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14 diciembre 2009 1 14 /12 /diciembre /2009 19:03

XVI

      Cada uno de los convictos, tras presentarse, había vuelto al lugar adonde se hallaba antes, sentándose en el suelo. A pesar de que había una mesita minúscula y dos sillas -único mobiliario de aquella habitación-, Anders eligió hacer otro tanto: algo le decía que no sería bien visto separarse tan ostensiblemente del resto de los presentes. Se sentó a la siniestra de Lambert por ser uno de los que menos miedo le inspiraba y porque ese sitio estaba apartado de los Kveisunger.

 

      Se hallaba deprimido y asustado. Kvissensborg era ya una prisión de mala fama, donde los presos se violaban y se mataban entre ellos, había dicho el viejo Thorvald; y ahora Anders estaba entre medio de muchos de esos presos, algunos de los cuales lo miraban con una fijeza que no le gustaba nada. Ese Honney, en particular, el Kveisung de bigote poblado y ojos verdes y diabólicos, lo observaba como un lobo a un cordero.

 

      A Anders le resultaba increíble que apenas un a semana atrás él y Balduino hubieran partido de Ramtala creyendo que iban a luchar contra los Wurms, a participar de una guerra que cubriría de gloria a su clandestina orden. Ese suceso parecía lejanísimo; y lo mismo la estampida de alces en aquella pradera, tres días atrás. Incluso su paso por el cañón invadido por grifos que, cosa increíble, ¡había ocurrido sólo unas pocas horas antes! Todo eso quedaba borroneado por la nefasta realidad actual. Tal vez debía alegrarse: si doce o trece reclusos lo atemorizaban de esa manera, ni hablar de treinta, cuarenta, cien gigantescos y voraces Wurms. Pero incluso morir combatiendo contra éstos en Ramtala o Drakenstadt hubiera sido preferible a hacerlo a manos de reclusos resentidos. En el primer caso habrían alcanzado una gloria tal vez anónima. Sus nombres no se hubieran recordado, pero se los englobaría dentro de los valientes caídos en defensa de ésta o aquélla ciudad. Pero, ¿quién sabría de ellos si morían  en aquella playa maldita y olvidada hasta por el mismo Dios? ¿Quién enterraría sus cadáveres, si los criminales caían sobre ellos y los asesinaban? Trató de tranquilizarse: el hijo de Sundeneschrackt había quedado como rehén en Kvissensborg, los Kveisunger al mando de aquél nada intentarían contra Balduino ni contra su escudero... Pero allí estaban, sin ir más lejos, esos dos gemelos, Per y Wilhelm Björnson, cuyas caras tampoco hablaban de ellos como de angelitos.

 

      Y el maldito viento que afuera no  paraba de ulular, como entonando una tétrica y violenta marcha fúnebre...

 

      -Eh, chico.

 

      Anders alzó la cabeza. Honney le hablaba.

 

      -¿Sí?-preguntó, con aire inocente pero poniéndose en guardia para sus adentros.

 

      Honney se pasó la lengua por los labios, en gesto insolentemente lascivo.

 

      -¿Alguna vez has estado en alta mar?

 

      De repente Anders empalideció: acababa de notar que Thorvald y Karl habían ido quién sabía adónde, y nadie quedaba para poner freno a cualquier mala acción de Honney o cualquier otro de aquellos individuos. ¿A qué venía  aquellala pregunta? Sin duda en medio del océano, rodeado sólo por una interminable extensión de agua, debía ser posible sentirse aislado, solitario, indefenso. ¿Trataba Honney de hacerle saber que él, Anders, se encontraba en una situación similar? Y el resto de los presentes miraba al desventurado escudero como pendiente de sus palabras.

 

      -No-contestó.

 

      -¿Sabes qué es lo peor que puede pasar en alta mar?

 

      -No.

 

      -La proa en llamas, eso es lo peor que puede pasar. El mascarón envuelto en fuego es una desgracia.

 

      Andrusier se convulsionó en un acceso de risa reprimida.

 

      -Hay mucha agua en el mar-observó Anders-. No sería difícil apagar un incendio-y tragó saliva.

 

      -No. Escucha, niño bonito-dijo Honney, con solapada y escalofriante burla acechando tras su fingida seriedad-...un incendio en la proa...-comenzó; pero dos o tres veces tuvo que interrumpirse, atacado por accesos de risa ocasionalmente coreados por Andrusier-...Un incendio en la popa sólo se apaga de un modo: chocando contra la popa de otro.

 

      Anders no respondió. Empezó a temer que aquella fuera la noche más larga de su vida. ¿Dónde demonios estaría Balduino? Durante cuatro años le había parecido un sujeto de lo más repulsivo, por más que fuera su señor; pero ahora comenzaba a extrañarlo más que a su propia madre.

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Published by EKELEDUDU
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