Thursday 2 june 2011 4 02 /06 /Jun /2011 22:20

      A cada hormiga le llega su Formitox, rezaba cierta publicidad muy difundida en otros tiempos por la televisión Argentina, creo que ya no tanto ahora (y es más, ni sé si sigue existiendo el producto, así de desactualizado estoy); y la frase se hizo célebre en referencia a autores de malandanzas que recibían su justo castigo. Y en el Mar de Nerdel no podía suceder menos con Sundeneschrackt y sus secuaces: un buen día les salieron al cruce unos cuantos tipos dispuestos a ponerlos en su lugar, y liderándolos estaba un hombre enorme en cuanto a talla física y mucho más enorme espiritualmente, un verdadero modelo de integridad y valor: Thorvald Hanson. Los Kveisunger seguramente no captaron en seguida la que se les venía encima, hasta que el asunto empezó a ponérseles fulero de veras. El último año de enfrentamientos navales entre la flota de Sundeneschrackt y la de Thorvald fue particularmente encarnizado, y por último los piratas fueron derrotados del todo en Svartblotbukten. Pero Thorvald ya no era joven y encima había quedado manco durante alguno de esos combates, y no se acercaba al modelo de héroe generalmente aceptado; de manera que la gloria terminó llevándosela un joven físicamente apuesto pero ya menos bello por dentro, Einar Einarson. No sabemos de qué modo lo logró, pero seguramente la adulación y la corrupción tuvieron mucho que ver. Corrupción que también permitió a los piratas sobrevivientes librarse de la horca... Para Thorvald, un hombre decente, debió ser desmoralizador hasta lo inexpresable ver derrumbarse todos aquellos valores en los que creía. Luego de humillarse poniéndose durante un breve tiempo a las órdenes de Einar en Kvissensborg, cambió de ocupación y vivió durante diez años en Freyrstrand con su amigo Karl, haciendo quién sabía qué.

 

         Al cabo de esos diez años, Einar los hizo llamar para ofrecerles un trabajito que sin embargo, y a lo que parece, era ad honorem: cuidar de un grupo de presidiarios que irían a prestar servicios en Vindsborg. Es dudoso que Einar les haya ofrecido, además, una paga. Posiblemente jugó con la moral de ambos, insinuándoles que si aquellos convictos se fugaban, la región estaría bajo una grave amenaza, y que los hombres más indicados para evitarlo eran ellos. Sea como sea, Thorvald y Karl, que habían vivido diez años sin otra preocupación que ganarse el sustento -y alejados por lo tanto de dilemas morales-, aceptaron. Posiblemente extrañaran los líos de otros tiempos o quizás, como ellmismo Thorvald diría a Anders, sentían curiosidad por ver qué se había hecho de sus viejos enemigos. Fue Thorvald, por otra parte, quien decidió quién salía de la cárcel y quién quedaba adentro, salvo Tarian, que quedaría encerrado sí o sí. El mismo Thorvald da la pista de ello, al explicar, también a Anders, que había preferido que saliera incluso un inútil como Adam antes que Kehlensneiter, que temía que resultara incontrolable. Seguramente no había demasiado para elegir, casi todos los prisioneros eran Kveisunger o Landskveisunger, y estos últimos quedaban descartados por sanguinarios. Pero en cualquier caso, no es difícil presumir que el primer hombre señalado a dedo por Thorvald para integrar la dotación de Vindsborg fue su viejo enemigo, Ulvgang Urlson, Sundeneschrackt.

 

          Los años pulen a veces las diferencias más irreconciliables. Ulvgang, de la boca para afuera, decía que Thorvald había sido un tonto por no aceptar el soborno que finalmente fue a parar a manos, entre otros, de Einar; sin embargo, éste no tuvo empacho en traicionar también a Ulvgang, no cumpliendo del todo su parte del trato. Cuando no se tienen amigos verdaderos, ni cómplices confiables, el respeto se lo lleva el adversario leal, en este caso Thorvald. En cuanto a éste, seguramente se había llevado tal chasco con la gente en apariencia honesta diez años atrás, que hasta a Ulvgang prefería. Así que El Terror de los Estrechos aceptó sin problemas ponerse bajo las órdenes de Thorvald, de quien se hizo, casi, amigo; y sus hombres son conscientes de que desafiar la autoridad de Thorvald equivale a retar la del propio Ulvgang, y también le obedecen sin peros de ninguna clase. Lo que no quiere decir que Ulvgang no siguiera considerándolo enemigo y conservara, al menos al principio, cierto lógico recelo hacia Thorvald, quien intuía que él y sus secuaces tramaban algo, aun sin saber exactamente qué.

 

          Luego llegó Balduino, grosero e insolente y para colmo defraudado del sitio al que había ido a parar. Con Thorvald y Karl se mostró insultante, pero los agravios de un mocoso maleducado son nada para un grande, así que se limitó a mirarlo con desdén y a sugerirle que ni se molestara en ir a quejarse a Kvissensborg. Claro: él sabía qué bazofia era Einar, pero Balduino lo ignoraba, así que no le hizo caso y le fue como la mona. Recibió el papá y la mamá de todas las palizas. Pero hay palizas saludables: en lo sucesivo, el pelirrojo mirará mejor a Thorvald y verá más allá de la vejez de éste y de la mano faltante: en los ojos duros y helados del gigante será como si viera su propia conciencia dictándole sus deberes. Muy raro será que se atreva a contrariarlo, por más que técnicamente sea Balduino quien manda. Y es que algunas personas de edad avanzada han asimilado provechosas lecciones de la vida, acumulando una sabiduría que parece empequeñecerlo todo; y Thorvald es una de esas personas. Mirando mucho lo mismo a Balduino que a Anders, consigue aquilatar debidamente a uno y a otro; y en la única ocasión en que ambos se trenzan a puñetazos antes de hacerse amigos, es él quien litiga entre ambos, sin que ellos se atrevan a chistar siquiera, reprendiendo a cada uno por lo que corresponde y excusándolos en la medida en que lo cree justificado. Sabe en qué medida puede exigirle a cada uno, y que Anders en realidad es bastante tarambana y quizás nunca sea tan buen Caballero como Balduino; pero también hasta cierto punto, porque cuando considera que ha llegado la hora de que Anders asuma definitivamente responsabilidades, deja de llamarlo pichón, de alguna manera un indicio de que ya no será tan indulgente con él. Con Balduino, en cambio, es ya muy riguroso casi desde el principio. Cuando lo está haciendo todo correctamente, el pelirrojo, para el, es muchacho; el uso del nombre de pila del susodicho implica ya que algo no anda bien, y cuando ese mismo nombre es, no pronunciado, sino rugido, es que se pudrió todo, y entonces Balduino acude ante él empequeñecido y preparándose para una severa llamada al orden.

 

          Thorvald nunca se casó, un poco porque en su profesión era muy factible que su esposa quedara prontamente convertida en viuda; puede que también, aunque no lo diga, que no haya encontrado a la mujer indicada. La que podría haberse acercado a sus parámetros, Ursula, llegó demasiado tarde a su vida: nada más lógico para un hombre gigante que tener por compañera a una mujer gigante. Ursula misma insiste en que el único hombre de verdad que hay en Vindsborg es Thorvald; los otros le resultan casi unos enanitos chistosos. Por otra parte, no es casual el hecho de que menstrue por primera vez tras masajear por primera vez a Thorvald; da la impresión de que su cuerpo sólo recuerda su sexualidad femenina al contacto con ese único hombre de verdad que hay en Vindsborg. Sin embargo, si bien Thorvald se deja mimar por ella, no la anima a avanzar más allá, ni amaga él mismo realizar ese avance. Conociéndolo, posiblemente considere impropia, indecente o cuando menos ilógica una relación erótica entre dos personas de edades tan dispares, por más que él se conserve bastante bien para su edad y ella no parezca una adolescente.

 

          En la primera versión de El señor Cabellos de Fuego, sin embargo, Thorvald era bastante diferente, más parecido al personaje que finalmente acabó siendo Karl: un tipo muy cuidadoso del protocolo y al que, por esa misma razón, los Kveisunger respetaban sólo a medias. Esto era medianamente coherente si tenemos en cuenta que en aquella primera versión, accidentalmente, aquéllos habían quedado retratados bajo un aspecto casi caricaturesco, muy poco acorde con su condición de reclusos peligrosos; pero cuando volvieron a ser como habían sido concebidos, sonaba absurdo que incluso alguien como Einar los colocase bajo una custodia tan insegura. Fue entonces cuando se agregó la historia previa de Thorvald y Ulvgang: la lucha entre las flotas de uno y de otro, la rendición en Svartblotbukten, la traición de Einar y todos los detalles en torno a estos hechos. Simplemente fueron surgiendo, no fueron incluidos adrede. Y es que para manejar a Sundeneschrackt y su banda se necesita una mano firme. Thorvald tiene una mano así, una sola... Y le basta y le sobra.

Por EKELEDUDU
Escribir un comentario - Ver los 0 comentarios
Monday 20 december 2010 1 20 /12 /Dic /2010 17:42
      La verdad sea dicha: Dunnarswrad me encanta. Tal vez porque cuando sea pudre de que los demás digan gansadas y habla él, nadie se anima a contradecirlo. Quizás porque no se achica ante las jerarquías, en lo que tiene sin duda mucho que ver el hecho de que las jerarquías se vean demasiado pequeñas al lado de ese energúmeno. A lo mejor porque es práctico y prefiere siempre ver qué se puede hacer en vez de quedar lamentándose por la desgracia de turno. Puede, cómo no, que porque es un tanto acomplejado -algo que, quizás, no se note tanto en este primer volumen de la trilogía-, y ese punto vulnerable en alguien de tan temible aspecto mueva un poco a la ternura. Por lo que sea: la verdad es que me encanta. Sin embargo, inicialmente no estaba prevista su aparición en éste ni en ningún otro libro, excepto, y sólo mencionado, en uno que transcurría en Drakenstadt unos tres siglos después de aquella primera guerra contra los Wurms. Incluso entonces, sin embargo, la mención que de él se hacía ocupaba muy poco espacio. Dunnarswrad apareció en El señor Cabellos de Fuego cuando empecé a sospechar que la descripción de las tranquilas vidas de Balduino y sus amigos en Freyrstrand, sumamente light, hiciera olvidar a los lectores que el argumento transcurría en medio de una guerra espantosa. Entonces empecé a intercalar en el relato episodios que transcurrieran en Drakenstadt o Ramtala, mostrando esa guerra en toda su crudeza. Maarten Sygfriedson, que en el libro ambientado en Drakenstadt al que hacía referencia más arriba aparecía mencionado como uno de los héroes de esa guerra, debía por fuerza intervenir; y me acordé entonces de alguien de quien se decía que había sido amigo de Maarten, Hreithmar Hjalmarson, apodado Dunnarswrad. Dado que dicho apodo significaba cólera del trueno, era evidente que tenía que tratarse de alguien muy propenso a la ira. Se me ocurrió que tenía que ser alguien de muy buen tamaño y, sobre todo, muy feo, cosa que cuando lo acometiese el furor, en su entorno todos empezaran a temblar. Para hacerlo más pintoresco todavía pensé que algunos rumores podrían postular que entre sus ancestros había al menos un ogro, cosa de justificar lo mismo su fiero aspecto que su carácter de los mil demonios. 

      Hreithmar no sólo asusta mucho, también se hace odiar a veces por quienes lo tienen cerca, y ése es el caso, por ejemplo, de los muchachos del Leitz Korp, a quienes él no concede piedad a la hora de entrenarlos. Al menos, ésa es la primera impresión. Pero quizás un poco porque no cualquiera soportaría ese terrible entrenamiento y eso les inspira cierto orgullo, y otro poco, también, porque terminan dándose cuenta de las verdaderas intenciones de Dunnarswrad, sus sentimientos hacia él cambian mucho con el tiempo. Cuando el Día de la Gehenna Drakenstadt parece irremisiblemente perdida, les llega la hora de despedirse: los chicos del Leitz Korp deberán escapar hacia el Sur para alertar a la población de que los Wurms han destruido la ciudad y tratar de organizar la defensa o la huida (en lo personal me tentaría más esta última posibilidad). Entonces les llega el momento de poner en práctica todo lo que Dunnarswrad les enseñó para sobrevivir. En los pantanos del Sur de Drakenstadt, infestados deThröllewurms, habrá cuando menos uno que se acuerde, agradecido, de las "torturas" a las que lo sometía el medio ogro, y que ahora le permiten salvar su propio pellejo. Seguramente no será el único. Da la impresión, por otra parte, de que habían llegado a sentirse protegidos en cierta forma por él, porque a la hora de la despedida corren abundantes lágrimas. El mismo Hreithmar, que tan duro parece por fuera, queda preguntándose qué será ahora de sus cachorros de monstruo.

      Es también durante el Día de la Gehenna cuando tiene lugar el célebre momento en que Calímaco se llena de terror en el frente de batalla y se echa a llorar con desesperación. Hreithmar lo amenaza, lo insulta, le grita; lo alza en vilo, lo sacude y, en suma, lo asusta más que los propios Wurms. Más tarde, ni recuerda haberlo hecho. Y es que, ya se ha dicho, se trata sobre todo de un hombre práctico y, por qué no decirlo, bruto. A él no se le pueden pedir discursos floridos ni nada que se le parezca. Y para colmo, es un momento de crisis: los Wurms están a punto de abrirse camino a través de Drakenstadt y devorar a sus habitantes o achicharrarlos merced a sus chorros de fuego y brea en llamas. En esas condiciones, no se puede andar con demasiados rodeos. El miedo de Calímaco es como una especie de foco infeccioso que hay que erradicar urgentemente, antes de que se expanda, porque si el terror gana a los defensores de la ciudad, los Wurms tendrán que esforzarse poco para tomarla. En ese contexto, la reacción deDunnarswrad no tiene más objeto que evitar que el terror cunda. Tal vez es en buena parte gracias a él, indirectamente, que la ciudad termina salvándose. Pero no puede esperar -ni espera-agradecimiento por ello. Sabe que nunca será un héroe grato o popular. Maarten, aunque feo, al menos es gentil; él, ni eso.Parece muy, muy malo, y es muy feo y bruto. Con semejante mala imagen, muy pocos estarían dispuestos a aclamarlo.

      Se debe reconocer que a veces es bastante tonto, y muy particularmente cuando se pone emocional. Un ejemplo de lo dicho es el motivo de su querella con Edgardo de Rabenland. La cosa empieza cuando un mensajero, entre la indignación y el susto, lleva a Drakenstadt noticias no del todo fidedignas, según las cuales la banda de Sundeneschrackt está de nuevo en libertad. Balduino aparece como responsable de dicha liberación, pero además se lo acusa de dar a un perro pulguiento y sin raza el nombre de Gudjon, insultando así a uno de los más grandes héroes de Drakenstadt, orgullo de la ciudad. Dunnarswrad se toma ambas cosas muy a pecho, aunque por otra parte no es el único: toda Drakenstadt se ofende muchísimo por lo que considera un doble ultraje. En lo sucesivo, Edgardo será chivo expiatorio por esta afrenta, y muy especialmente, durante cierto tiempo, con Hreithmar. Pero igual no llega la sangre al río: ambos terminan haciendo las paces, obligados un poco a ello por los amigos que tienen en común.

      Eso de amigos quizás merezca alguna aclaración, porque Hreithmar no tiene muchos. En realidad, el único que le queda ahora es Maarten Sygfriedson, y ahora que éste encontró una compañera, ya no pasan tanto tiempo juntos. Esto lo lleva a tratar de encontrar nuevos camaradas, y eso lo lleva en cierto momento, incluso, a llevar a la taberna, casi a la rastra, a Ignacio de Aralusia, quien a su manera siente aprecio por el medio ogro, pero no tiene nada en común con él, y menos todavía en materia de diversiones. Es que Hreithmar se siente solo. Es la pieza que no termina de encajar en ningún rompecabezas. Este hecho quizás influya a la hora de deponer las hostilidades con Edgardo. Este, por su parte, no conserva mucha simpatía por el medio ogro, pero tampoco ve con malos ojos este acercamiento porque, después de todo, están en medio de una guerra, y no conviene echar agua y abono a las diferencias personales. Además, cuando se están diciendo demasiadas tonterías, Dunnarswrad resulta de mucha utilidad para poner orden: ¡A la mierda con tanto palabrerío inútil!, es, más o menos, su frase de cabecera para acallar gansadas. Posiblemente no nos vendría mal contar con algún ejemplar semejante en nuestra vida real...



Por EKELEDUDU
Escribir un comentario - Ver los 0 comentarios
Saturday 4 december 2010 6 04 /12 /Dic /2010 19:38
      En el año 940 el nombre de Nemorea, más tarde reservado a la baronía homónima, designaba una vasta región ubicada en el extremo centro-occidental de Nerdelkrag, cubierta por frondosos e inexplorados bosques de siniestra fama: se decía de ellos que estaban embrujados, lo que no fue obstáculo para que unos cuantos nobles menores se asentaran allí sin formar cohesión política pero, al menos, gobernando con notable autonomía bajo la protección nominal de la Corona. Sus escasos súbditos eran en general personas malqueridas o directamente indeseables en otras regiones, que creían que allí podrían prosperar o al menos vivir en paz, entre ellos judíos y -se decía- brujas y hombres-lobo. Desde principios de ese año, sin embargo, un gran éxodo de gente venida aproximadamente del mismo centro geográfico del Reino dio qué pensar a los señores feudales de la región. Los recién llegados profesaban creencias más o menos cristianas, pero contaminadas con ideas extrañas, y venían escoltados por una hueste armada de Caballeros -o quizás falsos Caballeros- que llevaban armaduras negras. Los herejes, amparados por los Caballeros del Viento Negro, habían llegado a Nemorea; en el peor momento, según se supo pronto.

      Por aquel entonces, los nobles nemoreos tenían sus propias preocupaciones. En el norte, el Duque Honorio de Pfaffensbjorg codiciaba muy indisimuladamente las tierras nemoreas, y estaba a la búsqueda de un pretexto que le permitiera apoderarse de ellas. Le sería muy fácil porque, para casi todo el mundo, la inmensa región al sur de sus dominios era tierra de nadie.

       El Duque y sus ejércitos eran en sí mismos enemigos temibles, sin necesidad de recibir refuerzos inesperados. Los señores de Nemorea, por lo tanto, se mostraron recelosos tanto hacia los inmigrantes de intenciones declaradamente pacíficas como hacia sus sombríos custodios armados, temiendo que vinieran a apoyar las pretensiones de Honorio de Pfaffensbjorg. Pero su reacción no fue unánime. Algunos parlamentaron con los recién llegados para asegurarse de que no trajeran intenciones solapadas y para tratar de convertirlos en aliados suyos. Otros los expulsaron de muy mala manera de sus dominios. Por fin, hubo alguno que tuvo la idea de informar al Gran Maestre de los Custodios de la Doble Rosa, la única Orden de Caballería laica reconocida por el Rey y de autoridad válida en todo Nerdelkrag. Sin embargo, no informó directamente al Gran Maestre, porq ue por ese entonces dio la casualidad que un Caballero andante estaba de paso en Nemorea, y pensó que éste podría evaluar personalmente los hechos  e informar de ellos a sus superiores. El nombre de este Caballero era Diego de Cernes Mortes.

      Por aquel entonces los Caballeros de la Doble Rosa estaban en franca decadencia moral. Muy pocos seguían sustentando y defendiendo los viejos ideales, y casualmente Diego estaba entre esos pocos. Lo sorprendió la existencia de una Orden de Caballería clandestina; jamás había oído nada igual, ni siquiera imaginado que algo así podía existir. Pero desencantado como estaba de sus cofrades, cuando se entrevistó con algunos de los supuestos falsos Caballeros y advirtió que ellos sí estaban dispuestos a ponerse del lado de la justicia, concibió secretamente el audaz proyecto de apoyarlos y de, a la postre, sustituir a los Caballeros de la Doble Rosa por los del Viento Negro. Era una idea increíble y casi irrealizable... Y entonces ocurrió el estallido del Monte Desolación.

      El Oeste del reino se hallaba recorrido de Norte a Sur por una cadena montañosa conocida como Espìnazo de Lotario, en la que siempre había existido actividad volcánica, pero nada comparable a lo que tuvo lugar ese año de 940. Nadie habría podido imaginar el desastre que estaba en marcha, y menos aún asociar con el mismo al Monte Desolación, que pese a su nombre era un auténtico vergel en cuyas laderas rebosaba la vida. Ni siquiera se entendía el porqué de aquel nombre para un volcán que llevaba siglos dormido; los únicos fuegos que había en aquel pico y en los circundantes pertenecían a los grandes dragones voladores, los Drakes.

      Un día, de buenas a primeras, el cráter del Monte Desolación empezó a echar humo: Los primeros en alarmarse fueron los Drakes, que migraron en su mayoría hacia otras tierras. La mayoría de ellos, pero no todos. Unos pocos se compadecieron de los seres humanos que quedaban expuestos a la ira del volcán. Intentaron prevenirlos pero, por su tamaño, fuerza y fama de enemigos de la Humanidad, los dragones no eran seres a quienes los hombres estuvieran dispuestos a escuchar. Ni bien los reptiles aterrizaban, se los atacaba con ahínco sin darles tiempo a hablar. Esto espantó a otra tanda, pero aun así, algunos se obstinaron en quedarse por si podían ayudar en el desastre que, estaban seguros, se hallaba en marcha; y entre los que se quedaron, había uno llamado Méntor. La disposición de éste hacia la especie humana era excelente, pero por desgracia, en aquel tiempo no hablaba siquiera una palabra en ningún idioma hablado por hombres. Si quería hacerse entender por éstos, se las vería negras.

      Una semana después de haber empezado a lanzar humo, el Monte Desolación estalló. La oleada piroclástica devastó sus laderas; los castillos más próximos se derrumbaron, matando a sus ocupantes, y una aterradora nube de cenizas se vio propulsada a la atmósfera, Tardaría casi un año en disiparse del todo; pero la verdadera nube negra apenas si se asomaba en el horizonte. Los inmigrantes debían reemprender el camino de regreso junto con la misma hueste que los protegía, y acompañados esta vez por la antigua población nemorea. Sufriendo hambre, todas estas personas se dirigieron hacia el Este con intenciones de establecerse en otro sitio Pero se llevarían un chasco; al tratar de cruzar las fronteras, se enteraron de que éstas estaban cerradas. Las baronías limítrofes habían desconfiado lo mismo de herejes que de sus protectores; y ahora, la erupción del Monte Desolación, que también ellos habían sentido, las sonaba a castigo de Dios por haber consentido a aquellas gentes el libre tránsito por sus dominios. Y las huestes del Viento Negro, dispersas en  toda Nemorea -y tal vez diezmadas por la erupción- no se sentían lo bastante fuertes para abrir un camino armas en mano

      Diego de Cernes Mortes, sin embargo, había previsto que las desgracias no habían hecho sino empezar, y despachó veloz un mensaje a través del correo de postas, destinado a uno de sus pocos aliados todavía fiables: el Gran Maestre de las Milicias de San Leonardo, Federico de Knummerkamp. Diego de Cernes Mortes no estaba tan seguro como otros de que el estallido del Monte Desolación fuera un castigo de Dios; y conociendo a Federico de Knummerkamp, sabía que éste compartiría su saludable escepticismo. Así que le escribió resumiéndole toda la situación y pidiéndole que interviniera. Añadía en el mensaje que no sabía quién lideraba a los Caballeros del Viento Negro pero que, según ciertos rumores, era, increíblemente, una mujer.

       Para Federico de Knummerkamp, quien contaba de la relativa confianza del Rey Lorenzo, los Caballeros del Viento Negro no eran un fenómeno enteramente nuevo, ya que había recibido muchos reportes y quejas de sus actividades. Al principio había sospechado que se trataba de un único y mismo impostor que se hacía pasar por auténtico Caballero, pero al constatar que los reportes provenían de lugares demasiado distantes y que, incluso, dos jinetes revestidos de armadura negra se habían visto al mismo tiempo, tuvo que aceptar que se trataba de toda una Orden de Caballería clandestina. 

      Pero el problema era que, en aquellos días, nadie sabía en quién confiar, comenzando por el propio Rey Lorenzo, que pasaría a la Historia como el Terrible y que tenía inclinaciones paranoicas. Las víctimas de las mismas eran supuestas brujas, licántropos y herejes pero, en la práctica, nadie estaba a salvo. Culpaba de su falta de herederos y de la muerte de su primogénito a las brujas porque en su niñez le habían inculcado que éstas eran seres temibles y porque él mismo, en el mejor de los casos, no estaba del todo en sus cabales. Por el Gran Maestre de las Milicias de San leonardo sentía emociones muy opuestas. Desconfiaba de él creyendo que codiciaba el trono, pero a la vez le tenía cierta gratitud porque Federico había puesto su propia vida en peligro en un infructuoso intento de salvar al heredero del trono, fallecido en un accidente de caza. En cualquiera caso, Federico seguía siendo la persona en quien más confiaba, pese a todo. Esto lo hacía objeto de muchas envidias, y unos cuantos habrían estado encantados de poder acusarlo de traición para ocupar su puesto junto al Rey.

      Ahora bien, intervenir abiertamente en Nemorea con sus huestes en defensa de herejes, precisamente acarrearía a Federico cargos de traición, ya que significaba ponerse del lado de aquellos a quienes el monarca se empeñaba en combatir. Cualquier cosa que hiciera, tendría que hacerla a espaldas del monarca. Lo primero que hizo fue una tentativa desesperada, la única que veía a su alcance: escribió a los señores de las baronías noroccidentales solicitando ayuda en alimentos y tropas con destino a Nemorea. Esas baronías permanecían semipaganas, hecho que a menudo les traía problemas y que tal vez hiciera que reaccionaran con simpatía hacia personas hostigadas por su fe. Además, las baronías en cuestión eran tan ricas, que estarían en condiciones de brindar la ayuda solicitada.

      Posiblemente los barones habrían preferido no involucrarse, pero sus hijos eran otro tema. Por aquel entonces había ganado cierta notoriedad un forzudo y carismático príncipe de Drakenstadt llamado Gudjon Olavson. Era literalmente un tiro al aire, amante de las aventuras y la acción. Por suerte su mejor amigo, un príncipe de Ulvergard llamado Thorstein Eyjolvson, era mucho más sensato, aunque la influencia del primero lo volvía también bastante tarambana a veces. 

      Ambos, con un grupo de amigos y un puñado de jinetes armados, cabalgaron hacia el sur. Por desgracia, eran adolescentes y no comprendían la gravedad de lo que estaba ocurriendo, ni que lo que ellos veían como una aventura debía ser más bien una expedición de socorro; de manera que se demoraron bastante. 

      Mientras tanto, el Duque Honorio vacilaba. Nemorea estaba golpeada por una tremenda catástrofe y era el momento ideal para apoderarse de ella, con la excusa de que sus habitantes habían ofendido a Dios; pero a la vez, el botín que podría obtener resultaba poco tentador. Parecía que del cielo jamás acabarían de caer cenizas de la erupción. Para cuando ya había decidido que convenía atacar para apoderarse de aquella tierra devastada en previsión de que un día volvería a ser fructífera, Diego de Cernes Mortes le prohibió hacerlo, invocando para ello una autoridad que en realidad poseía sólo a medias. Esto hizo vacilar de nuevo a Honorio.

      Por su lado, la población sobreviviente de la erupción, detenida en la proximidad de la frontera, padecía hambruna. Se hablaba de víveres que estaban en camino desde el Norte, pero que, en definitiva, nunca llegaban. Al cundir la noticia de que los víveres en cuestión se hallaban cerca, tres personas se ofrecieron a avergiuar qué ocurría; entre ellos, un adolescente llamado Dagoberto de Mortissend. Este no era de Nemorea. Había abandonado su hogar, también él, en busca de aventuras, y terminó hallando demasiadas.

      Los príncipes del Norte, con su pequeña hueste y sus carros con provisiones, se habían detenido en una abadía. Hacia allí fueron Dagoberto y sus dos acompañantes. La frivolidad y estupidez de los príncipes en un momento tan grave los asqueó a los tres; pero a ninguno tanto como Dagoberto de Mortissend, quien les dijo a la cara lo que pensaba de ellos. Así, con el pie izquierdo, empezaron las relaciones de Dagoberto con quienes más tarde serían sus amigos, Gudjon Olavson y Thorstein Eyjolvson; y empeoraron cuando más tarde el propio Dagoberto, adolescente al fin, compartió la frivolidad de los mentados en asuntos de mujeres. Concretamente, los tres, más algunos otros no mencionados, se enamoraron, sin haberla visto siquiera, de la misteriosa Doncella que, según los rumores, dirigía a los Caballeros del Viento Negro, y cuyo paradero era por aquel entonces un enigma. Todos ellos anhelaban conquistarla, y a ninguno le hizo gracia tener tanta competencia; pero el deseo individual de obtener los favores de la dama guerrera motivaría a cada uno a poner lo mejor de sí en medio de aquella crisis. 

      Así comenzó, a grandes rasgos, esa tan famosa epopeya del Monte Desolación que se menciona desde el inicio mismo de El señor cabellos de Fuego. De cómo siguió, no tengo la menor idea, excepto que los emigrantes fueron finalmente puestos a salvo, que Honorio finalmente cayó a sangre y fuego sobre Nemorea, que les hizo pasar un mal trago a los Caballeros del Viento Negro y que en determinado momento, la supervivencia de éstos como Orden de Caballería clandestina dependió del silencio de un judío llamado Benjamin Ben Jakob, al que los hombres de Honorio sometieron a torturas para sonsacarle ciertos secretos. Para Thorstein y Gudjon, que lo habían tratado con cierto desdén, el silencio valiente de Benjamin fue toda una lección. 

      Algunas de estas cosas las fui averiguando mientras escribía El señor Cabellos de Fuego, pero el papel de algunos de los personajes mencionados estaba ya decidido desde antes; el de Thorstein Eyjolvson, por ejemplo. Que sea él el primer personaje que aparezca en El señor Cabellos de Fuego no es casual; me parecía que era una buena ocasión para darles a los personajes de la saga del Monte Desolación una digna despedida. Han pasado dieciocho años desde entonces; algunos ya han pasado a mejor vida, como Federico de Knummerkamp (de éste no sabemos en qué circunstancias), Diego de Cernes Mortes y Gudjon Olavson, estos dos últimos caídos en combate contra los Wurms ante la Puerta Regia de Drakenstadt.. Los que quedan  vivos están muy, muy envejecidos. Dieciocho años son sólo dieciocho años en cifras; en lo que a vivir respecta, algunos cargan en ese lapso con lo que parece el peso de muchos años más. Eran adolescentes idiotas, frívolos, y despreocupados; ahora son hombres que alguna vez soñaron que podían cambiar el mundo, que saben que han fracasado y que, sin embargo, no dejan de intentarlo a sabiendas de que su destino será seguir fracasando. Tal vez no hayan podido hacer del mundo el lugar bello en que querían convertirlo, pero sus almas sí se embellecieron en el intento... O quizás esa belleza interior ya estaba oculta en ellos, como la de una gema en bruto, y la vida se ocupó de pulirla. En El señor Cabellos de Fuego son sólo personajes secundarios; no puedo garantizar que a muchos, o a todos, no se los lleve la Parca. Si esto ocurriera, que no se vea, por favor, como una desgracia. Las personas que sacrifican mucho de sí mismas en favor del prójimo no mueren; sólo son relevadas de sus obligaciones y van a gozar de su merecido descanso y premio. Tengamos en cuenta que, al menos en parte de esas tareas, el relevo de los que se van quizás seamos nosotros mismos, aunque sea un pensamiento incómodo y poco grato.

Por EKELEDUDU
Escribir un comentario - Ver los 0 comentarios
Monday 29 november 2010 1 29 /11 /Nov /2010 19:38
      En los primeros días desde su llegada a Freyrstrande, Balduino tuvo que enfrentar unos cuantos problemas inmediatos, la reparación del torreón entre ellos. Para solucionar esto último convocó, a través de Karl, a un hombre que sabía bastante de carpintería, y que acudió a efectuar el trabajo en compañía de su sobrino. El tío saludó quitándose la gorra primero e inclinando ligeramente la cabeza después. Resultó ser Thorstein el Viejo, como se lo apodaba para diferenciarlo del gandul de su hijo, Thorstein el Joven. Resultó ser un hombre que hablaba hasta por los codos, mayormente despotricando contra alguien, y ese alguien era, con frecuencia, su propio hijo. En el futuro, y para salvarse de tanta perorata, Balduino aprendería a esquivar al viejo Thorstein.

      Es muy posible, aunque no se indica que la verborragia del viejo sea una especie de desquite porque en casa no lo dejan hablar. En efecto, a pesar de que no sabemos mucho de la intimidad hogareña de Thorstein, sí sabemos que no tiene mucho dominio sobre Ulrike, su esposa; porque cuando se opuso a que ésta fuera a Vindsborg a abogar por el hijo de ambos, Thorstein el Joven, ella no le hizo el menor caso. Como  las mujeres andrusianas tienen en general carácter fuerte, podemos suponer que no habrá sido ésa la única vez que Ulrike tuvo la última palabra sobre un asunto en particular: Llevando aún más lejos nuestras especulaciones, podríamos deducir que Ulrike no sólo suele quedarse con la última palabra sino, además, con las primeras y las del medio; que monopolice la conversación, en suma. Pero por ahora son sólo suposiciones, y en defensa de Ulrike hay que alegar que, en cualquier caso, ella no figura, parece, entre las personas de las que su marido habla pestes.

        En la situación de Thorstein el Joven, hijo de ambos, hay una nota un tanto tragicómica. Da la impresión de ser un bueno para nada: lo acusan de ser perezoso y mujeriego. Casi enseguida se impone la lógica de que, dado el escaso número de habitantes de habitantes de Freyrstrand -y por ende, de mujeres- la segunda acusación tiene poco fundamento. Un eventual desliz, dos como mucho, y aquello de que Pueblo chico, infierno grande dieron al pobre Thorstein una fama de irredento y miserable casanova que, en realidad, no merece. Sin embargo, haragán sí que es, ¡y cómo!... Y al parecer lo es porque su madre lo consiente demasiado. Según Thora, ello se debe a que antes tuvo otros dos hijos, que murieron. Presumimos que Thorstein el Joven es el último que le queda , ya que  no se menciona que tenga otros. Escribir tiene ese atractivo extra: el de intuir, en base a los detalles que se conocen, lo que va quedando por saber de los personajes y subargumentos.

      Buena parte de esos aspectos, en el caso que nos ocupa, se adivinan a partir del capítulo CXXIV, en el episodio que comienza con Thorstein el Joven solicitando de Balduino que lo incluya en la dotación de Vindsborg, algo que al pelirrojo no lo tienta. Es entonces que asistimos por primera vez al vicio que es marca registrada de Thorstein, mascar resina de abedul. En realidad, no es producto de mi imaginación. La actual costumbre de mascar chicle tiene su origen en aquella. Creo recordar que los restos de resina mascada de mayor antigüedad encontrados hasta ahora datan de hace once o doce mil años pero, como cito de memoria algo leído en un ejemplar deMuy interesante, podría estar equivocándome. En todo caso, se me ocurrió que alguien como Thorstein, que pasaba mucho tiempo holgazaneando, tenía que tener algún mal hábito difícil de dejar (aparte de su pereza, se entiende). Por barato y su semejanza con la actual costumbre de mascar chicle, se me ocurrió que masticar resina era el vicio ideal.

      Para librarse del joven Thorstein, Balduino lo lleva taimadamente a Kvissensborg y lo pone bajo el mando del disciplinado y exigente Hildert Karstenson, quien logra grandes éxitos con él... Excepto en lo tocante a mascar resina. Thorstein, por lo demás, se siente muy a gusto con la vida militar. A veces pasa así: alguien que llevó durante mucho tiempo una vida fácil y cómoda, de golpe tiene que enfrentar desafíos y exigencias y descubre que, en realidad, es ésa la vida que quiere para él.

      Posiblemente en el futuro haya poco más para añadir sobre Thorstein y sus padres, quienes fueron y son personales ocasionales. En realidad, todos ellos son satélites que giran en torno a otro personaje que tiene mayor protagonismo, un sencillo muchacho de campo muy alto y de facciones toscas: Kurt Ingmarson, primo de Thorstein el Joven: obviamente aquel sobrino que el otro Thorstein, el Viejo, llevó como ayudante para reparar la escalera del torreón. De su padre Ingmar, que lleva muchos años muerto, sabemos que Fray Bartolomeo se inició como clérigo en Freyrstrand precisamente para sepultar su cadáver. A través de él sabemos que el difunto había sido un hombre muy querido; y el hijo no le va en zaga. Hay motivos. Es honrado, trabajador, campechano y -definitivamente- muy ignorante de todo cuanto se refiera a jerarquías y protocolos. O eso parece, porque, por muy Caballero que sea Balduino, Kurt no hará ninguna genuflexión ante él, ni nada por el estilo. Ni siquiera lo hizo al verlo por primera vez, aunque su tío hiciera una gran reverencia. No, él le estrechó la mano y lo llamó amigo; y amigo siguió llamándolo de allí en más, aunque para la mayoría de los otros Balduino sea el señor Cabellos de Fuego. Es una gran deferencia. Queda perfectamente claro que Kurt ni en sueños se habría acercado, por ejemplo, a Einar, para estrecharle la mano y llamarlo amigo. Aquel gesto fue, para Balduino, muy reconfortante, porque eran los tiempos en que recién llegaba a Freyrstrand, hambriento de afecto, y en que él y Anders se sacaban chispas. Más que para saludarlo, aquella mano pareció tenderse para salvarlo de ahogarse en un océano de desánimo.

      Casi enseguida, sin embargo, el pelirrojo se da cuenta de que Kurt también tiene rasgos simpáticos pero a la vez exasperantes. Metiche y cabezadura, cuando se le mete algo en la cabeza, nada ni nadie logra sacárselo de ahí; y a veces se trate de absurdos sin nombre. El mismo día en que conoce a Balduino, se emperra en hacerle de celestino; finalmente con éxito, por supuesto, pero previamente sacando de las casillas varias veces al pelirrojo con su insistencia en conseguirle una mujer que lo quiera (Gudrun, bah). Y sin embargo, ¿quién se puede enojar con alguien como él, que en muchos aspectos parece un niño grande? Heidi, su novia, lo adora. Cuando Balduino la saluda por primera vez, besándole la mano, ella se derrite de emoción ante el gesto; pero al que mira con adoración, como si la cortesía viniera de él, es a Kurt.

      Ambos, Kurt y Heidi, aparecieron por primera vez en la segunda versión de El señor Cabellos de Fuego, pero allí se veían muy distintos; más cotidianos y aburridos. Todo el día estaban haciéndose arrumacos, o eso parecía en sus contadas apariciones. Esto puede ser normal en los adolescentes de los tiempos actuales, pero en la antigüedad había que ser práctico y trabajar ya desde muy joven de sol a sol para ganarse el sustento. Además, en la segunda versión eran bromistas maliciosos que se divertían a expensas de los celos de Balduino hacia Gudrun. En conjunto, la imagen era muy apropiada para citadinos modernos, pero no para una pareja de provincianitos inocentones. Así que hubo que modificar la imagen de ambos. creo que salieron ganando en el cambio.

      Del último integrante de la familia de Kurt, su otro primo, Hrumwald Erikson, habría que adelantar demasiado de lo que vendría para describirlo en todos sus detalles. De modo que se hablaré de él recién al finalizar el segundo tomo.
Por EKELEDUDU
Escribir un comentario - Ver los 0 comentarios
Wednesday 17 november 2010 3 17 /11 /Nov /2010 15:16
      Tendría que llamarse Ursula Gunnarsdutter ("Ursula, hija de Gunnar"), princesa de Kaldern; pero se presenta como Gunnarson, es decir, hijo de Gunnar; por lo cual, uno podría sentirse inclinado a pensar que es lesbiana. Pero no. Es un marimacho por su aspecto y su conducta en general, pero algunos indicios discretos tienden a señalar que no sólo es heterosexual, aino que, además, siente alguna atracción por Thorvald. Que éste no acuse recibo es otra cosa: tiene edad suficiente como para ser el abuelo de Ursula. Tampoco se la puede culpar a ella por sentirse silenciosamente atraída por alguien cuya edad está tan poco en consonancia con la suya. Al fin y al cabo, Ursula viene de otro país, geográficamente cercano a Nerdelkrag, sí, pero en el que al parecer son otros los parámetros de belleza masculina y femenina, a menos que la distinta en este aspecto sea ella una vez más. Alta, corpulenta y forzuda, Ursula considera a casi todos los hombres que la rodean como enanitos casi chistosos. Sólo Thorvald la supera en tamaño; desde su perspectiva, el único hombre que podría haber para ella en Vindsborg es él. Sin embargo, hay que estar muy atento para descubrir esta atracción, por demás difusa, que siente por Thorvald. Ella nunca dice nada al respecto y, en cualquier caso, no está enamorada, si enamorarse es estar embobado. Las tonterías que se le puedan atribuir no superan el promedio del común de los mortales, y son atribuibles simplemente a su mera condición humana.

      Ursula llega a Vindsborg sólo porque el barco en el que viajaba, el Valhöll, naufraga cerca de las costas de Freyrstrande y llega a nado, como puede, hasta Eldersholme, adonde la encuentran Balduino y Ulvgang. El chapuzón en agua helada y el subsiguiente enfriamiento pasan de inmendiato su factura en forma de una tremenda pulmonía, que la mantiene en cama durante bastante tiempo, al borde de la muerte. Cuando por fin se restablece, muchos quisieran verla todavía en cama; porque resulta ser en muchos aspectos un enorme fastidio. El primero que tiene que vérselas con ella es Varg, que la ve invadir sin miramientos su feudo: la cocina. Hasta ahí, él es el único que tiene problemas con ella. Los demás tienen más bien motivos para celebrar, ya que sus atormentados aparatos digestivos gozarán por un tiempo de un bienvenido respiro. Pero luego, también otros tienen inconvenientes con Ursula, por otros motivos. Balduino tiene que soportar su insistencia a montar a esa mala bestia que es Svartwulk, a lo que termina accediendo cuando se harta. Claro que cuando el caballo la arroja de la montura, como le había pronosticado, su cortesía y caballerosidad desaparecen en lontananza. Menos bonita, le dice de todo. De ahí en más, Ursula al menos aprende a respetar un poco más a Balduino, al que hasta entonces consideraba, quizás, el más chistoso de los enanitos, porque encima se supone que es el jefe. Claro que hay que decir que el respeto que siente, en general, por casi todo el mundo, es limitado. Es lógico si se lo piensa un poco. Para empezar, es todavía una adolescente, aunque el hecho de que venga en tamaño familiar haga que uno olvide a veces ese detalle; y los adolescentes, ya se sabe, muchas veces son irrespetuosos. Seguidamente, es una princesa. Las princesas, se sabe, suelen tener ciertas ínfulas, pero encima, esta princesa en particular, a diferencia de otras, es prácticamente autosuficiente. No parece extrañar para nada a sus criadas, excepto a la hora de juntar su propia ropa sucia y lavarla. En este aspecto es todo un desastre. Llega a dejar tiradas en el piso sus prendas íntimas exhibiendo magníficamente una prueba concluyente de su condición femenina, los restos de sangre menstrual. Pero en cualquier otra cosa, parece bastarse perfectamente ella misma, superando con excesiva frecuencia a los hombres que tiene alrededor... Y es aquí donde resulta especialmente molesta. En efecto, está inmersa en un ambiente machista; pero ¿qué pueden decirle?: ¿andá a lavar los platos? Qué va. Mejor que vayan ellos, porque cuando se trata de cazar, con frecuencia es ella la que obtiene las mejores presas, y si se trata de trabajar duro, ella lo hace como nadie. Posiblemente sea también más efectiva que la mayoría a la hora de romperle la cara al prójimo, pero encuentra muy pocos voluntarios dispuestos a hacer la prueba ofreciendo su propio rostro. Es más, lo malo justamente que no queda muy en claro si hay que encasillarla como hombre o como mujer; con lo que subsiste la duda de si se le puede dar un buen golpe sin ser considerado un villano y un cobarde por golpear a una dama. Ganas dan, porque a veces se abusa, ¡y cómo! La caza es para ella un gran pasatiempo, pero probablemente lo que más la divierte es sulfurar a Honney, que es un calentón, un leche hervida. También fue un pirata de lo más temible, que posiblemente solucionaba muchos problemas a cuchillazos; pero con Ursula no sabe qué hacer. A veces, él y Andrusier la tienen de aliado (y utilicemos el género masculino, porque en esos momentos la ven como a uno más de la banda); sin embargo, también es frecuente que los acribille con burlas y sarcasmos cuando logra aventajarlos en algo, y como Honney es quien más fácilmente pierde los estribos, se transforma en su víctima favorita. En la discusión acerca de si los delfines son peces o mamíferos, es difícil saber si Ursula, en otras circunstancias, acabaría reflexionando que tal vez sea ella la equivocada; pero queda en cambio perfectamente claro que, mientras Honney sostenga que son mamíferos, ella defenderá la postura contraria.

      Pero si la gente es contradictoria, Ursula lo es más que nadie; y así esta singular y hombruna mujer, capaz de abatir osos y de romperle el pescuezo a un enemigo sin miramientos, se deshizo en llanto una tarde en que dio muerte a una loba sin advertir que estaba preñada. Su dolor y sensación de culpa mpor haber dado muerte a una criatura sin permitir primero que de ella saliera nueva vida puede resultar extraña e incomprensible, pero todos en algún momento resultamos extraños e incomprensibles a los ojos de los demás. Me gustó incluir ese episodio que mostraba su lado más tierno porque, en otro libro posterior a El señor Cabellos de Fuego, volvía a hablarse de Ursula, y aquí se la describía de un modo mucho más espeluznante: era una mala madre que odiaba a su hijo por hacer extensivo hacia éste el odio que profesaba hacia su esposo. En medio de ese odio, su comportamiento era ejemplar, porque se contentaba con dejar a su hijo al cuidado de una nodriza e irse para siempre; luego de lo cual, nada volvía a saberse de ella. No se deleitaba maltratando a la criatura, no intentaba acabar con ella, pero la veía como un fruto de la relación con un hombre que le repugnaba, y no la soportaba. A veces esto ocurre: no somos esencialmente malos o al menos no deseamos serlo, pero un mal sentimiento nos supera y ciega todo lo demás. En este caso, el mal matrimonio de Ursula, y el hijo nacido del mismo, a la larga terminaban desatando cien años de guerra civil. Semejante catástrofe requería de un culpable a quien señalar, y se eligió a Ursula. No había ninguna otra mujer a mano a quien echarle la culpa... Pero como escribió alguna vez Stephen King, a veces las pequeñas historias dicen más que la Historia; y la imagen de Ursula llorando junto a los restos de la loba preñada y muerta por accidente la absuelven de cualquier acusación atribuible más bien a la fatalidad a la tontería de muchas más personas además de la suya.

      Finalmente, quizás valga la pena aclarar que, inicialmente, Ursula iba a ser una mujer muy hermosa, como las fantasías masculinas han querido que sean las mujeres guerreras... Pero esto es algo muy trillado, y me pareció interesante romper con el molde habitual. Porque si algo es seguro, es que Ursula es todo, menos una mujer que se vea muy seguido.
Por EKELEDUDU
Escribir un comentario - Ver los 0 comentarios

Presentación

Texto Libre


      <td width="44" align="left"><a href="http://www.argentino.com.ar/" rel="nofollow" target="_blank"><img alt="argentino.com.ar" width="43" height="40" border="0"></a></td>
   <td><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" rel="nofollow" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#1E4F81;text-decoration:none;line-height:12px" target="_blank">estamos en<br><span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:13px"><strong>Argentino</strong>.com.ar</span></a><br>
     <div style="margin-top:2px;margin-bottom:3px"><a href="http://www.argentino.com.ar/" title="directorio argentino" style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:10px;color:#999999;text-decoration:none;line-height:10px" target="_blank">directorio argentino</a></div></td>
    </tr>
   </table>
 </td>
  </tr>
</table>

<div id="viadeoBlog">
<script type="text/javascript" src="http://widget.viadeo.com/blogs/afficheblog/?w=1&b=00427wiimlpr3fjp&u=0042pb1fqucy5aol"></script>
<noscript>Únase a Viadeo, la red social profesional elegida por <a href="http://www.viadeo.com/es/profile/eduardo-esteban.ferreyra" title="Perfil Viadeo de EDUARDO ESTEBAN FERREYRA"> <b>EDUARDO ESTEBAN FERREYRA</b></a> y más de 30 millones de profesionales</noscript>
</div>

Crear un Blog

Calendario

January 2012
M T W T F S S
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31          
<< < > >>
Crear un blog en OverBlog - Contacto - C.G.U - Remuneración por el programa "Gana con tu Blog" - Reportar un abuso - Artículos más comentados