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30 diciembre 2009 3 30 /12 /diciembre /2009 17:57

XX

      El así llamado carpintero de Freyrstrand, para variar, se llamaba Thorstein en memoria de un héroe muy popular, Thorstein el Niño, y era hijo de otro Thorstein y padre de un tercer Thorstein de la estirpe. De este último se decía que era sumamente perezoso, negligente y mujeriego, pero esta última afirmación era discutible, dada la escasez que había de mujeres y de gente en general en toda la región, y se le llamaba Thorstein el Joven para diferenciarlo de su padre, el Viejo.


      Thorstein el Viejo mostró mucho interés en el trato que Balduino le propuso a través de Karl, y a los pocos días vino muy temprano a examinar el torreón en compañía de un muchachote robusto, mucho más alto que él, de cabello castaño claro lleno de rizos, enormes ojos almendrados y facciones toscas. Enseguida el pelirrojo fue informado de la venida de Thorstein el Viejo por Thorvald. Al ver que no venía solo, Balduino preguntó a Thorvald, en susurros:


      -¿El que lo acompaña es el hijo mujeriego?
 

      A la vista de aquel rostro inocentón, las murmuraciones acerca de Thorstein el Joven parecían calumnias.
 

      -No, a ése no lo agarras fácilmente para que ayude en un trabajo arduo. No: éste es Kurt Ingmarson, sobrino de el Viejo y primo por lo tanto de el Joven.


      Thorstein el Viejo, rubio, barbado y de menuda estatura, venía adelante, muy orgulloso de que nada menos que un Caballero requiriera de sus servicios. Si Balduino hubiera caído cautivo a manos de un enemigo y hubiese requerido, para ser liberado, de aquel campesino, éste no se habría mostrado más solemne y comprometido en la misión encomendada.


      -¿El señor Cabellos de Fuego?-preguntó, quitándose la gorra que llevaba puesta.


      -¡Humpf!...-gruñó Balduino. Evidentemente, estaba condenado de por vida a cargar con aquel ridículo mote, y pronto hasta los perros de Hundi lo llamarían así-. Sí, soy yo-añadió resignado, mientras bajaba la escalinata de piedra para salirle al encuentro.
 

      Muy nervioso, Thorstein hizo una ligera inclinación de cabeza, jugueteando sin cesar con la gorra, y de inmediato se presentó a sí mismo y a su sobrino. Este último no había prestado atención, hasta ese momento, ni a su tío ni a Balduino, ocupado como estaba en mirar en derredor suyo con mucha curiosidad, y en estrechar todas las manos que tuviera a su alcance; y pareció despertar de un sueño al oírse nombrado.


      -¡Hola, amigo!-exclamó con candor, sonriendo espléndidamente mientras estrechaba con fuerza la diestra del pelirrojo y la zamarreaba de manera harto efusiva.


      Balduino, al principio, quedó un tanto descolocado ante un saludo tan campechano y escasamente protocolar. ¿Amigo?... Imaginó la cara de cualquier poderoso barón si recibiera tal tratamiento por parte de un villano cualunque. Pero tan franca, agradable e ingenua era la sonrisa de Kurt, que automáticamente le correspondió de manera algo tímida. Pues sí, amigo, ¿por qué no? Aquella amabilidad era un bienvenido alivio para la tensión de días pasados.
 

      Seguidamente, Thorstein manifestó cuán honrado y agradecido se sentía por la presencia en la comarca de tan noble y valiente Caballero como vos, señor Cabellos de Fuego. A continuación hizo un espeluznante relato, con todo lujo de detalles, de un terrorífico ataque, tenido lugar cierto tiempo atrás, de una bandada de grifos contra un grupo de mercaderes. Balduino, quien había esperado que Thorstein fuera al grano, no entendió que se trataba de una indirecta destinada a recordarle que aquellas fieras voladoras todavía amenazaban la región y que se esperaba de él que las combatiera; y se preguntó adónde quería llegar el hombre.
 

      Cada vez más y más parlanchín a medida que entraba en confianza, Thorstein empezó a despotricar contra un tal Oivind, testigo al parecer de aquel ataque de grifos. Al parecer aquél era un personaje muy poco querido en el lugar, pero de quien dependían todos, en cierto modo, por el tipo de servicio que prestaba a la comunidad.
 

      -Es un bribón-gruñó.
 

      -Sí, la gente es una cagada, no puede uno fiarse de nadie-convino Andrusier, quien se hallaba cerca en ese momento.


      -¡Ah! ¿Sí?...-inquirió el joven Kurt con sorpresa. Era obvio que la sentencia de Andrusier, cuya mano también había estrechado al llegar, le parecía digna de profunda meditación y que, para él, que la gente pudiera ser mala era cosa nueva.
 

      Pero Thorstein ya había cambiado de tema y ahora arremetía contra su hijo, el haragán y mujeriego.


      Dura venganza de los hados... Desde hacía siglos, los villanos acudían suplicantes a los nobles, y de los caprichos de éstos dependían sus destinos, por lo que procuraban no contrariar a tan poderosa gente. Ahora, los papeles estaban invertidos, y Balduino se veía obligado a escuchar la interminable verborragia de un ignoto habitante de un sitio inhóspito como para espantar al mismo Diablo. La perorata de Thorstein, sin embargo, no fue del todo inútil, ya que hizo ver a Balduino que debería redimensionar sus definiciones para ajustarlas a Freyrstrand, si quería entender bien cómo eran las cosas allí. El tal Oivind, quien al hacer compras para sus vecinos se obsequiaba a sí mismo con varias y pequeñas sisas, era todo un malhechor; y Thorstein el Joven, por haber coqueteado en sólo una ocasión con dos mujeres al mismo tiempo, un escandaloso e irredento libertino.


      En determinado momento, el monólogo puso proa hacia Kvissensborg, y Balduino constató que los lugareños simpatizaban tan poco con Einar como él mismo, lo que le hizo sentir simpatía hacia aquéllos.
 

      -Y ahora, señor Cabellos de Fuego, veré el torreón para ver qué arreglos necesita la escalera, si lo permitís-dijo al fin Thorstein el Viejo, luego de lo que pareció una eternidad.


      -¡Sí, sí!-exclamó Thorstein, aliviadísimo- El inopinado y ocasional detentor del poder se dignaba, por fin, atender a la petición del humilde súbdito-. Con cuidado, maese. Esos escalones son muy traicioneros.


      Kurt, quien le sacaba una cabeza a Balduino, se inclinó hacia éste con aire conspirador.


      -Mi tío habla mucho, ¿eh, amigo?-susurró, y rio en voz baja.
 

      -Bueno... Sí... Para qué lo vamos a negar-contestó Balduino, agachando la cabeza como avergonzado de su propia sonrisa; pero Kurt ya se alejaba tras su tío.


      Al rato volvieron los dos, cuando Balduino y parte de sus hombres estaban metidos hasta el cuello, sucios como ellos solos, en una zanja que habían comenzado a excavar días atrás. El pelirrojo hizo a un lado la pala y salió a la superficie.


      -¿Y esto, amigo?-preguntó Kurt, genuinamente desconcertado, señalando la zanja con aire de niño que recién empieza a descubrir el mundo y quiere conocerlo todo de golpe.


      -Levantaremos una empalizada aquí-contestó Balduino.
 

      -¿Puedo ver Vindsborg por dentro? Nunca estuve antes dentro de un castillo.
 

      Balduino demoró en responder. Empezaba a preguntarse si Kurt y su tío lo estarían tomando en solfa, lo que hubiera sido comprensible. Cubierto de mugre, con una barba desprolija y rascándose el cuero cabelludo ferózmente atacado por los piojos, no ofrecía una imagen muy señorial.
 

      Trató de discernir si era posible que alguien llamara castillo a Vindsborg y hablara en serio, o qué motivos podía tener Kurt para desear ver por dentro una construcción ruinosa que a nadie interesaba cuando permanecía deshabitado y, en consecuencia, se lo podía visitar a su antojo.
 

      Decidió finalmente que en una tierra donde el tal Oivind, por pequeños robos en las compras, era todo un fascineroso merecedor cuando menos de la horca; en una tierra donde Thorstein el Joven por un simple, fugaz y ocasional desliz era un fauno pervertido; en una tierra así, Vindsborg tal vez pudiera aspirar a ser visto como un poderoso, magnífico castillo.


      -Sí, claro-respondió aturdido.


      -Gracias, amigo-dijo Kurt, complacido; y se dirigió resueltamente hacia Vindsborg, adonde Lambert montaba guardia al pie de la escalinata.
 

      Era casi seguro que a Kurt, como a Hansi, hubiera prácticamente que atarlo para que no se metiera en los lugares más inconvenientes para él, porque se movía entre convictos peligrosos como entre beatos.
 

      No fue del agrado de Balduino que Lambert lo dejara entrar sin cerciorarse primero de que tuviera permiso para ello. Pero en ese momento nada dijo al respecto, porque quería primero cerrar trato con Thorstein. A fin de ahorrarse otro interminable monólogo, esta vez encaró el tema él mismo, formulando las preguntas del caso.

      En síntesis, Thorstein dijo que tenía una buena provisión de madera para la que no hallaba uso, y que alcanzaría para las refacciones en el torreón. Estuvo encantado de librarse de aquella madera que ocupaba demasiado espacio en su cobertizo. A cambio pedía dos barriles de carne de foca conservada en sal, y las pieles ya curtidas de los animales muertos.

      Balduino se preguntó si no salía perdiendo en el cambio, pero para un principiante es difícil estipular el valor de cada cosa en un trueque, de modo que aceptó la oferta y allí mismo se cerró el trato. Sólo lamentaba no hallar la misma buena disposición de Thorstein en los constructores de catapultas de Vallasköpping.

      Ya amenazaba el aldeano atacar con su natural verborragia, cuando Balduino pretextó tener que dar instrucciones al centinela (o sea, a Lambert) y se alejó a grandes zancadas hacia Vindsborg.

      Lambert se había sentado en el primer peldaño de la escalinata. Contra esto no podía Balduino oponer muchas objeciones, dada la avanzada edad del hombre; lo que lo indignaba era lo otro.

      -Lambert, ¡buena vigilancia la tuya!-vociferó, airado-. ¿Así que ahora permites que cualquiera entre en Vindsborg?

      -Oh, ¡vamos, señor Cabellos de Fuego!-gruñó Lambert, molesto-. Kurt es el muchacho más bueno que puedas encontrar por aquí, lo quiere todo el mundo. ¿Qué crees que hará, espiar a cuenta de los Wurms?

      No se le había ocurrido a Balduino que Lambert conociera previamente a Kurt. Claro, ¿cómo no habría de conocerlo? Todos y cada uno de los cuatro gatos locos que moraban en la región debían ser muy conocidos. Y también los hombres de Einar, los únicos enemigos que de momento estaban lo suficientemente cercanos para dañar de algún modo al pelirrojo.

      -De acuerdo, disculpa-convino-. Aun así, la gente de guerra no podemos fiarnos de nadie. Este Kurt podría haber sido comprado por Einar para espiarnos.

      -El cerebro de Einar ya no da para tanto-objetó Ulvgang, apareciendo a espaldas de Balduino-, ni la gente le seguiría el juego.

      En ese momento salió Kurt. Descendió lentamente la escalinata de piedra y se acercó a Balduino para hacerle una confidencia.

      -Todo está bien-declaró, para asombro del pelirrojo. ¡Ni que fuera una inspección oficial!-; pero con tu permiso, amigo, está todo muy, muy sucio. Aquí lo que haría falta es una mujer.

      Tras un breve silencio, dijo Ulvgang, sonriendo maliciosamente:

      -Muy cierto, al menos una. Pero que sea resistente, ¿eh?

      Kurt enrojeció, y se echó a reír.

      -¡Pero qué cosas decís, señor Sundeneschrackt!-y por este comentario sorprendió Balduino que la inocencia de Kurt apenas si le permitía vislumbrar la aureola de peligro que Ulvgang irradiaba ya desdelejos. Podía hablar y reír tan normalmente como cualquier otro, aunque lo llamara señor, como guardando distancias.

      -Tú tenías razón, señor Cabellos de Fuego-refunfuñó Lambert, incorporándose-: este muchacho es un auténtico peligro y no debí dejarlo entrar, si ahora nos sale con ideas raras como traer a una mujer aquí, con el consiguiente riesgo de casamiento...

      -Me parece, viejo, que tú eres de ésos que gustan de ser chocados por la popa-sentenció malignamente Ulvgang.

      Mientras Lambert y Ulvgang se dedicaban a lanzarse pullas uno contra el otro, Kurt se llevó aparte a Balduino, e insistió en que en Vindsborg era imprescindible una mujer.

      -Kurt, ¡no puedo traer una mujer aquí, para que esté en medio de esta horda de energúmenos que la violarían en cualquier momento!-exclamó Balduino-. Y además, ¿de dónde quieres que la saque


      -Tú me dices y yo te la traigo, amigo-dijo Kurt, como si de mercadería se tratara-, pero no es bueno que el hombre esté solo.

      Por lo pronto, más que solo, el hombre de marras estaba rodeado de unos cuantos criminales endurecidos, dos guerreros ancianos y mutilados, un escudero rabioso, seis perros y dos caballos, y eso estuvo a punto de responder Balduino; pero de repente lo asaltó una duda:

      -¿Tú estás enamorado?-preguntó

      -Sí-suspiró lánguidamente Kurt, poniendo una cara no mucho más inteligente que la de una vaca.

      Ante esto, Balduino se dijo que las rarezas de Kurt quizás se debieran a su estado de enamoramiento, aunque su tío tampoco pareciera muy normal. Dijo que por el momento no era posible traer una mujer a Vindsborg, pero que le haría saber más adelante si cambiaba de opinión. Dijo esto último para que su negativa no sonara tan rotunda, y de ese modo Kurt se diera por conforme y se callara; pero más allá de que en Vindsborg cualquier mujer se habría vuelto ramera de buen grado o forzadamente, lo cierto era que Balduino no se tenía confianza como cortejante y que además no deseaba serlo. Los enamorados siempre le habían parecido una raza de imbéciles.

      Pero esa noche, a su pesar, pensó en ello antes de dormirse. El viento soplaba sin cesar, fustigando la región, y su lúgubre lamento parecía un eco de la amarga soledad que sentía Balduino, soledad que tal vez Kurt había notado pese a que tantas personas rodeaban al pelirrojo.

      Y en ese momento, por primera vez en su vida, se preguntó qué se sentiría al saberse amado por una mujer.

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Published by EKELEDUDU
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