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10 enero 2010 7 10 /01 /enero /2010 19:08

XXX

      La tormenta no amainó sino con las últimas luces del crepúsculo, y Balduino aceptó el consejo de Ulvgang de pasar la noche en Eldersholme. A la mañana siguiente, hartos del encierro forzoso, se arrastraron los dos fuera de la caverna. El mar estaba picado, el viento bramaba sin cesar y el cielo no estaba completamente limpio, pero al menos era seguro que no seguiría lloviendo. Nubarrones de fúnebre negrura y contornos albos y dorados avanzaban veloces hacia el Sur por un firmamento de singulares fulgores, mayormente rojizos, aunque aquí y allá se veían extraños matices turquesas.

 

      -No sueles mirar mucho hacia arriba, ¿verdad?-preguntó Ulvgang; porque Balduino observaba el firmamento con aire embobado.

 

      -No de esta manera-admitió el pelirrojo, asombrado al advertir que, por insólito que fuera, jamás se le había ocurrido hasta entonces detenerse a contemplar el cielo simplemente por placer o para matar el ocio-. Lo hacía sólo por motivos prácticos... Buscando un halcón de caza extraviado o rastros de humo que pudieran indicar el avance de un enemigo que a su paso provoca incendios, o para saber qué tiempo haría ese día o el siguiente, o tratando de hallar una paloma que debía traer un mensaje. Camino hacia Freyrstrande también miré al cielo alguna vez para precaverme de los grifos y también para admirarlos; pero atendía a los grifos y no al cielo, y los veía como un símbolo de poder-rió un tanto amargamente-. Contemplaba la posibilidad de incluirlos en mi escudo de armas cuando fuera un gran señor. A veces iba más allá en mi delirio e imaginaba que en mi castillo tendría un grifo doméstico a los pies de mi trono, y todos hablarían de Balduino el Dominador de Grifos, gran guerrero y poderoso señor...

 

      -Y me imagino que jamás admiraste un bosque; que siempre miraste hacia él en busca de enemigos parapetados tras los árboles o para decidir dónde hallarías mejor leña-se burló Ulvgang.

 

      -Algo así...-murmuró Balduino, sonriendo melancólicamente.

 

      -Los jóvenes... Me recuerdas un poco a mí cuando tenía tu edad. Escucha a un viejo, señor Cabellos de Fuego-dijo Ulvgang, poniendo una mano en el hombro de Balduino-: sueña, si quieres, con ser el dueño del mundo; pero disfruta ante todo de la parte de él que ya te pertenece mientras la tengas, pues hasta eso puedes perder algún día, sin que importe cuán malo o cuán bueno hayas sido. Yo era el Terror de los Estrechos, el amo de los mares, el Kveisung más poderoso de mi tiempo; y un buen día me hallé sin nada, en una cárcel oscura, fría y húmeda, y al alzar la vista no hallaba más que un techo gris, sucio y feo. Has sido afortunado si este traspié te permitió descubrir hasta qué punto es hermoso el cielo. Yo tuve que estar diez años privado de él para darme cuenta.

 

      Balduino lo miró con recelo. La imagen paternal de Ulvgang no lo convencía del todo, aunque el aura de peligro que habitualmente envolvía al Kveisung hubiera desaparecido por un momento. Pero no estaba de ánimos para fingir, aun cuando sincerarse implicara revelar puntos débiles de su personalidad a un potencial enemigo.

 

      -No te gastes, Ulvgang-dijo-. Desde que me sucedió esto que tú llamas traspié, siento una especie de hambre en el alma que ningún cielo, por hermoso que sea, podría mitigar.

 

      -Mejor que así sea. Es preferible sufrir hambre a pasarse la vida bebiendo brebajes mágicos para engañar al hambre.

 

      -¿Qué quieres decir?

 

      -Descúbrelo tú mismo.

 

      Balduino se enojó, considerando que Ulvgang trataba de hacerse el misterioso. En eso, el Kveisung señaló hacia la orilla y gritó:

 

      -¡Eh! ¡Ese grandullón se lleva nuestro bote!

 

      En efecto, una figura musculosa, de largos cabellos rubios, arrastraba hasta la orilla el bote sin el cual Balduino y Ulvgang no podrían regresar a Vindsborg. Tal vez una barca pesquera los recogiera días más tarde, pero era casi seguro que no los buscarían expresamente: los darían por muertos.

 

      Bajaron por las estribaciones del volcán, vociferando como demonios, y tan rápido como lo permitía el terreno en pendiente y plagado de rocas y desniveles.

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Published by EKELEDUDU
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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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