...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
Una manzana madura habría parecido descolorida al lado del rostro de Dagoberto de Mortissend al concluir su relato. Thorstein Eyjolvson reía a carcajadas.
-No es gracioso-gruñó Dagoberto-. Yo, el gran Capitán; yo, valiente Caballero del Viento Negro, dejándome mandonear por mi madre...
-No lo toméis así-aconsejó Thorstein, riendo todavía-. Es cosa frecuente, después de todo, el dejarnos dominar por mujeres, sean éstas madres, amantes o esposas... Y decidme-añadió, ya serio-: ¿obedecisteis a vuestra madre? ¿Hicisteis algo por este Balduino?
-Afortunadamente, ni ocasión de verlo de nuevo tuve.
-¡Magnífico!-bromeó Eyjolvson-. Será buena amenaza en caso de que os mostréis renuente o negligente en acatar mis órdenes: "Si no hacéis lo que digo, le contaré a vuestra madre que no ayudasteis a Balduino de Rabenland a ser mejor persona, como ella quería". Hablando en serio: ¿creeis, entonces, que este joven es el más indicado para enviar a Freyrstrande?
Dagoberto de Mortissend pareció debatirse entre sentimientos encontrados.
-Puede que sí. Pero investidlo de autoridad y lo tendréis más infatuado y desagradable que nunca-respondió al fin.
-Dejaremos su fatuidad y antipatía para cuando termine la guerra, en ese caso, y mientras tanto le daremos una comandancia propia en Freyrstrande, adonde no importará que dé rienda suelta a su soberbia, siempre que organice eficázmente la defensa contra los Wurms-dijo Thorstein Eyjolvson, incorporándose e invitando a Dagoberto de Mortissend a hacer otro tanto-. Habéis demostrado en otras ocasiones saber evaluar la personalidad humana de un simple vistazo. Dudo que os equivoquéis en cuanto a este Balduino; debe ser todo lo repulsivo que aseguráis. Pero quién sabe, la guerra cambia a las personas... Aunque, a decir verdad, dudo mucho que la guerra se haga sentir alguna vez en Freyrstrande.
’Ahora, id a descansar, que lo merecéis. Buscadme más tarde. Me encontraréis en el Nodarsbjorgele, organizando la fortificación de las murallas, o en el Zodarsbjorgele, supervisando todo lo referente al destino e instrucciones de los Caballeros recién llegados.
Y dicho esto, el Gran Maestre se separó de su subordinado y amigo con un apretón de manos, y se retiró después de ordenar a un paje que acompañara a aquel hasta los aposentos de huéspedes.