Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
2 enero 2010 6 02 /01 /enero /2010 19:06

      Ulvgang quedó un momento pensativo antes de hablar.

 

      -Yo puedo llamarme fracasado con más autoridad que tú-dijo al fin-. Con sólo veinte años, tienes toda una vida por delante. Esto es un mero trapié.

 

      -Puede ser...-convino Balduino-. ¿Me darás la mercadería, ahora que tienes el oro?-bromeó.

 

      -Tu oro no es bueno, señor Cabellos de Fuego.

 

      Balduino se enojó.

 

      -¿Qué quieres decir? ¿Me has hecho hablar y hablar sólo para que ahora...?-protestó; pero fue interrumpido por Ulvgang.

 

      -Calma, señor Cabellos de Fuego-dijo el Kveisung sin alterarse-. Tu oro no tiene la debida pureza, pero me lo entregas creyendo de buena fe que sí la tiene. Aceptaré eso. No mientes a sabiendas, pero tu versión de los hechos no es la verdadera, eso es todo.

 

      -Ulvgang, de veras...

 

      -Déjame decirte una cosa-interrumpió Ulvgang-: un Kveisung jamás llora. Un Kveisung que llora no es un Kveisung, porque un Kveisung debe ser duro como el que más. Ceder al llanto sería un auténtico golpe contra su honor.

 

      -¿Y?-preguntó Balduino, sin entender a dónde quería llegar Ulvgang.

 

      A veces un compañero está a punto de desmoronarse. Tú, si lo adviertes, miras para otro lado o, mejor todavía, encuentras otra cosa que hacer en alguna otra parte. Así se estila entre nosotros, los Kveisunger; pues aquí en confianza, señor Cabellos de Fuego, nadie es insensible del todo. Nadie, jamás, estará a salvo de las lágrimas. No obstante, no se sabe de ningún Kveisung que haya llorado, porque cuando parece que está a punto de hacerlo, todos lo dejan solo, ¿entiendes?

 

      -¿Y llora?-preguntó Balduino, como sin entender.

 

      -No, señor Cabellos de Fuego, ya te dije que no-contestó Ulvgang, impaciente-. Nadie jamás ha visto llorar a un Kveisung.

 

      Balduino encontraba bastante cómica esta reticencia de Ulvgang a admitir que los Kveisunger, en ocasiones, eran presa de las lágrimas como cualquier otro mortal; pero a la vez esa costumbre de dejar solo al compañero a punto de echarse a llorar para ahorrarle la humillación adicional de la hombría menoscabada lo impresionó. Era un gesto de extraña nobleza que no hubiera creído posible hallar entre los Kveisunger.

 

      -¿Y por qué me dices todo esto?-preguntó.

 

      -Ahora eres un compañero-contestó Ulvgang-. Llegado el caso, yo miraría para otro lado.

 

      -¡No voy a llorar! ¡No tengo por qué!-exclamó Balduino, sorprendido-. ¡Tú mismo dijiste que no he fracasado, sino sólo dado un traspié!

 

      -No dije que llorarías-repuso Ulvgang, con cierto nerviosismo en la voz, como si lo acabaran de acusar de sacrilegio. Aparentemente hasta sugerir que un compañero  fuese capaz de llorar era en su mente alta traición-, y de todos modos, me refería a otra cosa. Varias veces te interrumpiste, te costó continuar... Pero no importa. Dejemos el tema. Algo ocurre en tu interior, pero tú también miras para otro lado.

 

      Balduino se estremeció, y quedó momentáneamente helado de desagradable estupor. Ulvgang había sabido mirar en su interior mejor que él mismo. Era cierto: varias veces, a lo largo del relato, había tenido que interrumpirse con un nudo en la garganta. lo raro era que no hubiera podido precisar por qué y, no obstante,  no sentía curiosidad por saber más al respecto. Instintivamente,  bendecía esa ignorancia que de algún modo lo protegía, y estaba dispuesto a encerrarse en ella como el caracol en su caparazón.

 

      -Es mi turno de hablar-dijo Ulvgang, y afuera el temporal amainó, como pendiente él también de las palabras del Kveisung-. Nací en las montañas de Viskeholme. Mis padres tuvieron en total diez hijos, pero a uno de mis hermanos y a una de mis hermanas jamás los llegué a conocer, pues murieron antes de que yo naciera. Otro de mis hermanos falleció cuando yo tenía corta edad, y no lo recuerdo; y más tarde vi morir a un hermano y una hermana más. En las Andrusias se muere mucho, porque allí la vida es muy dura. A los diez años ya andaba yo con un cuchillo al cinto, que por otra parte sabía manejar muy bien, para defenderme de las fieras, algunas de las cuales andaban en dos pies. hay escasa solidaridad entre los montañeses de las Andrusias. Si tu rebaño entero muere por la causa que fuera, tu vecino difícilmente te ayude, porque precisa de hasta la última de sus ovejas y cabras por si ocurriera alguna desgracia. la solución es robar del rebaño del vecino, pero es difícil hacerlo sin que a uno lo pesquen. La solución a este segundo problema es, cuando te atrapan, reclamar derechos sobre la oveja o cabra que te estás robando, alegar que tu vecino te robó una primero, sea ello cierto o no. Termina ganando el más duro, y la supervivencia te obliga a serlo.

 

      ’Tenía yo doce años cuando murió mi madre y abandoné mi hogar y las montañas, harto de sólo sobrevivir. Si has nacido en las Andrusias, deseas ser un Kveisung. Los Kveisunger comen mejor que tú, visten mejor que tú, corren muchas aventuras y hay entre ellos gran camaradería; no puedes sino envidiarlos. No obstante, no todos se atreven a unírseles, aunque cada vez son más los que sí se atreven. De cualquier modo, se me advirtió que era poco probable que me admitieran entre ellos debido a mi corta edad. Trae mala suerte tener niños a bordo, aunque otros digan exactamente lo contrario. Pero yo estaba decidido a intentarlo, y bajé al puerto pirata más próximo. No era gran cosa, ni siquiera recuerdo su nombre; pero tuve la suerte de que en ese momento se hallara fondeada allí una nave procedente de Broddervarsholm: el Leviathan, cuyo capitán, Thorben Thorbenson, era el más feroz de su tiempo pese a su juventud. Su verdadero nombre era conocido sólo por los Kveisunger; para los demás, Thorben era Zeesteuven, el Diablo del Mar. El año anterior, su fama había llegado incluso hasta las montañas donde yo vivía, tras haber mandado al fondo del océano al Holmenesheld, un poderoso navío de guerra de Drakenstadt que hasta entonces había sido el mayor temor de los piratas.

 

      ’Pues bien, apenas bajé al puerto, varios quisieron prohibirme la entrada; pero otros, riendo, propusieron llevarme frente a Thorben para que éste me enrolara en su nave. Se burlaban, por supuesto. Querían obligarme a hacer el papel de bufón, y al principio supongo que lo hice. No es fácil no achicarse en presencia de una leyenda viviente como ya lo era Thorben. Tenía nariz aguileña, melena negra y mirada penetrante, y en sus músculos residía la fuerza de un titán. Junto a él se hallaba un hombre de ojos amarillentos que era conocido como Snack, Serpiente.

 

      ’Thorben me tomó en broma y finalmente se cansó de mí, ordenando que me alejaran de su presencia. Me llevaban a la rastra, cuando yo dije a gritos que sólo era niño por el número de mis años. Entonces ordenó a los que me llevaban que se detuvieran, y él y Snack mantuvieron una charla en voz baja.

 

      ’-Muy bien, valiente-dijo finalmente Thorben-. Espero a alguien que me fue anunciado por una profecía; según ésta, un hombre bajo otra apariencia. Aquí estás tú, que pareces niño y dices ser hombre. ¡Demuéstralo! Ninguno de mis hombres se dignaría a luchar contra ti, pero llevo en la bodega escoria para ser ejecutada en la Schulternsgrabe, en Broddervarsholm: un sujeto cobarde y sin honor. Ese accedería, con tal de salvar su miserable pellejo. Los Kveisunger no matamos a niños ni otros indefensos, pero ése no es un verdadero Kveisung, aunque eso diga ser; y tú dices ser ya un hombre. Lucha contra él, entonces, y vence o muere. Si vences, tendrás un sitio de honor en mi barco. Si mueres, te garantizo las honras fúnebres que merecen los bravos. Si decides no luchar, lo entenderé, y podrás irte sin que nadie te haga daño. Ten en cuenta que te enfrentarás a un ser despreciable, sí, pero uno que luchará como un demonio para salvar su vida, pues todo es preferible antes que la Schulternsgrabe.

 

      ’-Lucharé-dije.

 

      ’-Vence entonces-respondió Thorben-, o me veré obligado a perdonarle la vida a tu adversario, y te aseguro que no lo merece.

 

      ’¿Me sigues todavía, señor Cabellos de Fuego?

 

      -Sí- contestó Balduino, preguntándose qué habría de cierto en toda la historia. Ulvgang no parecía mentir, y su tono no era de jactancia; pero tal vez narrara menos la vida real de Ulvgang Urlson que la leyenda de Sundeneschrackt, tenida por cierta incluso por él mismo-. ¿Qué era esa Schulternsgrabe?

 

      -La Fosa de los Culpables de Broddervarsholm-contestó Ulvgang-. Era una poza bastante profunda, adonde se ejecutaba a los condenados por delitos graves, generalmente cobardía y traición. En el fondo de esta poza moraba un monstruo marino llamado Skatzar, a cuyo estómago iban a parar los condenados. Era una muerte espantosa. Por ese tiempo y durante muchos años, el verdugo de Broddervarsholm y cuidador de Skatzar fue Varg Knutson... Sí, nuestro actual cocinero.

 

      Balduino no pudo evitar estremecerse al tomar conocimiento tanto de la suerte sufrida por los cobardes y los traidores en Broddervarsholm, como de las actividades pretéritas de Varg. Casi lamentó haber preguntado.

 

      -La cuestión es que me enfrenté a aquel sujeto, no recuerdo cómo se llamaba-prosiguió Ulvgang-, y lo vencí. Fue una lucha pareja, porque él era más fuerte, pero yo lo superaba en agallas. Además, ya para entonces era yo bueno para fanfarronear tanto como para insultar, y que alguien tan joven se mostrara tan desafiante sorprendió y amedrentó un poco a mi rival. De todas maneras, él luchó con denuedo, porque cualquier cosa era preferible antes que la Schulternsgrabe. Pero al fin lo maté, para asombro de todos, excepto de Thorben y Snack, quienes se veían venir un final parecido.

 

      ’La tripulación del Leviathan se mostró algo inquieta cuando subí a bordo, pensando que siendo un niño les traería mala suerte; pero Thorben los tranquilizó enseguida, argumentando que yo era ya un hombre más allá de lo que dijeran mi apariencia y mis años. Supongo que convenció a algunos, en tanto que otros simplemente prefirieron no desafiar la voluntad de Thorben. Este se hallaba satisfecho conmigo, y pronto llegamos a querernos como padre e hijo.

 

      -¿Y esa profecía que mencionaste antes?-preguntó Balduino.

 

      -¿Oh... La profecía! No sé si fue tal, en realidad-contestó Ulvgang con franqueza-. Snack era el Witz, el brujo y vidente del Leviathan. El Witz supuestamente domina los elementos, provocando tempestades y grandes olas que envía contra los enemigos, o bien sosegando las aguas y alejando tormentas para provecho del Capitán al que sirve. La verdad, yo nunca vi a ninguno hacer ninguna de estas cosas, ni siquiera a Hendryk Jurgenson, el mejor que haya conocido jamás. Pero Thorben creía firmemente en los poderes de Snack. Según decía, gracias a ellos había logrado hundir al legendario y aparentemente invencible Holmenesheld. Como vidente, Snack era apenas un poco mejor que en su supuesto control de los elementos. Adivinaba el futuro mezclando conchas marinas en una bolsa y dispersándolas luego en el suelo. En base a las figuras que formaban, hacía sus pronósticos. También interpretaba sueños. Algunos de sus vaticinios parecían impresionantes, pero muchos otros, hasta donde sé, jamás se cumplieron. Otros eran mucho más simples, y de ellos se cumplía apenas la mitad. El, desde luego, tenía toda una colección de excusas para justificar sus desaciertos, y todos le creíamos. Sólo mucho más adelante, ya estando en prisión, me acordé de él, y se me ocurrió que tal vez fuera un vulgar charlatán y un cobarde astuto. Vivía profetizando su propia muerte en combate; por lo que Thorben, que no quería perderlo, no le permitía participar de la batalla. Snack protestaba, pero creo que a sabiendas de que Thorben sería inflexible. A veces alguien corría la voz de que Snack era un cobarde. Como el viejo Witz tenía dignidad, participaba en las siguientes dos o tres batallas, mostrándose en esas ocasiones casi temerario, cosa de que no quedaran dudas acerca de su valor; y luego volvía a abstenerse por orden de Thorben, con la excusa de que la próxima batalla sería la última para él, según la lectura de las conchas marinas o la interpretación de sus propios sueños. Así fue como Snack logró sobrevivir hasta el fin junto a Thorben.

 

      ’Todavía me parece verlo: larguirucho y sin gracia como Adam , aunque en mucho mejor estado físico que éste, con aquella melena dorada y grasienta, sus ojos amarillentos y sus sonrisas enigmáticas. Así se veía por aquel tiempo.

 

      ’-Zeesteuvenskild-me dijo, apenas zarpamos rumbo a Broddervarsholm-, el destino te depara grandes cosas, aunque al leer en las conchas marinas que se trataría de un hombre que no parecería tal, imaginé una mujer disfrazada, no un niño que lo sería sólo por su aspecto. Estás llamado a forjarte un nombre que sembrará el terror en las costas de Andrusia, a hacer temblar a la poderosa Drakenstadt hasta sus cimientos y a perpetuar el recuerdo de Zeesteuven más allá del límite de lo imaginable; e igual que tu protector, arrebatarás a los Cielos el codiciado don de la inmortalidad.

 

      ’Así dijo, levantando una vara a la que se atribuían propiedades mágicas. le creí en su momento, trabajé mucho para que sus vaticinios se volvieran realidad y todo o casi todo terminó siendo cierto. Hoy sospecho que por ese entonces era un simple farsante y que, si sus profecías se cumplieron, fue precisamente porque me ocupé de que ello sucediera. Lo que ocurrió luego... Quién sabe. Snack se volvió un poco loco con los años, y los locos pertenecen sólo en parte a este mundo. Lo cierto es que con el tiempo empezó a acertar más a menudo conforme se chiflaba más y más, y su última predicción fue verdaderamente impresionante... Pero todo a su tiempo.

Compartir este post

Repost 0
Published by EKELEDUDU
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
  • Contacto

Texto Libre

<td width="44" align="left"><a href="http://www.argentino.com.ar/" rel="nofollow" target="_blank"><img alt="argentino.com.ar" width="43" height="40" border="0"></a></td>

   <td><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" rel="nofollow" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#1E4F81;text-decoration:none;line-height:12px" target="_blank">estamos en<br><span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px"><strong>Argentino</strong>.com.ar</span></a><br>
     <div style="margin-top:2px;margin-bottom:3px"><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#999999;text-decoration:none;line-height:10px" target="_blank">directorio argentino</a></div></td>
    </tr>
   </table>
 </td>
  </tr>
</table>

<iframe src="http://www.thob.org/barra.php?blog=fch7qg3kmpd9w5nv" name="voto" id="voto" width="55" height="200" scrolling="no" frameborder="0" framespacing="0" border="0"></iframe>

Enlaces