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6 enero 2010 3 06 /01 /enero /2010 18:31

      -¿Y qué fue de Thorben?-preguntó Balduino.

 

      -El cambió mucho luego de todo aquello-contestó Thorben-. Después de la victoria buscó en Nibilshaven a Schwummelinbrud, pero no pudo hallarla, ni viva ni muerta, ni tampoco el menor indicio de que hubiese estado alguna vez allí. Enseguida ordenó a la flota poner proa rumbo a Drakenstadt; pero las naves estaban ya muy cargadas de botín. Adivinando que una vez en Broddervarsholm la empresa quedaría nuevamente en la nada, Thorben renunció a ella. Se suponía que tal renuncia era transitoria, pero nunca más retomó el proyecto siquiera de palabra. Su comportamiento, de allí en más, fue el de un hechizado, como bien destacaba Snack. Le costó mucho conservar siempre a la misma tripulación, porque demasiado a menudo poníamos proa hacia destinos inciertos, con la excusa de piratear donde no halláramos competencia. En realidad, si no la había, se trataba de malas aguas para hacer negocios; pero a veces la suerte nos ayudó poniéndonos a nuestro alcance naves extraviadas o que navegaban creyendo que en esa ruta no hallarían piratas. Así navegamos bajo sus órdenes por todo el Mar de Nerdel, y al final quedamos junto a él sólo los más ávidos de aventuras y los que estábamos fascinados por el prestigio y la leyenda de Thorben... Ambas cosas en lo que a mí se refiere. Uno de los últimos en unírsenos fue Gröhelle, quien por ese entonces no era tuerto, y que perdió su ojo en la última batalla que libramos bajo el mando de Thorben.

 

      'Este se había vuelto muy silencioso por entonces. Todos esos viajes extraños, secretamente, tenían para él un solo propósito: hallar a Schwummelinbrud, a quien no podía olvidar. La Reina lo había embrujado, y su venganza sobre todos los desaires que él le hizo consistía en condenarlo a mantenerse errante por los mares, buscándola sin hallarla jamás. Creo que entre aquellos que le fuimos fieles hasta el fin, muchos lo eran a causa del misterio trágico que envolvía a quien hasta entonces había sido el Kveisung más famoso y respetado de toda la Historia, como si ellos mismos estuviesen embrujados y condenados a compartir el destino de su Capitán.

 

      'Snack también se había vuelto más extraño de lo que solía ser antes. Su larga melena se hallaba ahora completamente blanca, pese a que no era tan viejo; por las noches se escuchaban murmullos misteriosos en su camarote, del que se desprendían fragancias aromáticas de ésas que suelen emplearse en los rituales. Se rumoreaba que Thorben, desesperado por librarse del embrujo, le había encargado que empleara toda su ciencia en hallar algo capaz de romper las cadenas con que la hechicería de Schwummelinbrud lo mantenía prisionero. Ahí fue cuando el Witz enloqueció un poco. Posiblemente al principio fuese apenas un charlatán, como ya he dicho, y luego invocara torpemente a fuerzas oscuras e incontrolables para él. Si así fue, tuvimos suerte de que su locura fuera la única consecuencia de esas invocaciones.

 

      'En cuanto al Leviathan, de a poco le llegaba su hora. Cuando me uní a Thorben, la nave llevaba apenas un año navegando. Pasó el tiempo y Thorben jamás quiso desprenderse de aquella nave tan querida y gloriosa para él. Más de una vez hubo que cambiarle mástiles, velamen, carenarla de nuevo o calafatearla. Pese a tantas refacciones, al final era casi una ruina.

 

      'Es curioso cómo hay números que se repiten en la vida de una persona. Doce años tenía yo al unirme a Thorben, otros doce navegué junto a él y más tarde fui capitán durante otros doce años. El último año a mi lado junto a Thorben tenía veinticuatro; Thorben andaba por los treinta y ocho, y Snack algo más de cuarenta, pero el Leviathan tenía trece, el número de la mala suerte. No sé de ninguna nave que haya navegado tanto tiempo, y todos esperábamos que Thorben ordenara quedarnos en el siguiente barco que capturásemos, luego de abandonar a sus tripulantes en algún sitio desierto. Era demasiado funesto navegar en un barco destartalado que ya iba por su año número trece, capitaneado por un  hombre hechizado y con un Witz loco a bordo.

 

      'Antes de que soltáramos amarras por última vez, Thorben reunió a la tripulación y, con Snack a su lado, nos dijo:

 

       '-Quien no tenga suficientes agallas, que desembarque ahora; pues iré al encuentro de un viejo enemigo, con quien me las vi antes, hará algo más de doce años, y que desde entonces aguarda el momento de su venganza. Me propongo vencerlo otra vez y arrebatarle su botín, el más glorioso con el que pueda soñar mortal alguno.

 

      '-¿Y qué botín es ése?-preguntó alguien.

 

      '-La inmortalidad-contestó Thorben.

 

      'Y todos me miraron a mí, por entonces segundo al mando. Si yo desertaba, otros lo harían también. Pero en ningún momento pensé en esa posibilidad, aunque todo el asunto me inquietaba un poco. Thorben, es cierto, parecía libre del embrujo de Schwummelinbrud, porque por primera vez en siete años se lo veía de verdad ansioso por combatir; pero me preguntaba si no estaría bajo otro hechizo peor aún, o si no se habría contagiado de la locura de Snack. Más tarde, a solas con él, lo consulté al respecto.

 

      '-Ulvgang-me dijo-, todo lo que nos atrae nos embruja un poco, y en este caso he sido embrujado por un enemigo que me ha hecho llegar su desafío en sueños que Snack interpretó. Otra vez estaremos frente a frente en el mismo lugar donde yo lo vencí antes. Tras años de abordaje todo se me hizo rutina; me lanzaba temerariamente al combate porque me sabía invencible. Ahora, por fin, tengo otra vez un enemigo digno de mí, y eso es lo que me ha librado de lo que tú llamas un embrujo. No muchos se atreverían a librar batalla contra tal oponente; aun más, me pregunto si yo mismo hallaré coraje, llegado el caso. Para los que nos atrevamos, la recompensa será enorme... Pero no me preguntes ahora qué enemigo es ése, aunque supongo que ya lo imaginas, ¿no?

 

      'Y me estremecí porque, efectivamente, lo imaginaba; pero no fue sino días después, una fría mañana de niebla, que mis sospechas se confirmaron. Nos hallábamos al Sur de Mjornsholme, en un canal que separa esa isla de otra mucho más pequeña, llamada Kampernsholme. Es una zona demasiado patrullada por las naves de guerra de Drakenstadt, pero esto era lo de manos; otra cosa era lo que nos preocupaba.

 

      'No lejos de allí hay una isla aún más pequeña que Kampernsholme, que todos los Kveisunger procuran evitar; y en la isla se levanta un castillo excavado en la misma piedra. Ningún hombre vivo ha puesto pie en ese castillo y vuelto a salir con vida, pero aun así hay relatos en Drakenstadt acerca de hombres valientes, nacidos en su ciudad, que desembarcaron en la isla y visitaron el castillo...

 

      -Espera-interrumpió Balduino, empalideciendo en la oscuridad de la caverna-. Creo que oí hablar de ese lugar en Ramtala. La isla... ¿no será Gestinholme? Y el castillo...

 

      -Daudensbjorg-repuso Ulvgang-. El Castillo de los Muertos, custodiado por guerreros esqueléticos, ancestros, según se dice, de la gente de Drakenstadt... Sus propios guerreros muertos en combate. Se cree que es una boca de acceso al otro mundo, que allí se guardan celosamente los secretos de la Vida y la Muerte, y que por eso a quien pone pie en Daudensbjorg ya no se le permite abandonar el castillo. No obstante, creen en Drakenstadt que, si alguien de allí visita Daudensbjorg, se lo recibe como a un huésped honorable aunque ya no le permitan regresar. Sólo muerto accedes al Castillo de los Muertos, y de la muerte nadie regresa, como todos sabemos. Pero de todos modos, hombres curiosos por saber qué hay más allá de la muerte y dispuestos a arriesgarse a cualquier cosa con tal de averiguarlo han existido siempre. Y esa curiosidad llevó a muchos en Drakenstadt a visitar Daudensbjorg. Entraron allí, pero no salieron jamás, tal vez porque la Muerte debe continuar siendo un misterio incomprensible para los mortales.

 

      -Lo planteas de una forma muy natural-comentó Balduino.

 

      -Y supongo que lo es-respondió Ulvgang-. No obstante, para los Kveisunger, hallarnos en las proximidades de Daudensbjorg fue siempre cosa temible y nefasta. No olvides que somos enemigos de Drakenstadt, que hemos matado cientos de guerreros de esa ciudad en enfrentamientos navales... Y tal vez algunos de ellos custodian ahora Daudensbjorg. Además, la mayoría de las apariciones de barcos fantasma que se conocen pertenecen a naves de Drakenstadt, naves de guerra sobre todo, y éstas son mucho más numerosas en las aguas próximas a Daudensbjorg y a la propia Drakenstadt. Aparecen durante las tormentas y los combates navales. Por lo general no intervienen activamente, pero su sola aparición es venturosa para marinos y guerreros de Drakenstadt y absolutamente aciaga para los Kveisunger.

 

      -Ya caigo-dijo Balduino-. Temíais que, en combate contra una nave de Drakenstadt, se os apareciera uno de esos barcos fantasma trayendoos ruina a vosotros y fortuna a vuestros enemigos...

 

      -No-contestó Ulvgang-. El propio enemigo sería esta vez una nave fantasma: el Holmenesheld, barco de guerra de Drakenstadt, antiguo azote de los Kveisunger y enviado al fondo del océano por Thorben un año antes de que me le uniera, tras encarnizada batalla librada precisamente en las aguas que ahora surcábamos...

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Published by EKELEDUDU
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