Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
15 diciembre 2009 2 15 /12 /diciembre /2009 18:45
      Desde su partida de Vindsborg y mientras galopaba salvajemente hacia Kvissensborg a lomos de Svartwulk, Balduino sintió que, lejos de aplacarse, había ido in crescendo; y al llegar al castillo su furia era tal que parecía poseído.


      Kvissensborg se levantaba aproximadamente a una legua de Vindsborg. Ya había caído la noche cuando Balduino estuvo al pie de sus muros y gritó su nombre a los centinelas apostados en lo alto. Ellos sintieron su extraño acento forastero, que los hizo reír burlonamente, y le contestaron que volviera al otro día.


      -Consultaremos con el señor Einar-dijeron al fin, luego de un par de amenazas por parte de Balduino, quien sabía que el mero alarde de poder y de influencias en las altas esferas intimida mucho a quienes obedecen órdenes y peligran tanto por falta como de exceso de celo en el cumplimiento de las mismas.


      Después de una larga espera, uno de los centinelas volvió y se asomó por encima de las almenas. Sí, el señor Einar recibiría a Balduino, pero en aquel momento no podía. Que esperara un poco...


      La paciencia no era el fuerte de Balduino, ni mucho menos, pero en este caso la tuvo. Cuando por tercera vez se le pidió que aguardara, esa paciencia llegó a su límite, y tuvo una idea algo maligna: tomó el cuerno que llevaba a la cintura y sopló con toda la energía de sus jóvenes pulmones.


      En las cuadras de Kvissensborg, una jauría entera ladraba alborotada por el cuerno que los llamaba a perseguir a la presa. Los perreros la calmaron como pudieron; en cuanto Balduino no sintió ya el menor ladrido, sopló nuevamente el cuerno, alborotando a la jauría otra vez. Y repitió el toque de cuerno en cuanto se logró llamar a los perros al orden... Así sucesivamente, tres o cuatro veces.


      -Os creeis gracioso, ¿verdad?-preguntó el capitán de la guardia, asomándose entre las almenas de Kvissensborg.


      -No, me creo harto-contestó secamente Balduino.


      -Pudisteis haber engañado a mis hombres, pero no a mí. Sé quién sois y que no estais en posición de haceros el bravucón. Si no os largáis ya mismo de aquí, os acribillaremos a flechazos.


      -Qué bien...-contestó Balduino, sarcástico-. Pensadlo mejor, sin embargo, que si vuestra sabiduría no fuera tal, sino necedad, sería vuestra cabeza la que dejaría de estar sobre los hombros correspondientes, no la de vuestro señor. No obstante, si queréis disparar, hacedlo; pero espero que vuestros arqueros sean cruza con búhos, puesto que sólo así sus flechas hallarán el blanco. Y parapetado entre los árboles del bosque, continuaré haciendo sonar mi cuerno y volviendo locos a vuestros perros de caza a menos que por algún milagro me hirierais de muerte. Vos decidís. Seguid perdiendo el tiempo, hacedme perder el mío y continuemos este juego tonto, o bajad el puente levadizo y subid el rastrillo.


      Cinco minutos más tarde ingresaba Balduino al patio de Kvissensborg. Los guardias lo miraron con cara de pocos amigos, pero en ese momento no se atrevieron a nada más.


      -No debísteis proceder así-le reprochó el capitán-. El señor Einar de Kvissensborg es el más querido vasallo del Conde Arn, y un gran héroe de Thorhavok. El acabó hace años con la flota de Sundeneschrackt.


      -Sigue siendo sólo un vasallo, y yo un Caballero. ¿Puede el señor Einar decir lo mismo? Y si el vasallo se parece a su amo, que inventó pretextos para no cumplir con los deberes para con sus súbditos, el señor Einar es sólo un gran cobarde-dijo Balduino, desmontando-. Cuidado, cuidado...-advirtió de mal humor al hombre que acudió con intenciones de ocuparse de Svartwulk-. Por vuestro bien, manteneos apartado de este animal... ¿Dónde está el señor Einar, pues?


      -Cenando.


      -Decidle que insisto en verlo ahora mismo.


      El capitán de la guardia vaciló, quedó mirando a Balduino y no le pareció prudente contrariar a éste; pero envió a uno de sus hombres a cumplir con el recado en vez de ocuparse él mismo.


      -Dice el señor Einar-declaró el guardia en cuestión, cuando regresó-, que cuando termine de cenar...


      Balduino no estaba dispuesto a seguir soportando más la espera interminable, ni ese tipo de excusas; jamás había sentido tanta furia como en aquel momento. Tanta furia, en verdad, que cuando luego quiso recordar cómo llegó hasta Einar, no lo logró, pues lo que hizo entonces, merced a empujones, carreras y golpes de espada, lo hizo como cegado por la ira y a la vez con ella de lazarillo. El Cielo, o tal vez su misma condición de Caballero, habrán velado, tal vez, para que en medio de su súbito frenesí no hiriera a nadie de gravedad; para que recordara, incluso bajo el imperio de una irreprimible cólera, que por fastidiosa que fuese la situación, no estaba autorizado a trasgredir ciertos límites. Por otra parte, el momento no lo obligaba a matar para conseguir lo que quería. El desmesurado sueño de grandeza de Balduino lo había obligado a entrenar si pausa ni desmayo en el manejo de todas las armas y particularmente con la espada, de modo que era un temible adversario para cualquiera que quisiera detenerlo; mientras que en Kvissensborg, en aquel entonces, la mayoría de las armas estaban poco manos que de adorno, pues dentro de sus muros la seguridad se manejaba de otra forma. Así que Balduino puso fuera de combate a unos cuantos guardias que trataron de cerrarle el camino, golpeándolos con el pomo de su espada, hiriéndolos levemente con la hoja (rasguñándolos casi) y se abrió paso sin mucha dificultad.


      En el comedor, Einar y sus invitados y amigos, diseminados a lo largo de una gran mesa en forma de herradura, observaban un espectáculo de bufones durante la cena, y un bardo se disponía después a entretenerlos con su música, cuando de repente ingresó Balduino espada en mano, gritando furioso el nombre de Einar, y atrancando las puertas tras él para que sus persecutores quedasen afuera. Los bufones y el bardo pusieron pies en polvorosa; Lyngheid, le joven y bella hija de Einar, se incorporó dando un grito, y varios invitados se atragantaron con la comida y el vino.


      Durante unos minutos, todos contemplaron atónitos la figura revestida de armadura negra que los observaba con fría cólera y profundo desprecio. A la luz de las antorchas, su espléndida melena roja y sus ojos marrones brillaban en forma intensa, acentuando su aspecto de demonio vengador. En el silencio no se oían más sonidos que el crepitar de los fuegos, el goteo de una jarra volteada cuyo vino pasaba ahora de la mesa al piso, y la propia respiración.


      Finalmente, la figura que ocupaba el sitial del anfitrión se incorporó, lenta y majestuosamente. Era un hombre rubio, de cabello ondulado, barba rizada y ojos azules y fríos. En su rostro había tanto desdén que Balduino, por comparación, parecía humilde y simpático.


      -Yo soy Einar de Kvissensborg-dijo-. Creo que me buscáis a mí.


      -Qué perspicaz-contestó sarcásticamente Balduino, enfundando su espada-. Soy Balduino de Rabenland, y vengo a indagar el motivo de que hayáis enviado a una horda de forajidos para servir como dotación en Vindsborg.


      Afuera del comedor se oían gritos y golpes. Pronto, un hacha comenzó a astillar la madera.


      -¡Mejor libre en compañía de forajidos que en una celda con ellos, creo yo!-exclamó Einar, con fingida sorpresa inocente, abriendo los brazos y paseando la mirada entre sus invitados como consultándolos; a lo que ellos respondieron con risas discretas-. Además, creía que entre ellos os sentiríais a gusto, Balduino... de Rabenland-y pronunció las dos últimas palabras tal como lo hiciera el pelirrojo, en una forma considerada incorrecta en Andrusia, y parodiando la tonada provinciana de aquél-. Los forajidos, entre forajidos a gusto se hallan, ¿o no? Olvidáis bien pronto que pertenecéis a una Orden de falsos Caballeros, proscritos por ladrones, protectores de herejes y quién sabe qué otros delitos igualmente vergonzosos. No obstante, si la situación no os gusta, devolvedme a los prisioneros. Volverán a las mazmorras, adonde, si queréis, hay también un lugar para vos... A menos que considerarais que os veríais mejor en la horca.


      Con gran cautela, un siervo quitó la tranca a la puerta. Los guardias entraron en silencio, pero nada hicieron, ya que Einar y Balduino sólo estaban conversando, sino quedarse a esperar órdenes.


      -No habléis de lo que no sabéis. Los Caballeros del Viento negro no somos salteadores, y si protegimos a los herejes fue porque ellos estaban indefensos o eran más débiles, y se los perseguía injustamente-replicó Balduino, en tono orgulloso, sin dejarse achicar por las burlas de Einar-. Tenemos sentido del honor. ¿Lo tenéis también vos? ¿Qué hay de las promesas que hicísteis a los mensajeros enviados por el Gran Maestre de la Orden del Viento negro, el señor Thorstein Eyjolvson? El me aseguró que estabais dispuesto a colaborar con nosotros.


      -Bien, al respecto, conviene aclarar unas cuantas cosas-dijo fríamente Einar-. Se nos ha querido hacer creer, aprovechando sin duda todo este asunto caótico de la asombrosa invasión de grifos y los ataque de Blotin Thorfinn, que el Reino se hallaba amenazado, además, por una fantástica raza de grandes lagartos, salidos de leyendas en las que ya ni los niños creen...


      Los invitados de Einar volvieron a reír.


      -Id a Drakenstadt o a Ramtala, y averiguad personalmente si los Wurms son reales o no lo son-dijo dignamente Balduino.


      -...Tanto insistieron, que a mi señor el Conde Arn finalmente se le agotó la paciencia-prosiguió Einar-, y me sugirió que diera esa colaboración... proporcionando de las mazmorras los hombres requeridos. Entendedlo bien, esto es idea de él, y yo no hago más que obedecer. Si de mí dependiera, iríais vos mismo a esas mazmorras. pero tiene razón mi señor: no podemos hacer algo así. De buenas a primeras, en Norcrest y Ulvergard parecen haberse vuelto locos y dar a vos y a vuestros camaradas el glorioso y en este caso inmerecido título de Caballeros, cuando sois en realidad una horda de individuos fuera de la ley. Que gente de sangre noble como vos se deshonre uniéndoseles, es lo que no alcanzo a entender. No obstante, si deseáis ensuciar vuestro linaje, allá vos. Y si tanto se nos urge a cooperar con proscritos, lo haremos; por ahora, os habéis vuelto demasiado poderosos para ofreceros resistencia. Ya pondrá Su Majestad el Rey en su lugar a ese jefe de malhechores que pomposamente se da a sí mismo el título de Gran maestre del Viento Negro. Y con todo esto ya he dicho todo cuanto tenía para decir-concluyó Einar, sentándose de nuevo.


      -Pero yo no-dijo Balduino, ahogado de rabia, desenfundando otra vez su espada.


      -¿A ver?-preguntó Einar, incorporándose de nuevo y haciendo un gesto harto sutil a sus guardias, que fueron acercándose al pelirrojo a espaldas de éste y sin que lo notara-. Soy todo oídos.


      -Ya no quiero que me des otros hombres que los que ya me has dado-apostrofó Balduino, colérico. Estaba tan colorado de ira que, en su semblante, en este momento apenas si se advertían las pecas-. Después de todo, para qué quiero que me secunden estos ridículos, inútiles esbirros tuyos, tan buenos guardias que no fueron capaces de detenerme a pesar de ser muchos contra uno solo; me serían más molestos que útiles. Piratas despiadados y temibles me convienen más. Piratas a los que, según me han dicho, tú mismo venciste en otro tiempo. ¡Yo no lo creo! No tiene pies ni cabeza que hayas vencido a la flota de Sundeneschrackt, a los Kveisunger que eran el flagelo de los mares, y ahora no te atrevas, sólo porque son demasiado numerosos, a combatir a quienes llamas forajidos. Eres un infanzón y un cobarde, y un vasallo y señor de cobardes. Y de alguien así puedo tolerar todo, menos que llames malhechor a una leyenda viviente como el señor Thorstein Eyjolvson, el Sabio, uno de los pocos hombres que me merecen algún respeto, si bien al conocernos personalmente tuvimos nuestras discrepancias. Ya te enseñaré yo a que tú tambíén lo respetes . Ya que dices tener honor y coraje, rubrica con hechos concretos lo afirmado por tu lengua. ¡Te reto a combate singular! ¡Aquí y ahora!-vociferó.


      Un silencio glacial y tenso cayó sobre el salón.


      Tan colérico como el mismo Balduino se hallaba Einar. Los insultos lo habían dejado lívido y apretando los dientes. Hizo otro sutil gesto, y los guardias se acercaron aún más al pelirrojo. Este se hallaba demasiado furioso para advertirlo.


      Cuando finalmente lo hizo, fue tarde. Diez pares de manos se habían precipitado sobre él, aferrándolo por los brazos, los cabellos, los hombros, cualquier parte de su cuerpo que supusiera un asidero fácil. Balduino se debatió furiosamente; costó mucho desarmarlo, y para inmovilizarlo hubo que darle un fuerte golpe en la cabeza, que lo dejó sangrante y aturdido.


      -No cruzo espadas con malhechores-dijo despectivamente Einar-. Sois increíblemente engreído, balduino de rabenland. ¿Qué creeis, que se os envió a este sitio en virtud de grandes méritos. Ved a qué desolación se os envió y daos cuenta de que evidentemente estáis aquí en castigo o porque alguien quería deshacerse de vos, Balduino de Rabenland.


      En su miseria y aturdimiento, Balduino escuchó aquello y se sintió desfallecer aún más; porque ya a él se le había ocurrido antes la misma idea. Y luego Einar pronunció otras palabras que lo hicieron temblar, porque le sonaron a sentencia del Todopoderoso, y que no olvidaría jamás:


      -Freyrstrande se encargará de vos.

Compartir este post

Repost 0
Published by EKELEDUDU
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
  • Contacto

Texto Libre

<td width="44" align="left"><a href="http://www.argentino.com.ar/" rel="nofollow" target="_blank"><img alt="argentino.com.ar" width="43" height="40" border="0"></a></td>

   <td><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" rel="nofollow" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#1E4F81;text-decoration:none;line-height:12px" target="_blank">estamos en<br><span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px"><strong>Argentino</strong>.com.ar</span></a><br>
     <div style="margin-top:2px;margin-bottom:3px"><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#999999;text-decoration:none;line-height:10px" target="_blank">directorio argentino</a></div></td>
    </tr>
   </table>
 </td>
  </tr>
</table>

<iframe src="http://www.thob.org/barra.php?blog=fch7qg3kmpd9w5nv" name="voto" id="voto" width="55" height="200" scrolling="no" frameborder="0" framespacing="0" border="0"></iframe>

Enlaces