Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
26 diciembre 2009 6 26 /12 /diciembre /2009 18:48

XVI

      -Os lo repetiré por última vez-dijo una noche Balduino a la inusual dotación de Vindsborg-: estáis aquí en previsión de que los Wurms, que se han apoderado de las Andrusias Occidentales y por lo visto planean invadir también el continente, lleguen hasta estas costas.

 

      Ya estaba hartándose de que se le preguntara una y otra vez contra qué enemigos iban a luchar.

 

      -Einar nos lo dijo-objetó Ulvgang-, pero burlándose.

 

      -Si tienes dudas, puedes ir a Gullinbjorg, Ramtala o Drakenstadt y evacuarlas allí mismo-replicó Baludino, irritado.

 

      -No, gracias-contestó Ulvgang, sonriendo-. Ya he conocido esos lugares, y de Drakenstadt me llevé unos cuantos recuerdos. también dejé algunos. Allí insisten en que vuelva a visitarlos alguna vez, pues me han preparado un hermoso sitial de honor en el patíbulo de Justizesholmele.

 

      Hubo un coro de risas.

 

      -Pero aun así, no puedo creerte del todo-continuó Ulvgang-. Me parece que habrían mandado tropas si...

 

       -El envío de tropas depende de la aprobación del Rey, quien está lejos-cortó Balduino-. Andrusia Occidental no puede enviar refuerzos a ningún sitio: bastante quehacer tiene ya repeliendo los avances de los reptiles sobre sus puertos. Y Andrusia Oriental se toma en chiste todo esto, como has podido ver por tu Einar-al pronunciar aquel nombre, el rostro se le contrajo de furia, y cerró los puños-. Los hombres de Kvissensborg son unos blandengues. tener que depender de ellos para cualquier acción defensiva hubiera sido para llorar. De los Kveisunger, no obstante, he oído mucho. La mayoría de lo que se dice de ´vosotros es nefasto, pero al parecer nadie duda de vuestra valentía y fiereza. Para Einar no sois sino escoria, y una escoria doblegada y ablandada por diez años de prisión. Esta podría ser la oportunidad de demostrarle lo contrario, y que él es un asno y un cobarde. También, es cierto, podría ser vuestra muerte; pero creo que para un Kveisung es más digno morir en combate que en prisión.

 

      Balduino no había pretendido hacer una arenga; simplemente, se desahogaba de la ira que le nacía del recuerdo de la paliza recibida en Kvissensborg. Pero había hablado espontáneamente y, en su cólera, alzando la voz, de modo que incluso aquel sordo de Gilbert pudo oírlo; y era muy evidente el impacto de sus palabras en los siete Kveisunger. Sus expresiones delataban a las claras que les bullía su sangre salvaje e indómita, y que estaban más que dispuestos a hacer honor a las palabras de Balduino. Y por haber hablado éste con tanta vehemencia, no se les ocurrió en ese momento, cuán poco probable era que una playa solitaria y poco atrayente como Freyrstrande sedujera a los Wurms. Por otra parte, el mismo Balduino necesitaba engañarse a sí mismo, persuadirse de que su presencia allí era vital.

 

      Consecuentemente, los Kveisunger, de allí en más, se pusieron por completo al servicio de Balduino, y eso le allanó muchas dificultades; pero quedaban muchas otras.

 

      No había hachas para tumbar los árboles con cuya madera se construirían las catapultas y las trampas proyectadas por Balduino, ni herramientas adecuadas para aserrar y trabajar luego esa madera; ni tampoco hierro u otro metal para hacer escudos y lanzas. Una visita al torreón cercano, que Balduino pretendía usar como atalaya, demostró que necesitaba reparaciones inevitables. La escalinata que conducía hasta lo alto era de madera; los tirantes debían ser reemplazados en muchos puntos, y lo mismo los peldaños. Sólo fue posible subir hasta cierto tramo, porque el resto estaba derrumbado. Cuando Balduino pisó un escalón de aparente firmeza, éste cedió bajó su pie, y el joven se salvó de caer al vacío gracias a Ulvgang, quien venía detrás y lo sostuvo.

 

      -Gracias-dijo Balduino.

 

      -No ha sido nada, señor Cabellos de Fuego-replicó Ulvgang.

 

      -¿Por qué todos me llamáis así?-preguntó el muchacho, molesto-. Mi nombre es Balduino.

 

      -Pues lo que es yo, recién me entero.

 

      Seguidamente, Balduino fue a ver a Thorvald y Karl, y les expuso que de la reparación de la escalinata del torreón prefería que se encargara el carpintero, si había alguno en Freyrstrand.

 

      -Puede decirse que hay-repuso Thorvald-. En realidad, aquí cada uno es su propio carpintero,  médico y  herrero, pero siempre alguien entiende de algo más que otros.

 

      -¿Pero cómo le pagaréis?-preguntó Karl.

 

      -¿Sabes montar?-le preguntó Balduino, a su vez.

 

      -Sí, claro.

 

      -Cabalgarás hasta la factoría de los Haraldssen en Vallasköpping y cambiarás oro, del que te proveeré, por dinero en efectivo.

 

      -Los Haraldssen no tienen factoría en Vallasköpping-aclaró Thorvald-. Hay un barrio judío, allí tal vez cambien oro; pero no vale la pena tomarse el trabajo de intentarlo, porque aquí el efectivo no tiene valor. Todo se maneja por trueque.

 

      Balduino se sintió desfallecer. Freyrstrande estaba tan apartado del resto del mundo, que ni el comercio se regía allí por las normas usuales.

 

      -¿Qué demonios tenemos que podamos cambiarle a este carpintero, o lo que él sea?-bufó.

 

      -A mi parecer, nada-contestó Thorvald.

 

      -¡Un servicio! ¡Tiene que haber un servicio que podamos brindar! ¡Decidle a este hombre que somos los protectores de Freyrstrande!-exclamó Balduino, desesperado.

 

      Thorvald esbozó una sonrisa.

 

     -Díselo tú, si te atreves-contestó-. Los aldeanos son muy respetuosos, pero creo que hasta ellos tomarían a broma una frase así.

 

      -¡Foca!-exclamó Balduino, súbitamente iluminado-. Tengo entendido que hay una colonia de focas en Eldersholme. Podemos abastecer a este hombre de carne de foca y pieles. Pieles ya curtidas. Conozco de curtiembre. Karl, irás a Vallasköpping a que te roben los cambistas judíos y luego a que te roben los proveedores de artículos de curtiembre. Lambert se encargará de ese trabajo, está demasiado viejo para faenas pesadas, pero puede ser igualmente útil.

 

      -No es tan mala idea-aprobó Thorvald-. Se puede intentar. Disponemos de un bote, después de todo.

 

      -Sí... Pero está Jormungand-observó Karl, sombrío.

 

      -¿Quién?-preguntó Balduino.

 

      -La serpiente marina-dijo Karl.

 

      Balduino quedó boquiabierto durante unos minutos, incrédulo ante su aparentemente interminable colección de gemas de mala suerte. Luego gimió, señalando hacia el mar:

 

      -¿Quiere decir que, para colmo, tenemos ahí una maldita serpiente marina? ¿Y desde cuándo, si puede saberse?

 

      Karl asintió.

 

      -Siempre ha estado ahí-respondió-. Bah, bueno, siempre es una forma de decir. Aparece y desaparece, pero se la ve de tanto en tanto.

 

      -Está bien-gruñó Balduino, resignado-. Yo personalmente iré a Eldersholme a cazar focas. Si aparece esta serpiente, esta Jormungand, la mataré a arponazos.

 

      -No soñéis, señor-dijo Karl, dramático-. Ya se ha intentado antes, y es peor el remedio que la enfermedad. Los arpones se le clavan en el lomo, pero a Jormungand ni cosquillas le hacen, y las barcas terminan volcando. La serpiente devora acto seguido a los tripulantes.

 

      -Basta, Karl-amonestó Thorvald a su compañero; y agregó, mirando al pelirrojo:-. No hagas caso, muchacho, ésos son cuentos de viejas. Figúrate que, si fueran ciertos, no quedarían pescadores en Freyrstrande.

 

      -Si Jormungand ataca, no intentéis nada, sólo daos por muerto-insistió Karl, siempre en el mismo tono de tragedia.

 

      -¡KARL!-tronó ferózmente Thorvald; y explicó a Balduino:-. Esa serpiente es bastante tímida. Son exagerados los relatos de ataques de monstruos marinos.

 

      Tal vez aquello fuera cierto, pero Balduino no estaba tranquilo. En Ramtala había oído historias supuestamente verídicas y en todo caso muy creíbles  acerca de ataques de monstruos marinos. Lo inquietaba sobre todo una en particular, la de cierta barca pesquera de Drakenstadt, el Zeeswrad, hundida supuestamente por una enigmática criatura de las profundidades, tras un victorioso combate previo, el mismo día, con otra bestia similar.

 

      Pero puesto que los pescadores no se arredraban ante monstruo alguno, no podía él, un Caballero, dejar ver su temor. No obstante, decidió que, cuando fuera a Eldersholme, lo haría acompañado de un experimentado y sanguinario Kveisung que, tal vez, se las hubiera visto antes con monstruos marinos: Honney, Andrusier o incluso el mismo Ulvgang.

Compartir este post

Repost 0
Published by EKELEDUDU
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
  • Contacto

Texto Libre

<td width="44" align="left"><a href="http://www.argentino.com.ar/" rel="nofollow" target="_blank"><img alt="argentino.com.ar" width="43" height="40" border="0"></a></td>

   <td><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" rel="nofollow" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#1E4F81;text-decoration:none;line-height:12px" target="_blank">estamos en<br><span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px"><strong>Argentino</strong>.com.ar</span></a><br>
     <div style="margin-top:2px;margin-bottom:3px"><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#999999;text-decoration:none;line-height:10px" target="_blank">directorio argentino</a></div></td>
    </tr>
   </table>
 </td>
  </tr>
</table>

<iframe src="http://www.thob.org/barra.php?blog=fch7qg3kmpd9w5nv" name="voto" id="voto" width="55" height="200" scrolling="no" frameborder="0" framespacing="0" border="0"></iframe>

Enlaces