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24 enero 2010 7 24 /01 /enero /2010 19:26

      Finalizada la construcción del hogar, se siguió trabajando en la empalizada. El foso se había completado, de modo que restaba colocar los troncos en su sitio. Balduino no quiso usar los que reservaba para lconstrucción de catapultas, de modo que condujo a sus hombres de regreso a los bosques, cada uno empuñando su hacha. Eran aquéllos bosques de coníferas, muy tupidos y bastante sombríos, que albergaban caza en abundancia; y Balduino, como en ocasiones anteriores, se negó a talar demasiados árboles en un mismo radio, y prefirió dejar buena distancia entre los árboles que se talaban. Cuando se le preguntó la razón de ello, respondió:

 

      -No quiero que se formen demasiados claros donde los grifos puedan descender. Ya tienen el mar y la colonia de focas para nutrirse; que los bosques sean entonces para otras fieras y para nosotros. Además, como a los grifos les gusta cazar al vuelo, si alguien escapa de ellos y se refugia en la espesura, lo más probable es que lo dejen en paz, si no disponen de espacio para descender.

      -A propósito, señor Cabellos de Fuego-dijo Karl, incómodo-: debéis hacer algo con los grifos. Ya hace tres meses que estáis aquí, y la gente empieza a murmurar... Para ellos el problema son los grifos, no los Wurms.

      -Lo tendré en cuenta-contestó Balduino-pero, la verdad, no veo que esos animales sean tanto problema. En el tiempo que llevo aquí no parece que hayan hecho daño a nadie.

      -Pero poco antes de que vos viniérais, mataron a un grupo de pobres mercaderes que venían de paso-repuso Karl.

      -También se me habló de un mensajero que desapareció cerca de aquí-admitió Balduino.

      -¡Hmmm!...-gruñó Thorvald-. Da para sospechar eso de que siempre sea gente de paso lo que desaparece, y es medio raro eso de mercaderes sin mercancía; pues así fueron hallados. Creo que los grifos que los mataron no volaban, y andaban en dos pies...

      -Pero Oivind vio cómo los grifos atacaban a esa pobre gente-objetó Karl.

      -¡Qué va!... Esa fue sólo la última versión de su historia. Pero la primera vez que la refirió, halló a la gente ya muerta y semidevorada por los grifos-contestó Thorvald-. Naturalmente, siendo como es él, la historia fue volviéndose más dramática y emocionante con cada vez que la contaba. A la décima vez, él ya era testigo del ataque con todo detalle y desde el principio; y a la vigésima, él mismo huía por su vida.

      -Me dijeron que ese Oivind es una persona de dudosa calaña-comentó Balduino-; pero si él asesinó a esos mercaderes, debería mentir mejor.

      Los Kveisunger estallaron en insultos surtidos contra el tal Oivind. Cuando al fin se callaron, Thorvald aclaró:

 

      -Ya tendrás oportunidad de conocerlo personalmente. No es un asesino. Una o dos veces por semana va a Vallasköpping en su carreta arrastrada por bueyes,  lleva los productos de los vecinos para cambiarlos por otras cosas y cobra por tal servicio lo que podríamos llamar una comisión; pero además, roba cuanto puede. Ese es todo su delito.

      -¡Es una cagada de tipo! exclamó Honney, dispuesto como siempre a ver la paja en el ojo ajeno sin incomodarse por la viga en el propio.

 

      -Ese comentario tan "amable" me recuerda quién me habló por primera vez de este Oivind: Thorstein el Viejo, el tío de Kurt. Y vaya si despotricó contra él-dijo Balduino-. Pero si Oivind no fue, ¿quién podría haber asesinado a esos mercaderes?

 

      -Eso de robar y no dejar sobrevivientes suena a fechoría de Landskveisunger-opinó Thorvald; y pasó a hablarle al pelirrojo de aquel antiguo flagelo de Andrusia-. Oivind encontró a los grifos devorando los cadáveres; pero creo que éstos eran carroña y no presas cazadas por ellos.

 

      Balduino asintió. Había visto a los grifos alimentándose, y sabía que al hacerlo cambiaba mucho su aspecto habitual. Se disputaban la comida tirándose picotazos unos a otros, hundían sus picos en la carne y los retiraban ensangrentados... En esos momentos dejaban de verse espléndidos y majestuosos para tornarse viles y casi diabólicos. En tales circunstancias, era creíble que quien los viera nutriéndose de cadáveres de infortunados mercaderes quedara espeluznado y, tomándolos por criaturas malévolas, les achacara sin la menor duda la muerte de aquellas personas que bien podían haber hallado fin a manos de inescrupulosos congéneres humanos. Sobre todo si, como aseguraba Thorvald, no se había encontrado la mercancía que aquellas gentes teóricamente transportaban.

      -Bueno, por ahora ocupémosnos de los árboles-decidió; y fue dividiendo a la gente por parejas, asignándoles a cada una de éstas un árbol que abatir, convenientemente lejos unos de otros, como ya se ha dicho. Y cuando sólo quedaban Snarki , Karl y él mismo, señaló al primero un pino enorme y le indicó:-. Tú ocúpate de éste.

      A la vista del monstruo que se suponía debía derribar, Snarki abrió unos ojos enormes.

 

      -¿Y quién me ayudará?-preguntó.

 

      -Nadie, lo harás tú solo-contestó Balduino, para horror de Snarki; y dando la espalda a éste, dijo a Karl:-. Ven. Tú y yo vamos juntos.

 

      El gordo Snarki miró durante lo que pareció una eternidad el coloso vegetal que le había asignado Balduino; luego echó a correr tras éste.

 

      -¡Os burláis de mí!-exclamó con voz plañidera-. ¡Demoraré mil años!

 

      -¿Sí?... Bueno, si vas a tardar tanto, mejor deja de quejarte y pon manos a la obra, o me obligarás a esperar, no mil años, sino mil y uno por lo menos-replicó Balduino, inconmovible-. ¿Quieres tu ración de esta noche?... Entonces, derríbame ese árbol.

 

       -¿Y ése es el gran castigo que piensas imponerle? ¿No comer los mejunjes que cocina Varg?-gruñó Adler; pero Snarki ya se encaminaba hacia el árbol en cuestión, con gesto muy amargado.

 

      -A ver, Karl, cómo nos la arreglamos con ése, ¿eh?-propuso Balduino a su ocasional compañero de tareas, señalando otro pino de buen tamaño.

 

       Al viejo y manco Karl no lo amilanaba en lo más mínimo que se lo incluyera en una labor que normalmente requería de ambas manos. Posiblemente tampoco habría discutido su se lo hubiera enviado a él solo a luchar contra los Wurms. Era un hombre con una mentalidad muy especial, que no aceptaba imposibles si de obedecer órdenes se trataba. Balduino lo contempló con inevitable admiración mientras lo veía aferrar un hacha de mano bastante grande y blandirla tentativamente con su hipermusculoso brazo izquierdo, anormalmente fuerte por la necesidad de valerse sólo de él para levantar y manejar objetos pesados. Sin saber por qué, al verlo Balduino sonrió, feliz. Karl levantó la vista hacia él y le devolvió la sonrisa.

 

      -¿Empiezo, señor?-preguntó.

      -Por favor, compañero-contestó Balduino-. Cuando te canses, me avisas y sigo yo, ¿sí? Oh, Dios mío me olvidaba de ese sabandija... ¡Hansi!-gritó al niño, que tras levantar del suelo un palo lo blandía a modo de espada, luchando contra un enemigo imaginario-. Vas a quedarte sentadito en un lugar que te indicaré, y pobre de ti si te mueves de ahí siquiera un codo en una dirección u otra.

       -Eso no podrá ser, señor Cabellos de Fuego-contestó el niño, con una sonrisa compradora-. Me aburriría. Dijo Jesús...

      -¡Deja a Cristo en paz, y obedece!-rugió Balduino.

      -Malo-reprochó Hansi, ya sin sonreír y con cara de desolación.

      -¡Sí, señor: una pòrquería! ¡Un horrendo ogro de cuentos de miedo! ¡Pero me obedeces, o desearás que te caiga encima, porque así la sacarás más barata, el árbol que precisamente trato de evitar que te caiga encima!-gritó Balduino-. Allí, mira. Sentadito contra ese árbol, donde te pueda ver. Muy bien, Hansi, qué chico tan dócil-agregó burlonamente cuando el niño, enfurruñado, fue al sitio que le había tocado en suerte-. He ahí la conducta ejemplar que debe guardar el monaguillo de nuestro buen Fray Bartolomeo.

      -Malo-repitió Hansi, sentándose a regañadientes en el sitio asignado.

      Balduino iba a contestarle, cuando vio a la distancia algo que no le agradó, y se alejó a grandes zancadas hacia Hundi y Adam, a quienes había puesto a ocuparse de un mismo árbol.

 

      -Adam-dijo al larguirucho desgarbado, que estaba apoyado en el mango de su gigantesca hacha mientras Hundi atacaba el árbol como si de un enemigo se tratara-, más vale que luego me entere de que has trabajado, o te arrearé una patada como para dislocarte el esqueleto completo.

 

      -¡Ah, si yo no soy muy útil para nada!-exclamó Adam, en un irritante tono de lloriqueo infantil que hasta de Hansi hubiera resultado indigno.

 

      -"¡Ah, si yo no soy muy útil para nada!"...-se burló Balduino, en una parodia exacta del lloriqueo de Adam, que hizo que Hundi estallase en carcajadas-. No eres útil porque no quieres serlo, sólo te importa tu bendito Fuego de Lobo, pero yo te haré cambiar de ideas. Si para ello necesito acomodártelas un poco a trompadas, lo haré sin vacilar. Hundi: avísame si este sujeto remolonea cuando le toque el turno de poner en movimiento su hacha.

 

      -A la orden, señor Cabellos de Fuego-contestó Hundi, echando a Adam una mirada maligna, que le fue retribuida con otra en la que se vislumbraba algo parecido al odio.

 

      E iba ya Balduino a volver junto a Karl, cuando un "¡Eh, muchacho!" desde la distancia, pronunciado por el vozarrón de Thorvald, lo hizo enfilar en dirección a éste. Al llegar junto a él, notó por su cuenta que Anders, quien precisamente formaba pareja con Thorvald, manejaba el hacha con una abulia única.

      -Anders, pon más ganas en lo que haces-lo reprendió con suavidad.

      -Estoy cansado-protestó Anders.

      -¡Pero no digas estupideces!...-exclamó Balduino, irritado-. ¡Diecisiete años...y te cansas de sólo empuñar un hacha!

      -Muy bien-gruñó Anders, adoptando una postura más erecta, siempre hacha en mano-, pero supongo que hoy no tendremos práctica, ¿no?

      -¡Por supuesto que la tendremos!-replicó terminantemente Balduino.

      Anders se inflamó de ira y descargó un hachazo tal, que fue evidente que en él puso toda su rabia. Cuando vio que el instrumento se había hundido demasiado en el tronco, se puso a soltar palabrotas mientras en vano forcejeaba para retirarlo.

      -Así no, Anders. Malgastas tu energía-dijo Balduino.

      Anders, colérico, se volvió hacia él:

      -¡ CÓMO SE HACE!-vociferó, no sabiendo si estaba más harto del hacha incrustada en el tronco y perfectamente inamovible, o del pelirrojo regañón.

      La paciencia de Balduino para con la rencorosa furia y el mal carácter de Anders se estaba agotando, pero todavía, gracias a esfuerzos sobrehumanos, halló un resto.

      -Muy bien: házlo-repuso, luchando por reprimirse; y se volvió por fin hacia Thorvald, quien aguardaba pacientemente-. Te escucho.

 

      -Sólo quería decirte que no vale la pena que pongas a Snarki a trabajar solo-dijo el gigantesco anciano-. Te hará perder tiempo. No está habituado a estas cosas, ¿sabes? Es muy bueno en su oficio, la fabricación de artículos de cuero, y nada más. Así que no te gastes.

      -Ya me di cuenta de que como leñador no se siente muy en su elemento, pero igual quiero que haga este trabajo solo-respondió Balduino-. Desde hace varias noches venía teniendo yo una pesadilla. Soñaba que Hansi lloraba y que yo no podía lograr que me explicara qué lo afligía. Tal vez suene tonto, pero tuve miedo, porque lo tomé como un presagio de que algo malo iba a ocurrirle. Hace dos noches, sin embargo, desperté de ese sueño y descubrí que quien lloraba de verdad, sin levantarse del suelo, era Snarki.

 

      -Sí, es frecuente que llore así-informó Thorvald-. Seguramente lo escuchabas llorar a él, y soñabas que era Hansi quien lo hacía.

      -En ese momento sentí por él una pena como nunca creí poder sentir. Me conmovió. Tal vez porque imaginé devastada por lágrimas esa cara de bebé gordo que tiene-dijo Balduino.

      -¿Y con eso?-preguntó Thorvald, con aire indiferente.

      -He averiguado con los otros. Aparentemente, él está sentenciado a muerte por lo de la niña violada y asesinada, y sólo se salvó temporariamente de la horca porque lo destinaron a Vindsborg. Veladamente, Adler me dio a entender que Snarki hasta ahora se mantenía tranquilo, porque contaba con fugarse junto con el resto del grupo en algún momento. Nunca me cupieron dudas de que se tramaba algo así; pero parece que ahora hubo un cambio de planes, que Ulvgang renunció a una eventual fuga y que amenazó con destripar a quien lo intente. Así que Snarki teme exponerse a su ira si se fuga él solo.

 

      -¿Y qué tiene que ver todo eso?

 

      -He llegado a la conclusión de que Snarki es, tal y como él afirma, inocente del crimen que se le atribuye, a menos que sea culpable pero esté sinceramente arrepentido de ese crimen por el daño causado y no sólo por el miedo al castigo. Fíjate que no ha intentado suplicarme que de alguna manera lo salve de la horca. Tras ser descubierta y está a punto de ser castigada por una monstruosidad así, la reacción habitual de una persona sería derrumbarse rastreramente, suplicando por una clemencia inmerecida. Snarki no hizo nada de esto. Sólo llora en secreto por las noches. Sus compañeros me dijeron que aparentemente ni intentó defenderse en el asunto de la niña violada y muerta; que se siente un hombre con pésima suerte, gordo y feo, y a quien nadie creerá una sola palabra.

      -Y efectivamente, es todo eso que cree ser-confirmó Thorvald.

      -¡Pero que luche igual!-exclamó Balduino, apasionado-. ¡Que se plante delante de todo el mundo, golpee una mesa y grite: Soy inocente, digáis lo que digáis. Atrapasteis al equivocado, os guste o no.

      -
Ya veo-dijo Thorvald-. Y tú pretendes que se haga de carácter, ¿eh? Lo obligas a enfrentar desafíos que de otra forma no afrontaría, para que descubra que es capaz de muchas cosas que no imaginaría y se le infle un poco el orgullo, ¿no?

 

      -Exacto.

 

      -Pues te sugiero que emplees tu tiempo en algo más productivo que en gordos cualunques-dijo desdeñosamente Thorvald-. Cada día que pasa te vuelves más raro... El mundo no cambiará porque Lambert resista un invierno más o menos, ni porque Snarki encuentre su propio orgullo; como tampoco serás tú quien logre cambiar el mundo.

 

      Ante tales palabras, Balduino primero quedó descolocado de incredulidad; luego, lentamente, lo fue invadiendo una negra rabia.

 

      -Si tuvieras veinte años, te demolería a trompadas; porque me estás cansando-dijo-. Ya sé que no puedo cambiar el mundo, pero ése es un magnífico pretexto para ociosos y cobardes, que de esa manera no mueven un dedo para modificar cualquier injusticia o maldad que vean alrededor.

      -¿Y qué gloria te aportará imbuir autoestima a Snarki?-preguntó Thorvald, burlón.

 

      Balduino estaba absolutamente saturado. Thorvald daba la impresión de no ser la persona noble que él había creído, pero hasta eso era lo de menos; lo que ahora quería del viejo era que dejase de importunarlo.

 

       -¿Y qué gloria, qué reconocimiento obtuviste tú por vencer al poderoso y temido Sundeneschrackt, después de todo?-gritó-. ¡Ninguno! Los créditos se los llevó Einar, y por una empresa que dio más trabajo, seguramente, que darle una mano a Snarki para que recobre o adquiera su orgullo. Creí que eso no te importaba, que te interesaba sólo haber hecho lo que tenías que hacer.

      -Aquella empresa al menos me sirvió para demostrarme a mí mismo de qué era capaz. Por lo demás, creí entender que la gloria era importante para ti.

      -¡Déjame en paz con la maldita, reputísima gloria!-estalló el pelirrojo-. También en esto prueba uno de qué es capaz, no sólo luchando contra los Kveisunger o los Wurms. Sigo siendo un Caballero aunque por el momento esté privado de grandes empresas. Por otra parte, no las merezco, si no puedo atender a las pequeñas por considerarlas indignas de mí. Un Caballero debe entender de la nobleza de lo que emprende, no de su magnitud Y además, en Kvissensborg fui bien humillado por tu amigo Einar. Tal vez antes de eso no valoraba la importancia del orgullo y la autoestima, pero ahora veo que son fundamentales. ¿Y cómo quieres entonces que no me preocupe por Snarki?

 

      -Tú te preocupas por él, quizás yo me preocupe por ti-contestó calmosamente Thorvald-. Einar me enseñó que soy un fracasado. Erré mi camino en la vida, igual que tú. Si aspirabas a la grandeza, debiste colocarte a la diestra del Rey y susurrarle adulaciones al oído, en vez de ingresar a una Orden proscrita de Caballería.

 

      -Allá tú, si tu idea de grandeza es ser el rastrero de los poderosos-contestó secamente Balduino-, y ¡vaya triunfo el de Einar! ¡Dirigir una prisión en un sitio del que nadie jamás oyó hablar!... Me voy a reemplazar a Karl. Déjame en paz.

 

      Dio media vuelta, todavía echando chispas de rabia. Thorvald lo vio alejarse, y habitualmente fríos y duros ojos azules había ahora un matiz de orgullo.

      -No es que le tenga simpatía al pecoso-gruñó de repente Anders, dejando de hachar, tarea reemprendida luego de zafar del tronco el instrumento de trabajo-, pero en este caso creo que lo que trata de hacer con Snarki es bueno y noble.

 

      Thorvald estalló en una sonrisa que Anders no pudo ver, ya que el viejo le daba la espalda.

      -Tú mejor no te metas y sigue hachando, si no quieres que él vuelva a sermonearte-sugirió-. Y sería bueno que te afeitaras, pichón. La primera vez que hablé contigo era como si me dirigiera a un nieto. Ahora parece que le hablara a un puercoespín sucio y feo.

      -Mucha gente no se afeita-objetó Anders, como quien no quiere la cosa, volviendo al trabajo.

      -No me vengas con indirectas-gruñó Thorvald-. A cierta edad o en determinadas circunstancias, uno puede dejarse estar. Pero se supone que tú algún día serás un  gallardo Caballero, cosa que disimulas muy bien con esa facha de patán que ahora tienes.

     -Pues que primero se afeite Balduino, entonces-dijo Anders, asestando un hachazo.

      -En eso tienes razón, él debería dar el ejemplo. No te preocupes, que como siga con ese aspecto de mendigo le bajaré la barba a sopapos.

 

     

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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