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...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.

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CLXXXIX

      Esa noche, sin embargo, correspondió a Balduino montar guardia en el torreón; y Adler fue a verlo allí y le describió el diálogo entre Adam y Méntor, que dejó pensativo al pelirrojo. Al principio, es verdad, no le dio mayor trascendencia, en parte porque no parecía haber información importante en dicho diálogo y en parte porque posiblemente no se tratase más que de una confusión por parte de Méntor.

 

      -Después de todo-razonó, acuclillado en el suelo y calentándose junto al brasero-, tú mismo dices que aseguró que el frío alela a los de su especie. En esas condiciones pudo perfectamente ver una princesa en un sapo.

 

     Pero en el semblante tachonado de cicatrices de viruela de Adler danzaban muchas dudas.

 

      -Ese es el punto, señor Cabellos de Fuego. Méntor no parecía alelado. Su habla era coherente, y decía que el volcán de Eldersholme lo había ayudado a calentarse-replicó-. Estoy seguro de que no alucinaba ni se confundió de persona. Adam, alguna vez, fue Caballero y estuvo en ese Monte Desolación del que tanto nos hablasteis.

 

      Balduino sonrió, inevitablemente escéptico. Adam tenía alrededor de cuarenta años, edad que lo capacitaba perfectamente para haber presenciado los acontecimientos provocados por el estallido del Monte Desolación, en Nemorea; lo inaceptable para cualquier cerebro sensato y lógico era que semejante alfeñique escuálido alguna vez hubiera cabalgado revestido de armadura. Por no hablar del carácter resentido, amargo y cínico de Adam, impensable en alguien que se tuviera por paladín de ideales nobles.

 

      -Es poco probable-observó.

 

      -Tal vez; pero, ¿imposible?-preguntó Adler.

 

      -¿Y qué mejor forma de saberlo, sino preguntándole a él?

 

      -Si tuviera intención de que algo así se supiera, nos lo habría dicho ya, o al menos lo habría admitido ante Méntor.

 

      -Quizás no había nada que admitir.

 

      -No sé, me pareció que Adam estaba más burlón de lo habitual en él. Además, te odia, y lo sabes. Es el único en Vindsborg que te aborrece con alma y vida.

 

      -Sí, porque lo privé de su querido Fuego de Lobo.

 

      -¡A Ursula también la odia!

 

      -Porque ella lo llama alfeñique, medio hombre y esas cosas.

 

      -¡Pero Adam no odia a nadie más!

 

      -Adler, ¿a dónde quieres llegar? No entiendo qué tiene que ver a quién ame u odie Adam con el hecho de que él fuera o no fuera Caballero.

 

      Y se veía que Adler tenía ideas muy concretas, pero su incultura le impedía expresarlas cabalmente; de modo que, tras luchar con su propio primitivismo durante un rato, decidió que no había más que hacer, y declaró:

 

      -Me voy a dormir.

 

      -¿Y vas a dejarme así?-preguntó Balduino, tan indignado como un niño que se queda sin oir el final de un cuento muy interesante.

 

      -¿Y qué quieres que haga?... Buenas noches, señor Cabellos de Fuego.

 

      Adler inició el descenso, y Balduino quedó allí, en la penumbra del torreón, frustrado. No obstante, un hombre que monta guardia tiene tiempo de sobra para meditar. Era poco probable que Adam hubiera sido Caballero. ¿Imposible?... Adler había dejado la pregunta pendiente de respuesta para que Balduino decidiera cómo contestar correctamente. Era una especie de reto y el pelirrojo, tácitamente, lo aceptó.

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