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5 junio 2010 6 05 /06 /junio /2010 18:31

      Einar nunca había sido muy querido en Freyrstrande. Esto era sabido, pero no los alcances de esa malquerencia, al menos hasta el día siguiente del duelo entre Anders y Thorkill. Oivind y Osmund habían ido hacía muy poco a Vallasköpping, pero igual una nutrida cantidad de aldeanos, so pretexto de tener cosas que encargar de allí y trayendo por lo tanto sus propios productos en trueque -en cantidades más bien ridículas- acudió como uno solo a Vindsborg y de paso felicitó efusivamente al vencedor. Algunos eran de ésos que vivían muy tierra adentro y no se dejaban ver más que en contadas ocasiones, pero la mayoría de las caras conocidas estaban tambiém, entre ellos Kurt, venido con su primo hrumwald y su novia Heidi. Kurt estaba muy contento de haber sido testigo ocular de la proeza y se dedicó a contarla con pelos y señalas una y otra vez ante un admirado auditorio que reprimía el aliento en los instantes de mayor tensión y estallaba en vítores y aplausos de júbilo al llegar al esperado y glorioso final. Como si por magnífica y más digna de dioses que de hombres la hazaña resultara increíble, cada tanto se volvía hacia el prognato y tímido Hrumwald y preguntaba:

 

      -¿No fue así, primo? Tú también estuviste. ¿Miento, acaso?

 

      Y Hrumwald afirmaba o negaba según lo requiriera la situación.

 

      Anders, por supuesto, estaba feliz como niño con juguete nuevo por esta súbita popularidad suya, y sonreía con esa vanidad inocente de niño encantado con sus propios logros tan típica de él. Se veía que la pobreza de vocabulario y las reiteradas onomatopeyas de Kurt lo tenían sin cuidado; lo deleitaba el entusiasmo que ponía en la narración, sobredimensionándolo hasta la talla de un héroe sin par, una figura legendaria. De seguir así, acabaría nombrando a Kurt su bardo oficial, y le encargaría que cantase también acerca de todas y cada una de sus futuras hazañas.

 

      -Qué calladito se lo tenía el grumete-decían los Kveisunger-. ¡Tan luego esa Lyngheid, capaz de inflamar hasta a una estatua!

 

      Balduino, quien pronto tendría que hacer el ingrato papel de aguafiestas, miraba desde la distancia a Anders y sonreía con algo de pena. Era evidente que hasta entonces Anders no había sufrido grandes preocupaciones. Debía ser hermoso vivir así, aunque Balduino no pudiera dar fe de ello; y odiaba ser él quien tuviera que forzar a Anders a dar aquella zancada hacia la vida adulta.

 

      Rodeaban al pelirrojo Thorvald, Karl y Lambert. El primero al parecer intuía los pensamientos de Balduino, porque dijo:

 

      -Anders la está pasando en grande. Bien, que lo disfrute-y ya no lo llamó pichón, ni volvió a hacerlo hasta un año más tarde, ni más ni menos.

 

      Finalmente, con gran renuencia, cada uno de los alreanos tuvo que irse a atender sus propios asuntos.

 

      -Qué bellos son-suspiró Karl, viendo a Kurt aferrar por la cintura a Heidi-. Cómo me gustan los enamorados... Se casan en la  próxima primavera.

 

      -¿Sí?... ¡Pobres diablos!-exclamó Lambert, para indignación de Balduino, quien se había puesto tan bucólico y soñador como Karl-. Si se casan en primavera, al llegar el siguiente otoño ya estarán batiéndose en duelo como para dejar enano el que vimos ayer.

 

      Por la mirada que le dedicó Karl, se habría dicho de éste que hubiera preferido incluso la amputación del único brazo que le quedaba antes que escuchar semejantes vaticinios pesimistas. Lambert lo observó con sorpresa y se encogió de hombros, haciendo uno de sus habituales e involuntarios guiños de ojo y rascándose la sucia y desprolija barba.

 

      Pocos minutos más tarde se acercaba Anders con Hansi y Thommy prendidos a sus talones como garrapatas a un perro.

 

      -El, Balduino, os enseñará, el señor Cabellos de Fuego-decía Anders-. Os enseñará a luchar como me enseñó a mí. Después de todo, Hansi, me reemplazarás como escudero a su servicio cuando me armen Caballero.

 

      -¿Me enseñarás, señor Cabellos de Fuego?-preguntó Hansi, ansioso.

 

      -Ajá...

 

       -¿Cuándo, cuándo?

 

      -Dentro de poco. Ya estás grandecito.

 

      -¿Y yo?-preguntó Thommy.

 

      -Oh, a ti te falta un poco más. Te enseñará Hansi, o ¿por qué no? Anders... ¿Qué dices, futuro padre?-preguntó Balduino a su escudero-. ¿Le enseñarás a pelear a Thommy? Si tu hijo es varón, y ya que estos sabandijas tienen tanta prisa por verse armados Caballeros y conseguirse sus propios escuderos, podría a su debido tiempo entrar al servicio de Thommy, ¿eh?

 

      Balduino dijo esto en tono chistoso, pero a Anders no le hizo la menor gracia la referencia al niño aún no nacido, y de cuya concepción misma habíase enterado recién el día anterior.

 

      -Ven, Thommy, jugaremos a los espadachines-propuso Hansi con decisión, tomando de la mano al benjamín de Thomen y Thora.

 

      .Oh, Dios mío, lo que me faltaba-gimió Balduino-. Con cuidado, Hansi, ¿sí? Recuerda que Thommy es chiquito, ¿podrá ser?...

 

      Por el gesto con que replicó Hansi, éste consideraba que a su lado ningún niño de diez años o menos tenía nada que temer, cuando Balduino opinaba justamente lo contrario. Y en este caso sus recelos se multiplicaban por mil; cuando Thommy estallaba en llanto, gritaba como para que se lo oyera hasta en Drakenstadt ; y Hansi, impetuoso como era en sus juegos, a veces lo lastimaba inintencionadamente.

 

      Así fue como Balduino y Anders quedaron a solas, aunque Fray Bartolomeo, venido con otros aldeanos, no había vuelto a su iglesia, y los observaba y oía desde cierta distancia. El pelirrojo abordó entonces sin ambages el tema del embarazo de Lyngheid; pero cometió el error de admitir que sólo había pensado en ello obligado por Gudrun.

 

      -¡Mujeres!...-exclamó Anders, indignado-. Así son ellas, en estos casos siempre se apoyan unas a otras. Pero ve tú a saber, para empezar, si el niño es realmente mío.

 

      -Eso yo también lo había pensado; pero entre más medito sobre ello, más me convenzo de que realmente es tuyo. Primero, porque ese tal Thorkill ayer no luchó contigo sólo para quedar bien con Einar: tenía muchas ganas de matarte. Por cosas que vi en Kvissensborg, estoy seguro de que él tuvo con Lyngheid algún amorío. De esto tal vez Einar esté al tanto, pero lo dudo: un infanzón prefabricado como él difícilmente accedería a que su hija mantuviera idilios con un villano. De cualquier forma, y por ligera de cascos que sea Lyngheid, no habría podido tener muchos amantes sin que Thorkill lo notara. Y de haberlo notado Thorkill, ¿por qué te habría odiado tanto?, si serías sólo uno más en una larga lista. En consecuencia, y el último tiempo al menos, sólo tú competiste con él por Lyngheid. En segundo lugar, recuerda que Lyngheid ni te mencionó ante Einar: ella mintió, diciendo que fue yo quien la sedujo y embarazó. Hay mujeres que sienten un turbio y morboso placer tomando dos o más amantes y haciéndolos luchar unos contra otros, y son aquéllas que sólo gustan de ser deseadas. Como es lógico, esas mujeres valoran muy poco las vidas de esos amantes; al contrario, se sienten glorificadas si éstos mueren combatiendo por ellas. No parece ser el caso de Lyngheid, si me mencionó a mi y no a ti. Más bien da la impresión de que ocultó todo mientras pudo y, cuando finalmente se descubrió que estaba encinta, temió que Thorkill, despechado, te partiese en dos. Evidentemente, si alguna vez Lyngheid llegó a admitir a Thorkill en su lecho, lo expulsó en cuanto te conoció a ti; si no, habría tratado de convencerlo de que el padre de la criatura era él. No pudiendo hacerlo, prefirió que Thorkill digigiera a mí sus celos y que yo corriera los riesgos. Se ve que te ama y quiso protegerte.

 

      -¡Esa no ama a nadie! ¡Sólo se encaprichó conmigo!

 

       -Te digo que no, Anders. Puede que al principio fueras para ella sólo un capricho más entre muchos otros, no lo sé; pero ya no lo eres. De todas formas, la gente no es sólo virtuosa o sólo pecadora. Hasta cuando observaba a las personas para aprender de ellas, con el desdén que tú mismo me conociste y predispuesto por lo tanto a pensar de ellas lo peor, tuve que admitir que en la gente hay más abundancia de grises que de negros o de blancos. Tú, un buen muchacho y leal compañero, cortejas irreflexivamente a cuanta mujer se cruza en tu camino. Y he aquí el resultado: Lyngheid está encinta. ¿Qué pretendiente podría encontrar Einar para ella ahora?

 

      -¿Y a ti qué te importa?-gritó Anders, furioso-. ¿Ahora también eres amigo de él, como de Arn?

 

      -Genial. Mi dulce y cariñosa novia me grita; mi mejor amigo y servicial escudero me grita. ¿Quién sigue, por favor?-ironizó Balduino.

 

      -¿Cómo no gritarte, si te dejas dominar por una mujer?-bramó Anders.

 

      -De acuerdo. Soy un dominado. Gudrun me dijo que te hablara y yo, servil lacayo suyo, obedezco. También tengo de parte de ella un par de cachetazos para darte, si no hay otra forma de hacerte entrar en razones; pero además, si no me hablas con corrección, te hartaré a trompadas, y eso correrá por cuenta mía.

 

      -Disculpa-musitó Anders; y bajó la cabeza, abochornado.

 

      -Hombre, todo está bien; pero entiende que dejarse dominar por una mujer o dejarse dominar por quienes dicen que uno se deja dominar por una mujer son pésimas opciones, y ninguna de ellas digna de un Caballero. Tenemos sesos,  por más que lo disimulemos maravillosamente; ¿qué tal si los usamos entonces, aunque cueste un poco? ¿Y qué quieres que haga, sino darle la razón a una mujer cuando creo que la tiene? Y acostúmbrate a alzar la cabeza cuando te regañen con justa causa, o un día, por costumbre, la bajarás ante Thorvald, y él te sacará costumbre y cabeza al mismo tiempo.

 

      Anders asintió, levantó la vista, consternado, y dijo:

 

      -Por cómo me comporté hasta ahora, puede que este niño no sea el primero que engendro.

 

      -En efecto...-admitió Balduino, complacido de que Anders revisase su conciencia-. Claro que no tenemos pruebas de que hayas engendrado otros, sólo la sospecha de que puedas haberlo hecho-añadió, para que no se torturase innecesariamente.

 

      -Y siendo así, ¿no podríamos hacer la vista gorda con éste?...-preguntó Anders, sonriendo tímidamente pese a que la insinuación suponía un descaro único.

 

      Balduino se quedó de una pieza. Tardó en reaccionar pero, cuando lo hizo, no dismuló en absoluto su cólera:

 

      -Anders, ¡haces que me sienta un entusiasta idiota!... Heme aquí, conmovido por tus supuestos remordimientos de conciencia, y lo único que hacías en realidad era recalcar que no nos consta que tus anteriores pecadillos hayan tenido consecuencias, cosa de que ésta, tu más reciente trapisonda, pueda parecer perdonable. Pues no. No podemos soslayar esta falta tuya cuya consecuencia gateará hasta nosotros, dejará sus pañales en estado de total pestilencia y berreará demasiado fuerte como para darnos el lujo de ignorarla.

 

      Como alcanzados de golpe por el futuro, Balduino y Anders escucharon un estentóreo llanterío infantil y se sobresaltaron a un tiempo, antes de que el pelirrojo se recobrara y volase literalmente en dirección a Thommy, en simultáneo con Fray Bartolomeo, Tarian, Thorvald y Snarki.

 

     -Gracias, Thomen, por este trabajo extra-gruñó sarcásticamente Balduino, llegando al lugar y alzando a Thommy, quien, según su costumbre, gritaba con toda la fuerza de sus pulmones y se pasaba la mano por la cabeza, adonde había sido golpeado accidentalmente por Hansi-. No te preocupes, sólo ten más cuidado la próxima vez-dijo a éste, viendo que iba a disculparse señalando la rama que tenía en la mano-. Eso si hay próxima vez, claro... Porque aquí, o mato a alguien, o me suicido... Ya, ya, Thommy-suspiró atribulado, palmeando consoladoramente la pequeña espalda del nenito rubio-. ¿Quieres miel? Si eres buen niño y no lloras más, puedes venir aquí la semana que viene...

 

      -Hereje, ¿te doy una mano con tu escudero?-preguntó amablemente Fray Bartolomeo, entendiendo que Balduino intentaba persuadir a Anders de hacerse responsable de sus obligaciones tan recientemente contraídas, y muy dispuesto a ayudar.

 

      -¡No exactamente con Anders, hermanito, no exactamente con Anders!-exclamó Balduino muy contento, poniéndole de prepo a Thommy entre sus brazos y huyendo antes de que el cura se recobrara de su asombro y protestase, intentando encajarle de nuevo al crío-. No se me ocurren más sobornos para corruptos en miniatura-añadió para sí, pensando que debía discurrir algunos más de esos posibles sobornos para tenerlos listos en casos de urgencia como aquel, aunque al pelirrojo, pésimo negociador, por lo general Thommy terminaba sacándole de todo, pero dejando de gritar sólo cuando le venía en gana, y en ningún otro momento. Y pensar que quiere ser Caballero, y si sigue así no alcanzará ni a ser tan honrado como Einar, deploró para sus adentros.

 

      Volvió junto a Anders y suspiró lánguidamente. En el fondo, pensó, tal vez hasta Thommy fuera más dócil y racional que Anders, pero éste tenía la ventaja de ser infinitamente menos gritón y lloroso.

 

      -Tienes que entender, Anders, que un hombre debe responsabilizarse de sus faltas-dijo-. Recuerda que el señor Ben Jakob me castigó mil veces por mi arrogancia para con mis compañeros, y yo ni protesté. Claro-añadió, irónico-, sería interesante que, a diferencia de mí, sacaras provecho del castigo y no reincidieras. No hace falta que me imites en todos los detalles, si me entiendes. Y una vez más: alza la cabeza. Thorvald te tolera muchas cosas porque eres el pichón, como él te llama. Si las hago yo, a esta altura del partido me caga a tortazos sin el menor miramiento, y ten presente que contigo hará lo mismo más tarde o más temprano. Si crees que conoces al  viejo y su carácter, piénsalo dos veces... En cuanto a lo otro, no te dejaré solo en el trance, estaré contigo; pero es preciso que asumas tu deber.

 

      Anders sonrió con tristeza.

 

 

      -Te agradezco, pero ambos sabemos que eso no será posible-dijo-. Tú eres Caballero y lo seguirás siendo; yo fui sólo escudero y a nada más llegaré. Para mí se acabaron las aventuras; pero lo peor es que no sé qué empieza ahora. Pues, ¿qué seré?... ¿Herrero otra vez? ¿Ganarme la vida con duras y maduras... en sustento de una mujer de buena posición y de un hijo? La Orden no me daría dinero para mantener una familia. Un noble, en mi lugar, no tendría problemas: nadaría en tierras y riquezas. Yo tendré que implorarle a Einar que me acepte en Kvissensborg y hacer cuanto él me ordene, y lamerle las botas hasta que el Diablo se digne llevárselo.

 

      -Eso si te acepta-agregó Balduino, momentáneamente contagiado del pesimismo de Anders-. Y si el Diablo se rebaja a llevarse a esa bazofia-agregó, sarcástico.

 

      Muy amargado, Anders miró hacia el mar, como envidiándole en silencio su aparente falta de fronteras y añorando por anticipado su propia libertad perdida. Balduino se mantenía sombrío. Una aciaga noche había caído sobre los ánimos de ambos... Y de repente, como el primer destello de un alba triunfante, brotó una sonrisa en el rostro del pelirrojo.

 

      -Qué imbéciles somos...-murmuró-. Qué imbéciles... No hemos hecho sino ahogarnos en un vaso de agua.

 

      Anders se volvió hacia él, sorprendido.

 

 

      -Tus aventuras no han terminado-continuó Balduino-. Por el contrario, no han hecho sino empezar. Cuando estemos pudriéndonos bajo tierra, ahí podremos dar por concluidas nuestras aventuras. Mientras tanto, que se cuide cualquier persona, cosa o situación que se atreva a interponerse en nuestro camino. Anders, ¿qué es la aventura, sino lanzarse a los desconocido y afrontar desafíos siempre distintos, probar los propios límites, forjar la personalidad?... Creímos que nos aburriríamos como hongos aquí, ¡y sin darnos cuenta, hemos ido de aventura en aventura! ¡Piénsalo! ¡Nada nos ha sucedido como habríamos creído ni, si nos hubiesen preguntado, como habríamos querido! ¡Y sin embargo, aquí estamos, y no sabemos todavía cuán lejos podemos llegar! ¡Averigüémoslo! ¡Piensa en la cantidad de cosas que hemos vivido, en la gente que hemos conocido desde que estamos aquí, en los recuerdos que hemos acumulado en estos meses! ¡Convivimos con convictos, nos hicimos amigos, huimos cobardemente de una serpiente marina que no estaba allí y que sólo era peligrosa en nuestra imaginación! ¡Hasta me he enamorado... y tú tendrás un hijo!

 

      Balduino recalcaba emocionado cada una de sus frases agitando el puño, y las palabras le brotaban vigorosas y sinceras, como si el mismísimo fuego de sus cabellos le inflamara el espíritu. Anders lo escuchaba fascinado. Las crepitantes llamaradas que ardían en Balduino habían encendido también en él una brasa de esperanza, igual que, casi dos años más tarde, una célebre arenga del pelirrojo inflamaría de coraje a sus hombres, los Lemmings, llevándolos hacia su increíble y aplastante victoria sobre los Wurms.

 

      -Pudiste morir ayer, pero estás vivo-prosiguió Balduino, apasionado-. Vivo, joven, sano y fuerte. Como yo. Y estamos unidos; ¿qué puede haber que sea capaz de hacernos frente? ¿El imbécil de Einar? ¿El?-Balduino sonrió con desdén-. ¡Justo!... ¡Que pruebe! ¡El, y todos los que quieran! La suerte es caprichosa; el destino, absurdo. Y no sabemos adónde nos llevarán. ¿Que no serás Caballero? Tal vez no, tal vez sí... ¿Seguiré siéndolo yo mismo mucho tiempo más? Quizás no lo desee. Todo eso está muy, muy lejos de nuestra vista, Anders; pero tu hijo, no. Y estará más próximo a nosotros día a día: carne de tu carne y sangre de tu sangre. Algunos nobles no tienen más que su título y, ¿no es tu coraje suficiente título, y uno muy superior a cualquiera que ellos puedan ostentar?... ¡Reclama lo que es tuyo! ¡Haz que ese niño herede el espíritu leal y valiente de su padre y no el de su cobarde y corrupto abuelo! ¡A lo sumo, tendremos que aprender a cambiar pañales!... Y hablando de Einar, mira, ahí está.

 

      Y Anders se echó a reír, porque el índice de Balduino señalaba hacia el asno de Fray Bartolomeo que, detalle curioso, se llamaba Arn, en insultante memoria al padre del Conde actual. El cura iba a pie, tirando de la brida; sobre el animal iban Hansi y Thommy.

 

       -Hábil el cura, mira cómo se las ingenió para que Thommy dejase de llorar-comentó Balduino-. ¡Eh, hermanito!-gritó, llamando al mismo tiempo por gestos a Fray Bartolomeo, quien se acercó sin pérdida de tiempo, tras dejar a Hansi gobernando al asno.

 

      Balduino le expuso sucintamente lo conversado con Anders.

 

      -Hmmm... Sí-murmuró Fray Bartolomeo-. Justamente venía a recordarle a este jovencito que su deber de buen cristiano exige que se ocupe de su hijo... y de la madre de éste en la medida de lo posible, claro... Sí, sí, no tendré problemas en sondear a Einar acerca de sus planes para con Lyngheid y la criatura... Claro que-el cura puso expresión severa- si me lo dice en confesión no podré repetíroslo.

 

      -Pues... Bueno, será suficiente con que vos lo sepáis, puesto que confiamos en vos-replicó Balduino, codeando levísimamente a Anders, quien sonrió: ambos sabían de sobra cuán fácil era sonsacarle al cura cualesquiera secretos de confesión; si bien ahora, desde que se le había hecho notar esta falta suya, era más cuidadoso al respecto.

 

      -De acuerdo. Bien hecho, hereje-dijo el cura, palmeando las espaldas de Balduino-. Debo irme, adiós.

 

      Mientras Fray Bartolomeo caminaba hacia su burro, el pelirrojo se volvió hacia Anders y le susurró al oído:

 

      -Ya tenemos un espía en las líneas enemigas.

 

      Hansi bajó del asno y ayudó a Thommy a hacer lo propio.

 

      -¿Qué se dice, Thommy?-preguntó Fray Bartolomeo.

 

      -Ehm... Ehm... Gdaziaz, zeñod Cabelloz de Fego...

 

      -Pero no sé qué me agradeces a mí, Thommy-rio Balduino-, si fue Fray Bartolomeo quien te permitió montar en su burro.

 

      Fray Bartolomeo se volvió hacia él. Sonreía maligna y vengativamente, aunque quisiera parecer inocente y bondadoso.

 

       -No agradece precisamente el paseo en burro, hereje, no precisamente el paseo en burro-dijo, parodiando los términos empleados por Balduino al encargarlo, a la fuerza, del cuidado del lloroso Thommy-, sino ese generoso gesto tuyo de permitirle venir aquí todos los días hasta fin de año.  

 

      Balduino primero quedó boquiabierto; luego reprimió una sarta de palabrotas. De buena gana habría estrangulado al cura, pero Thommy lo miraba con sus grandes y en apariencia inocentes ojos azules muy abiertos. No es ético asesinar a nadie frente a un niño tan pequeño, incapaz de entender cuán justificados están ciertos homicidios; y en el caso particular de este niño, había que tener mucho cuidado, además, antes de hacer cualquier cosa que pudiera hacerlo romper en llanto, ya que tan difícil era calmarlo después. Pero la perfidia de Fray Bartolomeo empezaba a poner a prueba el autocontrol de Balduino. Pues el taimado cura seguía saboreando la solapada treta con que había logrado que Thommy dejara de llorar, desquitándose al mismo tiempo de Balduino, inventando promesas en nombre de éste:

 

      -Hereje, pero magnánimo, sí señor-decía ahora, asintiendo malignamente con la cabeza-. Dejad que los niños vengan a mí... Lo dijo Nuestro Señor Jesucristo, lo repite y corrobora Balduino Cabellos de Fuego.

 

     -Ya comprendo de dónde saca vuestro monaguillo ciertas costumbres... Esa de apoyar todas y cada una de sus trastadas con citas evangélicas, por ejemplo-gruñó Balduino, cuya sonrisa de hacía más y más torcida a cada instante.

 

      -Sí, ¿verdad?... ¡Adiós, hereje!...-saludó entusiasta el fraile, montando al fin en su asno y poniéndose en marcha-. ¡Rogaré a Dios por la salvación de tu alma!

 

      -No olvidéis incluir la integridad física de ciertos clérigos en vuestros ruegos al Cielo. Sería mejor: estad seguro de que peligra, ¡y cómo!-masculló Balduino, con su sonrisa ya tan deformada e irreconocible como si hubiera estado moldeada en cera y se hallara en vías de derretirse.

 

     Thommy se había desinteresado del diálogo y agachado a jugar con la nieve. Anders lo observaba con ternura y curiosidad, intentando hallar en él siquiera un bosquejo de lo que, tal vez, sería su propio hijo al llegar a esa edad. Muy distintos, claro, eran los sentimientos de Balduino contemplando a ese mismo niñito rubio. Enano corrupto, tanta máscara de inocencia y astucia y otra vez obtuviste un soborno a mis expensas, y el bribón que te le ofreció se ríe ante mis propias narices y sin la vergüenza que correspondería a alguien que viste hábito. El mundo ha perdido toda coherencia. Iba a deslizar un sutil y venenoso comentario de modo que sólo Anders lo entendiera, cuando vio a Fray Bartolomeo darse vuelta y hacer a alguien un guiño cómplice y un saludo y, mirando en la misma dirección que él, pescó a Hansi devolviendo saludo y guiño, y se indignó mucho más de lo que ya estaba.

 

      -Mocoso desvergonzado, así que el cura estaba en combinación con su leal monaguillo. ¡Qué par!... ¿Será posible que te anotes en todas, y que nunca tenga que hacer el menor esfuerzo para pescarte in fraganti en alguna barrabasada? Sigue así, y reconsideraré la posibilidad de que reemplaces a Anders como escudero-dijo, y Hansi comenzó tratando de comprar su benevolencia con sonrisas aduladoras, pero  quedó serio y cabizbajo al oir la última frase-. Bah, bah, olvídalo-gruñó Balduino-. No hablaba en serio. La verdad es que últimamente estás bastante calmo y juicioso somparado con tus primeros tiempos aquí-y Hansi musitó algo ininteligible-. ¿Qué dices? No te oigo, disculpa.

 

       -No es eso-dijo Hansi, hablandoi un poco más fuerte, pero manteniéndose cabizbajo, señal en él de que creía haber hecho algo monstruoso y que no podía pasar de ser una travesura algo subida de tono.

 

      Balduino se agachó de modo que sus ojos quedaran a la altura de los del chico. Notó que ya no tenía que agacharse tanto como antes: Hansi estaba creciendo.

 

      -Dime-murmuró suavemente, rodeándolo con sus brazos, y notó que las cosas iban de mal en peor. Hansi se había puesto a temblar como un espástico. Entre aquellos brazos, él siempre se había sentido seguro y tranquilo, pero ahora no era el caso.

 

      Por fin se le llenaron los ojos de lágrimas.

 

      -Mi papá me trata distinto ahora. Es más bueno conmigo. Si me voy contigo, él quedará solo.

 

      Era cierto. Balduino recién se daba cuenta ahora que Hansi lo decía. Ya en el primer abrazo de ambos, mucho tiempo atrás, le había preguntado por qué no se quedaba más en su casa en vez de venir tanto a Vindsborg, recibiendo por respuesta un silencio angustiado y confundido que informó a Balduino de que había problemas en la relación entre el chico y su padre. Pero Friedrik quería a su hijo; sólo que era hombre ignorante y de modos rudos. Balduino no se atrevía a juzgarlo. Pese a toda su brutalidad, Friedrik era simple y honrado, y eso era más de lo que muchos hombres podían decir. Balduino, tiempo atrás, había ido a hablarle para preguntarle si aprobaría que Hansi fuese su escudero algún día. Era difícil olvidar la reacción de Friedrik ese día: asombro ante la petición, orgullo por el honor que significaría para su hijo entrar al servicio de un Caballero, una gran vacilación; todo ello en dosis muy sutiles y entremezcladas. No cabía duda de que había vacilado tanto porque le costaba dar el que lo separaría para siempre de su hijo; que no había pensado jamás que éste sufriera tanto la rudeza del padre y estuviera tan dispuesto a abandonar el hogar. Tal vez ello lo había hecho recapacitar y ablandarse.

 

      Recién ahora advertía Balduino que Hansi ya no estaba tan pegado a él como antes; que las despedidas matinales de padre e hijo en el muelle se prolongaban más y eran más afectuosas; que Hansi, quien tendía a dejarse melena para parecerse más a Balduino hasta que su padre se la extirpaba tijeras en mano, siempre llevaba ahora cabello corto, como quería Friedrik.

 

      -Papá dice que no nos llevarás a los dos-sollozó Hansi-. No quiero dejarlo solo, pero a ti también te quiero. Y te prometí que iría contigo. No quiero traicionarte.

 

      -¡Hansi!...-sonrió afectuosa y espontáneamente Balduino, abrazándolo con más fuerza-. ¡Traicionar es una palabra muy fuerte!... Estás atrapado entre dos lealtades que van en direcciones opuestas, eso es todo, y tienes que optar por una de ellas, la impuesta por los lazos de la sangre o la impuesta por la palabra dada. Te libero de esta última: nada me debes, quédate con tu padre. Nunca olvidaré que lloraste porque, equivocadamente, creíste estar traicionándome. En tanto conserves ese sentido de lealtad siendo adulto, serás Caballero aun sin haber recibido el espaldarazo ni llevar armadura. Sólo te pido que, mientras yo siga aquí, vengas a visitarme aunque sea de tanto en tanto; porque te quiero, mocoso del diablo, y  más fácil sería desalojar de mi cabeza a los piojos que a ti de mi corazón.

 

      Hansi dejó de llorar, pero quedó largo rato abrazado a Balduino. Los dos estaban tristes. Balduino ya se había hecho a la idea de que Hansi reemplazaría a Anders como escudero a su debido tiempo, y sólo él sabía lo mucho que le costaba renunciar a tal idea. Hansi era una de las personas que mejor habían sabido sacar lo mejor de Balduino. Además, éste empezaba a ponderar la idea de mandar al Diablo la Orden, la Caballería, la justicia y el Reino y quedarse en Freyrstrande, adonde dejaría demasiados afectos si se iba: Gudrun, Anders, Hansi... Nunca había tenido tanta gente querida, y probablemente, cuando se marchara, la soledad le pesaría más que antes. Pero al menos Balduino se repuso enseguida, posponiendo su tristeza para el momento en que debiera partir, si tal fuera su elección.

 

      Hansi no. Quería a Balduino y, puesto que éste no le reprochaba su deserción, se sentía sujeto a él por esas pesadas cadenas de servidumbre y deuda que por lo general nos colocan, sin intención de hacerlo, quienes paradójicamente nos conceden de buen grado la libertad cuando anhelarían tenernos siempre a su lado.

 

      Ahora bien, al parecer Thommy se había autonombrado fiscal de la enternecedora escena, porque observabna a Balduino y Hansi muy abrazados, y su gesto de reprobación y disgusto era ostensible. Se volvió hacia Anders:

 

       -¿Po' qué... ehm... ehm... Hanzi se había pezto a llodad?

 

      Sumido en sus propias reflexiones, Anders tardó en responder:

 

      -¿Eh? ¡Ah!... Porque no podrá ser escudero de Balduino, del señor Cabellos de Fuego.

 

      Era todo lo que quería saber. El cerebrito de niño celoso de Thommy ya sabía ahora qué debía hacer si quería que también a él el señor Cabellos de Fuego lo abrazara como a Hansi; de modo que se acercó a ellos, corriendo.

 

      -Zeñod Cabelloz de Fego-llamó; y ya con la atención de Balduino sobre él, añadió en tono trágico y lúgubre: -. Yo tampoco pedo zed tu ezcudedo.

 

      A la hora de disputarse los mimos, la chiquillería de Freyrstrande parecía infinitamente más temible y feroz que los grandes barones que marchaban unos contra otros a estandartes desplegados y con poderosos ejércitos para arrebatarse mutuamente sus feudos. Balduino, quien se estaba volviendo experto en códigos de conducta infantil, rápidamente asumió el control de la situación rodeando a Thommy con uno de sus brazos antes de que estallara el desastre. Dichoso podía considerarse de haber evitado un estruendoso berrinche... Hansi, sin embargo, secó sus últimas lágrimas y se echó a reir, comprendiendo mejor que nadie los motivos de Thommy.

 

      -Id a jugar, chicos-dijo Balduino, luego de un rato-; pero con cuidado y donde podamos veros, ¿sí?

 

      Hansi lo abrazó con más fuerza antes de separarse de él; luego aferró la mano a Thommy, y ambos se alejaron al paso, mientras Anders se acercaba un poco más a Balduino.

 

      -Dios mío-suspiró éste, aliviado-. Bueno, vámonos a trabajar con los demás, que deben pensar que estamos buscando pretextos para holgazanear; ya perdimos mucho tiem...-se detuvo al ver la extraña expresión con que Anders lo miraba-. ¿Qué pasa?

 

      -Quería agradecerte. Hace un rato me sentí destruido y me diste ánimos-contestó Anders, con la voz alterada por la emoción-. Estaba meditando. Recordaba que si hace un año atrás me hubiesen dicho que tú... Yo nunca...-la voz se le quebró del todo, para espanto de Balduino. De repente estalló en llanto y abrazó con fuerza al pelirrojo, superado por la fuerza de la amistad que los unía ahora y que habría sido impensable menos de un año antes-. Gracias-concluyó.

 

      Era una situación de lo más embarazosa para Balduino, quien ya había visto llorar a Hansi y a Thommy y, por lo tanto, tenía ampliamente cubierta su cuota de llantos del día. Además, por supuesto que meses atrás Anders no habría podido esperar un gesto amistoso a Balduino, ni éste imaginado concedérselo algún día. En ese entonces consideraba a Anders idiota, mediocre e insignificante, cuando tal vez el idiota, mediocre e insignificante fuese él... Pero por eso mismo, ¿valían la pena ahora tanta alaraca y tanto copioso derramar de lágrimas?

 

      -¿Gracias?... Desde que Thommy, hace un momento, vino a agradecerme esa promesa que Fray Bartolomeo hizo en mi nombre, nada me espanta tanto, creéme, como la gratitud ajena-bromeó; y añadió, con fingido horror:-. ¿Puede saberse que te prometió a ti de mi parte ese cura bribón?

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  • : EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • EL SEÑOR CABELLOS DE FUEGO I
  • : ...LA NOVELA FANTÁSTICA QUE, SI FUERA ANIMAL, SERÍA ORNITORRINCO. SU PRIMERA PARTE, PUBLICADA POR ENTREGAS.
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