que sin duda se decía buena, íntimamente, había estado aguardando la muerte de un inocente niño sólo porque de la misma dependía el destino de los gemelos Björnson y para satisfacer su curiosidad respecto a lo que se decía de ellos. Los límites entre la bondad y la maldad son más difusos de lo que uno piensa.

      Anders fue a lavarse y Balduino llevó a Svartwulk a la caballeriza. Thorvald fue tras él.

      -El pichón tiene sus agallas, ¿eh? Le dio un puñetazo a Honney-dijo-. Todo el mundo lo está comentando, porque no esperaban algo así de él.

      -¿Cómo se lo tomaron? Tratará de vengarse Honney?-preguntó Balduino, preocupado.

      Thorvald rio. De muy buen humor debía hallarse, pues por lo general permanecía mortalmente serio.

      -¿Por tan poca cosa? Ofende a los Kveisunger que pienses que uno de ellos se rebajaría de esa manera-contestó-. Pero tanto él como los demás siguen sin salir de su asombro. Ya verás como ahora tendrán más respeto por el pichón.

 

 

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Published by EKELEDUDU
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