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27 diciembre 2009 7 27 /12 /diciembre /2009 21:29

      Con catapultas o sin ellas, eran necesarias otras armas y, sobre todo, otras estrategias para vencer a los Wurms. A estas alturas, Balduino ni se acordaba de cuán remotas eran las posibilidades de que los gigantescos reptiles invasores se acercaran a Freyrstrande. Ciertamente necesitaba hacer creer lo contrario a su pintoresca pandilla de presidiarios, ciertamente él mismo necesitaba algo con qué entretener su mente pero, además de todo esto, organizar la defensa de Freyrstrande, playa olvidada y absolutamente inerme, contra invasores poderosos como los Wurms, era un desafío irresistible. Durante un tiempo difícil de precisar, sus hombres, aquel primer año, creyeron en la inmediatez de aquel peligro, y trabajaron con ahínco, sobre todo los Kveisunger, para quienes morir luchando contra quien fuera parecía un buen final. Hasta qué punto los había seducido tal idea lo demostraba el hecho de que ellos mismos aportaban ideas, aunque muchas de ellas resultaron inútiles al ser examinadas, y debieron descartarse desde el principio; por ejemplo, la de construir refugios cerrados desde los cuales se hostigaría a los Wurms, arrojándoles proyectiles por unas saeteras.

 

      Tal sugerencia, propuesta por Gilbert y refutada por sus porpios compañeros, presentaba tres problemas, dos de ellos bastante obvios. En primer lugar, refugios así dejarían a los defensores un campo de acción reducidísimo. podrían moverse dentro de ellos, y nada más; mientras que los reptiles dispondrían de todo el espacio que quisieran para desplazarse. En segundo lugar, si hasta los poderosos muros de los más sólidos castillos de Andrusia Occidental habían vacilado ante la embestida de los Wurms, resultaba pueril la idea de que refugios a toda prisa y mal  construidos lograrían detener a los monstruos. Y en tercer lugar, restaba el tema del ofistón: un supuesto gas venenoso, mortal en espacios cerrados, que se creía arrojaban los Jarlewurms.

 

      La existencia del ofistón se había deducido recientemente, a partir de una desesperada tentativa llevada a cabo por tres jóvenes de Ramtala en contra de las órdenes de Thorstein Eyjolvson, quien había prohibido la empresa por considerarla inútil y azarosa. Los tres jóvenes se refugiaron en una cueva de boca estrecha, en los acantilados, esperando lograr un ataque por sorpresa a los Wurms cuando éstos se acercaran. Se ignoraba si llegaron a infligir algún daño a los reptiles, aunque la poca maniobrabilidad ofrecida por la cueva no dejaba mucho margen para el optimismo en tal sentido; sólo si un Jarlwurm se le hubiera puesto muy a tiro, convirtiéndose en un blanco perfecto, podía haber sido eficaz la imprudente tentativa.

 

      Desafortunadamente, a posteriori se recuperaron los cadáveres de aquellos tres temerarios, intactos, sin herida alguna. las paredes de la gruta, ennegrecidas y con restos de brea quemada, delataban que un Jarlwurm les había lanzado un chorro de fuego del que ellos se salvaron guareciéndose en grietas laterales. Aun así murieron -se sabría muchos siglos más tarde- porque las llamas consumieron todo el oxígeno de la cueva, pero la verdadera causa no se conocía en ese tiempo. Se concluyó, en consecuencia, que el aliento de los Wurms era tóxico; que estaba constituido por un vaho pernicioso que se dio en llamar ofistón y que a cielo abierto no era tan mortal por terminar desvaneciéndose entre las corrientes de aire, pero que resultaba extremadamente letal en espacios cerrados.

 

      En Ramtala, Balduino había oido hablar de aquel suceso. Del ofistón se decían tantas tonterías, tan contradictorias y tan imposibles de comprobar (¿en base al testimonio de quién podía afirmarse, como lo hacían unos, que el ofistón producía una muerte fulminante, o como sostenían otros, una agonía lenta y pródiga en sufrimientos?) que Balduino al principio no pudo tomar en serio la historia. Pero testigos aparentemente confiables le informaron que efectivamente los tres cadáveres se habían recuperado intactos de la caverna de marras, así que, ¿qué importancia tenía la rapidez con que matara el ofistón? Lo que interesaba era que no debía atacarse a los Wurms desde sitios cerrados y mal ventilados, y menos si uno tenía pocas posibilidades de salir luego de ellos.

 

      Para tener al menos medianas posibilidades de éxito en caso de ataque de los Wurms, Balduino estimaba que, en el momento del combate, éstos debían hallarse previamente vulnerados por la confusión, la sorpresa y el miedo, de manera que su moral estuviera en baja, si no arruinada. Desde luego, la sola idea de inspirar temor a semejantes mosntruos parecía irrisoria, pero ¿por qué no, después de todo? Un enjambre de avispas enfurecidas pone en fuga hasta al más valiente, pese a que el ser humano tiene una talla muy superior a la de cualquier insecto.

 

      Se sometía él mismo y a sus hombres a duras pruebas físicas acordes al estado de salud de cada uno. No mucho  podía esperar de Lambert, por ejemplo, pues la edad de éste era ya muy avanzada, y ni de joven había sido un atleta; pero Ulvgang, con muchos años menos, se mantenía en mucho mejor condición física. Las pruebas consistían sobre todo en carreras de velocidad y resistencia cargando mochilas con cierto peso que se incrementaba en cada ocasión. la idea era ganar una agilidad extraordinaria, que permitiera esquivar garras, dientes y chorros de fuego de los Wurms. Otras veces, Balduino organizaba ejercicios coordinados para atacar en grupo a un imaginario Wurm cuyos movimientos teóricos voceaba plantándose delante de sus hombres.

 

      -¡Izquierda, adelante! ¡Cuello abajo hacia la derecha! ¡Chorro de fuego!-gritaba, describiendo las maniobras del monstruo imaginario; y todos debían moverse en base a tales descripciones.

 

      Tales ejercicios tuvieron un inicio desastroso, porque por ejemplo, por izquierda unos entendían la propia siniestra, mientras que otros creían que se trataba de la de Balduino, a quien tenían enfrente, y que por lo tanto para ellos era la diestra. En consecuencia, los movimientos eran un caos. Balduino inmediatamente les dejó en claro que, de allí en más, se referiría a la izquierda y la derecha de ellos, y a partir de entonces la cosa mejoró un poco. Pero en este sentido, los gemelos Per y Wilhelm Björnson, los salteadores, seguían siendo un desastre, y tras detener un ejercicio durante el cual ambos se habían movido en descompás, les dio una paciente explicación, y luego dijo a Per, para probar si había entendido:

 

      -A ver: alza tu mano derecha.

 

      Tras considerables titubeos, Per alzó su diestra; pero Balduino no tuvo tiempo de regocijarse, porque Wilhelm expresó su reprobación:

 

      -¡ANIMAL!... ¿No te dijo claramente el señor cabellos de Fuego que TU mano derecha?...-y Per, turbadísimo, alzó su siniestra, todavía con dudas.

 

      -¿Pero por qué te entrometes, Per?-exclamó Balduino, exasperado-. ¡Si lo había hecho muy bien!

 

      -Esteeee....Señor Cabellos de Fuego... Yo soy Wilhelm-aclaró tímidamente el amonestado-. ¿No ves, mi cacatriz hacia la derecha?-preguntó, tocándose con el índice el labio inferior.

 

      -¡¡¡PARA ÉL ES LA DERECHA!!!-bramó el verdadero y único Per, indignado.

 

      Wilhelm se plantó delante de su hermano.

 

      -Ahora, ¿cuál sería mi izquierda?-preguntó desafiante-. Esa es la tuya, imbécil-gruñó, milagroso acierto el suyo, cuando Per alzó su mano siniestra.

 

      -¿Por qué no me dejas destripar a esos dos imbéciles, señor Cabellos de Fuego?-suspiró Ulvgang, cansado nada más de oírlos.

 

      Sugerencia tentadora, pero ponerla en práctica hubiera dejado a Balduino con dos hombres menos, los armeros para colmo; de modo que prefirió poner uno junto al otro a los gemelos - sobre los que llovían ahora burlas e insultos de sus compañeros-, mientras él se les situaba enfrente.

 

      -Izquierda, hacia allá; derecha, hacia allá-dijo, señalando las direcciones desde el punto de vista de los gemelos. Los tuvo repitiendo lo mismo durante un buen rato-. Ahora, media vuelta-Per y Wilhelm obedecieron-. ¿Dónde está la izquierda ahora?-inquirió; y entonces uno señaló hacia la izquierda y otro hacia la derecha. Caso perdido.

 

      Meses habrían de transcurrir aún hasta que por fin ambos coincidieran en las direcciones correctas. malignamente, sus compañeros proponían a Balduino que ya no intentara enseñarles, porque jamás los gemelos Björnson conseguirían aprender, y en cambio era en ellos todo un logro ser tan increíblemente idiotas.

 

      Pero los gemelos Björnson no eran idiotas. Tampoco de proponían hacer las cosas mal a propósito, o mostraban apatía en aprender. Sencillamente, distinguir entre la izquierda y la derecha era para ellos una ciencia arcana e incomprensible. dada la frecuencia con que uno de ellos, por fin, parecía aprender, y el otro se apresuraba a corregirlo, Balduino más tarde terminaría hartándose y poniéndolos a aprender por separado y, a manera de estímulo un tanto humillante, con Hansi a cargo de la instrucción, tras asegurarse previamente de que él sí supiera dónde estaban su izquierda, su derecha y las de cualquier otra persona.

 

      Por lo demás, eran inteligentes y laboriosos los dos. A pedido de Balduino forjaron escudos defensivos muy ligeros, de forma oblonga, con el interior revestido de madera para aislar el brazo del calor que despedirían las llamas de los Wurms. Las puntas de jabalina les dieron más trabajo. Balduino opinaba que la mejor arma arrojadiza era la jabalina súndara, liviana, flexible y que lanzada con la debida precisión y potencia resultaba espantosamente mortífera por su capacidad de penetración y largo alcance. Tenía cuatro filos que se curvaban en espiral y que se abrían paso sin dificultad a través de músculos, tendones y huesos.

 

      Si al principio Per y Wilhelm no tuvieron éxito en la fabricación de tales puntas de lanza, en breve tiempo superaron las espectativas. Convinieron con Balduino en aumentar la longitud de dichas puntas hasta dieciocho pulgadas y pusieron empeño en aguzar todavía más los cuatro filos que, después de todo, debían horadar el cuero grueso y duro de los dragones más poderosos de todos los tiempos. Todo este trabajo requería grandes cantidades de metal, y Balduino envió a sus hombres a recoger todo el que encontraran tirado en la playa y luego a solicitar a la gente de los alrededores que les cedieran todo el que no usaran. El hecho de que los solicitantes fueran presidiarios endurecidos, tal vez, inspiró considerable generosidad entre la gente de Freyrstrand, que todavía los miraba con desconfianza lo mismo a ellos que a su comandante, el Caballero enviado para protegerlos, el señor Cabellos de Fuego.

 

      Balduino bajaba a la herrería con cierta frecuencia. pretextando supervisar el trabajo, en realidad esperaba comprobar personalmente si era cierto que cuando uno de los gemelos se hería, el otro sentía el mismo dolor en la misma región de su propio cuerpo. Con que uno de ellos se martillara accidentalmente un dedo habría bastado; pero ello no ocurría nunca. Anders, quien siempre los ayudaba, tenía más oportunidades de verificar el extraño rumor, pero no más éxito que Balduino, y a él se le notaba mucho más la curiosidad, casi alevosa en su caso. Un día que puso menos disimulo todavía del acostumbrado, y nada hacía salvo seguir con la mirada todos y cada uno de los movimientos de los gemelos, éstos hicieron bruscamente a un lado las herramientas, y lo observaron con enigmática malignidad.

 

      -Sentimos mucho informarte que no nos vamos a lastimar-dijo Per.

 

      -No para que compruebes si es cierto lo que has oído de nosotros-añadió Wilhelm.

 

      -Apreciamos muchísimo nuestra integridad física-siguió Per.

 

      -Lo que siempre nos hizo muy, muy cuidadosos-agregó Wilhelm.

 

      -De modo que, si no nos vas a ayudar...

 

      -...¡Puedes retirarte!

 

      Sólo entonces Anders  advirtió que, semejante a un buitre a la espera de que el moribundo se haga cadáver, no había hecho más que acechar, aguardando a que uno de los gemelos se lastimara para ver la reacción del otro. Súbitamente avergonzado, se puso de inmediato a accionar el fuelle.

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Published by EKELEDUDU
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