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29 abril 2010 4 29 /04 /abril /2010 20:14

      Salvo ese día, y durante aquella visita de Gabriel, Balduino no tuvo con él otro diálogo tan largo como ése. Tal era el laconismo del Leproso que, de haberse tratado de otro, el pelirrojo habría pensado que no se hallaba a gusto en Vindsborg. Sin embargo, sin mirar a nadie en especial ni decir palabra, Gabriel a menudo sonreía de manera tanto más misteriosa cuanto que no parecía mediar causa alguna para ello. Viéndolo, Balduino sonreía también por contagio, y se preguntaba en qué pensaría en esas ocasiones. Desde luego, por aquellos días Gabriel le parecía tan inescrutable como Tarian, con la diferencia de que a éste, con el tiempo, llegaría a conocerlo mejor, mientras que Gabriel siempre iba a conservar, a sus ojos, buena parte de su aura enigmática.

 

      Ya no sentía Balduino curiosidad con conocer el verdadero rostro tras aquellos vendajes: Gabriel había dejado bastante en claro que, precisamente, su rostro auténtico era el que tenía las vendas puestas. Era la mentalidad del joven Leproso lo que hubiera deseado desentrañar. Tal vez lo hizo sin darse cuenta, tal vez llegó a captar lo esencial: que Gabriel no le pedía mucho a la vida, porque le bastaba con estar vivo. Y quizás eso resumiera todo, porque Balduino pensó mucho en ello; y luego de un tiempo, la misma extraña y humana sonrisa que había notado en Gabriel fue visible también en su propio semblante. Era una sonrisa maravillosa y difícil de describir, que inspiraba amor e invitaba a acercarse; y cuando dos años después muchos se acercaron, de hecho, a la sonrisa de Balduino, que parecía capaz de mitigar un poco todas las penas y horrores de la Guerra, indirectamente quedaron en deuda con Gabriel de Caudix, que sin proponérselo moldeó esa expresión en los labios del pelirrojo con el propio ejemplo

 

      Durante aquella visita de Gabriel tuvo lugar otro hecho que involucró a Ursula y del que Hansi Friedrikson se enteraría cabalmente recién diez años más tarde: él sería una de las tres personas a las que Balduino relataría lo ocurrido entonces.Todo comenzó con una fuerte, violenta nevada; la primera de muchas que anticiparían los rigores invernales de Freyrstrande, ya que las neviscas caídas hasta entonces no contaban.

 

      Balduino suspendió los trabajos del día, un tanto malhumorado, comprendiendo que era mejor perder una jornada que un hombre. justificó su decisión alegando, con cierto fundamento, que tenía poca gente bajo su mando, y no podía arriesgarse a perderla exponiéndola innecesariamente.  Cuando se le dijo, también con lógica, que ahora podía disponer también de los hombres de Kvissensborg, él replicó que éstos no estarían eternamente bajo su autoridad, sino que en algún momento volverían a depender de Einar; cuándo, imposible saberlo, por más que él diera largas al asunto. Este argumento, no obstante, era un tanto endeble, como muchos se dieron cuenta: sabían que, en caso de ser necesario, Balduino se esforzaría por mantener bajo su mando a la dotación de kvissensborg y casi seguramente lo lograría. El verdadero motivo era que estaba tomándole mucho afecto a su grupo de presidiarios, y no quería perder a ninguno; si bien ni a sí mismo se lo confesó.

 

       Ursula se puso muy gruñona al enterarse de que ese día no se trabajaría, porque no le gustaba la inactividad y comenzaba a aburrirse de cocinar. Balduino trató de convencerla de que un día más o menos no sería nada, pero ella era muy terca y, sabiendo que en eso el pelirrojo no se quedaba muy en zaga, no intentó hacerlo variar de opinión; pero en cambio se marchó por su cuenta de cacería. No se le pudo impedir; al fin  y al cabo era una princesa, aunque a veces costara tanto recordarlo. De ese manera recuperó Varg su dominio sobre la cocina y preparó el almuerzo y la cena de ese día, lo que luego dio lugar a muchos chistes acerca de la rápida partida de Gabriel al alba siguiente, aunque el leproso ya se había quedado veinticuatro horas más de lo previsto y tenía cierto apuro por volver con sus compañeros.

 

      Poco después de mediodía dejó de nevar. La temperatura había descendido mucho, y hubo que abrigarse bien al salir afuera. La nieve blanqueaba el paisaje, y Balduino temió primero por Gudrun, pensando (como efectivamente sucedía) que tal vez hubiera ido a pastorear a sus ovejas pese a la inclemencia climática. Fue hasta las dehesas aledañas y, desde la distancia, se cercioró de que tanto ella como Kurt y Heidi, la novia de éste, se hallaran bien. Ya estaba bastante avanzada la tarde cuando regresó a Vindsborg y se enteró de que Ursula aún no había vuelto, por lo que empezó a preocuparse también por ella. La joven había partido muy temprano y jamás demoraba tanto; por lo que el pelirrojo decidió salir a buscarla montado sobre Svartwulk. Anders y gabriel se ofrecieron a ayudarlo, aprovechando sus propias monturas. Se convino que quien la hallase primero regresaría a Vindsborg y avisaría al guardia del torreón para que diese con el cuerno una señal que se acordó allí mismo, y acto seguido los tres partieron.

 

      La nevada, como es lógico, había borrado las huellas de la joven, dificultando la búsqueda. De poco valían a Balduino, Anders y Gabriel sus habilidades de rastreadores en tales circunstancias, y sólo podíoan cabalgar cada uno por su lado llamando a gritos a Ursula y examinar en busca de alguna pista reciente.

 

      Después de la fuerte borrasca, los cielos se habían abierto en parte, de modo que el sol bordaba sus negros atavíos con hebras doradas y carmesíes, y la delirante melancolía cromática del firmamento se reflejaba en la nieve, por lo que cada abra del bosque parecía bañada en sangre, aunque la espesura se veía amenazante y oscura. Donde los reayosimpactaban de lleno se levantaban columnas de vapor que se desvanecían en la nada cuando rafagas de un viento frío y todavía constante fustigaban la zona.

 

       Puede pensarse que Balduino, bajo el influjo del extraño paisaje, imaginó lo que no era, o bien que diez años más tarde, cuando narrara la historia, retocase un poco los años, si no lo hizo luego el propio Hansi. De cualquier manera se dice que, en cierto punto del bosque, Svartwulk se negó, por primera y única vez, a seguir el rumbo impuesto por su amo, y enfiló por su cuenta en otra dirección. Balduino se enfadó con el animal y lo aguijoneó suavemente con las espuelas, itrando al mismo tiempo de las riendas para obligarlo a desviarse; pero Svartwulk no hizo caso y, como guiado por la mano del Destino, continuó avanzando en la dirección escogida por él. Que, increíblemente, llevó a Balduino hasta un claro donde halló a Ursula y donde el caballo se detuvo por propia voluntad.

 

      Superado por el prodigio, el pelirrojo miró alternativamente a Ursula, quien se hallaba de rodillas y no reparó en la presencia del jinete, y a Svartwulk. Al comprender que jamás sabría exactamente lo ocurrido, se sintió un poco frustrado, y lamentó no poder prestar su voz al animal para que éste le explicase si un instinto natural o sólo la casualidad lo había guiado hasta allí. Tras desmontar, lo premió con unas cuantas palmaditas afectuosas en el cuello. Svartwulk relinchó y lo olisqueó, llenándole de baba el hombro.

 

      -Ursula...-llamó Balduino con suavidad. Todavía estaba demasiado aturdido por el incidente con Svartwulk y le costaba entender nada más. Contra sus primeros temores, había visto primero sólo que Ursula estaba viva e ilesa. Ahora captaba además que, de todos modos, algo no andaba bien. la joven giganta se encontraba de rodillas frente a una loba muerta, y cuando alzó el rostro, mirando sin ver, sus ojos húmedos y enrojecidos delataron que había llorado mucho por algún motivo. Esto descolocó al pelirrojo, quien hasta ese momento no hubiera creído a ursula capaz de llorar, pues la suponía tan dura como Thorvald o Ulvgang.

 

      Balduino echó un vistazo a la loba muerta y comprendió todo, aunque su asombro de descubrir a Ursula tan inesperadamente vulnerable no disminuyó un ápice.

      -Ven, Ursula-dijo Balduino, ofreciéndole su mano; y Ursula tomó aquella mano, se incorporó y, ya de pie, se estremeció y rompió a llorar de nuevo, cubriéndose el rostro con sus palmas. Balduino la abrazó, en la medida en que le era posible abarcar entre sus brazos la corpulenta mole de la gigantesca joven, y ésta hundió su rostro en el hombro del pelirrojo y siguió desahogándose.

 

      La loba muerta estaba preñada. ursula sin duda no se había dado cuenta de ello al disparar la flecha; por otra parte, la temporada de cría ya había quedado atrás, y nadie imaginaba una preñez fuera  de época. De cualquier modo, Ursula había quebrantado uno de los más antiguos y sagrados tabúes de los cazadores: el de no dar muerte a una bestia preñada sin permitir primero que de su vientre saliera la nueva vida, a menos que fuera en defensa propia. Era difícil explicar por qué la involuntaria trasgresión la trastornaba tanto. Nunca había parecido muy emocional. Pero allí estaba, por fin aparentando lo que en verdad era pese a su apariencia colosal, hombruna y poderosa: una jovencita de dieciocho años, también ella con un costado sensible.

 

      -Tengo que regresar, Ursula, para avisar que te he encontrado y que estás bien-dijo Balduino, después de un rato-. Luego regresaré. La loba ya está muerta y, por lo tanto, mejor aprovechemos la piel. De despellejarla me encargaré yo. Y daremos un destino especial a esta piel, de modo que algo bueno salga de todo esto; y te prometo que, cuando la veas, ya no te dolerá tanto.

 

      Y así lo hizo; y al óir dos breves toques de cuerno seguidos de otro más prolongado, Anders y Gabriel, cada uno por su lado, volvieron a Vindsborg. Pero Balduino y Ursula regresaron mucho más tarde, cuando ya todos estaban acostados; y ni entonces ni en los días siguientes dijeron una palabra acerca de lo ocurrido. Se respetó el silencio de ambos, pero todos se dieron cuenta de que se habían perdido de algo importante, porque el trato de Ursula hacia Balduino cambió mucho de allí en adelante. Hasta entonces, ella había encontrado un tanto absurdo que alguien como Balduino, de respetable talla pero de ningún modo un coloso, ocupara un puesto de mando. En lo sucesivo, sin  embargo, no olvidaría que, en un momento de flaqueza, había obtenido apoyo y consuelo de alguien que bien hubiera podido tomarla en solfa para desquitarse de que antes ella hubiera hecho otro tanto con él.

 

      La preñez fuera de época de la loba muerta por Ursula no sería un caso único. Se sabe, en efecto, de al menos otro animal que tuvo cría a fines de diciembre de ese año o principios de enero del siguiente. Imposible precisar si fueron dos casos aislados o si algo, tal vez alguna inusualidad climática, alteró ese año las temporadas de celo en las especies, ya que no se dispone de suficiente información al respecto. El propio Hansi Friedrikson, pensando en esos dos casos, expresaría su desconcierto al respecto al comentarlos en las Freyrstrandeskroniks. Leemos también en éstas que, en los días siguientes al de la muerte de la loba -suceso del que por supuesto él ignoraba la verdadera historia cuando tuvo lugar- a menudo se asombró al descubrir que Ursula lo miraba con una sonrisa en la que se mezclaban el afecto y la melancolía por partes iguales, como dos sabores disímiles confluyen en lo agridulce. Hasta su regreso a Kaldern, ocurrido al año siguiente, Ursula muchas veces siguió mirando así a Hansi, lo que no podía menos que sorprender a éste, porque nunca antes ella se había mostrado cariñosa con él. Pero cuando más de una década más tarde Hansi desempolvó una ajada y apolillada piel de lobo que Balduino le había regalado y que él guardaba en un arcón como una reliquia después de concluida la vida útil de la misma, Balduino quebrantó su silencio y contó la historia que había tras la piel en cuestión. Aparte de al  propio Hansi, sólo se la refirió a Gudrun Heimriksdutter y a Tarian Morv Mwyalch.

 

      Hoy también nosotros la conocemos. La Historia, debido al papel que Ursula jugaría más tarde, involuntariamente, en los sucesos que desembocaron en ala Guerra Civil, la ha juzgado con excesiva dureza, llamándola mala madre y mujer fría y dura. Pero las pequeñas historias probablemente arrojen imágenes más fidedignas del carácter de las personas que la mera crónica histórica. ursula de ningún modo fue una persona insensible, por más que tal sea la imagen que su nefasto matrimonio haya legado a la posteridad. En otras circunstancias, su imagen seguramente nos sería más favorable; y no obstante contamos ahora, para endulzarla al menos un poco, con la anécdota de aquella cazadora que por un tiempo vivió en Freyrstrande con Balduino Cabellos de Fuego y sus Lemmings cuando éstos aún no se llamaban a sí mismos así, sino que eran simplemente la dotación de Vindsborg; la historia de una mujer que lloró por unos lobeznos que ya nunca podrían nacer y halló consuelo en la certeza de que, lo que a ella le parecía un crimen, hallaría redención aportando un granito de arena para un niño sobreviviera al frío y creciera hasta hacerse adulto.

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Published by EKELEDUDU
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