...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
Su inminente exploración de los canales tenía sobre ascuas a Balduino y Anders. Para ambos tenía sabor a aventura, aun cuando no se alejaran demasiado de Freyrstrande. La vastedad del océano y los misterios que éste encerraba los tenía fascinados. Balduino, quien contaba con información previa sobre el tema a través de algunas lecturas, especulaba a veces en voz alta sobre lo que, tal vez, verían en el mar; y sus relatos dejaban a Anders a medio camino entre el asombro y la ansiedad.
En Vindsborg, la mayoría, y en especial los Kveisunger, los miraba con una mezcla de sentimientos muy diversos: simpatía, comicidad, ironía, cierta ternura...
Una noche, hablando del asunto mientras esperaban la cena, Balduino dijo a Anders:
-Con suerte, tal vez hasta divisemos algunos delfines. Unos animales rarísimos: mamíferos con forma de pez.
Ursula quedó rascándose la cabeza.
-¿Mamíferos? ¿Qué es eso?-preguntó.
-Se llama así a los animales que amamantan a sus crías: el perro, la vaca, el ciervo...-explicó Balduino.
La giganta quedó mirándolo unos segundos con los ojos muy abiertos; luego dijo, meneando la cabeza:
-¿Cómo que mamíferos con forma de pez?-preguntó-. Los delfines son peces, enanito.
-No, no-intervino UIvgang, volviendo hacia ella sus saltones ojos verdiazules-. El tiene razón: son mamíferos.
-Peces-porfió Ursula.
-Sé de buena fuente que son mamíferos-rebatió Balduino.
Sonriendo burlonamente, Ursula se volvió hacia el pelirrojo.
-¿Y qué buena fuente es ésa? Ya sé, no me lo digas-la sonrisa se hizo todavía mucho más burlona-: la Historia Natural, de Plino.
-Plinio. Bueno... Esteee... Sí-hubo de admitir Balduino, con mucha vergüenza.
Ursula se echó a reír a carcajadas.
-Un momento-intervino Honney, indignado-: hemos surcado los mares durante muchos años, más que tú. Y nos consta que los delfines son mamíferos.
-Peces-insistió Ursula.
Hubo una larga pausa en la discusión, porque la cena estaba ya lista y todos, por turnos, fueron a servirse. Pero el mejunje de la noche estaba peor que de costumbre, como si la intención fuese que Balduino y Anders se subieran ya al bote y huyeran despavoridos de semejante menú; de modo que, una vez sentados, la mayoría se puso a jugar nerviosamente con aquella nueva y más horrorosa creación culinaria de Varg. Entonces Honney, quien deseaba vencer cuando menos una vez y en cualquier cosa a aquella gigantesca cazadora que con tanta frecuencia lo humillaba abatiendo buenas presas en tanto que él volvía con las manos vacías o semivacías, volvió a la carga:
-Los delfines son mamíferos. Vimos muchas veces a sus hembras amamantando a las crías.
-Después de beberte una respetable ración de aquavit serías capaz de ver también a una docena de Jarlewurms bailando una ronda infantil; de modo que no dudo de tu palabra-dijo malignamente Ursula-. Pero los delfines son peces.
Honney se puso furioso.
-¡Increíble!-rugió-. ¡Mocosa testaruda!... Somos Kveisunger, la hueste de Sundeneschrack... ¡Hemos navegado de punta a punta por el Mar de Nerdel, haciendo temblar a los poderosos!... ¡Y mirad lo que ahora viene a discutirme esta ignorante de siete suelas, algo que nosotros ya sabíamos cuando ella todavía cagaba sus pañales y se hurgaba la nariz para sacarse los mocos!
-¿Cómo que se hurgaba?-preguntó Andrusier socarronamente-. ¿Por qué el tiempo pasado?, si al menos hasta hace más o menos cinco minutos todavía seguía haciéndolo, nuestra refinada princesa...
Honney se volvió hacia Ulvgang.
-Y tú, ¿no dirás nada?-le preguntó-. ¡Haz algo!... ¡Explícale a esta gansa que no puede discutirnos algo tan elemental!
Abúlico, Ulvgang se volvió hacia Ursula.
-No puedes discutirnos algo tan elemental-le dijo.
-¡Puedo y lo hago!-exclamó Ursula, belicosa.
Siempre indiferente, Ulvgang se volvió de nuevo hacia Honney.
-Dice que puede y lo hace...-murmuró.
Honney estaba colorado de rabia. Sus espeluznantes ojos verdes refulgían de manera terrible, y su negro bigote se erizaba como el pelaje de un gato.
-Tú dime-observó Ursula, calmosamente, pero sonriendo con terrible mordacidad y pérfido deleite ante la furia de Honney-: ¿un delfín se parece más a un pez o a un perro o una vaca?
-¿Qué tiene que ver?-preguntó sarcásticamente Honney-. Las apariencias engañan. Así es que la mayoría de los asnos son cuadrúpedos, pese a lo cual aquí estás tú, la excepción, andando sobre dos patas.
-¡HONNEY!-bramó Karl.
-La postura bípeda es moda entre los asnos, Honney, o también tú andarías en cuatro patas-contraatacó Ursula, ácida-. Por todos los dioses de Asgard...-añadió, revolviendo en su tazón con cara de asco-. Mejor me hago cargo de la cocina otra vez.
Varg venía en ese momento de la cocina con su propio tazón, y reaccionó como era habitual en él ante ese tipo de comentarios.
-Ay, qué delicada-farfulló-. La princesa... ¡Todos son iguales!-gritó, casi atorado de furor-. ¡Cocino para diecisiete princesas pretensiosas y quejumbrosas que...!-y ya no hubo forma de entender lo que siguió.
Apenas terminada su crítica a la cena de turno y antes del consabido estallido de rabia de Varg, Ursula había empezado a reír por lo bajo con un placer casi diabólico. Balduino estuvo casi seguro de que la crítica en cuestión no perseguía más fines que hacer rabiar al cocinero.
-Ursula-dijo-: ¿qué tal si buscas otro pasatiempo que no sea encolerizar a todo el mundo aprovechando que tu condición de mujer te exime de la venganza de mis hombres?
Ursula puso cara de sorpresa.
-¿Hombres?-preguntó con fingida extrañeza, mirando hacia todas direcciones como buscando algo-. Ah, ¿hay hombres aquí, aparte de Thorvald? ¿En serio? ¿Y dónde están?
Y estalló de nuevo en carcajadas.
Circunspectos, heridos en su orgullo masculino, todos se miraron entre sí mientras Ursula continuaba riendo a mandíbula batiente...